<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201</id><updated>2012-01-17T10:56:56.776-06:00</updated><category term='Historias'/><category term='Enfermedad'/><category term='noche'/><category term='lobo'/><category term='Paz'/><category term='Nave'/><category term='Fortaleza'/><category term='licántropo'/><category term='Homicidio'/><category term='Muerte'/><category term='Justicia'/><category term='conversación'/><category term='suicidio'/><category term='Recuerdos'/><category term='Mar'/><category term='Guerra'/><category term='Tiempo'/><category term='Locura'/><category term='Templanza'/><category term='Accidente'/><category term='prudencia'/><title type='text'>Gabrius</title><subtitle type='html'>La luna no muestra su faz si el aullido del lobo no la despierta.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>37</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-8633521969497949697</id><published>2009-09-20T01:34:00.003-05:00</published><updated>2009-09-20T01:37:51.697-05:00</updated><title type='text'>Retrato de un inmortal</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:trebuchet ms;color:#cc0000;"&gt;En el cenit, una nube cruza el cielo estrellado. La veo flotar sobre mí. Oscura, gris, amorfa y desgarrada. Está allí, parece estacionada, aunque lentamente cambia su forma según el capricho de los vientos. La miro recostado sobre el techo de la casa. Como entre un marco de luces amarillas y ruidos citadinos esta nube, mi nube, única en el cielo nocturno, parece sólo existir para que yo la contemple.&lt;br /&gt;Sus líneas, sus formas, todo en detalle se reúne en mis ojos. Su lento marchar me induce a absorberla por completo. Sin embargo, me gustan más las noches despejadas. Aquellas donde el único intruso entre el firmamento y yo es el viento. Reconozco esas noches aun cuando el día no ha finalizado. Me doy cuenta mientras el joven corre por las calles intentando alcanzar un punto que desconoce en su llegada, o cuando una mujer camina con su hijo en brazos lanzado miradas a las vitrinas, a las personas y por último a su criatura. Esos días son pues el preámbulo de una noche perfecta.&lt;br /&gt;Pero todas las noches son idénticas. Todas y cada una de ellas a lo largo de los años no son más que repetición de la anterior. Las mismas estrellas. La misma luna que cada mes, con insolencia, penetra a través de las ventanas señalando la hora de nuestra forma. Sus mismos rostros y encantos. Sus mismas voces implorando no ser olvidadas. Y es que una noche como esta, imperfecta y por completo idéntica a cualquier otra, no es más que un capricho para la inmortalidad.&lt;br /&gt;Salí a la calle. Recorrí los mismos puntos que en otras muchas ocasiones había recorrido. Las casas, los árboles, las aceras, todo permanecía en su lugar. Algunas cosas cambian: los colores, los tamaños, los materiales pero se mantiene la esencia. Aquello que hace a esta urbe lo que ha sido por tantos siglos.&lt;br /&gt;Las farolas enmarcaban el camino por las calles de la parte central de la ciudad. Miré a cada personaje que pasó frente de mí. Muchos me ignoraron, otros me evadieron, tal como uno más de ellos. Pero si tan sólo intentará acercarme un poco más, rozar mi piel con la suya, algo pavoroso despierta y en sus rostros la angustia desconocida se refleja.&lt;br /&gt;Verlos así, alejándose con premura sin poderse explicar en voz alta la razón para ello, es deleitante y a la vez triste. Algunas noches y días me disfrazo para realizar este pequeño juego. Tomo el aspecto de un ejecutivo en traje marrón o el de joven con playera y jeans, a veces el deportista o el desgarbado. Pero aún así, a pesar de que soy idéntico a los hombres en apariencia, no logro evitar su terror al sentirme a su lado. Soy igual a ellos en todo pero aún así no logro pasar como un cordero más.&lt;br /&gt;Mientras estaba fuera me pregunté la razón por la cual entre ellos y nosotros se abre la brecha que nos separa. La eternidad fue mi primera respuesta. Pero su significado permanecía aún indescifrable. No me fue suficiente.&lt;br /&gt;Me he mirado al espejo y he tratado de encontrar en mi rostro el signo que nos diferencia. ¿Acaso mis ojos?, es fácil enmascararlos. ¿Mi piel?, cubrirla aún más sencillo. ¿Mis movimientos?, puedo aprender a imitar. ¿Mi voz?, puedo pasar años sin hablar. Nada da resultado. Fue durante aquellas noches cuando la respuesta me llegó al contemplar mi imagen grabada en un pedazo de papel. Entre los trazos negros y grises mi rostro reflejó aquello que los hombres tanto temen.&lt;br /&gt;Lo que entendí fue que entre ellos y nosotros se levanta algo superior a nuestros anhelos. Los hombres se dan cuanta sin saberlo. Se aterran al contemplar en nuestra silueta que somos lo que siempre han deseado; que estamos por encima de toda regla creada; que las consecuencias no son más que un pretexto para no vivir. ¿Y a nosotros qué nos importa el vivir si estamos en una muerte sin fin?&lt;br /&gt;Esa es la implicación de la inmortalidad: el rechazo a una superflua bondad. Fuera del orden de la naturaleza, ya sean ellos o nosotros, pero es el miedo a no soportar una vida donde cualquier deseo, cualquier capricho pueda ser cumplido sin el temor a su efecto en uno mismo o en otro semejante. Les somos el mayor de sus deseos. La libertad plena, maligna y culpable. Aquella libertad que les es imposible sufrir a causa del remordimiento, de la reversión, del dolor que la mortalidad trae consigo.&lt;br /&gt;Y es que, ¿qué importa una vida si se tiene la eternidad para vivirla? Por eso cuando nos ven, cuando nos tienen cerca su cuerpo sucumbe ante la posibilidad de una realidad a la cual se han retraído. Una niña muerta, para un hombre su visión se cierra ante las imágenes de los padres lacrimosos, de que su propia hija sufra semejante tormento, padecer aquella muerte él mismo en su carne. Todo ello lo frena de cometer su deseo. Huir, evadir, transformar. Después de todo su tiempo es finito, su estancia en la tierra regida por normas, su supervivencia sostenida por otros hombres.&lt;br /&gt;Sin embargo nosotros, seamos de cualquier casta, ese pensamiento carece de significado. Poseemos una eternidad a la cual nosotros podemos elegir su fin, y en algunos casos ni siquiera eso; las leyes humanas cómo podrían someter a aquellos que son más fuertes que quienes las crearon; y es verdad, necesitamos a los hombres, después de todos ellos son el alimento de cada noche.&lt;br /&gt;Pero, ¿por qué nosotros también huimos de ellos? Dorvank, Egeria y los demás evitan incluso mirarlos si no es necesario. Los he visto comer con indiferencia o repulsión. Como si aquello que desgarran sus fauces fuera despreciable a pesar del placer que manifestaran al cazar y desmembrar a su presa.&lt;br /&gt;Tal vez sea simétrica nuestra conducta. Ellos temen en nosotros el deseo cumplido, mientras que ellos para nosotros no son más que la carga de una existencia mediocre y triste. Una vida llena de terror por el fin de cada evento. La muerte es la línea que nos separa. Poder ver pasar los siglos deja seco el corazón. Amigos, familia, propiedades, historia todo ello deja de tener significado luego de ser testigos del eterno retorno de lo igual, tal como lo predicaba aquel profeta.&lt;br /&gt;Recuerdo los primeros años en que llegué a casa. Miré deslumbrado la biblioteca en el sótano. Los muros se encontraban cubiertos de libros desde el techo hasta el suelo, incluso tirados varios tomos permanecían abiertos. Dorvank señaló que cuando terminara de leer aquellos volúmenes comprendería que mi fascinación no era más que un sentimiento cotidiano. Así fue.&lt;br /&gt;Luego de todos estos años, y después de leer tantos de aquellos textos, dejé de admirarme por la novedad de la cotidianeidad. Como la de esta noche y de esa nube que ya se desvaneció. Como de las luces de la ciudad y su sonido. Todos los momentos nuevos e irrepetibles, embriagantes y excitantes, capaces de destrozar el racionalismo o el arte tanto del científico como del poeta. Puesto que es placer nuevo y siempre el mismo. Por eso fue que mi indiferencia se desquebrajó cuando vi mi rostro tal como creo es visto por los otros en ese dibujo que un hombre realizó para mi.&lt;br /&gt;Al caminar por la ciudad me detuve a las afueras del gran teatro. Entre los arbustos y las fuentes encontré a un grupo de artistas. Paseé entre ellos y la gente que se arremolinaba para contemplarlos. Músicos prorrumpían en notas arrancadas de guitarras, violines y trompetas. Pero me interesó algo menos evanescente. Sentado en los escalones que llevan a la sala de cámara un hombre dibujaba las facciones de una joven rubia. Me acerqué al artista y vi la belleza de su obra. Creaba algo más que una copia del original, era la proyección de eso común a todos los humanos.&lt;br /&gt;Despachó a la joven mujer y me senté en el taburete que antes ella ocupara. Me miró y sus ojos me cubrieron por completo.&lt;br /&gt;–¿Quiere un dibujo señor?&lt;br /&gt;–Me encantaría. –y añadí cuando pretendió comenzar– Pero preferiría que fuéramos a ese bar. Me molesta la cantidad de personas en la calle.&lt;br /&gt;–No creo que pueda. –me respondió evadiendo mi mirada mientras fingía arreglar algo en una caja.– Aquí es mi lugar y… no trabajo en otro.&lt;br /&gt;–Quizá te convenza con esto. –y le entregué una suma tal que consideré estaba por encima de lo que el ganaba en un mes de noche– Sin embargo, por lo que resta de la noche quiero ser tu único cliente.&lt;br /&gt;Miró mi mano con los billetes, levantó su brazo para tomarlos mientras alzó su mirada y la cruzó con la mía. Percibí su duda, no le permití que la abrazara.&lt;br /&gt;–Está decidido, –dije– ¿nos vamos?– y ambos nos encaminamos al establecimiento.&lt;br /&gt;Dejó en el suelo el taburete y una caja con sus herramientas. Tomamos asiento enfrentados. Tomó su cuadernillo y un lápiz e intentó iniciar el esbozo. Lo detuve.&lt;br /&gt;–¿Te encuentras cómodo aquí? ¿Necesitas algo?&lt;br /&gt;–No, nada. Está oscuro nada más.&lt;br /&gt;–Quizá me será favorable. –le respondí. Luego llamé al mesero y pedí un par de bebidas. Mi artista quiso negarse pero insistí. Prometí que todos los gastos de la noche serían a mi cuenta. No le permití iniciar hasta que fuimos servidos. Dos botellas de líquido amarillo intenso llegaron a nuestra mesa. El artista bebió un largo trago, yo brindé a su salud.&lt;br /&gt;–Quiero que hagas lo mismo que hiciste con la mujer. –le dije.&lt;br /&gt;–¿Qué cosa? –preguntó apretando con fuerza la botella de licor.&lt;br /&gt;–Mostrarme tal cual soy. –le respondí sonriendo– Sin embellecerme o encubrir nada. Créeme, me conozco a la perfección y sabré cuando mientes. Quiero pues la mayor fidelidad en tu dibujo. –él sólo asintió y comenzó a trabajar en silencio. Pasaron algunos minutos y le pregunté ante la turbación que agitaba su pulso. –¿Necesitas que esté quieto?&lt;br /&gt;–No es necesario, ya tengo la posé. –dijo tartamudo.&lt;br /&gt;–De acuerdo. –expresé– Mesero, por favor, otra bebida para mi amigo.&lt;br /&gt;Entre varias melodías y el devenir de las conversaciones en otras mesas, el tiempo pasó con su habitual lentitud que resulta desapercibida. Cuando lo vi cabecear consulté mi reloj. El amanecer se acercaba y tendría que retirarme.&lt;br /&gt;–¿Has terminado?&lt;br /&gt;–¿Eh? No, bueno si. –y me pasó el cuadernillo. Lo rechacé.&lt;br /&gt;–No quiero verlo hasta que esté concluido. Pero el tiempo se nos terminó. Pagué por una noche así que pagaré por otra y cuantas sean necesarias para verlo concluido. –me miró y en sus ojos se mecía el cansancio y el desconcierto– ¿Qué te parece si esta noche nos vemos aquí mismo como a las diez? Solamente te pido no trabajes en el dibujo durante el día, no quiero que lo veas a la luz del sol. ¿Has entendido? Únicamente cuando esté yo aquí contigo esta noche podrás seguir con él, de lo contrario… Bueno, por ello he pagado tus servicios a buen precio.&lt;br /&gt;Me levanté y el hombre me imitó. Intentó estrecharme la mano pero lo rechacé. Noté que le era imposible pronunciar palabra. Le recordé la hora de la cita y me fui.&lt;br /&gt;Regresé al bar a la hora pactada. Me sentí satisfecho al ver a aquel hombre sentado en la misma mesa de la noche anterior. Me llegué a él y éste me recibió poniéndose de pie. Parecía nervioso. Y justa razón tenía para estarlo cuando me reveló su pequeña falta a nuestro convenio.&lt;br /&gt;–No le cumplí con lo acordado. –me dijo cuando el mesero estuvo a nuestro lado sirviendo las bebidas solicitadas– Vi el dibujo por la tarde. No porque quisiera trabajar en él. No. Fue más bien porque no lo recordaba. Quería saber que había hecho y no me gustó lo que vi. Destruí el dibujo y espero que me permita iniciarlo nuevamente. Y créame, le prometo que para esta noche estará terminado.&lt;br /&gt;Tomó de la mesa su bloque de hojas y el resto de su instrumental e inició su tarea. Me observó detenidamente. Escuché su pulso acelerarse conforme el tiempo pasaba y temí que cayera presa del terror. Exhaló pesadamente y dijo que me pusiera en la posición que me pareciera más cómoda. Así lo hice y comenzó a trabajar.&lt;br /&gt;Advertí la frustración en su rostro luego de varios minutos. Entendí que le había cargado con una tarea más pesada de la que podría soportar. Me entristecí y quise aligerársela entablando conversación con él.&lt;br /&gt;–Dime, ¿por qué te decidiste a venir?&lt;br /&gt;–No sé. –respondió encogiéndose de hombros– Por la paga supongo. Pensé que me convenía más otra noche como la anterior. Y también no quería quedarme con un mal dibujo en mi cuaderno.&lt;br /&gt;Me agradó su respuesta al punto de hacerme reír. Extraje un cigarrillo y comencé a fumarlo frente a él sin atender a ofrecerle alguno. Fue evidente el brillo en sus ojos. Tiró al suelo el pedazo de papel sobre el que trabajaba y recomenzó su labor. Trazaba alguna línea para luego levantar su mirada y memorizar mi figura. Olvidó por completo la botella que frente a él permanecía con la mitad de su contenido.&lt;br /&gt;Minutos, quizá más de una hora transcurrió cuando empapado en sudor y agotado me tendió el cuaderno con mi imagen en él. Allí vi, por primera vez, mi rostro sin mortalidad a través de los ojos del mortal. Comprendí su turbación al tenerme cerca. Era yo, despectivo y arrogante, lanzando una nube de humo hacia el espectador. Era capaz de tenerme miedo.&lt;br /&gt;–¿Qué le parece? –preguntó al tomar la botella de la mesa.&lt;br /&gt;–Espectacular. –atiné a responder. Era lo mínimo que podía expresar ante la obra. Pareció complacido con mi comentario. Luego alargó la mano en solicitud del cuadernillo.&lt;br /&gt;–Dígame, ¿cuál es su nombre?&lt;br /&gt;–Gabrius –le respondí. Escribió mi nombre en la parte inferior de la página con una caligrafía decorada que entonó con la armonía del retrato. Por último firmó su obra en la esquina inferior y arrancó el papel para entregármelo.&lt;br /&gt;Pagué sus servicios con una suma superior a la dada la noche anterior. Al tomar el dinero se encontraba complacido. Era tal su desenfado ante la situación que no resistí a preguntarle si yo aún le causaba miedo.&lt;br /&gt;–No. –respondió– Ya no. Creo que me acostumbre a usted o no sé. Pero la verdad, ayer si que le tenía mucho miedo. No sé por qué, sólo sé que no quería quedarme sólo con usted. Y durante todo el día estuve pensando en eso y era absurdo. ¡Lo qué me pesó venir hoy! No quería en realidad. Pero tenía que venir, había quedado con usted a hacer su dibujo y no podía defraudarlo. Ahora ya no me incomoda verlo, no sé, supongo que después de todo usted es una persona más.&lt;br /&gt;Guardamos silencio. Al terminar su bebida se despidió y se lo permití. Introdujo en una caja cuaderno, lápices y demás utensilios. Se levantó y lo vi marcharse. Por mi parte me quedé algunos momentos más en la mesa pensando en lo que me dijo. Luego me retiré a buscar mi alimento de aquella noche.&lt;br /&gt;Tengo en mi habitación ese dibujo enmarcado sobre la pared. En cada despertar lo veo verme, lo que me produce algún tipo de satisfacción lastimosa. Muchos de la jauría lo han alabado e incluso, si no tuvieran asco a los hombres, habrían querido que les hiciera uno. Yo simplemente los dejo hablar.&lt;br /&gt;Sobra decir que mi dibujante ya no asiste cada noche a retratar a persona alguna en aquel rincón del teatro. Y es que, después de todo, no puedo permitir que nadie me deje de tener miedo.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-8633521969497949697?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/8633521969497949697/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=8633521969497949697&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/8633521969497949697'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/8633521969497949697'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2009/09/retrato-de-un-inmortal.html' title='Retrato de un inmortal'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-3078987863068229524</id><published>2008-08-26T00:01:00.002-05:00</published><updated>2008-08-26T00:04:53.850-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='lobo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Recuerdos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='noche'/><title type='text'>Retorno, una retrospección</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#cc0000;"&gt;Una mole de concreto se extiende lentamente sobre el que fuera un hermoso valle. Los bosques que en antaño revestían la tierra quedaron reducidos a contados parques naturales más sufrientes de muerte que de vida. Los arroyuelos y ríos, unos desecados y otros entubados. La fauna está conformada de perros, gatos y ratas que se escabullen por cualquier espacio e infectan a los ya asqueados habitantes de la metrópoli.&lt;br /&gt;Pero basta de estos reproches, he dicho cuanto desprecio a mi ciudad y al mismo tiempo cuanto le amo. Pues bien, estoy aquí sentado, a la luz de las farolas y de una hermosa luna que asoma por el horizonte, escribiendo en mi cuadernillo. Me gusta este lugar, los niños juegan aún en las canchas de mi derecha y esa pareja de enamorados no cesan de devorarse a besos. Es tan simpático todo esto.&lt;br /&gt;Hoy decidí simplemente ver el mundo que me rodea. Hace un par de horas compré en una papelería cercana este bloque de hojas y un bolígrafo de baja calidad, para escribir no necesito de gran cosa. Me encantan estas noches calurosas de principio de primavera. De vez en vez una brisa fresca hace que cierre los ojos e inhale profundamente el olor de la ciudad. Y hoy me he sentado en esta banca de concreto, bajo un árbol, para relatar lo siguiente.&lt;br /&gt;Hace dos noches caminaba, buscaba a ese alguien especial que podría saciar mi hambre. Me encontraba bastante lejos de la mancha urbana, quizás fuera una ranchería o una granja. Con franqueza diré que no recuerdo ni siquiera la dirección que tomé para llegar allí; pero si puedo decir que vi un cielo hermosamente estrellado, incluso estrellas fugaces jugaban en el firmamento. El olor a la tierra seca y a los arbustos casi muertos me embriagó. Sabía que me encontraba libre de la vida o de lo que fuera ella.&lt;br /&gt;Dentro de mí, si quiero ser sincero, se encontraba el deseo de huir. Huir a dónde y de qué, eso no puedo explicarlo. Quizá de mi mismo o de los otros, de mis pensamientos o de las palabras de aquellos malditos que de noche en noche encuentro. No, solamente quería salir corriendo. Tenía hambre y esa sería mi excusa para incursionar lejos del hogar. Dorvank tan sólo agitó la mano cuando le mencioné que saldría, mientras Julius me amenazaba con la mirada, aquellos ojos que nunca dejan de ver con recelo.&lt;br /&gt;Salí de la enorme casa, de ese edificio mal entonado con la simpleza de las casas construidas hace cuarenta años. Crucé el umbral de la puerta principal con rapidez, mi súbita aparición casi hace caer a dos hombres que entraban al bar del piso inferior. No creo que tuvieran tiempo para reflexionar sobre lo ocurrido, ni que se dieran por enterado de que les hizo tropezar esa noche.&lt;br /&gt;Yo sólo veía hacia el frente, sin permitir que las luces y los olores de los citadinos me envolvieran como comúnmente lo hacen. No tenía intención de ser atrapado por sus deliciosos vicios. Corrí. Corrí con todas mis fuerzas y en pocos minutos me encontraba lejos de la ciudad. Me detuve sobre una colina y desde ella observé la incandescencia de la urbe. Ninguna sensación brotó en mí, fui indiferente a todo, incluso de mí propia indiferencia. Bajé la mirada y continué andando hacia la nada.&lt;br /&gt;Silencio, el verdadero silencio aquel en el que habitan los ruidos de la naturaleza: coyotes, grillos, tecolotes, ratas, el viento, la luz de la luna y de las estrellas. Todos ellos en una sinfonía melancólica de color gris-azulada. Había perdido el deseo ya de comer, simplemente me encontraba satisfecho con la total soledad. Mas algo tan perfecto no tiene lugar en mi mundo, siempre una inconformidad aflora y desarmoniza lo que he conseguido.&lt;br /&gt;Me tendí en la tierra. Una fina capa de polvo me cubrió al dejarme caer de espaldas. Había conseguido mi mayor deseo, estar solo. Cerré los ojos y me imaginé uniéndome a la naturaleza, ser de nuevo parte de lo bello y armónico. Caí en cuenta que hacía muchos años había dejado de soñar despierto, había olvidado que era la diversión; la simple alegría momentánea que vitaliza para seguir adelante. Pero sólo fue un recuerdo, un simple reflejo de lo que un día viví. Si, que viví en su tiempo.&lt;br /&gt;Dejé que las imágenes se escabulleran por la oscuridad del interior de mis ojos. Alcé el oído con tal de escuchar las palabras que hace tanto fueron pronunciadas o el de las risas que emitíamos todos al celebrar cualquier cosa. Buenos tiempos aquellos. Tal recordar me permite rescatar aquellas respuestas que en su tiempo solucionaron mi existencia y que en el ahora pueden ser nuevamente útiles. Pero para alguien como yo ¿de qué le sirve ello siendo que soy un dios en la tierra?&lt;br /&gt;Las imágenes y los sonidos se fueron haciendo cada vez más perceptibles hasta alcanzar tal intensidad que creí encontrarme nuevamente rodeado de aquellos que antaño compartimos tan buenos momentos. Me permití sonreír aún cuando esta visión me destrozaba en mis adentros. Me era suficiente la evocación de ese entonces y comenzaba a sentirme molesto por aquella muestra de la pasada realidad. Fue así que decidí abrir los ojos. Pero, en lugar del negro cielo estrellado esperado, mis ojos se llenaron con la luz de neón de un anuncio de cerveza.&lt;br /&gt;Aquella imagen me desconcertó puesto que me encontraba rodeado de varias personas. Sabía que conocía a cada uno de ellos pero era incapaz de llamar a alguno por su nombre. Estaba pues sentado frente a una mesa de metal concurrida por otras siete personas. Hombres y mujeres bebían de tarros de cristal opaco. Reían, conversaban, cantaban, discutían. Era el lugar una completa vorágine de sonidos y luces. Me sentí mareado y confundido, incluso mis acompañantes se dieron cuenta de ello.&lt;br /&gt;Era un bar con sus muros cubiertos de paneles de madera y de fotografías antiguas donde se retrataron escenas históricas y lugares inexistentes. Una nube de humo formaba una capa sobre las cabezas de los bebedores. A mi derecha el cantinero preparaba las bebidas para los clientes, sobre él una serie de copas boca abajo esperarían ser utilizadas y a sus espaldas las botellas a medio llenar de ron, whisky, ginebra y otros licores. El lugar me era acogedor según recuerdo, creo que le visitaba con regularidad ya fuera sólo o acompañado. Nos encontrábamos en la mesa de siempre, enclavada en una esquina, semiescondida del resto del lugar.&lt;br /&gt;¿Sobre que versaba la conversación? Las tonterías de siempre, los problemas de siempre, los planes de siempre. El tipo a mi lado gritaba sin parar sobre las andanzas que ha vivido, los amoríos que en cada lugar visitado ha dejado y las vanaglorias de su trabajo. Ridículas palabras de una mente simple, sin miras a la razón. Más allá una joven de lindos ojos grises solamente asiente y ríe a cada palabra que al oído le susurraba otro caballero con sonrisa estudiada. Me era difícil sostener la mirada fija sobre ellos. Me abruman sus mentiras y deseos. Caricias, halagos, sonrisas todo ello me parece tan fuera de verdad.&lt;br /&gt;Me sentía aturdido y no sólo por el hecho de encontrarme en un momento de mi vida anterior, sino por recordar cuanto aprecio y desprecio sentía hacia todo aquello. Giré mi cabeza y observé a dos hombres que, de manera casi sincronizada, bebían de su tarro el líquido amarillento y luego dan una pitada a su cigarrillo, para terminar su demostración con un estruendo de carcajadas. Divertido, si. Amistoso, si. Lo que yo quiero, aún no lo recuerdo. Sé que este no es mi tiempo, reconozco que esta persona no soy yo, pero lo fui y con ello identifico lo que era y lo que sentía. Experimento las mismas sensaciones e ideas que en aquella noche tuve. No soy pues la bestia que hace varios años fue creada; soy un vil mortal, un hombre que nunca entendió su humanidad.&lt;br /&gt;Había una última pareja al extremo de la mesa. Ella, con el rostro afligido, ansiosa y molesta; él, perdido en la unión de los que comparten el mismo ideal. Posesión y deseo. Tienen ambos la mirada de los que necesitan con desesperación ser amados. El uno al otro se entregan como ideales en quienes se sustentan, sólo el miedo a dejarse ser ellos para sí mismos.&lt;br /&gt;Ya lo recuerdo, es la monotonía. Una y otra vez este mismo ritual se llevaba acabo. Mismas palabras y actos. Y aún así ninguna certeza era de esperar. Nada podía esperar en realidad. Una promesa, la buena voluntad, la amistad ¿qué fue de todo ello cuando dejé de existir entre los mortales?&lt;br /&gt;Este es un juicio muy severo, pero lo creo acertado e incluso lo creí en medio de la fantasía de aquel retorno a la vida humana. Era en un tiempo el ser hombre en la carne pero en los pensamientos, mi conciencia, gobernaba el demonio que soy ahora. En esta elucubración me encontraba cuando alguien me dirigió la palabra. Su aliento a alcohol y cigarro golpea mi rostro. En igual condición me encontraba en ese momento, pero sé que no eran mis aspiraciones incluso como mortal. Busqué dentro de mi espíritu las razones que me daban valor en ese entonces para seguir existiendo. Vi mis planes y proyectos, mi labor y mi entrega, todo por lo que y en lo que soñé. Perdí mi futuro pero me fue entregado el mundo.&lt;br /&gt;La reunión continuaba. La palabra cambiaba de poseedor de forma caprichosa, incluso la tomé en algunas ocasiones midiendo mis comentarios. Llegué a sentir la imperiosa necesidad de revelar el quien era, lo que ocurrirá, lo que los destinos parecen guardar como inexorable regla para ellos y para mi. Me contuve y dejé que la melancolía asomara por mis ojos, y que mi voz enmudeciera poco a poco en una suplica para que esta visión imposible terminara. Me giré y fue entonces cuando le vi.&lt;br /&gt;Bajo la litografía enmarcada de un afamado torero, resplandeciendo el cristal de la copa que llevaba hacia su boca, lo encontré antes de ser yo el encontrado. En una mesa individual se encontraba sentado, bebía con tranquilidad el líquido oscuro que nunca ordenó. Había depositado sobre el tablero, al lado del cenicero de grueso plástico negro, su sombrero atacado por los años. Entreabrió los ojos al degustar aquel dulce vino y sus pupilas brillaron al descubrir que lo había descubierto. Sentí miedo, sintió la carne del hombre que me recubre ese miedo hacia lo que no se sabe.&lt;br /&gt;–… y fue así que se resolvió. ¿O no Gabb? –fue lo único que comprendí cuando uno de los hombres a mi lado se dirigió a mi.&lt;br /&gt;–¿Qué? No sé. No recuerdo eso. –respondí aún aturdido por el testigo a mis espaldas.&lt;br /&gt;–¿Cómo no? Y si no pregúntenle a… ¿A dónde fue?&lt;br /&gt;–Seguro al baño. –dijo otra persona a la cual no pude identificar mientras reía del desconcierto de su amigo.&lt;br /&gt;–Tengo que irme. Quizá mañana los vea. –dije poniéndome de pie. El efecto del licor se desvaneció con la imagen grabada en mi mente.&lt;br /&gt;–¿Cómo? Si aún es temprano. ¿Acaso ya no nos aguantas? –reprochó uno o varios, de ellos no sé ya nada.&lt;br /&gt;–Para un mañana ya no. –dejé varios billetes sobre la mesa y salí del establecimiento. No me detuve a saber si mis palabras habían provocado alguna reacción o si mi salida fue precipitada. De cualquier manera él ya no estaba en su mesa.&lt;br /&gt;Me puse a correr. Me sentía en ese cuerpo tan inútil y falto de pericia que en varias ocasiones estuve a punto de caer. ¿Hacia donde me dirigía? Hacia el único lugar en el que creí que podía recuperar algo que en alguna noche futura tendría como maldición para mi alma y bendición para mi muerte.&lt;br /&gt;Las calles eran oscuras, más de lo que recordaba. Las luces y las personas más discretas en la conformación de sus sombras. Los vehículos y la anchura de las calles eran largos ríos incapaces de ser sorteados por la velocidad y la dureza. Era la misma ciudad, los mismos callejones en los que cada noche yo transito en busca de mi victima, pero ya no era yo quien la recorría. Me sentí exhausto, con vértigo y peor aún sabedor de ser seguido sin poder notarlo.&lt;br /&gt;Doblé la última esquina y frente a mi un edificio sin enganche en la arquitectura moderna de hace cuarenta años. La casona convertida en bar en la planta baja y en madriguera en sus profundidades. Era mi casa, será mi casa. Cruce el umbral de escandalosa puerta enrejada y su interior repleto de patéticos hombres que se creen sabedores del misterio de sus vidas. Golpee al entrar a un tipo que espetó una maldición. Aún así me dirigí, sin importarme siquiera el destino de mis actos, hacia el pasillo que lleva al interior, a los infiernos. Una voz grito intentando detenerme, sé de quien era y la razón de su advertencia, pero ella aún no sabe quien soy.&lt;br /&gt;Las penumbras y la humedad me impregnaron, las respiré como la bienvenida del hijo pródigo. Las escaleras que bajan al sótano fueron una trampa para mi ceguera. Descendí intentando no caer en mi esfuerzo por retornar. Por fin alcancé el último resquicio de mi peregrinar. Abrí la puerta y frente a mí Dorvank gritó: ¡Aún no!&lt;br /&gt;Desperté, regresé al momento en que los destellos amarillentos del sol rompen los cúmulos de las nubes matutinas. El rocío había empapado mis ropas y el cansancio de la noche quería llevarse tras de si el movimiento de mi cuerpo. Me incorporé y caminé a casa. La urbe entró en vitalidad y la contemplé bajo el imperio del sol. Planas y aburridas actividades de los hombres que vienen y van sin jamás terminar su camino o siquiera iniciarlo.&lt;br /&gt;Cabizbajo recorría yo la última jornada en el camino a mi hogar cuando vi a uno de los que en aquella noche, hace tantos años, compartimos la misma mesa en un aquelarre de festín. Lo vi acompañado de una mujer y correteando a sus pies una niñita de rubios rizos. Al verle él me vio, tuvo miedo y no me reconoció. No tenía porque hacerlo, tal vez ni siquiera hubiera podido. Pero aquel encuentro me hizo reír. Convertirme en ello, en algo como él, en otro más dentro de la genealogía de la humanidad, sin otra aspiración que ser recordado por la mayor cantidad de personas y en la enajenante expectativa de la creación de aquel logro que me daría la inmortalidad.&lt;br /&gt;Y me hizo reír por que debí entender que soy tan fantástico como los cuentos de hadas que ha de contarle ese hombre a su pequeña hija antes de irse a dormir. Que he superado a la creación al ser convertido en un ángel maldito por otros malditos. Ya no es necesario el circulante pensar en mí y en mi supervivencia, soy inmortal tanto en la tierra como en los infiernos. Los siglos humanos jamás podrán hacerme necesitarles. La carne siempre estará a mi disposición hasta el final del mundo. Así que antes de entrar a la casona colonial di los buenos días a una mujer de avanzados años que pasaba frente a la puerta de mi hogar. Su azoramiento fue en verdad simpático, tanto que le besé en la frente como muestra de agradecimiento.&lt;br /&gt;Desde aquel día he preguntando a todos en la jauría si en verdad ocurrieron aquellos hechos que reviví en mi pasado. Todos me han dicho que no, que la primera vez que visité la casa fue aquella noche en que Dorvank me llevó a morir en desesperación. Sólo Egeria me dijo algo peculiar, mencionó que en ocasiones recuperamos parte de nuestras almas con lo cual nuestro corazón vuelve a latir. Me agradó esa idea. En cuanto hoy se puso el sol salí de mi casa anacrónica de muros rojizos y decidí describir aquel día.&lt;br /&gt;Bajo la farola de luz blanca y las ramas perennes de este árbol, rodeado por los gritos y risas de los niños y por los murmullos al oído de los enamorados, recuerdo mi odio y no dejo de sentirlo. Pero ahora se mezcla con algo más, un deje de tristeza y pena por esos hombres. Una madre recién ha gritado a su niño para que regrese éste a casa. Probablemente un par de ellos nunca vuelvan a jugar después de esta noche. Quizá no sea yo un arcángel pero soy tan mítico como ellos. Por lo pronto ya es hora de comer.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-3078987863068229524?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/3078987863068229524/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=3078987863068229524&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/3078987863068229524'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/3078987863068229524'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2008/08/retorno-una-retrospeccin.html' title='Retorno, una retrospección'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-8015792707194707828</id><published>2008-07-17T21:59:00.002-05:00</published><updated>2008-07-17T22:03:39.790-05:00</updated><title type='text'>Tiempos de Paz - Femineidad</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#993399;"&gt;De las pocas cualidades que permiten a una mujer adentrarse a los mundos que los hombres acostumbran, es la noche una de ellas. Baja de su departamento, en el quinto piso, hacia la bahía que se extiende a lo largo de un mar negro, casi muerto desde el final de la guerra. Los escalones de piedra y concreto emiten sonoros cantos al choque de los tacones en los zapatos negros y severos que la mujer utiliza.&lt;br /&gt;            Un fantasma escondido dentro de un cuerpo vestido de traje azul, con el cual sale aún arreglando el cuello de la camisa. Silueta bronceada que intenta engañar a los testigos de su paso. El viento marítimo sopla tratando de desgajar la piel falsa con la cual se ha revestido Ivanna. Es ella quien decide esconderse para jugar con los arcanos prohibidos.&lt;br /&gt;Firme, recta, dura, cualidades de una virilidad estereotipada. Cuerpo formado para un bello mozuelo, andar exótico para una voluptuosa mentira. Delgado, con recia faz de marcadas líneas y ligera sonrisa que labios pequeños y fríos crean. Lociones constituyen el espacio etéreo en el que se mueve la dama. Es que sin saberlo, o siquiera intentarlo, ella es capaz de generar una ilusión a su alrededor. Mas dentro de él, el disfraz evidenciado, palpita el signo de la feminidad. El alma candente de quien espera encontrar aquello olvidado. Sale pues, al exterior nocturno y las luces de las farolas juegan con las sombras llenando por completo la magia.&lt;br /&gt;Sobre su rostro, unas lentes de marco grueso esconden la enigmática profundidad de una mirada fascinante. Su cabello largo cae y gira revolviéndose imposible de contener, enmarañado y terco como el de un hombre brusco. Ella camina como si fuera un él. Olores que las olas emiten penetran hasta su pecho y son exhalados con todo el miedo que ésta noche pueda traer consigo. Camina y nadie nota su singular presencia.&lt;br /&gt;Por las calles empedradas de la ciudad marítima los automotores rompen la penumbra con la luz despedida de sus faros. Su marcha fatigosa es parte del calor que las mareas traen consigo. Y es que la Luna, ya eclipsada por su propia sombra, se empieza a elevar por la línea del horizonte. Los camellones rebosantes de tropical vegetación susurran con las brisas que de cualquier parte previenen. Ya no hay fauna que cante en una selva artificial, la humanidad danzante por las callejuelas y malecones son quienes vitalizan eternamente a una ciudad estéril.&lt;br /&gt;Ivanna Liev recorre las calles, es un hombre encubierto. Imposible reconocer quien es quien dentro de la frondosa actividad. Y aún cuando lo supieran, sería innecesaria cualquier reprimenda o acusación, todo es normal a los ojos de los hombres y mujeres, jóvenes y adultos nacidos después de la guerra. Todo evolucionó al retorno de los principios.&lt;br /&gt;Un misterio por años estructurado en la mente de su dueña y es éste el que le acompaña entre las calles y avenidas de una exótica ciudad de vivos colores. Relumbran en el día las fachadas de los edificios al ser bañados por el sol; gama de arcoíris silente dentro de un espacio dominado. Por las noches, los fulgores artificiales congelan las miradas atrayéndolas como insectos. Trampas seductoras sin otro peligro más que el de la pérdida de la identidad.&lt;br /&gt;Es por ello que decidió vivir aquí hace cinco años. Cuando Isbelt le resultó una urbe hueca y una triste isla, cuando sus habitantes dejaron de actuar y se propusieron labores para sobrevivir. Pero tal vez lo que le hizo salir de entre su gente fue que su hermano le echó de casa con una maleta rota y un poco de dinero. Sin derramar una lágrima escapó de tan desventurado destino y ahora reina en los juegos de la espontaneidad. Sabe subsistir sin dejarse matar lentamente y teniendo el placer del obnubilado amor que desencadena en cada hombre que conquista.&lt;br /&gt;Ésta noche camina por la acera hasta acercarse a la casona de fachada amarilla y rejas en las ventanas. Espacio público donde comensales y aventureros pasan las veladas esperando el regreso del sol al amanecer. Ivanna apenas toca con sus dedos la rugosa pared exterior del establecimiento mientras recorre este último tramo. Pasa delante de dos altas y angostas ventanas enmarcadas con motivos florales en cantera; arrebolado detalle sincrónico de aquel tiempo en que Valarta fuera la bella joya del mar. Se llega entonces a la puerta de metal, verjas de gruesos hilos metálicos, abierta para recibir a los visitantes. En un leve instante tiene la precaución de no entrar, seguir su camino hacia las orillas de la ciudad donde está aquel antro callado por las órdenes morales de la municipalidad. Pero no permite que la acción se ejecute y mantiene el paso hasta terminar de cruzar el estrecho pasillo que conduce al patio central de la casa. Viola las disposiciones que niegan el ingreso a la mujer, pero ella no lo es hoy, ella es el espíritu de un hombre que dejó su vida por la fe en una esperanza antigua.&lt;br /&gt;Mira con atención, de pie junto a la base de una columna doble, son una serie de ellas las que configuran el gran cuadrado que se forma por la arquería constructora de pasillos al alrededor del patio, y contempla la algarabía de un bar concurrido de clientes. Ya la noche se encuentra muy adentro y la vitalidad renace en el intento de olvidar los pesares del día.&lt;br /&gt;Las mesas al centro del lugar se hayan todas ocupadas y las habitaciones, cuyas puertas miran hacia los pasillos interiores, despiden las fragancias características de los entes nocturnos. Cruza pues, decidida, el amplio cuadrado de lozas rojas. Sortea a toda clase de hombres: atractivos y horrendos, viciosos y virtuosos, desconocidos y conocidos, todos ellos los que conversan, que beben y ríen. También a meseros en su carrera por servir y cobrar, y a los humos del tabaco y a la música proveniente de los altavoces en el techo. No es una casa, es una cueva donde tal vez  encuentre la respuesta al enigma que tanto le inquieta.&lt;br /&gt;Luego de danzar con todos, en su caminar hasta la barra empotrada en el muro que enfrenta a la puerta principal, alcanza su objetivo. En exterior, bajo un cielo que no deja presenciar las estrellas y bordeado por palmeras y otras plantas verdes, toma asiento en un banco alto al lado izquierdo de una pareja de caballeros que conversan en silencio. Indica con la mano que le sea atendida su solicitud y con una mueca se reconoce lo que pide. El hombre con chaleco negro y corbatín rojo deposita frente a ella un pequeño vaso de cristal en el cual se vierte un licor azul afamado a nivel mundial. Ella lo bebe y pide que sea llenado de nuevo, se ha adaptado al entorno en que se encuentra, eludió la última prueba de su masculinidad.&lt;br /&gt;Se gira en su asiento y observa lo que sus ojos contemplaron al entrar. Una multitud de hombres que entran y salen de habitaciones. En la puerta de acceso la conmoción por ingresar se inició, no hay espacio para alguien más. Pero estas características no le interesan a ella. Su disfraz no trae consigo el conocimiento anhelado. Su mente está lejos de lo que realmente son las personas que le rodean. La atmosfera enviciada se ha tragado a la concurrencia y también a ella.&lt;br /&gt;Vuelve a girarse y mira en el espejo, que se levanta tras las botellas exhibidas detrás de la barra, su propio rostro desconocido.&lt;br /&gt;–¿Qué hago aquí? –se pregunta al tiempo que ingiere el resto del licor que aún contiene su pequeño vaso. Baja la mirada y siente miedo. Algo le molesta pero no sabe que es. Le duele el pecho, le duele la cabeza, le duele el rostro que le observó en el reflejo. Está apunto de levantarse cuando escucha un fragmento de la conversación que tienen los hombres a su lado.&lt;br /&gt;–Es que lo único malo de ti, Bastián, es que eres un hombre de bien. –dice uno de ellos al momento que coge el tarro de cerveza que tiene delante para beberlo por completo.&lt;br /&gt;–¿Y a qué viene eso? –pregunta el otro, más viejo que aquel, con un tono de molestia puesto que se pone a mirar su propio vaso intentando escapar al diálogo.&lt;br /&gt;–Pues que, simplemente eso me pareces. Al fin y al cabo todo esto fue tu idea.&lt;br /&gt;Reconoce el nombre del anciano. Mira a través del espejo el rostro taciturno del hombre que una vez conoció por las charlas de Veronice. Sólo podía ser él, el viejo complaciente de sonrisa franca. En una fotografía, diez años más joven, retrata los mismos ojos amarillos tras pequeños anteojos de moltura plateada, la barba que encanecía y cubría la mitad del rostro del sujeto, además el cabello alborotado intentando ser jovial, y en aquella imagen lo conseguía.&lt;br /&gt;Percibe su propia sorpresa al encontrarlo allí, a su lado. Casi tocó su mano cuando recibió del cantinero el vaso con su licor.&lt;br /&gt;Se gira para apreciarlo mejor. Es el enorme hombre que se imaginó años atrás, pero se le presenta triste y preocupado. Él no hace gesto por verla, está perdido en un mundo de ensoñación e ideas. Contempla Ivanna el perfil rectamente cortado, su pecho se conmociona cada vez que él cierra los ojos. Le parece que le miraba desde hace mucho tiempo.&lt;br /&gt;Sigue repasando la silueta de su hombre. La espalda encorvada por la pesadez de sus pensamientos más que del quebranto de su fortaleza. Luego camina por el sendero de los brazos, fuertes y rígidos, hasta desembocar en las manos cuyos dedos aprietan con energía el vaso cristal aún lleno. En la muñeca izquierda encuentra la señal que despeja las dudas sobre la identidad del viejo. Un reloj cuya tapa lleva escritas las iníciales de su nombre: S. N. Él es Sebastián Nix.&lt;br /&gt;A sus pies, depositada en el suelo, una maleta cilíndrica de color verde. Asociando ideas, creando especulaciones y sintiendo un renovado miedo, comprende que la situación de los nómadas cambió irremediablemente. Veronice le comunicó hacía una semana que saldría de viaje rumbo a Faustia acompañada de aquel hombre y otros sujetos. Pero si él se encuentra allí significa que Vero también. Ambas se necesitan en este instante.&lt;br /&gt;Sin llamar al cantinero deposita en la barra del bar un par de billetes de descolorido color verde, se levanta haciendo fluctuar el banco de madera y se dirige apresuradamente a la salida. Con grácil manejo de su cuerpo flota entre los vapores y voces de los comensales. Una gacela delicada que olvida su aparente situación. Un hombre afeminado es el que sale golpeando a dos clientes en la puerta.&lt;br /&gt;Arthur, el hombre junto a Sebastián, sonríe al ver el escape de tan singular personaje.&lt;br /&gt;–¿Viste al tipo que estaba sentado a tu lado? –pregunta tratando de sacar a su compañero del letargo en el que se consume.&lt;br /&gt;–No, ¿lo conoces? –interroga sin el ánimo de conocer respuesta.&lt;br /&gt;–Yo no conozco a los de su condición. –y dicho esto pide se le sirva de nuevo.&lt;br /&gt;Ivanna Liev siente el soplo de una brisa fresca que le estremece. Tiene a su vista, en la lejanía, los dos faros en los extremos de la bahía. Brillantes destellos que separan de sí los zeppelines que arriban a la costa. Y al alcance de su mano, los buques que el ejército de Bliev ha anclado y que por su propia determinación señaló que las playas de la ciudad sean sus astilleros.&lt;br /&gt;Desorientada trata de imaginar que rumbo tomar para encontrar a Veronice. Se arrepiente de no haber hablado con aquel hombre, pero es tarde para regresar. Junta sus manos, cierra los dedos, en actitud de suplica, y las coloca sobre su frente. Entre todas las imágenes de su memoria alguna le llevará a su destino.&lt;br /&gt;Se le abren los ojos.&lt;br /&gt;Una de las hermosas playas de Isbelt, bajo el cielo del estío, y dos niñas corren alcanzándose una a otra. Ligeros vestidos blancos ondean en su carrera. El sombrero de una escapa atrapado por el viento, de arriba abajo fluye en errático movimiento. Ríen en su intento desaforado por alcanzar tan curioso objeto de cintas azules, el color favorito de Ivanna. No existirá tristeza si se pierde, pero si cuando el día termine y los adultos llamen de regreso al hogar.&lt;br /&gt;Le atrapan cuando queda enredado en una zarza que crece entre unos peñascos a la orilla del mar. Veronice lo toma con ambas manos y lo entrega a su amiga. Ella se lo coloca y amarra con una cinta para que no vuelva a escapar. Vero renueva entonces su carrera en dirección a las olas deteniéndose en la línea donde el océano desaparece en la tierra. No le gusta sentir las aguas vivas golpeando su cuerpo prefiere la caricia de la arena cuando entierra sus pies desnudos en ella. Ivanna llega hasta donde la otra pequeña y deseosa por entrar al mar desata las zapatillas que calza. Mas observa la quietud de Veronice y toma su lugar al lado derecho de ella. La abraza por los hombros y permite que la niña deposite su cabeza en uno de los suyos.&lt;br /&gt;Ambas dejan que sus pies se fundan con el calor de la arena. El horizonte solamente tiene unas cuantas nubes.&lt;br /&gt;Ivanna toma camino hacia la zona norte de la ciudad, lugar donde aún quedan playas para el esparcimiento de las personas. Su marcha es rápida y violenta, las personas que frente a ella se le acercan esquivan el trote del hombre de traje azul. De un paso veloz a una carrera descarnada termina por alcanzar las verjas que dividen los espacios militares y aduanales de los públicos. Allí, sin avanzar mucho, encuentra la sombra delineada de una mujer.&lt;br /&gt;Hermoso cuerpo de brazos cruzados que mira el mar y las regiones lejanas de la bahía, donde puntitos de luz se dispersan entre la negrura de la noche. El viento fresco nocturno mece el cabello azabache de la joven mujer. Ivanna se acerca a Veronice, con calma se llega hasta donde la mujer se encuentra. Deja que sus zapatos cuadrados se hundan en la arena. Se quita el saco dejándolo caer libre y se desabotona la camisa a la altura del pecho. La mujer florece entre el fantasma del hombre.&lt;br /&gt;Luego le rodea con el brazo la cintura y descansa la cabeza en su hombro. Veronice sólo acondiciona su cuerpo al intruso que se le ha unido en su expectación, le abraza tomándola del hombro y termina apoyando su cabeza sobre la de su acompañante. Entrelazan las manos que quedaron libres esperando cada una que su soledad pase.&lt;br /&gt;Ivanna comprende el dolor que ahora le aqueja a su amiga. La muerte del padre días después de su maravilloso día en la playa de Isbelt, la madre trabajadora en los campos y su hermano sin dignidad sometido a vejaciones. La guerra que trajo tanta hipócrita paz, ya van trece años de esa paz.&lt;br /&gt;–Una ladrona… una suripanta… –aflora un balbuceo, escucha la condena que Veronice se ha impuesto, sin embargo la ignora. Ambas guardan nuevamente silencio.&lt;br /&gt;–Y yo, hui de mi casa y mi pueblo. La dejé sola. –piensa para sí Ivanna. Y el miedo se convierte en culpa. Siente como el llanto de Veronice moja sus cabellos, no importa. Es un lamento doble mientras ambas miran la mar.&lt;br /&gt;El amanecer ilumina con tonos naranjas y amarillos. El canto de las aves acuáticas despierta a las mujeres que quedaron prendadas en el sueño. Ambas se levantan y toman sus respectivas cosas: Veronice su mochila e Ivanna el saco de su traje. Salen de la playa y caminan rumbo a la plaza principal de la ciudad.&lt;br /&gt;–¿Cómo supiste que estaba aquí? –inquiere Veronice a su compañera.&lt;br /&gt;–Reconocí a Sebastián en un bar. –responde.&lt;br /&gt;–De seguro en el que no nos dejaron entrar. –señala mirando de reojo la vestimenta de Ivanna. Le extraña pero no hablará sobre ello.&lt;br /&gt;–Me preocupe y decidí salir a buscarte. Fue fácil.&lt;br /&gt;–Muy intuitiva –sonríen ante el comentario.&lt;br /&gt;En sus rostros la fatiga se aprecia. Están exhaustas de estar una al lado de la otra.&lt;br /&gt;–¿No preguntarás por qué estoy vestida así? –se reinicia la conversación.&lt;br /&gt;–Tus razones tendrás.&lt;br /&gt;–Y si que las tengo. –dice Ivanna mientras toma con las manos su cabello e intenta controlarlo– ¿Nunca te has preguntado la razón de la belleza del hombre? ¿Cuál es su misterio para hacernos destrozar la vida por uno de ellos?&lt;br /&gt;–Hasta ayer no. –evocando aquella imagen manifestada en el cristal del zeppelín la tarde del día anterior.&lt;br /&gt;–Quizá haciendo esto llegue a saber por qué deje de amarlos.&lt;br /&gt;–Sigues igual de loca como siempre mujer. –dice Veronice besándole luego la mejilla.&lt;br /&gt;Al fin alcanzan, cuando el reloj de la iglesia marca las seis de la mañana, la plaza principal de la ciudad. El cielo se colorea de azul brotando su matiz desde el fondo de las montañas. Encuentran a Sebastián conversando con Arthur, mientras que la mirada de Ivanna se centra en un grupo de tres hombres bajo el árbol de grandes hojas. El varón de apariencia bestial, que es palmeado en la espalda por otro tipo de similar talla, enmarca una nueva intriga en sus ideologías.&lt;br /&gt;Arthur McNaullian toma conciencia de las recién llegadas y reconoce en una de ellas al joven que en la noche le resultó divertido. Aquel hombre es esta soberbia mujer que acompaña a Veronice. Gallarda y altiva, le parece imponente en la altura que presenta. No sabe de que de lado inclinarse. Sólo atina a decir:&lt;br /&gt;–Lo que nos faltaba Bastián. Aparte de Sfrener y la bruja esa, otra cosa rara en el grupo.&lt;br /&gt;Sebastián voltea la cabeza reconociendo en una mirada las intenciones de la joven.&lt;br /&gt;–No sólo las mujeres son un enigma, –le responde a Arthur– también nosotros lo somos para ellas.&lt;br /&gt;–¿Pero…? –una estocada y deja sin sentido la oración.&lt;br /&gt;–Mira más allá de tus deseos Arth. –dicho esto se orienta a recibir a la nueva tripulante.&lt;br /&gt;Wolph aparece silente al lado del hombre desorientado quien se sorprende al ser descubierta su turbación. Se ruboriza y enoja consigo mismo. Tratando de manifestar control dice en tono molesto:&lt;br /&gt;–Con que llegaste muchacho. Pues vamos. –Y ambos se unen a la reunión del sequito.&lt;br /&gt;Terminó la noche para dar inicio a un día aún peor.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-8015792707194707828?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/8015792707194707828/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=8015792707194707828&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/8015792707194707828'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/8015792707194707828'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2008/07/tiempos-de.html' title='Tiempos de Paz - Femineidad'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-9118289222954869674</id><published>2008-06-16T14:09:00.004-05:00</published><updated>2008-06-16T14:20:28.643-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Templanza'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Accidente'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Muerte'/><title type='text'>Lecciones sobre la muerte</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;Forma número cuarto&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#330099;"&gt;Es casi de noche, la oscuridad se rehúsa a emerger desde el horizonte contrario a la puesta del sol. Los tonos violetas y de profundos azules apenas tienen su silueta en la bóveda del cosmos. A lo largo de las filas indecorosas de los árboles, trinos de pájaros chocan entre si provocando un estruendo de sonidos impertinentes. Penumbras se conjugan entre las copas de la arboleda y las cuadradas fachadas de los edificios alrededor el parque.&lt;br /&gt;Entre las moles de ladrillo y madera, donde las construcciones de pasado, blanco de un lado y rojizo del otro, crean un espacio de movimiento para los jóvenes que corean entre gritos y susurros la vendimia que acaban de realizar. Es la ciudad de luces artificiales difuminadas por los resplandores del crepúsculo eterno, la de trepidaciones a lo largo de las calles maltrechas que mantienen en el vilo de la inconsciencia a quienes sobre ellas se atreven a seguir un camino de rápida marcha o inmovilidad serena.&lt;br /&gt;Y mientras todo esto se presenta, la noche no se da término para extenderse sobre el cielo de esta ciudad. Es como si esperara que un evento ocurriera para dejarse llevar por las sendas de los vientos superiores. Azules, rojizos y morados alzan los brazos a lo largo de la bóveda aún sometida a los embates del fragor solar. No pueden caer, por arcano misterio, las tinieblas en la ciudad ni sobre sus habitantes. Es durante esos momentos de eterna penumbra inconclusa cuando los dos hombres se mantienen de pie, uno junto al otro luego del encuentro sin planes pero deseado, mientras conversan en medio de la multitud ignorante.&lt;br /&gt;El espacio es el mismo de días anteriores, donde los ciclos de la vitalidad se repiten innumerables veces. A la izquierda el rectángulo de la fachada blancuzca, manchada por la inmundicia proveniente de la humanidad alrededor, donde ventanales de altos vuelos y arcos de cantera encierran las luces de las lámparas que sobre los techos de las amplias o estrechas habitaciones mantienen dentro a los jóvenes de pensamientos frágiles. Todo ellos atravesando las puertas de madera apolillada y desquebrajada cuyas capas de pintura encubren los tiempos en que fueron instaladas para guardar a los habitantes de sus muros. Ellos vienen y van, retornando sobre las historias creadas en el principio de sus propias existencias, negadas en silencio y manifiestas en la mentira de su propia aspiración. Son una pequeña multitud.&lt;br /&gt;Cruzan la calle donde el tráfico vehicular se acrecienta durante las horas en que el sol se niega a retornar más allá de los límites de la mitad del mundo. Estacionamiento en la amplitud de la calle, el semáforo no cambia de tonalidad hasta que el anterior no indica señal contraria. Y es que el movimiento humano puede contemplarse entre las esquivas anécdotas de quienes bajo la capa vegetal de los árboles dominan con sus charlas y actos la constante vitalidad del tiempo. En la acera, al lado de la jardinera de alto muro y del armatoste de metal amarillo donde un hombre vende revistas y periódicos, una pareja se mantiene abrazada. Más allá, sentados sobre la barda, un grupo de personas conversan riendo y actuando sus propias palabras. Arriba de una banca de concreto una joven de blusa verde sostiene en sus piernas la cabeza de un hombre que descansa con los ojos cerrados mientras ella juega con los cabellos alborotados de su acompañante. Un tipo empuja a otro mientras expone su idea, una danza preestablecida a la cual se han adecuado en la rutina. Dos mujeres, de parcos colores su indumentaria que cubren sus delgados cuerpos, se alejan tomadas de la mano, mientras que un joven de gafas las observa caminar y perderse al doblar una esquina. Y, entre ellos, demás sujetos e individuos que se olvidan fácilmente su presencia.&lt;br /&gt;Hechos repetidos mientras en el centro del espacio, donde la explanada sólo es frenada por la efigie de un hombre aún desconocido por sus testigos, muchachos juegan balompié imaginando que en ello se les va la vida. Patea uno, recibe otro mientras que aquel grita destrozado por las implicaciones que dentro de su mente podría tener el juego. Camisetas y playeras ligeras, pantalones de mezclilla, uniformes en el momento en que la historia fue escrita. Es la igualdad del todo, repetición desconocida por la nulidad de ésta misma premisa. El balón sale disparado, esquivando el laberinto de los transeúntes y golpea al final el dorso de un autobús. Revota cayendo a los pies de un muchacho de vestimenta deportiva azul y gris. Acepta y patea la esfera hacia aquellos que la solicitan. Terminada la distracción continúa contemplando la distancia de la calle esperando el arribo de algo. Por detrás un joven de cabello largo y de negra profundidad se le acerca. Gracilidad en un caminar que se transforma en lento meneo del viento. Actor etéreo dentro de una pintura quien sin fundamento acerca su mano al hombro de la figura principal.&lt;br /&gt;Del otro lado, donde los segundos jardines de pálida tierra, donde la fecundidad de su obra sólo es evidente en los escuálidos árboles que bordean el parque, allí sentados observan el partido ejecutado por los hombres sobre las baldosas de piedra que cubren la explanada. Ellos son lo que el otro es, una identidad creada a partir de las interacciones constantes entre unos y otros. Confianza real podría ser admitida mas su afirmación permanecerá en la duda del futuro. A sus espaldas el edificio que controla la panorámica. De rojos ladrillos su fachada, dureza representa las altas ventanas de cuadrada forma donde negras piedras enmarcan el cuadro del interior de las habitaciones. Luces penden de los techos y rompen sus fragores al cruzar las rejas custodias del edificio. Solemnidad y fuerza, da miedo posar la mirada en tan fría construcción; enajenada a la dinámica de la ciudad tímida que se vuelca sobre sí misma. Hombres vestidos de un verde desgraciado mantienen sus rondas alrededor de su eminente hogar.&lt;br /&gt;Y el sol no brilla ni las tinieblas palidecen. Un momento del crepúsculo donde la línea del día y la noche mantienen en expectativa al caminante citadino. Es instante de angustia y soledad cuanto en plata se tiñen las escasas nubes del estío. La idea de escapar no asoma por el rostro del joven de titubeante mirada. Cansada visión que esconde el mundo, un silencio que se empeña en ser descubierto mas no revelado. En las profundidades de una mente surgen los actos, y es que él esta allí de pie. Alto y solemne, esperando, meditando, contagiándose de sí mismo.&lt;br /&gt;Con la cabeza alzada, sometiendo la dureza de su cuello y hombros, presencia del hombre de la ilusión. Con los brazos cruzados al frente y las piernas abiertas mantiene el control sobre las eventualidades de la realidad. Superado y superior se le observa desde su espalda erguida cargada de la mochila negra con detalles azules en los cierres y aberturas de las bolsas. Es esto lo que ve el hombre de cabello largo al momento de acercarse a su amigo, punzada en el pecho lacera la fantasía de la existencia del otro.&lt;br /&gt;–¿Ya te vas? –pregunta cuando su mano toca el hombro derecho de David. El golpe de sus pasos fue evidente desde el inicio de su marcha, pesada candencia que no engañaba al sorprendido.&lt;br /&gt;–Si, ya es tarde. –responde con los ojos fijos a su amigo. Las gafas redondas y oscuras mantienen alejada, como mascara, los anhelos interiores de aquel que ha preguntado. Diferencia hacia lo igual.&lt;br /&gt;–Íbamos a ir a casa de Claudia ¿no vienes? –la invitación se dirige en un sentido de suplica. Lo deseado le es más goloso cuando lo tiene enfrente. No desea al sujeto que desvía la cabeza de vez en vez intentando que su acción dé la llegada al autobús. Desea aquella imagen desconocida, aquello que él mismo no sabe que desea siquiera. Obsesión impensable de un máximo ideal.&lt;br /&gt;–¿Y eso para qué o qué? –pregunta David inquietándose por la posibilidad de perder el autobús. Conoce el juego pero no las reglas. Sabe como se desarrolla la dinámica de las personas, ha estado allí y comprende su facilidad, su impericia y su tristeza. No la rechaza, pero ha quedado sometido a otras premisas en las cuales se ha dejado caer. Sabe lo que sabe, cree en lo que cree y hace eso mismo. La sabiduría da lugar a la congruencia de sí-misma en el sí-mismo de quien la posee.&lt;br /&gt;–Nomás a pasar el rato, a pistear y a ver que se arma luego. –responde sonriendo con una limpia hilera de dientes que arquean su boca en forma de media luna. Su rostro se ilumina, a pesar de la negrura de los cristales frente a sus ojos, con la posibilidad de que su amigo asista con él. Esperanza a la cual jamás admitirá su certeza.&lt;br /&gt;–No, mejor no. Ya es tarde y tengo cosas que hacer en la casa. Otro día mejor. –la mirada responde a la sonrisa.&lt;br /&gt;–Está bien. Mañana nos vemos. –le dice mientras se aleja hasta reunirse con la camada de amigos y amigas que le esperan sentados bajo los arboles. Se reúne con ellos y toma asiento al lado de una joven de blusa corta color rosa. Él la abraza y comienzan a charlar. Olvida al momento, recuerda en el ensueño.&lt;br /&gt;–Si, hasta mañana. –espeta David sin el animo de ser escuchado, sólo observa como su amigo se aleja corriendo. La holgada camisa desabotonada se bandea con el movimiento mientras sus pies calzados con zapatillas deportivas rechinan levemente, tanto que no se escuchan.&lt;br /&gt;El autobús no aparece aún y desesperado decide alejarse del pequeño mundo de interacciones en el cual se haya inmerso. Toma camino contra el flujo vehicular. En línea recta camina acercándose con ello al grupo donde se encuentra su amigo aunque se mantiene a distancia de ellos y sin voltear continúa su andanza hasta alcanzar la siguiente esquina. Atraviesa la cuadra del edificio de ladrillos rojos, por un costado y bajo los ventanales de las habitaciones de su interior. De frente, hacia él, se acerca una mujer de baja estatura y de prominente complexión cargada de un par de bolsas plásticas en cada mano. Luego un hombre de gorra acompañado del brazo por una mujer. Una señora con su hijo. Una anciana de blanca piel caminando lentamente ayudada por un bastón. Un par de adolescentes con uniforme escolar, desgarbados lanzan chistes y ríen de sus ocurrencias. De una acera a otra pasan un par de señoras de largas faldas. Luego viene un señor de camisa campirana y rostro constreñido. A su lado pasa un automóvil gris conducido por un muchacho con gafas oscuras, al verlo le pareció que posaba con su brazo extendido sobre el volante.&lt;br /&gt;Finalmente llega a una nueva intersección de las callejuelas de la ciudad, dobla a la izquierda y avanza bajo la negra cantera de la iglesia colonial. Muerte de la piedra y antigüedad de la historia ignora a su paso cuando cruza frente a la puerta de acceso al recinto. Contornos de la puerta arrebolados que ya no se comprenden sus motivos. Pilares y ventanas, destellos florales en pétrea forma, carcomidos y destruidos. Intento de rescate, esperanza de recobrar lo que nadie recuerda. A los pies de la puerta una mujer sin edad vende pequeñas imágenes religiosas, rosarios y cruces que pocos hacen caso a tales artículos. David la mira y su silueta quedará grabada en su memoria por siempre.&lt;br /&gt;La roca proveniente de la arquitectónica cornisa de la torre se desprende, cede a las inclemencias de la población y de la vida. Durante años, sostenida por la gracia de una fortuna voluble, se mantuvo exime a cualquier eventualidad; pero esos tiempo acabaron y fue en un instante en que la noche se extendió sobre la faz del cielo. Como rayo, escapando a cualquier interferencia, cae golpeando la cabeza de David dejándole con el cráneo destrozado. Un accidente que pocas veces puede ser apreciado es atrayente de la mirada de los curiosos que pasan por el lugar en ese instante. Queda el joven tirado en el suelo mientras la mujer reacciona con un grito ante la sangre que brotaba de la cabeza del hombre. En otras cuadras y calles el movimiento continúa su marcha común.&lt;br /&gt;Esta era la gran ironía, a pesar de esfuerzos y oraciones David murió. Sin miedo al enfrentarse y esquivando la normalidad escapó más allá de todo siendo el hombre congruente, el del temple envidiado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-9118289222954869674?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/9118289222954869674/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=9118289222954869674&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/9118289222954869674'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/9118289222954869674'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2008/06/lecciones-sobre-la-muerte_16.html' title='Lecciones sobre la muerte'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-7227998080408260404</id><published>2008-06-03T17:54:00.003-05:00</published><updated>2008-06-03T17:59:06.249-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fortaleza'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Enfermedad'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Muerte'/><title type='text'>Lecciones sobre la muerte</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Forma número tres&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#330099;"&gt;–Quiero contarte una historia. –le dice el narrador a su amigo mientras toman asiento a la mesa en la cafetería ubicada en la intersección de la avenida y la calle. Ese café que combina los olores de una publicidad acosta de su pasado y la contaminación proveniente de los autobuses que circulan por la calle.&lt;br /&gt;–¿Otra vez? –pronuncia la pregunta con una inflexión de ironía y molestia, mientras toma con la mano derecha la carta con los productos preparados que el establecimiento ofrece a sus comensales. Realiza esta acción mientras continúa su diálogo –Ya me tienes harto con tus cuentos y leyendas. Siempre son lo mismo; los mismos personajes, la misma trama, las mismas palabras. ¿Qué no tienes algo mejor que hacer que eso?&lt;br /&gt;–Yo sólo deseaba contarte una historia. Eso era todo. –espeta con esa voz que brota cuando se siente lastimado ante un señalamiento negativo hacia su persona.&lt;br /&gt;–Lo sé –dice en un intento de hipócrita modestia con tal de remediar la situación– y te agradezco que confíes en mi para esto, pero… creo me estoy cansando.&lt;br /&gt;–Lamento escucharlo –resignado responde–. No te molestaré más.&lt;br /&gt;–No, espera. –un deje de angustia recorre su mirada al abandonar ésta los caracteres impresos y posarla sobre su acompañante– Ha sido un día difícil. Ya vez lo que pasó en la mañana y todo lo demás. Fui muy grosero contigo.&lt;br /&gt;–Está bien, de todos modos no es nada importante, –sonríe en una mueca– sólo era algo que se me ocurrió.&lt;br /&gt;–Entonces cuéntamela, por favor. –pide con un rostro de curiosidad increíble mientras la joven de blusa blanca y delantal negro se acerca a la mesa con su pequeña libreta en las manos.&lt;br /&gt;–No. –responde el narrador con brío. La falsedad de declaraciones se evidencia ante los cambios que la persona puede representar a lo largo de la vida. Reconocer los comportamientos había sido para él un problema de infranqueable altura pero jamás perdió la certeza de la existencia de las verdades ocultas tras las mascaras de quienes frente a él se manifestaban. Eso no era una cualidad, ni siquiera estaba seguro de poseer tal sagacidad. Tal vez pueda ser evidenciado en la sonrisa de la mesera quien trata de aparentar agradecimiento por ser servidora. Dura el silencio tanto como el necesario para preparar un capuchino frío y un chocolate caliente.&lt;br /&gt;–Ya, no te molestes. –responde mientras el humo exhalado por la boca del comensal a su derecha se evapora en una blanquecina mancha volátil hasta impregnar las paredes de su nariz. Aspira los olores que mezclados forjan el recuerdo de la primera vez en que se sentó en aquellas sillas de madera es color intenso. Cuando posó sus codos sobre el blanco mantel que cubre la mesa sobre la que le sirvieron el expresso solicitado en esa pequeña taza sobre un pequeño plato. Era un recuerdo grácil que le atormentaba en cada ocasión en que decidía entrar de nuevo a beber algo caliente.&lt;br /&gt;–Escúchame, sólo hazlo en esta ocasión. –pareciera que intenta controlar una emoción. Podía ocurrir que en un momento, bajo las circunstancias menos previsibles, el narrador explotara en un éxtasis de genialidad incapaz de ser contenido, ni siquiera las palabras pronunciadas podrían establecer los lineamientos lógicos para su manifestación plena. –Es sólo que no puedo decirte nada. Ya ha ocurrido que mi voz se pierde antes de llegar a ti, y es que sólo te pido escuches esto. Me harté de ver en ti la indiferencia ante lo que realizo. Déjame contarte esta historia.&lt;br /&gt;–Está bien, está bien. –sorprendido contesta el amigo mientras reciben en la mesa las ordenes solicitadas hace algunos minutos. El capuchino frío del narrador contrarresta el chocolate ardiente del compañero. Es como sí fuera necesaria esta disparidad para mantener la suficiencia de uno o de otro– ¿Y por eso vas a llorar? Por favor, habla. ¿Qué nunca lo has hecho? Pues hazlo ahora, tienes la libertad y mis oídos.&lt;br /&gt;–El hombre nació alrededor de 1945. Si más o menos por esas fechas. Nace en un poblado lejano a la ciudad, incluso en una casita escondida en el monte. Una casita de adobe y tejas donde ahora habitan murciélagos y otras bestias de tal calaña. –comienza su narración el narrador. Con la mirada fuera de la visión de su amigo lee en el muro, en el que penden algunos cuadros, la historia que inventa.&lt;br /&gt;–Un hombre provinciano –dice y bebe el líquido negro– algo extraño para ti. Tu, hombre citadino que no comprende de esas cosas.&lt;br /&gt;–Pero puedo hablar de él, es como si lo conociera. –responde airado por el comentario. Fue cuando comenzó a sentir el lacerante juicio al que tanto huía. El muro que cerca las ideas explayado frente a él.&lt;br /&gt;–Es que no puedes saberlo. Simplemente podrás de imaginarlo. –aleccionando.&lt;br /&gt;–Este niño –continúa narrando negando con su cabeza la última afirmación de su amigo y retomando la línea de su discurso, eleva la cabeza sobre sus hombros y en intenso recuerdo sucumbe sobre si mismo– corriendo por los montes y matorrales vivió. Saltando y recorriendo los caminos que el viento formaba en los cielos. Aprendió a reconocer los signos celestes y predecir que lo que es invisible crea lo que da sustento a la existencia.&lt;br /&gt;“Fue un niño de triste mirada. Viviendo en los campos abiertos donde sembradíos y ganado se extendían sin dar lugar a sueños innecesarios. Simplemente él estaba allí, escuchando las palabras de su padre y la sumisión de su madre. Ambos fuertes pero guiados por distintas sendas. Poco se oirá hablar de estas épocas, nulos recuerdo legará a la posteridad con tal de esconder que lo que se es no es más que el producto de una historia mal contada.&lt;br /&gt;“He aquí al padre, duro como roca e igual de intransigente como la montaña de prismas que una vez vi. Malvado ante los ojos de los normales; quien en desplantes de control y dominio no hacia más que golpear con la vara el cuerpo blanco de este niño. Eran los últimos años de la raza humana tal como se conocía.&lt;br /&gt;“Pero la madre, de ella apenas si se puede hablar. Sólo es evidente su existencia por que el niño existe en la realidad. Pero si quieres saberlo te diré que era una mujer de gran carácter, rigurosa que si acaso tuvo amor para con sus hijos jamás pudo manifestarlo. Como te decía, eran los últimos años”.&lt;br /&gt;–Eso es una historia común y corriente. –alega moviendo las manos frente al rostro del narrador, con esta acción los recipientes que contienen el azúcar y la sal vibran cuando lo hace la mesa misma. Era contemplar como un sismo arremete contra estatuas– Vamos, dime algo más. Algo que sea majestuoso. Dime algo que sea en verdad arte puro. –Dicho esto sorbe el último remedo de su chocolate. Por su parte el narrador había olvidado hace tiempo lo que tenía entre sus manos.&lt;br /&gt;–En una ocasión ya mayor, quizá adolescente, salió corriendo. Nunca creyó que lo haría, jamás imaginó que un momento tal pudiera realizarse en él. Pero al salir por la puerta, al ver a las personas que frente a él se encontraban no pudo continuar. Su carrera se hizo lenta hasta parar. No era capaz de continuar, sólo sentía el corazón aplastado por la realidad que no logró contener dentro de sí: “Pero ¿a dónde? No puedo huir de mi, me persigo”. Era todo, se daba cuenta que estaba anclado a su cuerpo, a ese maldito cuerpo al cual tendría que soportar su impertinente incursión en su vida. Fue la única vez que lloró.&lt;br /&gt;–¿Por qué pasó esto? –pregunta divertido.&lt;br /&gt;–Por que simplemente lo hizo. –responde bebiendo por primera vez el líquido ya templado.&lt;br /&gt;–Si, pero qué pasó para que se diera esto.&lt;br /&gt;–Eso no tiene importancia. Simplemente ocurrió así.&lt;br /&gt;–¿Cómo? –señala con sarcasmo y riendo suavemente– Pero si eras tú el que gritaba la necesidad de exponer la realidad tal cual es y ahora me dices que el hecho no tiene importancia. Es el colmo contigo.&lt;br /&gt;–En esta mi historia así lo decidí. –indignado, con la voz alzada y los ojos abiertos increpa a su atacante. Es dios en estos momentos, es un creador capaz de descifrar los mismos arcanos que conforman lo que le rodea.&lt;br /&gt;–Está bien, continúa. –y alzando el dedo índice derecho declara– Pero ten en cuenta que escucharte hablar así no permitirá que logre imaginar a tu hombre.&lt;br /&gt;–Me tiene ya eso sin cuidado. Te narro su historia y la escuchas eso es todo lo que se necesita.&lt;br /&gt;“Adulto era cuando abandona el mundo que le vio nacer. Quizá quince años de edad. Con las manos toscas, por los azotes y los guijarros, trabajó sin descanso en la ciudad. Jamás imaginó siquiera la gracia de poder imaginar. Sólo era lo que cada día ocurría, sus pesares y labores. Era todo lo que podía concebir.”&lt;br /&gt;–Tu Némesis –indica el amigo interrumpiendo el cuento, riendo falazmente.&lt;br /&gt;–Lo extraño es que si. En fin, el hombre conocer a una mujer con quien se casa y procrea hijos a quienes parece odiar en medio de la dureza que aprendió.&lt;br /&gt;“Así vive su vida. Trabaja por mañana y tarde alejándose de casa, se emborracha intentando lavarse todos los recuerdos y sentir lo que considera nunca sintió, simplemente se ve que está allí pero no importa su presencia”.&lt;br /&gt;–Gran vida que tiene. Dale más matices, haz que sea más interesante. Dale una capacidad enorme para enfrentar los problemas aunque siempre le salga mal todos sus intentos y finalmente use la fuerza y la violencia, créale una personalidad que sucumba a los que le rodean pero no por admiración sino por desprecio, concédele un carácter que haga que le odien, mantenle al borde de la desesperación que él mismo ha producido, hazle malo y cruel que su creador no sea capaz más que hablar de él constantemente.&lt;br /&gt;–Si sabes de quien hablo no vale la pena continuar este relato.&lt;br /&gt;–Mi querido amigo, tu eres un libro. Eres palabras e imágenes nada más. Diles a los ciegos que no te vean y a los sordos que no te escuchen.&lt;br /&gt;–Y una noche, –dice el narrador continuando con su historia– bajo la luna de este mes, el corazón del hombre no soportó más la intensidad de su alma. Al lado de su cama su mujer escuchaba los jadeos que pronosticaban el límite de las fuerzas. Sus hijos sólo sabían que era la paz esperada. Moría enfermo, su deseo no era irse pero nada más poseía esta opción. El juego de dios había llegado y le tocaba ser él la siguiente pieza en su tablero. Los paramédicos ni los médicos lograron regresarlo, simplemente se había ido despierto.&lt;br /&gt;–¿Y en qué te basas para darle ese tipo de muerte? –pregunta mientras levanta el brazo llamando la atención de la mujer que les atendió. Pierde de su rango de visión el rostro del narrador pero no abandona el mundo ideal en el cual conversan.&lt;br /&gt;–En que él es un hombre fuerte. –responde con seguridad y rapidez.&lt;br /&gt;–Qué virtuoso resultó ser después de todo. –dice con ironía el amigo– ¿De dónde viene ahora que el fuerte muera así? Te creas tu propia moral hasta el punto de contravenirla con la teología. Aún así, todo este drama para explicar algo tan simple como eso.&lt;br /&gt;–No todo es tan simple, –al tratar de defender sus ideas el narrador cambiaba de expresión y posición de su cuerpo. Se yergue y levanta la voz casi en un grito, es un reflejo instintivo similar al que las bestias selváticas llevan acabo con el fin de mantener al margen a su agresor– has reconocido de quien hablaba…&lt;br /&gt;–Era evidente de quien era. Siempre es de él o no de él. ¿Me equivoco? –mientras extrae del bolsillo de su saco la cartera de piel negra.&lt;br /&gt;–Entonces, no es tan fácil. –dice sonriendo y reclinándose soberbiamente contra el respaldo de la silla– Mira que todo esto no ha sido más que una conversación que hemos tenido y a la cual ni siquiera le prestas la atención debida.&lt;br /&gt;–¿Para que te sirven todos estos cuento? No son más que mentiras, totalmente fuera de la realidad. Los demás no los entienden, y creo que ni tu tampoco.&lt;br /&gt;–Es suficiente por hoy, vámonos. –y dejando los billetes sobre la charola de plástico negro salen del establecimiento. Para los testigos que los rodearon nunca existieron.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-7227998080408260404?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/7227998080408260404/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=7227998080408260404&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/7227998080408260404'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/7227998080408260404'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2008/06/lecciones-sobre-la-muerte.html' title='Lecciones sobre la muerte'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-5952806294405700687</id><published>2008-05-24T20:22:00.012-05:00</published><updated>2008-05-25T17:17:11.748-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Justicia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Muerte'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Homicidio'/><title type='text'>Lecciones sobre la muerte</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Forma número dos&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#330099;"&gt;&lt;em&gt;Faustia – 27 de Quintilis&lt;/em&gt;. Desde el inicio de la guerra gran cantidad de vidas humanas se han perdido dentro y fuera de los campos de batalla. Soldados anónimos que han sacrificado sus vidas por la defensa del nombre de su patria, mientras en las ciudades los conflictos son terminados por medio de crímenes y asesinatos.&lt;br /&gt;Siendo pues que el día veintiséis de Quintilis a las puertas del Palacio Magistral de la ciudad de Faustía, el señor Jibrail Wittgenstein fue muerto a causa de las lesiones provocadas durante el atentado por arma de fuego del que fue objeto. Además de resultar heridas otras ocho personas entre ellas su amigo y confidente Sebastián Nix, asimismo su secretario y vocero Diogenato de Vartek. Todos ellos fueron trasladados al Nosocomio Municipal en donde se reportó, una hora después, el fallecimiento de Wittgenstein.&lt;br /&gt;Según testigos los hechos ocurrieron de la siguiente manera, poco después de las tres de la tarde, mientras el señor Jibrail Wittgenstein salía del Palacio Magistral luego de presentar ante los Maestres, lideres políticos de las distintas zonas de gobierno en que se divide la república, la Declaratoria de rendición frente a la amenaza de Rottemberge cuyo ejercito ha traspasado las fronteras y ha tomado las ciudades y diputaciones fronterizas en el oriente del país. En el momento de cruzar las antiquísimas puertas de cristal, cuyas inscripciones en lengua arcaica versan sobre la virtud política y cuando un grupo de reporteros y noticieros que se acercaban a él para conocer sus declaraciones, un par de sujetos disfrazados con uniforme idéntico al usado por nuestros colegas hicieron fuego contra Wittgenstein y sus acompañantes.&lt;br /&gt;Luego del atentado y durante la confusión que reinó los sujetos, hasta ahora desconocidos, huyeron del lugar en vehículo automotor. Según últimos reportes el vehículo utilizado por los asesinos en su escape fue encontrado incendiado a las afueras de Faustia. Declaraciones del jefe de la guardia policiaca de esta ciudad informa que fueron recuperados en el lugar diez casquillos de arma de fuego, único indicio hasta ahora de los responsables de este lamentable hecho; aunque no se descarta que tales individuos hubieran sido contratados puesto que el móvil tiene la apariencia del profesionalismo de los “asesinos de gardenias” epíteto de los homicidas por contrato.&lt;br /&gt;Por su parte el médico de guardia en el Nosocomio Municipal reportó la muerte de Wittgenstein a las cuatro con tres minutos a causa de las heridas provocadas durante la ejecución. Una bala perforó el pecho destrozando el esternón, el pulmón izquierdo y afectando el corazón, mientras que otra le hirió en el cuello. Todo apunta que las armas tienen su procedencia en Rottemberge puesto que el Ejercito Negro de tal nación ha desarrollado este tipo de armas capaces de tales acciones.&lt;br /&gt;Entre paréntesis apuntaremos lo siguiente, luego que Félinx Äcton, al mando del Ejército Negro de Rottemberge, tomara durante su incursión bélica al Estado Federativo de Maxtla hace dos años, la incertidumbre en el mundo no ha permitido el sueño tranquilo ya por las posibles ocupaciones belicosas y los efectos en los mercados internacionales. Recordemos que la premisa utilizada por Äcton para dar inicio a su movilización contra Maxtla fue la debilidad financiera en que esta nación se encontraba. A partir de esta invasión la Guerra Internacional tiene su desencadenante, alcanzando la conquista de Rottemberge hasta la fecha la mitad del continente austral y el dominio absoluto de las tierras de occidente.&lt;br /&gt;Volviendo al día de hoy es necesario señalar el contexto en que este lamentable acontecimiento fue llevado acabo. El señor Wittgenstein, una de las mentes más sobresalientes dentro de la cultura y las artes de Faustia fue declarado por el Ministerio Magistral como embajador para la paz y libertad de Quertenk. La razón para este nombramiento se debió a las obras en benefició de la cultura que durante años había realizado dentro y fuera de nuestras fronteras. La embajada consistiría en la manifestación de las glorias nacionales expuestas no desde el trasfondo de las armas sino por medio de las letras y las artes ya que, según el propio Wittgenstein, estas son los medios de comunicación por excelencia.&lt;br /&gt;Jibrail comenzó sus gestiones hace un año cuando la Nueva Confederación de Naciones, organismo estatal creado a partir de las anexiones voluntarias de las potencias vecinas a Rottemberge, determinó la procedencia para el avance de sus tropas, el Ejercito Negro, sobre el territorio norte del continente. Tales maniobras afectarían directamente la soberanía de nuestra nación. Organizando varios convites y reuniones tanto en Bliev como Faustia intentaba Wittgenstein mantener al margen de la barbarie a nuestro país. Algunos de sus logros dentro de las reuniones entre ambos bandos fue la designación de una zona de protección ambiental en los desiertos del sur, además de la protección de las ciudades arqueológicas y las consideradas como patrimonio mundial. El resguardo de las culturas aún autóctonas que sobreviven en las montañas y los convenios comerciales sobre los bienes de consumo básico fueron las llaves que abrieran la posibilidad de una paz fuera de la Confederación o el vasallaje.&lt;br /&gt;Sin embargo el día de ayer, presentó ante los Maestres la Declaratoria de rendición frente al enfrentamiento iniciado a principios de semana en la frontera oriental. El movimiento armado entre nacionalistas y el Ejercito Negro incitó al rompimiento de las relaciones de armonía que durante el último año habían sido el eje de la política internacional. El poblado fronterizo de Deliú y la comarca aledaña fueron abatidos luego de que un centenar de hombres y mujeres, provenientes de diversos puntos del país, arremetieran contra el ejército de Rottemberge al lanzar bombas de fabricación casera por medio de una catapulta de arcaica manufactura.&lt;br /&gt;Para evitar mayores desastres Wittgenstein redacto la Declaratoria de rendición en la que se estipula la entrega de los recursos y bienes naturales a la nación de Rottemberge siempre y cuando se respeten nuestras libertades de ciencia y justicia. Tal declaratoria fue llevada por el mismo señor Jibrail al Palacio Magistral y defendió su tesis con ahínco, esto último mencionado por Sebastián Nix en su comparecencia con las autoridades al referir su versión de los hechos, mientras tanto permanece aún recluido en el Nosocomio Municipal.&lt;br /&gt;Después de eso salieron los tres hombres hacia la conferencia de prensa a las puertas del Palacio Magistral y fue entonces que ocurrió tan lamentable evento. Jibrail Wittgenstein muere a la edad de treinta y ocho años dejando trunca una prometedora carrera en el mundo de la política. No obstante nos ha legado grandes obras como sus inmensas &lt;em&gt;Crónicas&lt;/em&gt; y su labor infatigable en distintas publicaciones y proyectos que ennoblecieron a nuestra gente.&lt;br /&gt;Regresando nuestro tema, durante la noche, entre el día veintiséis y veintisiete, la comandancia policial expuso el desarrollo de dos líneas de investigación para este caso de homicidio pero que por el momento serían mantenidas en estricta confidencialidad. Sin embargo, por información de fuentes extraoficiales se sabe que la primera de estas vías maneja la posibilidad de un ataque perpetrado por grupos nacionalistas radicales, se sospecha que uno de ellos, “Patria unida”, que ha demostrado en ocasiones anteriores tener las posibilidades materiales y humanas para llevar acabo acciones que atenten contra personajes que consideran enemigos de la nación sea el autor de este crimen. Wittgenstein era para ellos, de acuerdo a comunicados expresados por esta misma agrupación, un traidor que se ceñía con el lábaro en pro de ceder a la amenaza extranjera y a sus intereses absolutistas. Es decir, la labor en defensa de la protección social por la que abogaba Wittgenstein era, en sus medios, una venta de la patria y con ella de la libertad.&lt;br /&gt;La segunda línea en la investigación sobre el asesinato del señor Jibrail consiste en una incursión clandestina de sicarios contratados por los jefes en el bando de Rottemberge quienes, con la muerte del Wittgenstein, podrían tener libre acceso a un enfrentamiento armado puesto que el embajador, quien hacia valer el derecho a la tolerancia y respeto de ambas naciones, mantenía un escudo protector de proposiciones que impedían la violencia de la guerra en el interior del país. Con la desaparición de Wittgenstein, Félinx Äcton podría declarar las negociaciones terminadas y con ellos realizar su plan de la toma de Faustia y tener entrada segura hacia los mares del norte y sus riquezas que encierran.&lt;br /&gt;Por su parte el Primer Maestre, durante conferencia de prensa sobre este incidente, indicó que: &lt;em&gt;la muerte de Wittgenstein es una pérdida de incalculable monta siendo que él, como hombre de cabal dignidad, haya llevado en sus hombros la carga de dos vidas: la de sus creaciones en el ámbito de las ciencias y artes y por el otro la protección de una nación que por siempre le estará agradecida. Todo acto de violencia, incluida esta guerra que ya alcanza los dos años de evolución, debe ser erradicada. No es posible que el amor hacia nuestra nación, nuestra libertad y nuestra paz tengan un precio contrario al que ellas mismas representan.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Luego de la conferencia el Primer Maestre se retiró de nuevo al Palacio Magistral para culminar con la consulta para la votación sobre la rendición que suponía Wittgenstein como la mejor opción frente al desastre de la guerra. Hasta el momento la decisión entre aceptar o no la Declaratoria queda en suspenso. Se espera que este día se tenga la resolución final para el conflicto.&lt;br /&gt;Ahora bien, el Pontíficex, durante la ceremonia sacra de vísperas en la catedral de esta ciudad, hizo referencia sobre el hecho cometido contra Jibrail Wittgenstein cuando dentro de la homilía dijo: &lt;/span&gt;&lt;span style="color:#330099;"&gt;&lt;em&gt;A este hombre, a quienes los enemigos de la humanidad no perdonaron su trascendencia en el animo de mantener la vida sobre la libertad, puede bien declarársele aquel pasaje escrito en la antigua fe y que señalaba: “Bienaventurados los que mueren a causa de la justicia”.&lt;br /&gt;Nosotros sabemos hermanos que a pesar de que la antigua fe era falsa y sus blasfemas enseñanzas que proferían la existencia de aquel dios creador y un hijo redentor, pero aún así contenían pensamientos capaces de iluminar la mente del desamparado. Hermanos míos, Nuestra Madre, que no tiene porque aceptar nuestra fe ni nuestra oración, mucho menos la predica de su amor, no dejará sin un pensamiento la vida de aquel hombre. Olvidemos la retribución en otra vida, esperanza maldita del débil, sino que concedámonos el ejemplo para que nosotros nos mantengamos firmes frente a lo que consideramos el mal&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Palabras textuales emitidas durante la celebración del oficio divino en la catedral de la Santa Madre ante un conglomerado de cerca de quinientos asistentes. Una de las mayores reuniones litúrgicas desde la entrada en vigor de las nuevas instrucciones sociales en relación a las agrupaciones civiles y religiosas.&lt;br /&gt;Cercana a la media noche fue transmitido el siguiente mensaje del Señor Dictante Félinx Äcton en los medios telecomunicativos de Blive, capital principal de Rottemberge. &lt;em&gt;Los hechos ocurridos este día no pueden ser tomados como un tropiezo dentro de la historia de la nueva humanidad. Reconocemos nosotros, el pueblo de Rottemberge, el significado que representaba el eminente señor Wittgenstein dentro de la mecánica social de Faustia, capitanía de Quertenk. La violencia como recurso último para la defensa de los ideales no puede sobreponerse a la cooperación y mantenimiento de la paz que tanto abogó Wittgenstein en pro de proteger a su pueblo. La nación de Rottemberge y su gobierno nos unimos a la pena que entraña al estado de Quertenk y declaramos que nuestras acciones jamás han sido con el fin de lastimar más de lo requerido a nuestros contrarios y que sólo la lucha que presentamos tiene como objetivo sostener la solidaridad entre los pueblos del orbe. Por la justicia es por lo único que vale la pena morir&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Es evidente que con este señalamiento el régimen de esta nación no se ha deslindado de su posible implicación en el crimen. Sin embargo en estos momentos el Ejercito Negro se adentra a territorio nacional y se pronostica que la ciudad de Faustia sea atacada hoy o a más tardar el día de mañana si la Declaratoria de rendición no es firmada por el resto de los Maestres.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-5952806294405700687?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/5952806294405700687/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=5952806294405700687&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/5952806294405700687'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/5952806294405700687'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2008/05/lecciones-sobre-la-muerte_24.html' title='Lecciones sobre la muerte'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-5796511125656582092</id><published>2008-05-01T17:52:00.002-05:00</published><updated>2008-05-01T17:56:39.991-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='suicidio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Muerte'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='prudencia'/><title type='text'>Lecciones sobre la muerte</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Forma número uno&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#330099;"&gt;Mi abuelo se sentaba cada tarde, cerca de las tres, en su tristemente viejo sofá café. De hecho, era una forma muy concreta de explicar su intención de no ser molestado. Pero según recuerdo, nadie acataba la disposición muda que tal actitud revelaba. Y no es para menos, mi abuelo parecía nunca estar quieto ni siquiera en el momento en que el calor del día le provocaba el deseo de dejarse llevar por su brisa cálida y su sofocante abrazo.&lt;br /&gt;Por ese entonces no era yo más que un niño. Creo que mi edad era entre los ocho o nueve años. Recuerdo que mi madre cada domingo me llevaba a ver a mis abuelos, sus padres. En muchas ocasiones tales visitas eran para mí un tormento, puesto que prefería pasar ese día con mi padre viendo televisión y perdiendo el tiempo. Las fatigas de esa edad eran en verdad insoportables, sólo quería descansar antes de regresar a la escuela el siguiente lunes. Pero no pude jamás desfasarme de la supremacía materna y el desinterés paterno, así fue que sucumbí a la autoridad y me dejé guiar.&lt;br /&gt;Recuerdo que la casa era grande o eso me parecía. Creo que su fachada era blanca con dos ventanas cuadradas enmarcadas en amarillo a cada lado de la puerta de metal azul. No era relevante, era similar a las muchas que en el pueblo se habían construido. Incluso los colores opacos creaban el contraste entre los frentes de las casas en la colonia donde vivía. El piso de cemento y los techos de teja, mientras lo muros sostenían los retratos en fotografía de mis tíos y primos, un árbol genealógico que no iba a ninguna parte. Era un lugar rústico que a primera vista daba la apariencia del tedio y monotonía pero que, al finalizar el día, se transformaba en sufrimiento el momento de regresar a casa, puesto que la posibilidad del juego y el olvido de sí mismo se había propiciado.&lt;br /&gt;Una de aquellas tardes, mientras esperaba que mi abuelo despertara espontáneamente del sueño que lo invadió de pronto, en medio de una frase que relataba sus andanzas en el monte y del cómo ayudó a los ejércitos insurrectos que pretendían devolver la paz a los que como él se veían desgraciados por las políticas que el gobierno había determinado para su propio beneplácito, a pesar de que esta narración la escuchaba cada vez que iba con mi madre a visitarlos no me cansaba de encontrar nuevas palabras y nuevos episodios que contradecían a los que en otras ocasiones había escuchado en ese mismo lugar. Me era divertido, pero nunca me atreví a contradecir a mi abuelo. Temía que su furia fuera tal que a partir de entonces se negara a contarme sus cuentos de falsa historia. Pero decía que una tarde de aquellos años en que el descansaba y yo apunto de retirarme al patio de la casa, mi abuelo despertó sin sobresalto y con voz clara sin el sentimiento extraño del regreso a la vigilia me dijo: y es que los prudentes son los únicos capaces de saber cuando se ha vivido suficiente.&lt;br /&gt;Me quedé con la vista clavada en la boca casi desdentada que había emitido tales palabras. Eran tan personales, eso lo comprendo ahora pero en aquel momento sólo pude sentir mi inmovilidad, creo que en realidad lo dicho era parte de un discurso que él mismo había articulado dentro del campo de los sueños y que únicamente la última parte de su larga disertación había llegado en realidad al otro interlocutor. A pesar de esta precaria comunicación que tuvimos esa tarde sé que esta frase, deshilvanada del contexto propio, tenía un significado simplemente majestuoso. Ahora, de adulto, puedo dar tales adjetivos a mi sensación infantil puesto que después de oír la sentencia de mi abuelo salí corriendo hasta alcanzar los brazos de mi madre y esperar que me reconfortara de la emoción sentida ante lo dicho.&lt;br /&gt;Sin saberlo, quizá ni él y mucho menos yo, esa fue la primera gran lección que recibí en mi vida. Durante el regreso a casa, a bordo del camión foráneo que tardaría una hora en regresar a la ciudad, se mantuvo en mi memoria la resonancia de la premisa que mi abuelo pronunció sin la menor solemnidad.&lt;br /&gt;Ahora entiendo a que se refería al sentenciar de esa manera.&lt;br /&gt;Y es que Arturo dio un profundo suspiro cuando escuchó la noticia que tanto tiempo esperó como inminente. Cerró los ojos, inclinó la cabeza y encorvó su cuerpo. La evidencia no permitió la posibilidad de ser negada. Ya contaba con sesenta y cuatro años, y toda su existencia no era más que el respaldo de la filosofía que guió todos sus pasos hasta aquel momento.&lt;br /&gt;Indefenso, solamente consiguió levantarse y sentir el peso de aquellas ambiciones que se había propuesto alcanzar. Le había llegado el momento de comprender que, a pesar de todo, no podía haber otro final más que éste. La patética conclusión a la cual tanto miedo le tuvo. Era la imagen de la melancolía, aunque afuera de sí mismo se encontrara la tristeza de todos modo le gobernaba la mediocre certidumbre de la poca dignidad a la que podría aspirar. No sintió peso en sus pasos ni dolor cargaba sobre su espalda. Era sólo la menguada figura del derrotado.&lt;br /&gt;Su brazo izquierdo se sostuvo en el marco de la puerta. Los largos dedos blancos remataban la nervuda mano que sobresalía por la ceñida manga de su camisa color azul. Era ésta acción parte del recuerdo de apagar las luces de su habitación. Cada mañana, levantándose al amanecer, encendía la incandescencia abriéndose con ella el mundo de la diáfana sonrisa que le llevaría a salir fuera de su mundo. Por instinto realiza la misma actividad en otro lugar, parece haber olvidado que no está tras sus propios muros.&lt;br /&gt;Cobra consciencia de su error pero no detiene su marcha hacia el exterior. Sabe que no puede huir, sin embargo quizá tenga aún la oportunidad de ver la puesta del sol de aquella tarde, o el vuelo de los petirrojos en la dureza del sol. Quizá sólo pueda concluir el libro verde que tanto placer le ha concedido. Mas su cabeza niega las pueriles posibilidades de redención, las sofoca retirando su mirada ciega hacia el siguiente paso.&lt;br /&gt;Camina por el pasillo de baldosas rojas mientras introduce sus manos en los bolsillos de su pantalón, al mismo tiempo que el chirriante sonido de sus zapatillas lo acompaña. Pasó de largo los cinco arcos que daban al patio de abajo. En aquellos balcones donde se recostaba sin temer caer cuando dormía. Cruzada las manos bajo su nuca y dejaba caer, de lado a lado de la pequeña barda de gruesa anchura, las piernas. Una tirada hacia el vacío y la otra golpeando rítmicamente el suelo. Y es que ya parecía viejo. Las arrugas en su rostro no podían disimularse. Se cortaba al afeitarse, su rostro no soportaba la embestida de las afiladas hojas. Pero aún así, su espíritu le mantenía firme. Ahora éste se ha ido.&lt;br /&gt;Bajó las estrechas escaleras cubiertas de madera sus peldaños, impasible ante los fragmentos del rayo solar que penetraba a través de las pequeñas ventanas cuadradas que conformaban el muro exterior. En el último escalón se sentó. Vio frente a él ese jardín que con esmero había sido de mi esposa y que ahora se marchitaba sin siquiera saber yo cuando comenzó a sufrir.&lt;br /&gt;Me senté a su lado y escuché su respiración. También se había ido.&lt;br /&gt;Me culpé en ese momento el haber pronunciado tales palabras. Fue una condena para quien aún no veía la nefasta verdad.&lt;br /&gt;No sé si se repuso del todo o no, puesto que se levantó y decidió que era momento de marcharse. No di objeción a sus palabras y me dispuse a acompañarlo. Tomé mi abrigo y las llaves del coche y salí con él.&lt;br /&gt;–Duerme, te hará bien. –le dije la tarde en que lo llevé a su casa.&lt;br /&gt;–Descuida, me irá bien. –respondió mirándome de reojo tratando de esbozar una sonrisa.&lt;br /&gt;Esa noche dejé a Arturo en la puerta de su casa, luego de recorrer las calles de la ciudad. Quería tenerlo cerca. Lo vi despedirse de mí desde la puerta entreabierta de su casa.&lt;br /&gt;Cerca de las diez de la noche Arturo decidió que era el momento de irse a dormir. Su rostro aún presentaba el enojo producto de la frustración. Se sabía que estaba bien, que no padecía ninguna enfermedad, incluso conservaba su dentadura completa y el cabello negro, aunque con algunas vetas de blanco. Era él, hombre capaz de todo lo que deseara. No necesitaba ayuda, lo podía todo y sin embargo presenció el primer indició de la decadencia. Su memoria no se perdía por callejones ni sus ojos se cansaban de contemplar el albor del amanecer. Golpeaba con fuerza y sus pies se plantaban con energía al correr. A pesar de todo lo sintió, la voz de un sí mismo despertar le susurró al oído. Fue antes de tirar el vaso y que éste se rompiera, antes de escuchar mi risa y mi sarcástico diálogo en esta historia; allí estuvo la certeza de que llegó el momento de envejecer.&lt;br /&gt;Bajo las sábanas decidió dejar caminar el tiempo. En el cesto de la basura, en medio de papeles y desechos, el frasquito ámbar consumido su contenido descansaba como flotando sin tocar lo último que fue tocado. Cerró los ojos mientras imaginaba en la oscuridad los objetos que alrededor suyo constituían su habitación. De la imaginación al delirio y de allí a la alucinación. Poco después cayó en el sueño. Sin angustia, sin dolor, sin placer, sin recuerdo del día que pasó. Nuevamente se encontraba satisfecho consigo mismo, era su plan después de todo. Cerca de las tres de la mañana, según los médicos, el dejó de vivir. Nadie habría podido darse cuenta.&lt;br /&gt;El funeral fue desastroso y patético. Voces iban y venían. Insensateces en el puro suplicio de las lágrimas blasfemas. Pero fue entonces cuando comprendí las palabras de mi abuelo. Resonaron con la pureza de su momento, con el olor del que sabe que nunca será capaz de poder realizar aquello mismo que predica. Y tuvo razón, sólo los prudentes saben cuando es hora de morir y saben hacerlo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-5796511125656582092?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/5796511125656582092/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=5796511125656582092&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/5796511125656582092'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/5796511125656582092'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2008/05/lecciones-sobre-la-muerte.html' title='Lecciones sobre la muerte'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-4653740989330887855</id><published>2007-08-25T00:49:00.001-05:00</published><updated>2007-08-25T00:49:48.372-05:00</updated><title type='text'>Tiempos de Paz - Soledad I</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;color:#993399;"&gt;Es una casona de un piso, pintada de amarillo su fachada y con altas ventanas enrejadas que permiten la vista al exterior de la calle, hacia el mar; Sebastián y Arthur han caminado unos cuantos pasos y penetran dentro. Una brisa fresca proveniente del océano inunda las habitaciones primeras y a los hombres que disfrutan una tarde y noche de descanso. Un bar donde el ingreso a menores de veinte años y mujeres es restringido. Veronice y el joven se ven libres para conocer la urbe, cada uno toma rumbo diferente.&lt;br /&gt;Dentro del establecimiento los dos hombres toman asiento en la barra ordenando ambos un tarro de cerveza. La vitalidad del lugar es ensordecedora; risas, cantos, charlas y peleas, el humo de los tabacos inunda todo. Se ingresa por un largo pasillo que conecta la puerta a un patio interior, el cual es bordeado por una serie de columnas y arcos que sostienen el techo de los pasillos, los cuales conectan a los diversos cuartos. Dentro del patio varias mesas de metal, con sus respectivas sillas, ocupan su sitio sobre el suelo de azulejos rojos. En el fondo, frente al recibidor, la barra del bar se localiza empotrada en el muro al aire libre. A su alrededor vegetación de grandes hojas enverdecen el recinto. En este lugar, sobre altos bancos de madera, uno junto al otro, Sebastián y Arthur conversan mientras beben de sus tarros el licor espumoso.&lt;br /&gt;Con las maletas a los pies y los codos apoyados en la barra, dándole la espalda, mira Arthur a la clientela que en el principio de la noche se da cita. Grupos de hombres toman asiento dentro de las diversas habitaciones del local que aún no son ocupadas. De un momento a otro todo el recinto se ve atestado de personas, algunas sentadas y otras de pie, eso no importa mientras disfrutan un momento de paz.&lt;br /&gt;–¿Qué piensas? Ahora si que estás preocupado –le dice Arthur a Bastián sin verlo.&lt;br /&gt;Éste permanece en silencio sobre la mesa mientras observa las burbujas que suben a través del líquido amarillo dentro del cristal. Con ambas manos toma el tarro y se niega a beberlo. Ni siquiera ha escuchado a su amigo, se ha sumergido dentro de él. El mundo no es su mundo.&lt;br /&gt;–Entiendo que estés preocupado pero que... vamos, que solo es esta noche. –dice Arthur palmeando el hombro de su amigo.&lt;br /&gt;–¿De que hablas? –pregunta Sebastián sorprendido. Una mirada de inquietud se refleja en las lentes cuadradas que sostiene con su nariz. El rostro constreñido reduce su edad muy contra de lo esperado en tales casos.&lt;br /&gt;–Nada, solo te contaba de mis penas y alegrías jajaja –responde su camarada al tiempo que ríe con estrépito.&lt;br /&gt;La música, proveniente de los acústicos en los cuatro extremos del patio, anima el ambiente mientras la atmósfera enviciada había tragado ya a la concurrencia. Los meseros vienen y van con bandejas portadoras de diversas bebidas y viandas o con cuentas y dinero entre las manos. Los ojos pesan a quien se sumerge en este lugar.&lt;br /&gt;Arthur observa todo detenidamente. Le extraña de pronto que todos se encuentren tan alegres, incluso su propio regocijo le incomoda. Es como si la tragedia de la guerra hubiera ya cicatrizado. Claro que han pasado ya trece años desde que Äcton tomo el poder absoluto. Todo el mundo, su historia, su cultura y economía pasó a manos de las legislaturas de Rottemberge.&lt;br /&gt; “Ellos son felices, como si nada” –se dice a sí mismo mientras recuerda la reacción de Veronice dentro de Arca antes de llegar. Tan grave y sentida fue su emoción.– “Algo malo le ocurrió a ella durante la guerra, es la única respuesta. Pero ¿qué me pasó a mí? Un simple soldado, así me veo, que hizo la guerra bajo órdenes de un superior, el cual tenía un superior y así quizá hasta el infinito.&lt;br /&gt;“¿Acaso llegué a matar? Si lo hice. Disparé, disparé en muchas ocasiones y herí de muerte a muchas personas. Pero eran los malos, y eso es hacer lo bueno. Pero ¿y los civiles que salieron lastimados en las batallas? Eran inocentes. Inocentes que… Que importan, eso se terminó.&lt;br /&gt;“Pero si hice algo bueno, combatí contra el enemigo de la humanidad pero…&lt;br /&gt;–Oye Bastián –dice Arthur con un todo de voz diferente al usado antes– ¿En realidad es mejor la paz?&lt;br /&gt;–Pues el Sabio dice: –responde como maestro a pupilo– “Compitió la paz con la guerra sobre cual era más cruel y venció la paz; ya que la guerra mató a los hombres armados mientras la paz, a los que se encontraban desnudos.” Es lo que pasa ahora, recuerda lo de Cornez. La paz requiere un gran precio.&lt;br /&gt;“’La paz requiere un gran precio’ eso decía la placa en la entrada del cuartel –piensa Arthur– pero ésta paz no es la que deseamos. No es la que deseo.&lt;br /&gt;–Pero esta paz no es la que deseo. –repite en voz alta.&lt;br /&gt;–No, claro que no. Pero es la que nos entregaron. –responde acomodándose en su asiento el anciano.&lt;br /&gt;–Si no te conociera creería que estás de acuerdo con lo que ocurre en el mundo.&lt;br /&gt;–Así es… no estoy de acuerdo –espetó esto dando a entender que la cuestión ha quedado zanjada.&lt;br /&gt;Ambos hombres permanecen viéndose a los ojos. Inmutables uno con el otro. Arthur sabía de antemano lo que Sebastián había perdido durante la guerra y también lo que había ganado con ella. Pero fue hasta ahora que lo comprendió todo.&lt;br /&gt;–Lo único malo de ti, Bastían, es que eres un hombre de bien. –le dice Arthur, cogiendo el tarro que había dejado sobre la barra e ingiere por completo la bebida.&lt;br /&gt;–Y eso ¿a qué viene? –pregunta desconcertado y algo molesto, retirando la mirada de nuevo a su vaso.&lt;br /&gt;–Es que… no sé. Es que, simplemente eso me pareces. Todo esto al fin y al cabo fue tu idea.&lt;br /&gt;Sebastián no responde al señalamiento, solo mira hacia el espejo detrás de las botellas y observa su cara reflejada. Arthur le ha dado algo en que pensar.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Manx camina solo por la ciudad conformada por solo dos avenidas principales que se extienden a lo largo de varios kilómetros. Vía flanqueada por casas azules y amarillas en tonalidades pálidas que integran cuadras de poco más de cien metros. Solo los edificios gubernamentales alcanzan los tres pisos de altura. Intercalados azarosamente se presentan expendios de comida y tiendas, además de diversos sitios de entretenimiento para los turistas y habitantes. Pero él no observa ninguna de ellas, no nota las curiosas formaciones que se desarrollan en su andar: puertas coloreadas con imaginación pueril y ventanas decoradas por caprichosos diseños en sus marcos que rodean las rejas que encierran en su interior las húmedas y frías habitaciones.&lt;br /&gt;            Nada forma la excepción. Un recorrido sin valor ni entrega. Casi alcanza las orillas de la urbe marítima cuando toma conciencia de su lugar. Sin mirar la negra masa de mar, sin sentir el escalofrío de la noche, sin presentir el olor característico de la costa se detiene en la muralla que divide la tierra y las aguas. Ha alcanzado el mirador. Apoyando su cuerpo contra el bajo muro respira hondo y reacomoda la bolsa de su equipaje en su espalda.&lt;br /&gt;            –Mar –pronuncia en voz baja.&lt;br /&gt;            El inquieto océano viene y va, toma y regresa lo hurtado. El sonido de las olas, las sombras que las luces citadinas alcanzan a formar en la masa de agua le regresa a la verdad.&lt;br /&gt;            –Mar –repite– El mar… fue él quien me quitó la vida.&lt;br /&gt;            Un largo suspiro desaloja el aire de sus pulmones y los llena de nostalgia. Sfrener levanta la vista al cielo, una mirada triste en un gran hombre, algo que nadie desea ver. El faro destella contra las estrellas en el firmamento, los buques y zeppelines hacen sonar sus bocinas indicando su llegada. Le recuerdan el silbato de un tren, del tren que cada mañana llegaba a Pigmont.&lt;br /&gt;            El recuerdo de los años pasados lo retoma en el punto en que los abandonó ésta mañana.&lt;br /&gt;            –El tren… cuán triste era ese viejo tren. –se dice a sí mismo. –Palva…–el nombre sale en un suspiro.&lt;br /&gt;            Pavla, aquella mujer que amó durante las batallas de aquella maldita guerra. Su recuerdo lo mantuvo con vida. La idea de su esposa y la delicada niña, su hija, hija de ambos, de su amor pasional, le confirió fuerzas para continuar la lucha. Luego de salir de la pubertad, Manx se enlistó en el ejército de Quertenk. Con su cabeza llena de ideales y esperanzas para acabar con la guerra que diezmaba su país y el mundo salió a enfrentar sus batallas. Demonios interiores y exteriores le destrozaron el alma. Vio la destrucción de hogares y personas, mas la fortuna le concedió no ver morir a nadie, solo cuerpos consumidos por las bestias de rapiña y los estragos del tiempo.&lt;br /&gt;Tales imágenes de sus años en la milicia le tuercen la mente. Pesadillas que solo se disipan ante un rostro y luego otros tres. Una tarde, siendo ya el joven capitán Sfrener por todos lugares conocido, arribó con toda su tripulación al pequeño pueblo de Pigmont. Inexistente lugar en los mapas militares ni comerciales. Ni siquiera con puerto contaba la localidad. Su único sostén era un enorme armatoste, un gusano primitivo que escupía humo, era un tren que se desplazaba por rieles.&lt;br /&gt;Fue necesario llegar a Pigmont para descansar y abastecerse con lo necesario para alcanzar la tarde del siguiente día la ciudad de Faustia. Esa noche se decidió la vida del joven capitán. Sus hombres, unos retozaban en las cantinas o habitaciones que les fueron concedidas, otros mantuvieron la vigilancia a pesar de encontrarse con permiso. Sfrener abandonó la nave, “Arca” era su orgullo hasta el momento. Caminó por las oscuras callejuelas del poblado. Unas campanas le hicieron girar hacia la alta torre que detrás de él se levantaba, una columna gris rematada con un reloj octagonal cubierta con un techo inclinado similar a un cono aplastado, eran la señal de término de las celebraciones religiosas y de las actividades.&lt;br /&gt;Se detuvo dejando que el sonido se disipara. Al regresar todo a su calma habitual unos pasos se escucharon, alguien venía de donde la torre a encontrarse con él. Sfrener se mantuvo en posición, la idea de ser atacado pasó por su mente ya acostumbrada a la violencia pero descartó en seguida tal posibilidad. Frente a él una mujer apareció. Menuda y hermosa, una joven pueblerina con ojos penetrantes e inquietos le miró de frente.&lt;br /&gt;Quedaron prendados uno al otro por instantes sin final, una mujer en vestido púrpura y azafrán delante de aquel gigante que más parecía bestia que hombre. No fue amor, no fue pasión, no fue deseo, no fue emoción, no fue premonición, fue algo tan pasajero, tan duradero que llevó a ambos al matrimonio una mañana de primavera tres años después. Y luego dos años más tarde una niña de hermosos rizos inundo con balbuceos y llanto su hogar. En medio de una guerra, de dolor y muerte pudieron formar su familia. El año de la batalla de Comanod, durante los días en que la cruenta barbarie se desencadenaba, Palva daba a luz a su segunda hija, nacía para ser esclava de un mundo sin esperanzas. A partir de entonces Manx pudo vivir permanentemente en casa, allá en la perdida Pigmont.&lt;br /&gt;–Mirale, dejé a mi pequeña Mirale sin padre. –se dice Manx Sfrener descubriéndose frente al mar. El rostro de su pequeña hija, la menor de las tres con solo diez años, llorando ante la salida de su padre… El recuerdo se rompe, no puede darse ya el lujo de llorar a estas alturas. Sfrener sacude su cabeza, golpea su rostro con sus mano como tratando de despertar, reacomoda su maleta y continúa caminando. No es momento para sentir soledad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En medio de una calle empedrada la algarabía de una fiesta se deja escuchar. Dentro de una bodega la pequeña reunión de jóvenes se ha convertido en un aquelarre donde toda persona que lo deseara podía participar. Los pies de Wolfy le llevaron hasta este lugar, luego de separarse de Veronice, y ahora frente al portón rojo no tiene el valor para entrar. Suena la música y los participantes sacan a bailar a las jóvenes. Otros no esperan a encontrar pareja y solo mueven su cuerpo al compás de las melodías.&lt;br /&gt;            –Oye amigo… –un chico embriagado y desaliñado se acerca a Wolph– ¿Qué haces allí? Te invité para que te divirtieras. –Y dejando que éste lo guiará, Wolfy se integró a la reunión.&lt;br /&gt;            El lugar es enorme. Las mesas se reúnen cerca de la entrada dejando espacio para una gran pista de baile. Wolph toma asiento en una mesa ocupada por dos chicas las cuales conversan entre sí a gritos y con las bocas cerca de los oídos. Al verle una de ellas le sonríe mientras la otra dice algo al oído de su amiga y ambas ríen. Alguien le ofrece a él una botella de licor la cual acepta.&lt;br /&gt;            –¿Quién te viera amigo? Ya ligaste con esas dos chavas. –le dice el tipo medio ebrio que le convido la bebida mientras se sienta a su lado. –La de azul es pareja del estúpido de allá, no te metas con ella. La otra, la mejorcilla, no es de nadie.&lt;br /&gt;            Wolfy responde con una sonrisa y afirma con la cabeza. Luego bebe el líquido rojo de su botella. Tiene buen sabor.&lt;br /&gt;            Por doquier las risas y gritos se hacen oír. Las melodías cambian de ritmo constantemente pero los concurrentes no prestan atención y solo adaptan su baile a la velocidad en que es tocada la canción. Otros cantan sin saber a ciencia cierta cual es la letra. Y también están los que hacen el ridículo y quienes escapan al sanitario con tal de no hacerlo frente a sus amistades, si es que en realidad hay alguna de ellas presente.&lt;br /&gt;            El licor rojo, los alimentos y fritangas, y más invitados llegan al lugar. Parece que esta fiesta no tendrá fin. Wolph espera que de un momento a otro algún gendarme de seguridad social y comunitaria llegue a parar la celebración pero ello no ocurre, ni puede ocurrir en Valarta.&lt;br /&gt;            Pasada una hora Wolfy se mantiene en su asiento. Las jóvenes que cuchicheaban se alejaron hacía tiempo y ahora, él solo, observa como los otros jóvenes se divierten. Ha bebido cinco botellas de licor rojo y siente que la sangre se agolpa en su rostro, siente calor y una excitación particular, pero aún así no se desinhibe. Él es el único inactivo, un tipo aseñorado sentado en su silla plástica. Con su camisa blanca de botones cuadrados negros, fajada en su pantalón negro, parece un adulto formalmente vestido. Una joven de amplias caderas pero pequeño busto se acerca a él.&lt;br /&gt;            –Ya me cansé de verte toda la noche ahí sentadote. Vamos a bailar. –una voz aguda proviene de un rostro algo bello, solo los ojos verde-azules de la joven son encantadores puesto que su gran boca y pequeña nariz desentonan con la carencia de pómulos disfrazados por mucho maquillaje.&lt;br /&gt;            Wolph intenta negarse pero las bebidas que ha consumido y la habituación al ambiente logran convencerlo. Sale a la pista de baile de la mano de la mujer, una melodía rápida y colorida se escucha. Wolfy muestra sus dotes de bailarín. A pesar de parecer alguien sumamente rígido tiene un gran control de su cuerpo y soltura en sus movimientos, es capaz de adaptarse a la armonía musical. Levanta los brazos, gira sobre un pie, luego salta en círculos alrededor de su pareja, intercambia mujer, se agacha, se inclina, levanta una pierna, mueve las caderas; todo lo hace con gracia pero nadie repara en su habilidad, las personas están lo suficientemente borrachas como para danzar correctamente.&lt;br /&gt;            –Uff, me cansé. Sentémonos un rato. –le grita al oído una joven, no es la misma que le sacó a bailar.&lt;br /&gt;            Toman asiento en una mesa diferente a la de Wolph, ahora se encuentran detrás de los altos acústicos y pueden conversar con menor dificultad.&lt;br /&gt;            –Que bien bailas. Supongo que lo sabes. –dice ella limpiándose el sudor de la frente con la manga de su blusa colorida. Wolfy sonríe aceptando el cumplido.&lt;br /&gt;            –Bueno, mi nombre es Sandy. –era mucho más linda que la primera mujer. Algo delgada, lo suficiente para agudizar su rostro pero con facciones más delicadas y pequeñas. –¿y de donde conoces a Kjimel?&lt;br /&gt;            –Soy Wolph y no lo conozco, soy uno de los colados a la fiesta. –responde sintiéndose intimidado.&lt;br /&gt;            –Ah, que importa Wolfy. –dice moviendo la mano en señal de poca importancia– Para eso son las fiestas jajaja.&lt;br /&gt;            –Si, supongo que… –no terminó la frase, el recuerdo de su equipaje le despabila– ¡Dios! Mi equipaje.&lt;br /&gt;            –¿Traes equipaje? Bueno, ¿Dónde lo dejaste? –pregunta la joven.&lt;br /&gt;            –En la mesa de allá. –indica con el dedo su antigua posición.&lt;br /&gt;            –Vamos a ver.&lt;br /&gt;            Los dos se acercan a la mesa y la encuentran vacía. Wolph pierde el color del rostro, ha perdido todas sus pertenencias. Sandy le conforta diciéndole que hay una habitación donde llevan las cosas que se han perdido durante la reunión, que quizás allí se encuentre su maleta. Suben la escalera al lado de la construcción y llegan a las habitaciones que sirvieron antes de oficinas. Ella toca la puerta de la última.&lt;br /&gt;            –Por si acaso hubiera alguien que… tú sabes. –ambos ríen con la posibilidad.&lt;br /&gt;            Entran y encienden la luz. El suelo se encuentra atestado de bolsas y demás artículos, pero la cama está libre. Wolfy se alegra al encontrar su mochila, la abre y examina si todo está en orden. Su sorpresa se incrementa al descubrir que permanece igual.&lt;br /&gt;            –Gracias –dice dejando la mochila en el suelo– por ayudarme a encontrarla.&lt;br /&gt;            –De nada. –le responde la joven, luego le besa en la boca.&lt;br /&gt;            Wolph se separa de ella, pero Sandy le acaricia el rostro, el cortejo es evidente. “No importa” se dice él y desabotonándose la camisa besa a la joven. Ella se despoja de su blusa y deja caer su falda, después se recuesta en el lecho, mientras Wolfy apaga la luz y asegura la puerta.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-4653740989330887855?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/4653740989330887855/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=4653740989330887855&amp;isPopup=true' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/4653740989330887855'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/4653740989330887855'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2007/08/tiempos-de-paz-soledad-i.html' title='Tiempos de Paz - Soledad I'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-8351112362160184736</id><published>2007-08-25T00:48:00.001-05:00</published><updated>2007-08-25T00:49:16.699-05:00</updated><title type='text'>Tiempos de Paz - Soledad II</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;color:#993399;"&gt;Veronice, sentada a la mesa con una taza de café frente a ella, escucha recitar un largo y aburrido poema al hombre que, en el pequeño escenario de la cafetería, también se encuentra sentado en una silla de largas y delgadas patas. Es el cuarto café que bebe Vero y la noche no puede ser más larga.&lt;br /&gt;Es pues, un largo suspiro lo que llama. / Una idea de aquellas cosas que esperan, / el hálito de un espíritu impulsor, / el rugido de un condenado…&lt;br /&gt;El peor poema nunca antes escrito o escuchado, la repetición incesante de palabras que sin sentido tratan de transmitir las mismas emociones una y otra vez. La genialidad de los hombres consumida por el monótono sonido de su voz o del dinero contante. El hombre de gruesa voz exclama en voz baja cada estrofa de su intensa oda a la nada que se le ha ocurrido. Los reflectores alumbran el cuerpo delgado que se asoma entre los metros de tela que cuelgan como ropa y destellan en las lentes redondas que se deslizan por su nariz. Viste como si fuera gigante a pesar de parecer tan ligero y dócil como su revolucionario arte.&lt;br /&gt;Mírame ángel mío, mírame eternamente / Tú eres la sola luz que ilumina mi corazón / Que los días que no regresan me traigan la esperanza / Que mi libertad esté en la capacidad de amar, / de amar siquiera pueda mi corazón.&lt;br /&gt;Vítores y aplausos se desbordan de las bocas y manos de los concurrentes a tal espectáculo. Las artes no han muerto a pesar de las circunstancias, dicen dentro de ellos. Silbidos y gritos piden más poesía, piden la enajenación de las mentes cultas; la apariencia del deseo de superación. Son los hombres y mujeres que no conocieron la furia de afán de poder de una nación. Son los niños que vivieron desconociendo el dolor que sus padres padecieron frente a las amenazas de la realidad. No conocen el hambre o la carencia, se niegan a mirar a su lado y descubrir a la anciana que pide una limosna, mas no pide caridad sino que por una moneda entrega una joya artificial en un hilo color carmín. Hasta en estos puntos la dignidad de los perdidos y abandonados ha alcanzado sobrepasar a los aldeanos de la comunidad mundial, los señores de aires aristócratas y filosóficos.&lt;br /&gt;Veronice está asqueada. No entiende como pudo ocurrírsele entrar en tal tugurio pintado de rojo y blanco donde esas mezquinas alimañas que, como palomillas, giran sus ojos hacia la luz mortecina. Apoya los codos sobre la mesa y con sus manos toma su cabeza negándose a ver el espectáculo.&lt;br /&gt;–Me lo esperaba. Así es esta ciudad, así es el mundo. –se dice a ella misma.&lt;br /&gt;Niega con la cabeza mientras mira los residuos estancados en el fondo de la taza. Era un café negro, sin azúcar tal como lo ha bebido por tantos años. Primero por la falta del endulzante en casa de sus padres, luego por la amargura que su propio ánimo. Ahora no quiere dormir ni permanecer en ese sitio, pero no tiene otras opciones. Suspira.&lt;br /&gt;Resignada decide salir del establecimiento. Son las dos de la mañana según el reloj de arriba, en el dintel de la puerta. Se incorpora y llama al mesero que le ha atendido durante toda la noche. Él le trae la cuenta, un pedazo de papel manuscrito sobre una charola de plástico color negro. Veronice hace un gesto de desaprobación frente a la suma que se le imputa, aún así saca de su maleta la cartera y extrae de ella un par de billetes color verde, de un verde similar al de las hojas de palma que se han quemado por el sol y están apunto de caer. Los deposita encima de la bandeja y sin esperar a que sea retirada ella se aleja.&lt;br /&gt;Con su maleta en la mano se pasea por las calles luminosas. Observa las fachadas y puertas abiertas que a su paso se encuentran. Le admira la cantidad de luz que se concentra en tan pequeño punto. Las farolas incandescentes y las lumbreras en cada puerta no permiten a la noche llegar. El sueño se ha perdido y el día en si mismo no dejará de llegar en unas cuantas horas. Veronice continúa caminando y observa a las personas que entran y salen de los diversos establecimientos. Mujeres en brazos de hombres que ríen y balbucean su alegría etílica. Maravilloso momento de plenitud del alma sosegada por la ignorancia propia. Parejas de hombres y mujeres caminan de la mano, se besan y hablan de sus deseos, es la posibilidad de todo.&lt;br /&gt;La costa se extiende en la inmensidad de la oscuridad. Vero se acerca a la playa, mira con tristeza y suplica al mar que en sus profundidades alberga el misterio de su alma. Una dulce mujer que espera a alguien que ha prometido una vida se detiene enfrentándose al vacío. Muchos hombres desaceleran su paso al ver tanta belleza en una mujer, hombres libres y esclavos del estado silban sin prestar atención al momento de intimidad que se lleva acabo frente a ellos.&lt;br /&gt;Una mujer se acerca hacia Veronice mientras ésta contempla la bahía y a los barcos que se acercan. Con calma se llega hasta donde Vero se encuentra. Deja en el suelo un enorme paquete rectangular, luego rodeale con el brazo la cintura y descansa su cabeza en su hombro. Vero acomoda su cuerpo al nuevo intruso que a ella se ha unido en un solo espacio vital; la abraza tomándola del hombro y apoya su cabeza sobre la de su acompañante. Entrelazan las manos que quedaron libres, esperan que el momento de soledad pase.&lt;br /&gt;Ivanna comprende el dolor que a su amiga le aqueja en aquel momento, lo siente como si fuera suyo. Un hombre, el padre de Veronice, asesinado por un oficial del ejercito; y su madre, protegiendo cada día la vida de sus dos hijos; y ella, Veronice, abandonando el hogar esperando lograr lo que tanta sangre le ha quitado a ella y a su familia.&lt;br /&gt;–Una ladrona… una suripanta… –balbucea. Espera que Ivanna no haya escuchado pero lo ha hecho mas ella guarda silencio.&lt;br /&gt;Las imágenes de su madre desmontando los campos ajenos, arrancando la maleza con sus manos y la de su hermano, un niño, levantando piedras, bultos, personas, denigrando su cuerpo en toda aquella faena que perteneciera a las propias de un peón, un esclavo. Pero ella… ella no quiere recordarse en estos momentos. Fue así que pasaron las edades.&lt;br /&gt;Y ahora la enfermedad, la punzada fulminante como flecha que se penetra en el cerebro, que aniquiló la vida de la madre de Veronice. Murió lentamente, desconectada de la vida que antes en fatigosos días lograba superar. Como un objeto que solo respira se dejó llevar por las alas de la muerte. Un instante sin dolor le sumió en profundo sueño del que no despertó. Al atardecer, el alma encadenada por los años y dolores fue libre. Una sonrisa como testamento les legó a sus dos hijos. A partir de entonces no hubo más que separación. Hace ya un año de ello.&lt;br /&gt;El llanto de Veronice moja los cabellos de su amiga. Un lamento en silencio mientras ambas miran la mar, la negra mar. No hay palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Magnifico lugar que te encontraste hermano –le grita Víktor a Gabb mientras observan a las mujeres que danzan sin ropa sobre las mesas de los comensales.&lt;br /&gt;–Ya sabes que siempre tendrás diversión conmigo –responde al momento en que una joven se acerca a él y se sienta en sus piernas. Los dedos de la mujer acarician el vello en el pecho del varón. Gabb solo ríe y toca todas las partes del cuerpo de la bailarina. En este lugar no hay restricciones, afirma el letrero que en la entrada está pintado.&lt;br /&gt;En este lugar las palabras salen sobrando. Luego de separarse del capitán Sfrener ambos hermanos recorrieron las callejuelas de la zona roja de Valarta. Es donde los negocios de los hombres se llevan acabo. Enormes anuncios de luz fluorescente invitan a participar de los espectáculos de regocijo a todos aquellos que necesiten salir de la monotonía de las aguas. Las verdaderas casas donde los marineros pueden encontrar sosiego para sus apetitos.&lt;br /&gt;Gabb y Víctor entraron en el establecimiento que el primero indicó. Sobre sus cabezas se leía el nombre del establecimiento, letras iridiscentes en serpenteantes grafías invocaban a los transeúntes a penetrar en la oscura sala donde el espectáculo se llevaba acabo. Gabb sin pensarlo tomó del brazo a su hermano y ambos, luego de pagar por el derecho de entrar, se imbuyeron en los sonidos y olores que mezclados elevaron los bríos del mayor de los dos.&lt;br /&gt;Ahora se encuentran sentados sobre sillones de imitación de piel negra, frente a ellos una mesa cuadrangular se une por tablones transparentes a la pista central. Visto desde lo alto, el lugar toma forma de estrella, seis mesas alrededor de una tarima tapizada de alfombra roja que en el centro ya tiene una silla, o una jaula, o un tubo, la variedad de la noche no tiene límites. Las jóvenes mujeres que apenas alcanzan los veinte años danzan en extraños movimientos de seducción.&lt;br /&gt;El enorme hombre de fuerte pecho ríe y bebe sin parar, son los buenos momentos que él nunca se pierde. El vino y los alcoholes caen sobre él pero parece no importarle. Una de las damas lame el líquido vertido mientras manipula los genitales del tipo con su mano. Gabb se siente eufórico, al punto que ha olvidado como llegó a ese lugar. Víktor también le agrada este lugar, sus ojos bailan a cada sitio donde una fémina danza o camina. El andar de una mujer le cautiva, el movimiento de sus caderas o su lento avance y sus gráciles ademanes, todo esto se confunde en las formas del cuerpo femenino. Es como ver las olas golpear delicadamente la playa, es como sentir el calor del sol a través de ligeras nubes que el viento desplaza suavemente en el firmamento, o como el roce de una pluma en un rostro áspero de quien se somete a tan divino regalo. Víktor ama a las mujeres, por el simple hecho de serlo.&lt;br /&gt;–Oye. ¿A dónde llevas eso chiquilla? –pregunta enojado Welther a una mozuela que tomaba la maleta de Víktor, su expresión cambió de improviso, al mismo tiempo evita que ella se aleje tomándola de la muñeca, ahora está aprisionada por una mano tan fuerte como grilletes.&lt;br /&gt;–¿Qué pasa Gabb? –dice Víktor girando su rostro aún sonriente hacia su compañero.&lt;br /&gt;Gabb no logra escuchar la pregunta de su hermano puesto que un hombretón se presenta en ese momento. Un gorila con la cabeza rapada y vestido completamente de negro. La embriaguez de Gabb ha desaparecido. Comprende que algo está apunto de ocurrir si no hace algo al respecto.&lt;br /&gt;–Amigo, ¿algún problema? –inquiere el guardián observando el brazo de la muchacha. Al darse cuenta de ello Welther la suelta.&lt;br /&gt;–Se llevaba la maleta de mi hermano –responde Gabb, toda su fiereza aparente desapareció al verse escrutado.&lt;br /&gt;Los dos hermanos, opuestos e iguales. Luego de la muerte de la madre de Gabb, Evah Welther, su padre contrajo nupcias con Angelia Dresde. Ambos crecieron juntos, la solidez de su fraternidad nunca se vio resquebrajada. Pero la realidad interior de cada uno parecía ir hacia puntos apuestos. Criados de diferente manera: Angelia amaba a Víktor su hijo, pero, aunque respetaba a Gabb, le despreciaba en su interior. Tuvieron la misma educación, las mismas aficiones, el mismo techo, las mismas oportunidades, sin embargo una sonrisa por las mañanas, o una palabra de amor, o una caricia fueron la diferencia para los dos hermanos. Víktor siempre reía haciendo resplandecer su rostro, al contrario de Gabb quien su sonrisa parecía encubrir un secreto propósito aún cuando ello fuera mentira. El padre de ambos les cuidaba y satisfacía sus necesidades, pero estaba lejos. Los separaba los muros de su casa, las puertas de las habitaciones, los separaba la distancia que ponía entre él y sus hijos.&lt;br /&gt;Una herida fue creciendo y cicatrizando con los años, quedó manifiesto que Gabb jamás sería un hombre común. En la adolescencia surgió de él un ser carnavalesco, una gigantesca fiera velluda. Su cuerpo compensó la carencia de un algo que no podía definir. Los jóvenes le temían, incluso hombres maduros alistados a la marina de Quertenk mantenían su distancia. Un miedo inconsciente que les impedía ver la sonrisa con la que cada mañana saludaba a todos. Víktor estaba con él en el mismo regimiento a las órdenes de Manx Sfrener. Al contrario de su hermano simpatizaba con todo aquel que se allegara, ese era su don y lo detestaba. Amor, afecto, compañía, amistad, tantas virtudes y gracias que él nunca pidió.&lt;br /&gt;En la batalla de Comanod, ambos jóvenes combatieron hasta casi morir. Su valentía no era más que aparente, cada uno enfrentaba a su propio destino. Gabb reflejaba su odio a la soledad que provocaba, Víktor expresaba su cólera contra el apoyo falso que recibió. Pero ni uno era el hombre bestial ni el otro el varón carismático. Aún así, ellos eran los únicos que se sabían, los que podían amarse y odiarse sin remordimiento ni dolor. Lo sabían, eran hermanos.&lt;br /&gt;–Aquí nadie es ladrón –espeta entrecerrando los ojos el hombre de negro.&lt;br /&gt;–Pero… –y sin poder decir más son levantados de sus asientos por varios pares de brazos. La música continúa sonando mientras los demás hombres observan como las jóvenes se despojan de sus ropas, otros caminan con una muchacha a su lado hacia uno de los cuartos en el fondo de un pasillo oscuro. Nadie presta atención a la algarabía que en una mesa se lleva acabo. Víktor golpea en el rostro a un guardia mientras Gabb toma las maletas de ambos. Entre empujones y gritos de chicas los hombres pelean por salir y liberarse de la trifulca.&lt;br /&gt;Los hermanos corren en dirección a la puerta de salida donde son esperados por un par de tipos quienes les impiden el paso. Víktor golpea en el estomago a uno de ellos, tan rápido movimiento fue que no permitió que éste se defendiera, mientras Gabb se arroja contra el otro derribándolo contra el piso. Puñetazos y patadas dejan tras de sí la tripulación del Arca.&lt;br /&gt;–Después de todo fue una buena noche ¿o no? –dice Víktor sonriendo al tomar el equipaje de manos de Gabb mientras se alejan del lugar de su pequeño incidente&lt;br /&gt;–Cállate estúpido –responde.&lt;br /&gt;Caminan en dirección a la plaza principal de la ciudad. Llegando allí se dan cuenta que Sfrener los espera acompañado de Arthur y Sebastián. Faltan Veronice y su amiga Ivanna, además de Wolph. Los cuatro reunidos se confortan al darse cuenta que la velada llega a su fin. Detrás de las montañas un cielo azul comienza a dibujarse. Sebastián consulta su reloj, las cinco con cincuenta y ocho minutos. Ha sido el día y la noche más largos de todo el año.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-8351112362160184736?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/8351112362160184736/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=8351112362160184736&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/8351112362160184736'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/8351112362160184736'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2007/08/veronice-sentada-la-mesa-con-una-taza.html' title='Tiempos de Paz - Soledad II'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-4428896301903308335</id><published>2007-08-25T00:26:00.000-05:00</published><updated>2007-08-25T00:29:47.457-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Paz'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nave'/><title type='text'>Tiempos de Paz - Comparecencia</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;color:#993399;"&gt;La nave produce un gran estruendo al golpear el casco contra la superficie del agua. La fuerza del impacto provoca se estremezca el zeppelín y todos en su interior, algunos perdiendo el equilibrio a punto de caer, otros saliendo de sus ensoñaciones y los más sensatos suspirando la ansiedad que les produce esta escala. Todo ello es señal de que han llegado al puerto de Valarta.&lt;br /&gt;Geografía incierta de largas playas frías. Tenazas pedregosas encierran las aguas que embisten las riberas. Un pequeño golfo, flanqueado en la entrada por dos altas columnas que resplandecen en la punta imitando al sol, se indica con ello la puerta de entrada a la ciudad, paso inexorable para cualquier visitante venido del mar. Las noches nunca son negras ni silenciosas a causa del caudal de navíos y zeppelines que sin cesar alcanzan los embarcaderos diseminados a lo largo de la brecha terráquea. En el centro de la bahía una ciudad se yergue, puerto comercial de gran envergadura, la ciudad costera más grande del hemisferio norte. La gran Valarta, icono de la fuerza naval de Rottemberge. A cada lado del puerto principal se encuentran asentadas las naves del Ejercito Negro; bestias inertes que resucitan al estallido de la combustión interna, se mantienen oscilando al ritmo de las olas mientras encalladas en los muelles esperan la orden de salir, ya sea surcando los cielos, despedazando las nubes; o flotando por las aguas verde-azules, entre velas y motores.&lt;br /&gt;“Arca” se desliza hacia el embarcadero ocho, receptor de las naves de carácter privado. Los motores hacen girar las aspas que permiten la navegación en mar del zeppelín. Logra entrar en la esclusa por completo, es un navío de escala normal. Son pues los fondeaderos los únicos lugares donde estos monstruos metálicos pueden tocar tierra. La punta de la proa toca el extremo final del compartimiento en el cual un gran candado cierra los amarres para evitar la salida del barco. Enormes cadenas tiradas por cinco hombres son la seguridad que impedirá la salida de los viajeros.&lt;br /&gt;Sfrener y toda su comitiva emergen a cubierta saliendo del cuarto de control. Sebastián le sigue ya revestido con su capa, posteriormente Arthur con su inseparable espada a la espalda y enseguida Veronice dejando que la brisa marina le colme los pulmones. Atrás de ellos Wolph con una mochila de tirantes a los hombros, pareciendo temeroso de perderla mantiene tomado con una mano una de las estolas de tela. Todos cargan sus equipajes y en la mano el pasaporte que les identifica, que les enumera como uno más de la multitud que conforma a la población mundial. Bajan por la escalera de cuerda, con su equipaje al hombro, alcanzando el malecón donde esperan ser recibidos por la oficina del arancel.&lt;br /&gt;Un silbato se hace oír y en el acto una comitiva de hombres y mujeres vestidos de negro se presenta a las puertas de la aduana del puerto ocho. Con gorra cuadrada se encasquetan rostros idénticos, andrógenos defensores de la paz impuesta. Gruesos y pesados chalecos cubren sus pechos mientras los brazos son cubiertos por una camisa de difusa manufactura. Pantalones ligeros cubren las piernas entre numerosos pliegues que terminan comprimidos por las botas de largas cintas blancas, único color en el uniforme. A la cintura llevan una serie de armas de fuego y de acero templado para resguardar la seguridad.&lt;br /&gt;En medio de la comitiva un hombre de traje se adelanta y pronuncia:&lt;br /&gt;–Bienvenidos a Valarta. Puerto número 14 en la región 28. Se nos ha informado del percance que sufrieron mientras volaban en dirección a Faustia. ¿No es cierto?&lt;br /&gt;–Así es –responde Sfrener, a la vez que deja caer a sus pies el bulto que conforma su equipaje– nos vimos en la necesidad de desembarcar aquí para llevar a cabo las reparaciones necesarias.&lt;br /&gt;–Muy bien capitán. Supongo que es usted el capitán de esta nave ¿o me equivoco? –pregunta el hombre.&lt;br /&gt;–Así es mi señor.&lt;br /&gt;–Correcto. Por cierto soy el inspector Mortín Exenbar. Por favor acompáñeme usted y toda su tripulación capitán…&lt;br /&gt;–Sfrener, Manx Sfrener, inspector Exenbar.&lt;br /&gt;–Muy bien. –y dirigiéndose a los militares ordena– ¡Ustedes revisen el navío!&lt;br /&gt;–¡Si señor! –recibe como respuesta e inmediatamente el cuerpo castrense comienza con la actividad.&lt;br /&gt;A unos cuantos metros de distancia se levanta el edificio de aduanas de la sección ocho. De tres pisos y color gris, en el centro una escalera de un azul casi negro zigzaguea permitiendo alcanzar los diversos niveles. Cada uno de ellos se conforma de cuatro habitaciones, dos a cada lado de la escalera, ordenados a lo largo de pasillos exteriores que a la vez hacen de terrazas. Las puertas y ventanas miran al mar. Las gaviotas revolotean a su alrededor y en sus techos han construido sus nidos al lado de una bandera amarilla y roja, estandarte que representa la nacionalidad mundial.&lt;br /&gt;Mientras avanzan un soldado se antepone a Sfrener y pregunta: –¿Algún otro de su tripulación continúa en el navío capitán?–&lt;br /&gt;–Si soldado, otros dos en la sala de máquinas que dentro de poco saldrán.&lt;br /&gt;–Correcto capitán. –y sin decir más se dirige al zeppelín.&lt;br /&gt;Los cinco alcanzan el segundo piso de la construcción. En la puerta de la primera habitación a la derecha de la escalera se lee: “Reconocimiento”. Exanbar se encuentra dentro, ha tomado asiento tras su escritorio y les espera. El cuarto carece de motivos; muros grises que se mimetizan con los exteriores, pilas de libros y documentos reposan sobre cajas y archiveros. Vació de vida a excepción del ocupante principal.&lt;br /&gt;–Adelante, tomen asiento. –dice a la comitiva recién llegada e indicando con un gesto de su mano un par de sillas frente a él. Sebastián y Veronice ocupan los lugares. –Por favor, muéstrenme sus documentos. –pide un momento después.&lt;br /&gt;Por la mano de Sebastián pasaron cinco pequeñas libretas azul-marino con el escudo dorado de Rottemberge en la cubierta. Varios se encuentran atestados de sellos y firmas, signo de las incontables experiencias pasadas. Incontables no por el número de ellas sino por sus significados.&lt;br /&gt;–Gracias –dice Exanbar al tomarlos de las manos de Bastián– Sebastián Nix, ¿me equivocó? –pregunta mirando al dueño y hojeando con los dedos el pasaporte.&lt;br /&gt;–En lo absoluto. –contesta afirmando con su cabeza blanca.&lt;br /&gt;–Muchos viajes señor Nix. –comenta Exenbar sin levantar los ojos del papel.&lt;br /&gt;–Los que la edad me ha permitido. –responde con comicidad.&lt;br /&gt;–Correcto. Veronice Leff… señorita Leff es curioso el artículo que lleva en la pierna. –observando Mortín con detenimiento las formas de la mujer.&lt;br /&gt;Sedante con las piernas cruzadas y las manos sobre los brazos de la silla ella responde sin titubear. –No lo es considerando las circunstancias en que se encuentra el país. Pero si se lo pregunta poseo autorización para portarla incluso usarla en las diversas regiones. Esto puede comprobarlo en las notas del pasaporte.&lt;br /&gt;–Ya lo he hecho señorita Leff. –sin dejar de mirarla– No encuentro inconveniente en lo absoluto. Y ahora –tornando los ojos nuevamente a los documentos– Manx Sfrener. Capitán en estos momentos examinan su nave.&lt;br /&gt;–Comprendo.&lt;br /&gt;–Usted es Arthur McNaullian –mirando al hombre que tras Sebastián se erguía con los brazos cruzados.&lt;br /&gt;–Así es señor. –asiente.&lt;br /&gt;–Militar. Curioso. ¿Luchó en las filas de Filiantes, verdad? –pregunta el funcionario.&lt;br /&gt;–Así es señor. –responde Arthur bajando los brazos y entrecruzandolos ahora a su espalda.&lt;br /&gt;–Quizá algún día le interese ingresar al ejército de Rottemberge. Quizá no en la facción Negra pero quizá en la segunda o tercera guardia.&lt;br /&gt;–Quizás señor. –manifiesta Arthur mientras se tensan los músculos de sus brazos a causa de la irritación que le produce aquella invitación.&lt;br /&gt;–Y tú eres Wolph Wilding. –expresa mirando con detenimiento las facciones del joven.&lt;br /&gt;–Mi protegido –responde al acto Bastián inclinando su cuerpo hacia delante tratando con ello de interponerse entre el hombre y el muchacho.&lt;br /&gt;–Ya veo. Primer viaje ¿supongo? –pregunta el inspector dirigiéndose a ambos.&lt;br /&gt;–Así es. –responde tajante el anciano.&lt;br /&gt;–De acuerdo. Por el momento todo en orden. Capitán, señores, señorita –declara a los visitantes e iniciando el ponerse de pie. Mientras realiza esto llaman a la puerta.&lt;br /&gt;–Adelante. ¿Qué desean? –observando a los dos hombres que entraban.&lt;br /&gt;–Somos la tripulación del “Arca” al mando del capitán Sfrener. –contesta uno de ellos.&lt;br /&gt;–Muy bien. –Exenbar toma asiento de nuevo– Identifíquense.&lt;br /&gt;–Gabb Welther, señor.&lt;br /&gt;–Viktor Dresde, señor.&lt;br /&gt;–Pasaportes –les es ordenado siendo estos entregados al tiempo.&lt;br /&gt;–Correcto. –levantándose dice– Por favor, esperen aquí hasta que me informen de la situación de su nave. –acto seguido camina hacia la puerta y sale por ella de la oficina cerrándola tras él. La documentación permanece en su poder luego de salir.&lt;br /&gt;Nadie se atreve a pronunciar palabra. Los movimientos son escasos. La sensación de ser observados es intensa. Sebastián y Veronice mantienen la vista fija en la pared del fondo recorriendo cada grieta que forma raras estructuras. Han tomado una postura menos rígida reclinándose con soltura en sus respectivos asientos; Bastián con las manos sobre su estomago y Vero cruzándolas tras su cabeza. Sfrener junto a Gabb y Viktor observan el mar a través de la amplia ventana, parecen comunicarse por medio de un lenguaje mudo, tamborileos de dedos y cambios de posturas indican pensamientos pesimistas a su situación. Wolph por su parte mira detenidamente a los dos camaradas que recién conoce.&lt;br /&gt;Gabb, un gigantesco hombre copiosamente velludo, más parecido a un oso de casi dos metros que a un humano. Con el rostro afeitado pero cabello alborotado sonríe a nada con aire de malicia, al lado de su faz una pequeña trenza atada con hilos blancos cae sin, aparentemente, causarle contrariedad. Largas patillas enmarcan su cabeza y cubren sus oídos confiriéndole características bestiales. Sin camisa muestra su grueso pero manifiestamente musculoso cuerpo entintado producido por los aceites y demás sustancias que en el interior de “Arca” le confieren vida. Sus brazos parecen apenas poder cruzarse, lo fuerte de ellos y el volumen de su pecho revelan el esfuerzo que representa su labor de mecánico. Un par de muñequeras de metal separan las grandes manos, cuales garras, del resto del brazo. Lleva una chaqueta blanca, o lo que fuera en sus días ese color, colgando de la cintura y fajada por el cinturón que sostiene los pantalones grises, manufacturados en tela resistente y dura. Un par de botas amarillas cubren sus pies. Igual postura toma a la de su capitán, con las piernas abiertas y la espalda erguida, aún cuando parece llevar a cuestas una joroba. Un hombre que en cualquier lugar llamaría la atención, menos donde la fuerza ha tomado la dirección de la supervivencia.&lt;br /&gt;Arthur había permanecido cerca de la puerta desde el principio. Recargado en la hoja de metal con una pierna doblada, descansando la planta del pie en la misma puerta, observa de frente con los brazos cruzados a los dos individuos compañeros de Sfrener. Viktor le parece un hombre sensato, una impresión contraria hacia la que tiene de Manx. Un joven que aparenta tener veinticinco años, con el semblante sereno parece al mismo tiempo contemplar las cosas con peculiar curiosidad. Un leve espasmo en las comisuras de los labios, similar a una sonrisa, tiende a conferirle un ánimo tranquilo y soñador. En el rostro se aprecia la barba que durante un par de días no ha sido afeitada, además frente a él un mechón de cabello rubio cae hasta tocar su nariz. Con una cola de caballo recoge el pelo que alcanza la mitad de su espalda. En la oreja izquierda una pequeña arracada situada en la punta engalana su cabeza. Al cuello una gargantilla de hilo negro con una piedra roja que pende, de igual color es la camiseta que ciñe su delgado pero bien estructurado cuerpo. Sus brazos, apoyados en la cadera, presentan una serie de cicatrices perpendiculares unas a otras que circundan las extremidades. Un anillo de oro en el dedo índice de su diestra y otro en el meñique de la siniestra adornan ambas manos. Viste holgados pantalones de un azul intenso que son ajustados por un cinturón, una larga cinta de tela blanca atada en un costado, a su estrecha cintura. Calzado de zapatillas deportivas negras con suela blanca, las cuales no le confieren mayor altura alcanzando solo los ciento setenta centímetros.&lt;br /&gt;La habitación continúa en silencio con excepción de los esporádicos sonidos provenientes de respingueos de gargantas o por los movimientos de las personas. Pasaron los minutos y por fin la manija de la puerta se mueve. Arthur se aleja para permitir el acceso, entrando Exenbar con dos guardias vestidos de negro.&lt;br /&gt;–Sin ningún problema. –dice el funcionario entregando a McNaullian los pasaportes– Permítanme darles de nuevo la bienvenida a Valarta y disfruten su estancia. Los mecánicos ya están haciendo su labor en la nave capitán –dirigiéndose expresamente a Sfrener&lt;br /&gt;–Se lo agradezco inspector. –responde Manx.&lt;br /&gt;–Pueden retirarse. Y por cierto, hicieron bien en descargar su equipaje pues no tienen autorización de abordar la nave hasta terminadas las reparaciones. –sin dar tiempo a palabras de réplica salen Exenbar y la comitiva que le acompañó.&lt;br /&gt;Todos se miran inconformes pero sin esperanzas para desafiar la decisión tomada. Salen del edificio y cruzan los jardines cubiertos de césped y pequeñas flores rojizas, alrededor de ellos una serie de piedras redondas y grises hacen de frontera para ambas áreas verdes dejando un estrecho camino de lozas de concreto para el tránsito personal. Se disponen el grupo a mezclarse entre los pobladores caucásicos de la ciudad.&lt;br /&gt;Ya en la calle todos se agrupan en círculo para discutir. Los vehículos automotores y de impulsión estremecen los cristales de las ventanas de comercios, casas y centros de reunión que a lo largo de toda la estrecha urbe se levantan. Hombres y mujeres cruzan la banqueta y la recorren sin apenas prestar atención a la comitiva que prevé las dificultades a las que se enfrentará en esta ciudad. El sol ha caído desde el inicio de la tarde en que arribaron a puerto, el reloj de la iglesia cercana marca el tercer cuarto de las dieciocho horas.&lt;br /&gt;–Ahora si que se nos hizo– habla Arthur– ¿Dónde pasaremos la noche?&lt;br /&gt;–Y quien quiere dormir si esta ciudad nunca descansa, amor. –responde Veronice confiriéndole picardía a sus palabras. Arthur solo la mira.&lt;br /&gt;–Rentar una habitación supongo –plantea Sebastián.&lt;br /&gt;–¿Y con qué dinero? Realmente salimos con nada de Silfius –espeta el soldado McNaullian.&lt;br /&gt;–Mañana ya estará todo arreglado, la compostura no tomará más que un día. –interviene Gabb, su voz parece no cuadrar con su fisonomía, es clara e intensa– Quizá la señorita tenga razón y no tengamos que pasar la noche en un mesón. Podríamos ir a algún bar o centro nocturno y pasar la noche ahí. Al fin y al cabo esta ciudad, como bien dijo, nunca duerme.&lt;br /&gt;–Gracias por apoyarme Gabb. –dice la mujer. Él solo afirma con la cabeza.&lt;br /&gt;–Quizá convenga dividirnos, –expresa Sfrener– para que cada uno pueda disfrutar y estar en el lugar que más le plazca. Podemos encontrarnos aquí por la mañana. ¿Qué les parece?&lt;br /&gt;Con cierta renuencia a separarse pero ante las dificultades que implicaría permanecer juntos acceden a tal solicitud. La primera partición es en dos grupos: Sebastián, Wolph, Arthur y Veronice se dirigen hacia el norte, a la zona de bares y restaurantes; mientras Sfrener, Welther y Dresde toman rumbo al sur, donde los antros y casas de mala fama se izan en la costa. Cada uno uniéndose en complicidad con la compañía a la que mayor afinidad encuentra. Aún así al final se verán separados según sus propios deseos y nostalgias. Compañeros de viaje que no tienen ni un día de ser amigos.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-4428896301903308335?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/4428896301903308335/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=4428896301903308335&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/4428896301903308335'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/4428896301903308335'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2007/08/comparecencia.html' title='Tiempos de Paz - Comparecencia'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-8424636079823482681</id><published>2007-07-05T10:59:00.000-05:00</published><updated>2007-08-25T00:31:11.827-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Paz'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Guerra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nave'/><title type='text'>Tiempos de Paz - Navegantes</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;color:#993399;"&gt;Navegando por el cielo, “Arca” avanza con ilusoria lentitud. La portentosa nave del capitán Sfrener destella a causa del reflejo solar sobre la pulida superficie de plata. Las aves y las nubes se alejan ante tal artefacto, la naturaleza comprende que es incapaz de actuar contra este monstruo.&lt;br /&gt;            Frente al grueso cristal del cuarto de control observan Wolph y Veronice el sin fin del mar, los diversos tonos azules que se despliegan por la línea del horizonte. Un zumbido es todo lo que se alcanza a escuchar de las potentes máquinas que mantienen en el aire al enorme zeppelín. Entre ambos el silencio se ha impuesto. Desde el inicio de la expedición se han jurado sin palabras permanecer distanciados, desconocidos uno al otro, aún cuando esto no es aceptado plenamente por ninguno de los dos.&lt;br /&gt;Wolph desvía la mirada de vez en vez para observar de reojo a la mujer que a su derecha se encuentra. Un calor inestable le sacude al percatarse de lo que hace y pronto aparta la mirada concentrándose en un punto lejano de la inmensidad. No es la primera mujer de tal encanto que ha visto, ni siquiera la mejor, pero algo en ella lo enerva. Quizás sean sus grandes ojos negros, o su larga cabellera azabache o tal vez su provocativo vestido negro, fabricado de una ligera tela sintética en dos partes; la primera en forma de dos tiras que se cruzan en el cuello y cubren sus grandes y firmes pechos, dejando al descubierto su terso vientre adornado en su ombligo con un fino diamante púrpura. Además, sus pantalones estrechos que por encantamiento se mantienen estables a la altura de su cadera, la figura de sus piernas queda al descubierto con la simple ilusión de estar cubiertas. Un par de botines blancos le terminan de engalanar. El encantador cuadro seductor se remata con la sensualidad del cinto que rodea su muslo derecho y que guarda enfundada una pequeña pistola.&lt;br /&gt;Wolph traga saliva mientras siente el sudor correr por su cuello. Una imagen cruzó por su mente, imagen provocativa que produce su efecto inmediato. Decide pues retirarse de aquel lugar y sentarse en la escalera que conduce al timón donde el capitán Sfrener se encuentra. Veronice advierte la retirada del joven y ríe para sí. –Es solo un niño aún– piensa. Cruza los brazos y cambia el peso de su cuerpo a una de sus piernas en un movimiento de cadera netamente femenino. Levanta los ojos hacia el cielo donde unas gaviotas aún revolotean y descubre en el cristal el reflejo de Sfrener.&lt;br /&gt;La figura del heroico hombre al mando de “Arca” apenas se dibuja en la trasparencia del vidrio. Veronice entonces cierra los ojos y mira dentro de sí la primera impresión de aquel nuevo Prometeo. Ese rostro cuadrado, cincelado con fuerza maestra; sus ojos destellantes de experiencia; sus recios brazos, cubiertos de cicatrices, capaces de levantar en vuelo a hombres del doble de su talla; un cuerpo esculpido con la habilidad con la que en antiguo el pueblo filósofo de Griecia creaba a sus dioses en mármol. La efervescencia en la sangre de Veronice la hace casi perderse en la ilusión, pronto recupera el dominio de si misma. Un juramento sale de sus labios con la intensidad de un suspiro, se disgusta consigo y regresa a sus pensamientos sobre el destino que le depara al llegar al puerto.&lt;br /&gt;Sebastián por su parte lee su inseparable libro verde. Tomándolo con la mano derecha apoya el lomo contra los tres dedos medios mientras con el pulgar y el meñique sostiene las hojas en las páginas leídas, es una constante lucha donde se empujan las diversas partes anatómicas de la mano con el fin de mantener abierto el volumen, curioso juego de destreza inconsciente. Bastián, bajo la luz de una bombilla, permanece de pie completamente erguido con la mayor dignidad, absorto en sus propias meditaciones. En cada línea que repasa de las amarillentas hojas de papel su mente divaga por senderos de imaginación y filosofías. A sus pies aun se encuentra su equipaje, una bolsa cilíndrica de color verde desteñido.&lt;br /&gt;Al subir a la nave unas cuantas palabras salieron de sus labios agradeciendo a Sfrener su ayuda y dando instrucciones sobre la misión a realizar. Luego de ello se aproximó a una luz que caía en un extremo de la cámara de mando, dejó caer la maleta con sus pertenencias a su lado derecho y acto seguido extrajo su libro de entre los pliegues de su capa. Casi una hora lleva en esa misma posición.&lt;br /&gt;            El disgusto se marca en el rostro de Arthur quien se halla sentado en el suelo a la sombra, lejos del centro de la escena. Con brazos y piernas cruzadas, y la cabeza en alto se mantiene al margen pero atento de lo que ocurra. Se siente molesto pero no entiende porqué lo está. Mejor dicho lo sabe pero no entiende la razón de que ello le produzca tales sentimientos. Mira a Veronice que se encuentra de pie con los ojos cerrados, luego desvía su mirada hacia Wolph quien camina hacia la escalera del timón y la idea de que él se aproxima a Sfrener le indigna por completo. La tranquilidad regresa al ver que se sienta en el tercer escalón abrazando sus rodillas y con el rostro sobre ellas. Sebastián se mantiene de espaldas a él, sabe que sigue leyendo o algo parecido. A Sfrener no logra advertirle, esta oculto por la plataforma donde el mando se localiza.&lt;br /&gt;Reconoce cada fragmento del recinto, en no pocas ocasiones durante la guerra estuvo como tripulante en los zeppelín del ejercito de Permenias. La forma semicircular de la cabina con los grandes ventanales oblicuos al frente, que permiten observar el camino y al enemigo, se extienden cubriendo la mayor parte de la estructura radial. Cristales blindados que pueden soportar la embestida de las municiones de cincuenta cañones, aun cuando su talla supera los tres metros de alto y más de ocho cada uno de la triada que compone la estructura. Tras de él siente una de las dos turbinas que permiten a la nave mantenerse en el aire, el minúsculo calor y el suave ronroneo que produce su movimiento fue una de las glorias tecnológicas de su tiempo. Comparando su posición en aquella habitación comprende que Bastián esta en igual situación que él pero opuesta, es decir, frente a otra turbina bajo la bombilla que alumbra los medidores de temperatura y potencia.&lt;br /&gt;La estructura central de aquel lugar es la zona de mando, el timón del zeppelín se encuentra elevado sobre una plataforma que esconde los complejos mecanismos que regulan, controlan y mantienen en funcionamiento toda la maquinaria. Se imagina Arthur que Sfrener debe encontrarse frente a la consola de mando, de igual forma circular que el cuarto de control, compuesta por botones, palancas, manivelas controladoras de los procesos mecánicos y en el centro de la plataforma el timón que guía el curso de la nave. –En ese lugar debe estar ese engreído, creyéndose el gran hombre del momento– piensa para si Arthur dando un gruñido. Todo es metálico, inerte.&lt;br /&gt;–¡Bastián, rompe este silencio! –grita Arthur, sin poder evitarlo, a la única persona en quien puede de alguna forma confiar. Todos los presentes se giran no en dirección de donde provino la voz, sino a quien fue dirigida la petición. Sebastián, como saliendo de un letargo, cierra su libro e inclinándose hacia su equipaje, lo guarda en un bolsillo de su maleta verde. Luego se quita la capa dejando caer las pesadas hombreras sobre su cilíndrica valija y descansa su cuello.&lt;br /&gt;–¿De que quieres que hable Arth? –pregunta Bastián mientas camina hacia la plataforma y se posiciona al lado de Wolph. Éste le observa confuso.&lt;br /&gt;–De lo que quieras, solo acaba con este silencio que me vuelve loco –dice Arthur observando la figura aun fuerte de Bastián, que a pesar de la edad, se descubre a  través de su pecho desnudo.&lt;br /&gt;–No dejo de sorprenderme de lo patético que eres, amor. –dijo Veronice volteando a ver a Arthur que se encuentra a su espalda con una mirada y sonrisa picara.&lt;br /&gt;–A ti nadie te preguntó nada. –responde Arthur levantándose en el acto.&lt;br /&gt;–Ya niños, siéntense o no habrá postre esta noche –habla desde lo alto Sfrener.&lt;br /&gt;Veronice solo sonríe ante tan malicioso sarcasmo, a Arthur se le infla la cólera y Sebastián reconociendo los problemas que se avecinan comienza a decir: –Ya basta a todos, estaremos juntos por mucho tiempo dejémonos de juegos y hablemos en serio–.&lt;br /&gt;–¡Por fin! Alguien sensato en esta jaula –expresa Arth.&lt;br /&gt;–Más sabe el diablo por viejo…–señala Veronice.&lt;br /&gt;–Un poco más de respeto a las canas y a las barbas, hija– responde Bastián con simpleza y candor.&lt;br /&gt;–Lo que me interesa más es saber que pasa en el mundo –comienza a decir Arthur– desde que salí de Permenias  no he escuchado nada sobre la situación en Rottemberge–.&lt;br /&gt;–¿Y a quién le importa Rottemberge? Mira la desgracia que ha dejado a su paso. Desde que terminó la Guerra no se han visto mejoras en la condición de las personas. –espetó Veronice ante las palabras escuchadas.&lt;br /&gt;–Claro que no, quien creyera eso de las mejoras sería un idiota. Pero de todos modos sería bueno saber que pasa para atenernos a lo que nos espere en Faustia– le reprocha Arthur.&lt;br /&gt;Ambos se habían acercado a lo largo de su corta conversación hasta quedar uno sobre otro. Arth inclinado sobre el rostro de Vero, mientras ella, con la cara levantada, soportaba la mirada encendida de su contrincante. El debate habría durado aún algunas palabras más pero Bastián decide tomar la palabra y declarar: –Antes de embarcarnos el sistema comunicativo explicaba que una fuerza armada atacó el pueblo de Cornez en lo que antes era Filiantes y hoy el cantón número ciento treinta y dos, ante sospecha de insurrectos que planeaban atacar el palacio de gobierno civil en la antigua capital de Filiantes. Según dijeron fueron cerca de cincuenta los muertos y otros tantos los apresados por los tumultos que se dieron…&lt;br /&gt;–¿Por tumultos? Con qué habrían hecho esos “tumultos” si ni siquiera piedras tienen para defenderse. –grita indignada Veronice– Sin duda puros jóvenes idealistas, como tu Wolph –dijo esto dirigiendo su mirada hacia él– que intentaron pensar de más, creyendo que eran libres mientras que eran todo lo contrario.&lt;br /&gt;–Así es. –retomando la palabra Sebastián– De hecho la mayor parte de los asesinados y arrestados oscilaban por los quince y veinticinco años. Y aunado a esto se encuentra que el gobierno civil del cantón, por órdenes desde Blive, impuso restricciones económicas a la región y de asociación. No pueden celebrar ceremonias religiosas y además pagar un impuesto extra por los daños ocasionados por la revuelta.&lt;br /&gt;–Eso es el colmo. Los perjudicados han de ser los malos al final. –Vero no pudo evitar dar una patada al suelo.&lt;br /&gt;–Y ¿qué se puede decir de Faustia? ¿Podemos aparcar allí? –pregunta Arthur.&lt;br /&gt;Antes que Sebastián pueda responder, la voz de Sfrener llega desde lo alto indicando: –Claro, Faustia es aún una ciudad sin problemas. Se abstuvo de pelear y se rindió a Rottemberge a la primera mención de guerra. No existen restricciones de aduanas ni límites en educación, recuerda que conservó la universidad. Además Elver Dorkin es amigo mío, nada puede salirnos mal allá.&lt;br /&gt;–¿Ese quien es? –le cuestiona Arthur.&lt;br /&gt;–El jefe de gobierno de la región veintitrés con cede en Faustia.&lt;br /&gt;–Un traidor –espeta Veronice con la cara mirando hacia donde debiera estar Sfrener puesto que seguía oculto a la vista a causa de la plataforma&lt;br /&gt;–Nada de eso, un visionario que espera el fin de esta tiranía. –responde con calma.&lt;br /&gt;–De hecho sería una aristocracia democrática según lo que refiere el Filósofo. –corrige Sebastián.&lt;br /&gt;–Ni tiranía ni monarquía ni nada, es una abominación. –respondiole Vero a Bastián.&lt;br /&gt;–Félinx Äcton –comienza a explicar Bastián sin atender a las palabras de Veronice– es la cabeza de un grupo de grandes mentes que reconocen los problemas antes de enfrentarlos, además de reglamentar leyes por todos lados flanqueadas. Previeron la Guerra y sus consecuencias, sin duda son geniales. Además de que al hacer creer que cae la responsabilidad del control en un hombre deja la posibilidad a la imagen del todopoderoso jefe de estado. Si un hombre hizo todo eso, de seguro puede con más. Bueno, el punto es que hay más de lo que se ve.&lt;br /&gt;–Gracias por explicarnos –dice Veronice con tono sarcástico– las increíbles formas de gobierno que tanto admiras–. Luego camina hacia el ventanal y abandona la conversación sumida en nuevos pensamientos. Sfrener por fin ha salido de su cabeza.&lt;br /&gt;La tensión regresa para todos los presentes. Arthur no deja de mirar la delicada espalda de Veronice. Sebastián medita sobre lo que se ha dicho, mientras Wolph, atento hasta ese momento a todo el diálogo, se sorprende ante una alarma que se hace sonar.&lt;br /&gt;–¡Cuarto de máquinas! ¿Qué ocurre? –ordena Sfrener a la tripulación del Arca, por medio de un comunicador. Una voz fuerte pero lejana responde por la bocina: –Señor, un problema en el sistema refrigerante. Debemos descender lo antes posible–. Todos se estremecen ante la avería de la nave. No es un buen presagio.&lt;br /&gt;–El puerto más cercano es Valarta a treinta y dos millas de aquí. ¿Creen que aguante la maquinaría hasta llegar allá? –pregunta a través del intercomunicador.&lt;br /&gt;–Si señor, pero no más. –es la respuesta.&lt;br /&gt;–De acuerdo– dijo a sus hombres en sala de maquinas mientras que a los viajeros declara:&lt;br /&gt;–Señores, no podremos llegar a Fraustia en un solo vuelo como planeamos; habremos de hacer escala en Valarta. Aun nos encontramos a mitad del camino y Valarta es puerto aduanal controlado por Ejército Negro. Prevénganse.&lt;br /&gt;Dicho esto, el navío viró hacia la derecha cruzando el espacio aéreo de la región cuatrocientos cinco hacia Valarta. Cada uno se retiró a la posición que tomaban antes de iniciar la discusión recobrando lo mejor que podían la tranquilidad. Sin embargo, un escalofrió recorrió la espalda de Wolph, el vello de la nuca se erizo al momento que sus ojos se abrieron aun más previniéndose ante un peligro eminente. Un presentimiento tan intenso que lo orilló a levantarse de la escalera y subirla hasta llegar donde Sfrener.&lt;br /&gt;–Capitán… yo… –dijo sin atreverse a verlo a los ojos y frotándose las manos. Tenía miedo.&lt;br /&gt;–Lo sé Wolfy. Entiendo. –respondió Manx Sfrener a su amigo.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-8424636079823482681?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/8424636079823482681/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=8424636079823482681&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/8424636079823482681'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/8424636079823482681'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2007/07/tiempos-de-paz-navegantes.html' title='Tiempos de Paz - Navegantes'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-2355311324690988171</id><published>2007-06-19T16:21:00.000-05:00</published><updated>2007-08-25T00:32:12.911-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Tiempo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Paz'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Guerra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mar'/><title type='text'>Tiempos de paz - Incorporación</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;color:#993399;"&gt;El viento de la férrea mañana no deja de lastimar las rocas resquebrajadas del acantilado. La furia del mar aun alto no mengua a pesar de la presencia de los primeros rayos de sol. El día nace pero no trae consigo el sosiego de las esperanzas. El cielo sigue teñido de rojo no permitiendo olvidar los terribles pasados que se vivieron en todo el mundo. Las gaviotas cantan lamentos insufribles hasta ahora son reconocidos, premoniciones que nunca se atendieron. Las lágrimas siguen vertiéndose sobre las tumbas de los desaparecidos, corren en arroyos salados hasta mezclarse con el mar. Ese mismo mar embravecido que no deja de ser admirado por un muchacho. En cuclillas, al borde del precipicio contempla el fragor de las olas golpeando los peñascos agudos que en el fondo se encuentran, observa la inmensidad de un mundo que, a pesar de ser inocente, mucho ha padecido por los designios humanos.&lt;br /&gt;            La espera ha durado la mitad de la noche. Cuatro almas encontradas por destinos diferidos convergen en un mismo lugar. Una pantalla de hierro oxidado aun muestra las descoloridas palabras que señalaron el nombre de este lugar. Los nombres ya no existen, toda la tierra es una sola, un solo reino al que solo sus ciudades nacionales pueden recibir la categoría de ello, ciudad. Mas este mirador fue llamado antes de la guerra como Punta Silfius. Familias constantemente se acercaban a descansar entre la verde hierba que crecía por el peñasco. Extraña arquitectura natural que permitía la convivencia de la fría e inerte roca con la vegetación incipiente que crecía a lo largo de ella. Las flores y el pasto han desaparecido, todo es árido. Pero ahí, de pie se encuentran cuatro espíritus decididos a no perderse en la iniquidad de lo mediocre.&lt;br /&gt;Wolph observa con temor las corrientes caudalosas que el mar crea y destruye sin piedad. Todo aquello que ve queda asimilado dentro de él, se convierte en su ser, en su propia experiencia sensible. Un muchacho de dieciséis años que no tuvo más remedio que escapar de la degradación. El rostro de sus padres ha quedado olvidado. Ahora es Sebastián su tutor, mas nunca llegó a estimarle como a un padre o un tío, solo es aquel amigo que le dejó dormir en el sofá durante los días de dificultad. Solo sabe una cosa mientras mira hacia el horizonte: el miedo. Miedo a caer, miedo al futuro, miedo al hombre que le observa a su izquierda y de la mujer que, junto a él, no le presta atención.&lt;br /&gt;–Bueno Sebastián, –dijo Arthur con impaciencia sin dejar de observar a Wolph– ya llevamos más de cinco horas esperando aquí. ¿Cuándo llegará tu amigo? –Sebastián y Wolph se volvieron al escucharlo hablar, Veronice solo demostró desdén al comentario expresado y mirando hacia otra dirección dijo:&lt;br /&gt;–Habremos de esperar lo necesario, además sabias que el traslado sería al amanecer.&lt;br /&gt;–Claro que lo sabia, no soy imbécil –respondió indignado de que a quien dirigía la respuesta no prestara atención. Entre dientes y con la voz baja añadió –Claro que no, bruja.&lt;br /&gt;La reacción de Veronice no tardó, había escuchado la respuesta y la última exclamación. Sin dudarlo se acerca con sigilo, casi sensual, al ofensor y con un movimiento de caderas le empuja. Arthur no esperó tan sutil ataque puesto que, perdiendo el equilibrio, casi cae al mar a causa de encontrarse al borde del acantilado. Un grito no se hizo esperar, primero de pavor luego de furia.&lt;br /&gt;Arthur se considera el hombre de la misión. Treinta y cinco años, con la experiencia propia de los soldados de los antiguos ejércitos libertadores a los que perteneció en la juventud. Se ufanaba que las emociones dolosas no le afectaban. El estoicismo del soldado, el que vio la muerte a la cara y ahora nada puede amedrentarle. Sin embargo algo le inquietaba, algo le dolía dentro. Jamás se atrevería a decirlo pero sentía las punzadas de una angustia que desconocía: le dolía no tener de quien dolerse.&lt;br /&gt;Aceptó la invitación que le dirigió Sebastián y se halló al lado de tres sujetos que nada en común con él tenían. Solo algo en Wolph atrajo su atención.&lt;br /&gt;–¡Qué te crees, maldita bruja! ¡Casi me matas! –dijo bramando Arthur.&lt;br /&gt;–No exageres, bien vez que no caíste. –con irónica sonrisa respondió Veronice.&lt;br /&gt;–Estás loca.&lt;br /&gt;–Solo un poco, amor. –y le lanza un beso con los dedos de la mano.&lt;br /&gt;Sebastián solo sonríe ante tal espectáculo.&lt;br /&gt;            Wolph se levantó de un salto al ver y escuchar acercarse el gran zeppelín. El viento del norte dejó de soplar; mas un remolino, producto de dos grandes hélices, levantó el polvo y cegó a los próximos tripulantes. Sebastián, Wolph, Arthur y Veronice levantaron la vista ante el enorme aparato de metal que descendía sobre ellos. Similar a un barco, era completamente plateado. Cerca de diez metros de altura y de largo más de 38 metros. Era el monstruo de los cielos. A cada lado de la cabina se desplegaban dos extremidades que apenas sobrepasaban el marco de la nave, sobre ellas se alzaban las dos hélices que giraban produciendo un sonido similar al de un rugido. Es un navío que surca los azules cielos. En la popa, la maquinaria propia de una nave de combate, varios cañones y las respectivas escotillas a los lados para las metralletas como una segunda línea de defensa. Los civiles que durante la guerra observaron como los cielos sobre ellos se cubrían de esos aparatos sintieron el terror de los que comprenden que pronto su vida terminaría. Ahora uno de esos gigantes se acercaba, ya no tenía el poder del arma bélica sino de un crucero que llevaría a sus tripulantes a destinos que no eran lo que en antiguo se buscaban.&lt;br /&gt;            Sin descender a tierra una escalera de cuerda cae por un lado del zeppelín, bajando por ella el capitán de la nave. El capitán Sfrener peleó aguerridamente en la última batalla de Comanod en esa misma nave. Con sus cuarenta años y su heroica cicatriz en el pómulo izquierdo se le entrega el mando sin proponérselo. Al verle en tierra, el grupo admira a un hombre de casi dos metros de altura con la presencia de la milicia pero sin ninguna insignia que lo demuestre. El cabello largo cae sobre sus hombros y sobre su rostro aun cuando el vendaval producido por las hélices lo agita. Una chaqueta sin mangas solo sujetada a la altura del pecho, por detrás se extiende tan larga que toca las corvas de las rodillas, a la cintura un florete envainado. Su pantalón rústico, amplio en las piernas, es sujetado por un cinto de cuero con hebilla de cobre. El peso de sus botas levanta aún más polvo que el ya levantado por las aspas.&lt;br /&gt;            –Señores míos, me presento. Soy el capitán Sfrener. –la cavernosa voz agita por dentro las cabezas de los escuchas.&lt;br /&gt;Dirige su mirada y su sonrisa al frente. Veronice percibe como es observada con cinismo por el fuerte capitán. Una sensación dentro de ella le hace tomar toda su arrogancia y feminidad con tal de jugar con el descarado de Sfrener. Él se acerca, sus rostros quedan próximos uno del otro. Los aromas se combinan, poco faltaba para que ella perdiera el control de la situación y se dejara seducir por aquel hombre, a pesar de ello se repone. Veronice espera ahora el momento en el que él actué para así demostrar ella de lo que es capaz. Sin embargo un paso de su plan se ha visto afectado. Sfrener no se detuvo, avanza hasta alcanzar a Wolph y con su gruesa voz, perfectamente modulada dijo:&lt;br /&gt;            –Veamos que tenemos aquí. Un buen mozo en la tripulación.&lt;br /&gt;            Veronice permanece inmóvil contemplando la escena. Olvidó sus artes de seducción y fatalidad dejándose llevar por el desconcierto y la vergüenza. Arthur no logra reprimir su aflicción: su rictus se conmociona ante las palabras dirigidas al muchacho. Wolph permanece en silencio, asustado y desconcertado. Aumentaron ambas emociones cuando el militar, sin pensarlo, se abrazó a su cuello por las espaldas, y acabó acariciándole la cabeza.&lt;br /&gt;            Una extraña ira se apodera de Arthur quien, levantando la mano hacia su espalda, toma del mango la espada con un fin que no tiene claro en la mente. Sebastián lo sujeta del hombro y con una sonrisa cándida, asomándose entre el bigote y la barba, dice:&lt;br /&gt;            –Cálmate Arthur. Solo están jugando.&lt;br /&gt;Arthur obedece. Sin reticencias mira de punta a punta a Sebastián. Claramente ve que es el mayor de todos, casi cincuenta y cinco años. La edad no pasaba de largo puesto que sus signos se presentaban en él: cabello blanco aunque corto, largas barbas y bigote que le cubren prácticamente todo el rostro, los anteojos cuadrados, además de esa larga capa que le señoreaba más; grandes hombreras labradas según se percibe, una coraza le cubre el abdomen, ceñido a ella sus pantalones blancos, además de guantes protectores a lo largo del brazo hasta alcanzar el codo. Un viejo que se cree útil cuando en su juventud tal vez lo fue. Con ironía en la mirada y condescendencia en el corazón Arthur palmea la espalda de Sebastián y le dice:&lt;br /&gt;            –Muy bien Bastián. Pero has que ese tipo deje de perder el tiempo con el niño.&lt;br /&gt;Sebastián aceptó el reto. Desconociendo la forma en que salió disparada, una roca golpeó la cabeza de Sfrener. Arthur se quedó admirado al ver la velocidad con la cual ejecutó toda esa acción Sebastián. Después de todo no están viejo, pensó para sí.&lt;br /&gt;            –Capitán Sfrener,  tal sea hora de irnos. –declara Sebastián.&lt;br /&gt;            El gigante suelta a Wolph quien cae al suelo al perder la fuerza que lo sostenía, el abrazo del comandante.&lt;br /&gt;            –¡Vamos señores! –grita Sfrener con el temple del enérgico capitán, y señalando al frente con el brazo extendido añade: –En marcha al horizonte. Rumbo al norte, esa es la orden. –y con paso firme avanzó en dirección a la nave.&lt;br /&gt;            –Explícame Bastián, ¿De dónde sacaste a este loco? ¿Acaso podemos confiar en él? –Preguntó Arthur.&lt;br /&gt;            –No. Temo que sería un error confiar plenamente en él. Quizá ni siquiera nos lleve a destino. –responde son fingido candor.&lt;br /&gt;            –¡Qué! ¿Estas también tu loco? –repara Arthur.&lt;br /&gt;            –Tranquilízate, tal vez no sea digno de confianza pero si de compartir nuestro viaje.&lt;br /&gt;            –¡Eso no es ningún consuelo! –refuta iracundo Arthur. Sebastián se aleja de él y espera que se calme.&lt;br /&gt;            Veronice se mantiene apartada, desconcertada por el hecho de que un hombre no haya caído a sus encantos. Ella es el deseo de cualquier varón: veintiún años, la belleza de las nacidas en la isla de Isbelt (cabello negro y deslumbrante, los ojos de felino que resplandecen ante toda luz, el rostro del ángel inocente pero perturbador, y el cuerpo soñado de las sirenas) y además la certeza de poder hacer que todos sean sus esclavos, jóvenes y viejos, a causa de su gracia. Pero Sfrener no se dejó amedrentar. Una excepción a la regla, una llaga que jamás sanará. Ahora está furiosa, no perdonará tal ofensa.&lt;br /&gt;            –¡Veronice! ¡Wolph! Nos vamos. Tomen sus cosas y acérquense. &amp;shy;–grita una voz.&lt;br /&gt;            Ya los cinco se encuentran reunidos, se conocen por lo que desconocen de cada uno. Aliados para sobrevivir, o quizá para vivir. Sin embargo el inicio del viaje no resulta para ninguno satisfactorio. No existen reales esperanzas o deseos que les motivaren continuar. Solo una ilusión los acarrea, la ilusión que algo nuevo espera más allá de la línea del horizonte.&lt;br /&gt;Sfrener ya se encuentra en la cubierta ayudando a subir a Sebastián. Arthur sube la incierta escalera mientras Veronice toma el extremo de ella para iniciar el ascenso. Solo Wolph mira atrás por última vez. El sol resplandecía plenamente sobre las olas del mar.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-2355311324690988171?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/2355311324690988171/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=2355311324690988171&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/2355311324690988171'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/2355311324690988171'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2007/06/tiempos-de-paz-incorporacin.html' title='Tiempos de paz - Incorporación'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-5202640606643309963</id><published>2007-06-13T18:08:00.000-05:00</published><updated>2007-08-25T00:34:53.459-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Tiempo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Paz'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Guerra'/><title type='text'>Tiempos de Paz - Introducción</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;color:#993399;"&gt;Por fin la guerra había terminado. La sangre en los campo vertida fue tragada por la tierra, ningún sonido de dolor por la lucha quedaba ya. Las legiones de hombres y mujeres que pelearon por un ideal habían desaparecido. Era en verdad el fin de la matanza. Luego de tantos años de aguerridas luchas reinaba la paz, como en antaño. Toda la historia tenía como desenlace esta victoria.&lt;br /&gt;            En el campo de Comanod solo queda la bandera de uno de los mayores ejércitos jamás instaurado en el mundo. Las fuerzas unidas de las grandes potencias políticas y económicas, las que dirigían los destinos de sus vasallos, desplegaron a todos sus hombres para luchar contra el ejército enemigo de la humanidad. Todos sabían que ellos eran los malos, sabían que en algún momento aquel país, que en otras ocasiones causó los peores males al mundo, se revelaría con su enorme arsenal tecnológico y humano. Había firmado contratos, convenios, paces, y demás papeles con tal de que la violencia en todo el planeta terminara. De hecho se creyó, ingenuamente, que este país, devastado y reconstruido por la fuerza de sus hijos, debería ser el prototipo de naciones. La mejor educación y cultura, los artistas y talentos científicos más destacados del orbe, la belleza de su gente, y las políticas ya económicas ya legales, eran las mejores para seguir. Los mandatarios aplaudieron esas disposiciones y muchos se apegaron a tales argumentos. El mayor error era cometido.&lt;br /&gt;Intrigas, asesinatos, violencia, pobreza… la decisión tomada solo beneficiaba a unos cuantos. Los ricos y poderosos, empresarios y políticos, obtuvieron mayor fuerza. El resto de la población se convirtió en los “desposeídos”. Estos recordaron las lecciones que hace tantas décadas sus ancestros enseñaban. ¡Luchar por el bien de todos! ¡Caída de los poderosos! ¡Reparto equitativo del capital! Con embravecidas voces se alzaron los “desposeídos” y una guerra civil inició en los países del orbe.&lt;br /&gt;La consecuencia de las revoluciones produjo la caída de gobiernos y reelaboraciones en las leyes. Nacionalizaciones y nacionalismos, todo con el fin de recuperar lo que los cambios anteriores habían producido. El saldo final: finanzas en quiebra, montañas de muertos, familias destrozadas, desaparición de la cultura y las artes, la muerte interna de los sobrevivientes. Toda la tierra en crisis. Solo una nación se encontraba en pie. Un país que a pesar de ser tocado por las desavenencias internacionales nunca perdió la fuerza ni el soporte de sus instituciones, sus finanzas y sus planes.&lt;br /&gt;No hubo tiempo para la reconstrucción de los pueblos devastados. Una amenaza extranjera se cernió sobre ellos. La primera potencia mundial, Rottemberge, derribó sus fronteras para dar paso a sus ejércitos. Los pequeños y maltrechos países fronterizos fueron los primeros en caer, no tanto por la fuerza sino por los convenios anteriores, la dependencia de ellos hacia su gran benefactor. Las regiones al sur y al oeste resistieron los embates pero solo pocos meses.&lt;br /&gt;El nuevo imperio se extendía con lentitud pero siempre con codicia. Durante años su plan tomó forma, creó una ilusión económico-política con tal de que el resto del mundo se rindiera ante su ingenio. La estructura ideada por ellos solo era útil para ellos mismos, el resto de las naciones que se adaptaron a tales mecanismos se dieron cuenta muy tarde de los efectos secundarios a largo plazo de esta nueva estrategia. La dominación comenzó mucho antes que la nueva guerra que iniciaba.&lt;br /&gt;Los gobiernos de los países, las antiguas grandes potencias, que sobrevivieron mejor la crisis se aliaron con tal de evitar al nuevo imperio su avance por tierra, aire y mar. Estados menores, que fueron hechos a un lado por los más fuertes, se enfrentaron solos contra la amenaza que tocaba sus territorios. Todos ellos fueron derrotados en el primer asalto. El resto, los que conformaron la Alianza, soportaron durante años el hambre, las enfermedades, la muerte. Las esperanzas de los dominados se desvanecían al ver las derrotas de los reinos y repúblicas alianzadas.&lt;br /&gt;En Comanod se jugó la última carta. Luego de muchas derrotas y pocas victorias, los Alianzados descargaron toda su fuerza militar y estratégica. El destino parecía que les daría la victoria. Espías en el bando enemigo, organización militar exacta, armas de un poder destructivo y devastador, los aparatos de tecnologías prácticamente mágicas capaces de proezas indescriptibles,  los mejores hombres y mujeres en las brigadas en pro de la defensa nacional, el espíritu de libertad; todo estaba en sus manos.&lt;br /&gt;Pero todo ello fue en vano, el ejército de Rottemberge no tenía miedo de morir por el ideal del líder. Se arrojó contra los adversarios. Enormes zeppelín de hierro disparaban desde los cielos, con ello se aniquilaron a las fuerzas primarias de los Alianzados. Aviones kamikaze explotaban al chocar con los de los buenos. Las bombas se detonaban aun estando elementos de ambos ejércitos en el campo de batalla. Ya no era por la defensa de sus países, ni por la soberanía, ni por el afán de vivir, simplemente era el gusto por la violencia y la crueldad. Vejaciones y actos inhumanos fueron cometidos en las líneas enemigas respectivas. Los Alianzados perdían hombres, los de Rottemberge surgían de la tierra ensangrentada. La victoria decisiva fue para el ejército negro, Rottemberge con Félinx Äcton a la cabeza. El mundo: sus cielos, mares y tierras pertenecían a un solo hombre y a una sola nación. Los malos habían ganado. El grito de victoria resonó sobre los destrozados restos de los héroes que no serían recordados. El Ejército Negro plantó su bandera sobre la cabeza del finado general Octanger, no hubo viento que ondeara el lábaro.&lt;br /&gt;Las noticias no se hicieron esperar. En Blive, capital de Rottemberge, la euforia llenó las calles. Hombres y mujeres, vestidos con sus mejores galas, celebraban bebiendo champagne y golpeando sus copas unas con otras. Los niños, desconociendo la verdadera razón de toda esa alegría, se unieron a la celebración cantando melodías donde se ensalzaba el nombre nacional y su gran ingerencia en el mundo. La gran mayoría de las personas desconocía las consecuencias de toda la guerra. Las masacres, los delitos inhumanos, las miradas de terror de los pobladores de los países conquistados, la miseria en que vivían los nativos ya sean de Zôrgen o de Miconelos. Dentro de Rottemberge todo es el esplendor de la modernidad y la bonanza, fuera de sus fronteras solo se encuentra el trabajo ingrato de los labradores y jornaleros que alimentan al país. Familias de trabajadores que al enterarse de la noticia rompieron a llorar. Sus ilusiones terminaron. Por la mañana regresarían a sus labores y lo mismo ocurrirá la siguiente mañana sin remedio. Hombres y mujeres se abrazaban con tal de menguar su dolor. Los niños solo sollozaban sin entender el sufrimiento de sus mayores. Ancianos, de los pocos que había, morían sin sonrisas pero resignados a que nada peor habría en el más allá. La misma realidad era vista con diferentes ojos.&lt;br /&gt;Las celebraciones en Blive se extendieron hasta muy entrada la noche. Los poetas cantaron odas a las derrotas de las huestes enemigas. Programas en los aparatos telecomunicativos no dejaban de narrar las valientes hazañas del Ejército Negro y de Félinx Äcton, de lo que trajo consigo la nueva era en Rottemberge. Todo era felicidad y a pesar de todo ningún disturbio se presentó. La energía de los habitantes de Bliev y en todo el país estaba bien controlada. Los guardias policíacos vigilaban, nadie se atrevía a encararlos o a hacer algo que perturbara la paz. Se había aprendido de la forma difícil que el poder es más fuerte que el espíritu.&lt;br /&gt; Aún así, y sin que nadie sospechara, un hombre se escabulle entre los gritos y los brindis. Un tipo común vestido de una camisa verde que deja ver sus brazos a la altura de los hombros y su pecho. Pantalones, café con una línea azul en la costura de la pierna, metidos en el interior de unas botas negras con varias hebillas, además de llevar el cinturón sostenido por las caderas. Veinte años cuando mucho le darían a aquel hombre de cabello corto, rostro duro lacerado en una mejilla, sus ojos dejaron de brillar desde hace muchos años, su boca rígida encuadrada por un mentón recio. Varonil y con un fuego en su interior, solo eso podía describirle a la perfección.&lt;br /&gt;Se escabulló por las callejuelas. Trataba de encontrar las sombras para esconderse, las costumbres son difíciles de erradicar. Recordó que esa actitud le haría sospechoso fue así que se irguió, levantó el rostro y sonreía a cada momento. Debía aparentar alegría aún cuando en su corazón, roto por su desgracia, solo podía encubarse la ira y la venganza. Poco a poco se fue alejando de las personas.&lt;br /&gt;El centro de la ciudad se convirtió en una enorme plaza pública donde la fiesta duraría por largas horas más, incluso días. Mientras más se alejaba las luces y el sonido se agotaban. En algunas casas metálicas de color dorado se escuchaban los aparatos electrofónicos y telecomunicativos donde se repetían una y otra vez las palabras de Félinx Äcton, su discurso donde declaraba al mundo unido bajo una sola ley, una sola bandera, ya sin fronteras y sin guerras, sin mal. Las entrañas se le revolvían al hombre que salía sutilmente de la ciudad. Un sabor amargo le llenó la boca y sin darse cuenta comenzó a correr. Tuvo suerte de que un par de guardias no le vieran cuando hacían estos su patrullaje.&lt;br /&gt;Al llegar al extremo de la ciudad vio las grandes rejas que dividían la tecnología de la naturaleza. Sabía por las narraciones de sus mayores que el hombre y el medio ambiente nunca fueron amigos, que el primero destruía al segundo, pero desde las innovaciones de Rottemberge eso terminó. Todo sería paz y armonía. Todo ello en palabras era tan bello pero al ver el precio pagado solo podía despreciarlo. Los guardias que custodiaban el acceso a la ciudad le vieron con recelo. Él se identificó, Nicolei Barke. Los papeles se encontraban en orden y sin más preguntas salió de la ciudad. Tomó su motocicleta del Centro de Custodia Motora y desapareció en la oscuridad del mundo salvaje, por caminos que solo él conocía y también conocería.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-5202640606643309963?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/5202640606643309963/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=5202640606643309963&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/5202640606643309963'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/5202640606643309963'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2007/06/tiempos-de-paz.html' title='Tiempos de Paz - Introducción'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-6915515896400567974</id><published>2007-06-13T18:02:00.000-05:00</published><updated>2007-08-25T00:36:31.655-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='conversación'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='lobo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='noche'/><title type='text'>Una Conversación Ilustre II</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;color:#ff0000;"&gt;“¿Cuántos años habrán pasado ya? Que tontería si solo hemos caminado un cuarto de hora.” –este pensamiento surgió de improviso en mi cabeza. Fernand permanecía en silencio mientras que yo intentaba llevar el ritmo de sus pasos.&lt;br /&gt;Las calles, conforme avanzábamos, se volvieron más sombrías. A pesar de que el alumbrado público (el poco que funcionaba) emanaba luz suficiente, me parecía que cada vez que adelantábamos camino la noche se tornaba más densa.&lt;br /&gt;Seguía a Fernand desconociendo incluso las razones que me motivaban a hacerlo. Durante los primeros minutos sentí el impulso de decir algo, pero en el momento de intentarlo no encontraba palabras para expresarlo. Me debatía entre el hablar y el callar, y es que encontraba al mismo tiempo agradable el silencio que entre nosotros imperaba pero molesto y frustrante también. Me limité a permanecer en silencio al ver que ninguno de mis intentos por reanudar la conversación era fructuoso.&lt;br /&gt;Le veía caminar, se había colocado su saco sin abrocharlo permitiendo que conforme marchaba éste se moviera libre hacia atrás. Caminaba con suma elegancia, incluso con aire altanero. Su espalda completamente recta y a cada largo paso que daba movía con igual ritmo sus brazos. Todo ello provocaba la ilusión de que avanzaba con lentitud, aunque en realidad prácticamente tenía yo que correr detrás de él.&lt;br /&gt;Mientras cruzábamos una avenida, que hace algunos años era canal de aguas negras, escuché un sonido de lo más triste. Un lamento que imploraba el fin de la pérdida de tantos hijos que se marchaban, el suspiro de las esperanzas rotas y ya olvidadas, el grito de una banshee que rompe la paz del descanso nocturno. Es el silbato del tren que corre hacia las regiones de Mayahuel, su sonido en las noches de mi infancia me despertaba y en mi corazón una nube de melancolía ensombrecía mis ojos haciendo que me cubriera con las mantas y escondiera mi cabeza bajo la almohada, con tal de suprimir tan horroroso y maligno sonido. Desde hacía varios años que no prestaba atención a tal melodía, pero ahora, de nuevo el temor florecía dentro de mi. Me detuve en la acera sin atreverme a continuar adelante, Fernand se había alejado algunos metros sin percatarse de ello.&lt;br /&gt;No tengo escrúpulos para llorar y es que cualquier manifestación de mis sentimientos me resulta placentera, una experiencia casi mística, algo que como humano nunca llegué a experimentar. Pero en esta ocasión no pude desahogarme, podía percibir la pesadumbre que oprimía mi pecho pero no podía expresarla. Desconozco porque tal sonido me ha resultado tan perturbador, mas nunca he negado el dolor que me provoca. Caí de rodillas llevándome las manos hacia los oídos con el afán inútil de callarlo. No resultó. En medio de la nada, en calles abandonadas y en el negro manto de una noche clara pero muerta me encontraba, estaba solo.&lt;br /&gt;–No hay solución donde no hay problema. –dijo una voz frente a mi. Miré hacia arriba y encontré el rostro de Fernand, ya no era aquel que observé en el primer encuentro, ahora parecía estar encarnado. Creí ver a un hombre que no me tenía miedo, siendo que yo aún no me había alimentado lo cual me daba un aspecto lúgubre y fantasmal.&lt;br /&gt;–¿Qué dices? –le pregunté. Me tendió la mano para ayudarme a levantar y sin decir nada más prosiguió con su camino. Extrañado pero sin ponerme objeción alguna volví a seguirlo.&lt;br /&gt;Durante el último trayecto de nuestro paseo Fernand comenzó a silbar una melodía, era en si misma monótona pero poseía un encanto hipnótico, un deleite nostálgico.&lt;br /&gt;Llegamos a nuestro destino. Hasta ahora era para mí un misterio a donde nos dirigíamos. Frente a nosotros se levantaba la enorme torre de marfil, corona de oro blanco que se yergue amenazante y cuya punta intenta lacerar el cielo. Miré asombrado a Fernand intentando comprender que relación tenía él con este lugar pues yo me encontraba completamente ajeno a este sector de la ciudad.&lt;br /&gt;–¿A qué hemos venido aquí? –pregunté extrañado.&lt;br /&gt;–Mira. –y levantando su brazo señaló con su dedo la punta de la pétrea lanza. No entendía a que se refería. Giré mi cabeza hacia donde él indicaba pero solo vi el resplandor rojo de la bombilla.&lt;br /&gt;–¿Qué quieres que observe? –le pregunté.&lt;br /&gt;–Dime –dijo mirándome a los ojos– ¿Dónde esta tu cordura?&lt;br /&gt;Estaba sorprendido. Esta pregunta debería yo hacérsela a él. Me era imposible soportar su mirada así es que la desvié y medité la respuesta a dar.&lt;br /&gt;&amp;shy;–No lo sé. Quizás la haya perdido ya. No, esta muerta.&lt;br /&gt;–Gabrius, ¿vives en un juego? Te hundes en un frágil suelo.&lt;br /&gt;–No me reproches. Eso debiste hacerlo allá. Dejándome caer en mi propia decadencia. –dije mirándolo enojado.&lt;br /&gt;–No me entiendes. Mira como te hundes. Eres tú controlado por ti mismo, un "ti mismo" que se hunde.&lt;br /&gt;Nos acercamos a una banca cerca de la torre y bajo el árbol continuó nuestra charla. La familiaridad con que nos tratábamos pasó desapercibida por mí en esos momentos. Creó que volví a caer en su hechizo, aunque esta vez sin perder todo el control sobre mi.&lt;br /&gt;–Bueno –proseguí –¿Cómo es que me hundo según tú?&lt;br /&gt;–Tu despreció no te permite verte a ti mismo.&lt;br /&gt;–¿Vienes solamente a aconsejarme? ¡Cállate! –Le grité perdiendo la compostura –Tengo suficiente con la impertinencia de Egeria y de Iñigo para que tú me sermonees con estas estupideces.&lt;br /&gt;–No tienes razón para gritar. ¿Acaso sé algo de ti? Mira que solo te presento lo que puedo ver. ¿Las voces ya han dejado de atormentarte? –preguntó sin perder su rectitud.&lt;br /&gt;–Nunca me han abandonado. Día y noche las escucho. Gritan, murmuran y cuando creo que el silencio ha llegado sucumbo ante una nueva voz.&lt;br /&gt;–No son reales. –dijo moviendo la cabeza.– Tu mismo te esclavizas con tal de obtener tus propios logros. Logros que rechazas.&lt;br /&gt;–¡Yo sé lo que veo y oigo! –contesté con brusquedad.&lt;br /&gt;–Eso gritos te pertenecen, te dañan porque has permitido que te dañen. Gabrius, son tus propias palabras las que te acusan. Todas ellas tienen que soportarte por ser tú mismo, aquel que rechaza su querer por un tener que ser humano.&lt;br /&gt;–Todas aquellas posibilidades, todo aquello que aún de bueno hay dentro de mí permito que se hundan junto conmigo. –espeté con la mirada baja.&lt;br /&gt;–Busca esa persona, –dijo con una ligera sonrisa en la boca.– está en el piso, cayó por tomar en cuenta un pensamiento más débil, una razón más débil, cayó por no conocerse, sólo conocer lo poco que piden los demás, que aparenta ser mucho y eso confunde a la cordura y la cansa.&lt;br /&gt;–Bien sabes que somos, quiero decir soy. Soy un engendro, bestia horrible que nunca volverá a lo que fue, un hijo del Dios. –cada vez me sentía peor. Quería huir de ese lugar, pero algo me detenía.&lt;br /&gt;–Mira que te inclinas hacia ambas partes, –continuó Fernand.– te diriges hacia un regreso a tu pasado y también hacia la gloria de tu presente, hay posiblemente una parte más fuerte que otra, pero mientras no lo sepas le das la misma importancia a ambas partes... tienes que conocer cuál es la más poderosa y comprender la razón de inclinarte a cada una.&lt;br /&gt;–Ya no distingo la realidad y la fantasía. –hablaba ya sin saber bien lo que decía. –Las voces, las visiones… todo eso es tan complicado. No puedo aceptarlo y mucho menos soportarlo. ¿Qué es verdad? ¿Hasta donde llega la mentira?&lt;br /&gt;–Es mejor que te compliques tu existencia de diferente manera, –dijo Fernand con una sonrisa en su rostro –te será más divertido y te da más de donde pensar y de donde anclar tu realidad a tu realidad y tu fantasía a tu fantasía.&lt;br /&gt;–¿No es esto una cobardía? Es un afán inútil por huir de la realidad hacer uso de la imaginación. Dejar a un lado la verdad y entrar en el mundo de los sueños. –pregunté disgustado.&lt;br /&gt;–El hombre en su cobardía se refugia en ella, el hombre en su creatividad también, pero en sí no es la imaginación la cobardía, sino el hombre lo es. –respondió Fernand con un aire de superioridad.&lt;br /&gt;–Pero dime ¿qué es la verdad si al fin y al cabo todos los seres y todo lo que veo no es más que mentiras y apariencia? Más me vale existir fuera de este mundo, de esta tierra falsa y maldita. –dije ya molesto.&lt;br /&gt;–Pero la verdad ha sido construida por la imaginación. Realidad y fantasía un día se unieron en lo que pisas, endurecieron esa fusión para que no cayeras a la nada, para que fueras algo que las pisara y las cuestionara y las disfrutara, para que un día decidieras entre los tres caminos disponibles, una, otra, o ambas.&lt;br /&gt;–¿Pero es lícito buscar alguna manera de trascender a esto? ¿Superar toda esta estupidez? –pregunté. Sabía que lagrimas recorrían ya mis mejillas.&lt;br /&gt;–Te es lícito en tanto te satisfaga lo poco que encuentras; –Respondiome Fernand, inclinándose hacia mi –pero ilícito en pensar en un momento dado que lo haz hallado, pues no existe del todo. Existe en el nivel que para ti funciona, en el nivel en que puedes ser pleno dentro de la misma inundación que te engulle, en el nivel en el que disfrutas esa inundación de vida “común”.&lt;br /&gt;–¿Se puede ser capaz de soportarlo y no dejarte llevar por ese caudal, a pesar de saber que no serás libre? –pregunté.&lt;br /&gt;–Saber que serás libre solo cuando ya no necesites nada, al contrario de lo que la humanidad piensa de que la felicidad es tenerlo todo. –respondió Fernand.&lt;br /&gt;–La autosuficiencia. Es entender los límites de ti mismo, ser capaz de tomar tus decisiones, verte a ti en el espejo. No es tener todo, no es tener nada, es tenerte. –Me sentía agitado ante el rumbo que tomaba nuestra conversación.&lt;br /&gt;–Pero la autosuficiencia no es la felicidad, su misma gramática lo dice "suficiencia", es un esfuerzo, es un querer llegar a algo, y hasta un necesitar llegar a algo, a la autosuficiencia. La felicidad es no necesitar nada, no querer nada porque no te hace falta aunque no lo tengas.&lt;br /&gt;Permanecí un momento en silencio. Me sentía exhausto con la charla. Me acomodé en mi asiento, cruce los brazos y elevé la mirada hacia el punto rojizo que iluminaba como estrella la cumbre del enorme edificio.&lt;br /&gt;–Me siento profundamente apasionado por la lógica y la elocuencia Gabrius, –empezó a decir Fernand –combinando eso con una filosofía propia que me satisface... soy simplemente un genio. –dicho esto soltó una ligera risa. Era verdad, se ufanaba de si mismo.&lt;br /&gt;–Sabes, –comencé a decir– creo que la imaginación es la esperanza del hombre, su último refugio contra su propia debilidad. Los miedos y los deseos son descubiertos en ella. Un grito a los vientos que es lanzado en suplica por entendimiento, yo solo puedo dar presencia y videncias, ya que solo me queda avanzar sobre la propia verdad. –Dirigí mis ojos hacia él, ya no me incomodaba su mirada. –Ahora pienso que quizás solo busco algo en que agarrarme.&lt;br /&gt;–Te recomiendo que sean tus pensamientos, pero no aquellas visiones y voces, me refiero a los válidos en respecto a lo que observas, no a los válidos en respecto a lo que fanatizas. –respondió.&lt;br /&gt;Fernand se puso de pie. Inmediatamente hice yo lo mismo. A lo lejos se escuchó la última campanada que anunciaba la hora sexta de este día. Salimos de ese barrio mientras las primeras personas salían de sus casas; mujeres barrían las banquetas, hombres corrían hacia sus trabajos y niños se dirigían a sus alejadas escuelas. Nosotros dos caminábamos por la avenida en la cual me detuve antes de llegar a nuestro punto de reunión. Llegados al cruce de dos avenidas Fernand se giró y mirándome a los ojos, con una expresión dura me dijo:&lt;br /&gt;–Duerme como cualquier inútil humano, o despierta, como el pensamiento en mí en la oscuridad. Te mantienes despierto por temor de que el sueño verdadero sea peor que la realidad como si te gustara tanto esa realidad; despertar a soñar, dormir a la realidad, al fin y al cabo evadir es porque se tiene la libertad, aunque pocas veces verdadera, de despreciar, no precisamente de evadir.&lt;br /&gt;–Creo que soy muy estúpido al dejarme envolver por los asuntos humanos, trataré de ya no permitírmelo. –le respondí en tono de agradecimiento.&lt;br /&gt;El amanecer ya resplandecía, era momento de volver a casa. Fernand tomó camino hacia cualquier parte. Sin pensarlo le grité mientras se alejaba. –No, espera. Déjame beber tu sangre y descubrir en ella el misterio de la eternidad.&lt;br /&gt;–Cuando la imaginación trasciende y supera nuestro amor a la realidad, debate la mente y el actuar entre una antitesis: la superación contra la locura. –me respondió con una sonrisa. –Y continua viviendo, la farsa solo está en quien no sabe hacerlo aprende a hacerlo en vez de morir en vida.&lt;br /&gt;Y observé como se alejaba. Los primeros rayos de sol se elevaban como mariposas y el olor de una suave brisa me sacó del estupor en el que me encontraba. Pero a pesar de todo me di cuenta que a los ojos de un cielo inclemente y despiadado, del que solo surgen gritos de reproche y medias palabras que al llegar a mi se convierten en un completo veneno sarcástico, desnudé mi corazón a un ser igual de maldito, un ser que me ama y a quien amo, pero que me controla más allá de mi comprensión, destruyendo mi poca libertad ya antes falsa, mi imaginación, y me estrella en el suelo junto a los desangrados sentimientos verdaderos.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-6915515896400567974?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/6915515896400567974/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=6915515896400567974&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/6915515896400567974'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/6915515896400567974'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2007/06/una-conversacin-ilustre-ii.html' title='Una Conversación Ilustre II'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-434390774062065433</id><published>2007-06-13T17:53:00.000-05:00</published><updated>2007-08-25T00:37:32.809-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='conversación'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='lobo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='noche'/><title type='text'>Una Conversación Ilustre I</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;color:#ff0000;"&gt;Por las noches esta ciudad se convierte en un caos. Los gritos de sirenas y de mujeres acompañan las melodías de las balas y de las peleas en las calles. Para el amante de la música esta se convierte en su peor pesadilla, pues las notas que escuchara le destruirían el oído. Y a mí, por cualidad divina o maligna, a pesar de poseer tan agudo oído, puedo bloquear aquello que no deseo escuchar. Sin embargo es más duro decidir que no quiero oír que usar tal posibilidad. Tantas cosas que ocurren frente a mí, tantas historias inaccesibles a cualquier mortal son para mí algo que se presenta sin llamarlo, solo levanto mis orejas y me dejo empapar por las voces de la noche.&lt;br /&gt;Sin embargo en esta hora algo muy raro me ocurrió. Encontrábame en el oriente de la urbe, el solo hecho de mencionar que se encuentra uno del otro lado de la calzada se transforma en sinónimo de miedo, peligro, pobreza, deterioro. Durante un tiempo se pensó que el futuro de la ciudad se hallaría hacia el este, pero la ambición y el desaliento provocaron la degradación de la zona. Nadie se atreve a salir de noche en esa dirección y no pocos no pisaran nunca aquella región. Para mi nada de eso importa, nunca he sido molestado por ningún mortal. Y si llegara ha hacerlo… pobre de él.&lt;br /&gt;Aun así y a pesar de que las casonas y edificios más interesantes se encuentran en el poniente, decidí tomar mi paseo por aquello lugares. Caminando observaba como mi sombra se desplazaba ya delante ya detrás de mí. Poco a poco comencé a recordar y a jugar aquellos juegos que en mi infancia disfruté. Saltaba de cuadro en cuadro de la acera o en una rayuela imaginaria volaba. La euforia comenzó a invadirme, saltaba, reía, cantaba, parecía un loco excéntrico. Poca importancia di al hecho de que pudiera ser visto por alguien, pues como he dicho ya, nadie sale de su casa después de la medianoche y quien esté fuera no será para algo bueno.&lt;br /&gt;De pronto algo en el aire cambió. Lo noté quizás ya tarde pero en cuanto lo sentí me preparé para lo que ocurriera. Al cruzar una calle el presentimiento me tomó. La atmósfera en ese momento se trasformó. El frío se tornó en una extraña niebla que se movía como un reptil, incrustándose en los muros como si se anclara para no ser desplazada. El olor a muerte se extendía junto a ese manto acuoso. La visibilidad se hizo imposible, todos mis sentidos se pusieron en alerta, escudriñaron todo lo que pudieron sin embargo no percibían nada. Solo el aroma y esa nube carnívora fue lo que apareció.&lt;br /&gt;Dorvank me mostró la forma más conveniente para defenderme y atacar. Apoyé mi rodilla izquierda en el suelo agachando completamente mi cuerpo, con las palmas de las manos tocaba el suelo y la cabeza sobre el pecho. De esta forma en un instante podría saltar y durante ese momento trasformarme sin ser tomado. Pero el plan no salió como esperaba pues en cuanto tomé tal posición una mano me tocó en el hombro. La impresión fue mayúscula al saberme sorprendido de tal manera. No conocía a ningún ser capaz de disfrazar su presencia como este lo había hecho. De súbito me puse de pie y me alejé algunos pasos de él. Un escalofrío recorrió mi espalda dejándome con la mente en blanco, me era imposible pensar en alguna forma de defensa o de escape o afrontamiento. Sin embargo una ira incontenible se apoderó de mí. Estaba furioso por tal ofensa dada a mi persona. Apreté mis puños hasta hacer sangrar las palmas de mis manos al incrustarme las uñas. Le odiaba.&lt;br /&gt;La nube mantenía escondido tras de sí al ser que tanta vergüenza me había hecho pasar. Mas la luz de la farola me permitió ver su silueta; una sombra negra un poco más alta que yo (otra razón para despreciarlo). Escuché sus pasos acercándose a mí. Eran lentos pero firmes. No me temía, creo que lo que buscaba era que yo le temiera, y más aún creo que lo consiguió. Su cuerpo fue descubriéndose poco a poco. Primero fueron sus piernas, calzaba mocasines y un ligero pantalón negro de corte un tanto entallado pues podía apreciar la forma de sus piernas. El resto del cuerpo emergió de entre las sombras nubosas, una camisa de igual color y de igual textura, con los botones superiores desabotonados mostrando el vello de su pecho. De uno de sus brazos colgaba un saco largo. Su presencia me dejó sin palabras, por un momento llegué a olvidar lo que me hizo sentir, quedé hipnotizado por su estilizada forma y sus elegantes movimientos, tan lentos que creí que jamás llegaría hasta mi.&lt;br /&gt;Fue entonces que salí de mi estupor para ver que frente a mi se encontraba un rostro similar al de un Cristo de mármol, era hermoso. Levanté mi brazo con el fin de tocarlo pero no logré conseguirlo. Algo me impidió continuar con el movimiento. Ese rostro parecía esculpido en piedra, facciones firmes y duras. En sus ojos color miel mantenía yo fija la mirada. Aquella sonrisa era fría pero encantadora y sus labios gruesos despedían una sensualidad tal que invitaban a poseerlos. Su cabello a pesar de ser corto se mecía con la brisa como un trigal danza al viento. Había caído bajo su encanto.&lt;br /&gt;Al punto en que todo esto pasaba por mi mente sentí como sus brazos me tomaban y me atraían hacia él. Me encontré envuelto en su abrazo. Todo en él era frío, su carne, su aliento, su olor. Pero no me importaba. Recosté mi cabeza sobre su hombro e inhalé su esencia. Me percaté que en sí no poseía olor. Sus ropas solo se encontraban impregnadas por los aromas de la noche, de lo viejo, de lo olvidado. Era como sí fuera un recuerdo que quedó olvidado en un desván y que por azares del destino un niño lo sacara de su enajenación y lo regresara al seno del hogar. Esa analogía me provocó una gran melancolía. Respondí al abrazo y me entregué a él.&lt;br /&gt;De mi furia primera pasé a la tristeza y a la compasión. Pero de pronto algo me estremeció de nuevo. Sentí el aguijonazo en mi cuello, ello me sacó de mi sopor y usando toda mi fuerza de voluntad me separé de mi maligno seductor. Tan brusca fue mi exaltación que provoqué que la piel de mi cuello se desgarrara haciendo más grandes las heridas que me produjo el ser y por tanto, unos pequeños chorritos de sangre brotaron de ellos.&lt;br /&gt;Mi corazón se aceleró tanto que al punto creí que explotaría. Me encontraba desconcertado, mi hermoso amante quería desangrarme. La fuerza de las emociones para un ser como yo se elevan tanto que prácticamente son ellas las que nos dominan. Pero el desconcierto provoca parálisis, por ello es el peor de todos, te deja indefenso frente a tu oponente pues eres incapaz de actuar. Al fin tomé conciencia de la situación en la que me encontraba y sin pensarlo más me lancé sobre él. Arrojé mi puño contra su rostro, el presentimiento que quizás se fracturarían mis dedos pasó por un instante por mi cabeza, pero no por ello mengüé mi ataque. Lo siguiente que recuerdo es que me encontraba en el suelo con un pie sobre mi pecho. No sé como me esquivó con tanta rapidez y de alguna forma sé que fue él mismo quien me tiró al suelo. Es un solo movimiento quedé derrotado.&lt;br /&gt;¡Que humillación la mía! Me sentí como un niño al que han castigado después de haber reído a causa de su travesura. Y tendido de espaldas, con los brazos extendidos y siendo rebajado a alfombra de bienvenida, no pude reprimir mis lágrimas. El llanto me sofocaba, hacia tanto tiempo que no sentía tales deseos de llorar. Dejé que mis lágrimas se deslizaran y que mi respiración se entrecortará para evitar algún grito que acabara con mi dignidad.&lt;br /&gt;Quitó su pie de mi pecho y me permitió levantarme. Con rapidez me puse de pie, limpié mi rostro con la manga de mi gabardina y levantando el rostro me disponía a alejarme. Él se interpuso en mi huida y con una irónica sonrisa movió la cabeza en actitud de negación.&lt;br /&gt;–¡Maldita sea! ¿Qué más quiere de mí? – pensé.&lt;br /&gt;–Saber que es lo que te hace tan único y hacértelo saber- respondió.&lt;br /&gt;Me di cuenta que la neblina y el frío habían desaparecido. La noche era tan clara que podían verse un gran número de estrellas en el firmamento. Las calles se encontraban en silencio, solo los animales nocturnos emitían sus sonidos y otros comenzábamos una charla.&lt;br /&gt;Se colocó su saco y me indicó que le siguiera. Ningún deseo tenía en dejarme guiar por él, pero algo dentro de mí, quizá fuera curiosidad, o miedo, o soledad, o un hechizo suyo me obligó a seguirle.&lt;br /&gt;Caminamos hasta alcanzar un cementerio. Muchas leyendas se cuentan de él. Niños que suben al autobús sin que nadie se dé cuenta y justo frente a este lugar se presentan ante el conductor y luego desaparecen. O de mujeres desconsoladas que entran gritando al santo lugar en donde sus lamentos se transforman en alaridos comparables a los de las aves del infierno. Pero eso ya no tiene importancia, solo son historias. Él sorteó la barda de un salto, mientras que yo tuve que treparme a ella y caer del otro lado. Nos sumergimos entre las tumbas hasta tomar asiento en una de ellas. Él sacó un pañuelo de su bolsillo y limpió el lugar donde se sentaría, tomó asiento, cruzó su pierna izquierda, cruzó los brazos y me indicó en silencio que tomara mi sitio. Me senté frente a él, apoye mis codos en mis rodillas y me quedé mirándolo. Aclaró su garganta y se presentó.&lt;br /&gt;–Yo soy Fernand– dijo y me tendió la mano. No me encontraba seguro de si responder a su saludo o no, pero lo hice. Su mano era áspera y dura, incomoda para estrecharla.&lt;br /&gt;–Y ¿qué quieres?– le pregunté yo de nuevo.&lt;br /&gt;–Ya te lo dije. Hacer conocido tu propio ser.– me respondió.&lt;br /&gt;–Eres enigmático. Pero bien, ahora dime ¿Qué eres? ¿Cómo fue posible que hicieras todo eso que hiciste?- dije yo lleno de duda.&lt;br /&gt;–Solo un no-muerto.&lt;br /&gt;–Pero no eres como yo ni como Dorvank, o Leonidas o ninguno de los de la jauría...&lt;br /&gt;–Claro. No soy de tu especie. –su rostro entonces se ensombreció como si un velo le cubriera su palidez-. Yo estoy condenado a vagar por las noches, escondido del sol. Alimentándome de la sangre de los mortales, sin poder volver a lo que era antes. Existir por siempre cubierto de alabastro. Maldecido por un espíritu de milenios que me impulsa a beber la vida como sanguijuela.&lt;br /&gt;–Si, ya creo que eres hermoso, pues me sedujiste y me dejé seducir. No te pareces en nada a los “Hijos de la Luna“. Pero eres igual de monstruoso a nosotros.&lt;br /&gt;–Pero tú tienes grandes ventajas. Recuperas tu aspecto humano, puedes vivir al calor del sol, eres implacable en tu búsqueda, y eres invencible si solo lo deseas.&lt;br /&gt;–Ya dejémonos de tantas alabanzas. –dije cortando de tajó el rumbo que llevaba la conversación– ¿Qué quieres saber?&lt;br /&gt;–No, no quiero saber. Estoy para ver y ser testigo de la decadencia.&lt;br /&gt;–Esto es imposible. –respondí con un bufido– No puedo hablar contigo así. No entiendo que me quieres decir.– luego de decirle esto permanecimos en silencio por algunos minutos mirándonos a los ojos. Los grillos cantaban y los pequeños animales rastreros se desplazaban en busca de alimento.&lt;br /&gt;–Dime –reanudé la conversación– ¿porqué me atacaste?&lt;br /&gt;–Solo fue una broma. Mi intención no era molestarte simplemente quería que te divirtieras.&lt;br /&gt;–Antes que llegaras me hallaba saltando y cantando. Pensándolo ahora, eso resultaba muy tonto.&lt;br /&gt;–Exacto.&lt;br /&gt;–Pero morderme... Eso para mi no es un juego.– espeté indignado.&lt;br /&gt;–Lo lamento. Tal vez fui demasiado efusivo. Además creí que comprenderías de lo que se trataba.– se inclinó hacia mí y levantando su brazo me tocó la rodilla, un gesto que bien podría entenderse como el consuelo que hace un padre a su hijo. Seguí todos sus movimientos con atención temiendo alguna “efusiva” muestra de afecto por su parte. Luego retrajo su brazo y lo depositó sobre sus piernas. Completamente erguido parecía una estatua de bronce, podría jurar que estuve tentado en golpear con mis nudillos la figura para cerciorarme que en verdad hablaba conmigo y no era un simple objeto de ornato al que por alguna razón yo había quedado prendado en un lapsus de locura. Este sentimiento se desvaneció cuando Fernand giro su cabeza a su derecha y dijo:&lt;br /&gt;–Si, soy real. No te preocupes por la locura, es la mejor manera de comprender la realidad.&lt;br /&gt;Estaba encantado por lo que escuchaba. No por el sentido o el significado de lo pronunciado, sino por la voz. Era cansada, o quizás apagada en una garganta que se quemaba cada noche con el fuego de plasma.&lt;br /&gt;–¿La locura permite descubrir la realidad? Pero si todo es una locura. Mírame, mírate, acaso esto que nos ocurrió no pertenece a otro mundo, a otra conciencia. Esto es una completa idiotez.– le respondí.&lt;br /&gt;–¿Y es esto lo que en realidad de molesta? ¿Acaso no descubres la magnitud que representa todo esto para ti o para cualquiera? Me he pasado varios meses observándote. Te he visto recorrer las calles de esta ciudad. Te he visto devorar a tus victimas. Te he visto sucumbir al remordimiento. Y sí todo esto fuera poco he leído tus propias reflexiones y aún así ¿te atreves a quejarte de tan maravilloso porvenir que te depara?- Diciendo esto se levantó de golpe, sin esfuerzo siquiera de apoyarse sobre el suelo. Su mirada, resplandeciente en la oscuridad, me fulminó nuevamente. Mantuvo las piernas abiertas y los brazos cruzados, me parecía el tótem de alguna tribu primigenia.&lt;br /&gt;Estaba perplejo. Apenas iniciaba nuestra conversación y ya había cometido la primera impertinencia. Bajé la mirada, no podía soportar verle a los ojos. Sentía la necesidad de salir de ahí, escapar a cualquier lugar.&lt;br /&gt;Me levanté, no sin el esfuerzo que cualquier hombre hubiera tenido que hacer. Sacudí mi pantalón y el largo gabán, disponiéndome a retirarme. Sin embargo Fernand salió de su inmutable postura y tomándome del brazo me guió hacia otro lugar. Las horas sonaron en las campanas de la Iglesia. Eran apenas las dos de la mañana.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-434390774062065433?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/434390774062065433/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=434390774062065433&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/434390774062065433'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/434390774062065433'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2007/06/una-conversacin-ilustre-i.html' title='Una Conversación Ilustre I'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-1251669751370269897</id><published>2007-03-29T00:53:00.001-06:00</published><updated>2007-08-25T00:38:23.268-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Historias'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='licántropo'/><title type='text'>Reflexiones del pasado</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;color:#ff0000;"&gt;De pie lo encontré, ahí frente a la Iglesia de la penitencia, cuyos muros carcomidos por los años se despostillan dejando caer su negra cantera cada vez que arrecia una tormenta, como la de esta tarde. Ahí estaba, mirando abstraído la caída de las aguas de aquella fuente en el centro de la plaza. La cascada celeste se mezcla con su hermana encerrada entre piedra. He ahí el lugar donde le hallé. Empapado por la lluvia no se movía. La gente corría intentando guarecerse bajo techo del frió temporal. A pesar de ello siempre son bautizados por las aguas divinas. La ciudad se transforma en lago y el diluvio de Noe despierta de entre la tierra mojada la belleza de la melancolía.&lt;br /&gt;            Me encontraba refugiada dentro de un establecimiento comercial. A pesar que son prácticamente los mismos productos que se vendían cuando era niña, me agrada observar los extravagantes diseños de los que tanto de ufana la modernidad. Y siendo a través de los cristales de la vitrina, en la entrada del lugar, cuando le vi. Sus ropas mojadas se estiraban por efecto de la gravedad; su roída gabardina tocaba el suelo y sus botas se hundían dentro de un charco. Su cabello caía sobre sus hombros y en su dedo su inseparable anillo de plata. Aun cuando la lluvia caía copiosa, él no dejaba su porte similar al de un roble. Siempre digno y soberbio. A mi, todo eso me hace sonreír.&lt;br /&gt;            Han sido muy pocas las ocasiones en que he tenido la oportunidad de verlo. A nadie le dirige la palabra, nadie se le acerca, ni siquiera Dorvank lo estima ya. Así que, con esto en mente y aprovechando una escampada en la lluvia, salí del lugar donde me encontraba y decidí saludarlo. Las farolas habían encendido su amarilla luz y las calles se encontraban inundadas. Gabrius no hizo ningún gesto al acercármele. Estábamos los dos mirando a la fuente y sin siquiera pensarlo le tomé del hombro, le guié para que quedará frente a mí y le sonreí. Él solo movió su cabeza, ladeándola y perdiendo su mirada en ningún punto.&lt;br /&gt;            Gabrius –le dije– es bueno verte. Sabes, tengo grandes deseos de hablar contigo…– pero dejándome con la palabra en la boca recibí como respuesta su espalda. Me enfurecí en sobremanera y sin poder contenerme le grite: ¡Idiota! Dando muestra de sorpresa se giró, haciendo imponer su estatura sobre mí. Si lo que deseas es hablar con un idiota, supongo que no me podré negar. Dicho esto, entonó una ligera sonrisa, semejante a la de un niño al que se le ocurrió un chiste.&lt;br /&gt;            Lo que fuera una tormenta se convirtió en una ligera llovizna sin viento. El cielo encapotado se vistió de negro mientras caminábamos alrededor de la plaza. En silencio recorríamos el cuadrado de la acera. Tomados del brazo recliné mi cabeza sobre su hombro, cerré mis ojos y una imagen del pasado se me presentó. Suspire por dentro los años de antaño, los lugares olvidados, las personas perdidas. &lt;br /&gt;            –Dime, ¿de que color eran tus ojos?– La pregunta me sorprendió. Hacia tanto tiempo que no pensaba en mis ojos, y ahora que rememoraba el tiempo viene a mí tal cuestionamiento.&lt;br /&gt;–Creo que eran azules. Azul turquesa. A mi padre le gustaban mis ojos. Decía que eran misteriosos, como los de una bruja, pero que en mi se veían esplendidos. Y…– Al decir esto Gabrius se detuvo. Me miró directamente a los ojos y me dijo:&lt;br /&gt;–¿Por qué perdemos la verdad de nuestro origen?– No supe que decir. Bajé la mirada intentando que esas palabras pasaran de largo sobre mí. Pero no lo conseguí. Era cierto. Desde aquel día funesto dejé de preocuparme por aquellos a quienes amé, de aquellos momentos ilusos en los que mi mente permanecía dormida a la realidad. Sentí deseos de volver a ver a mis padres, a mis hermanos, a mis amigos, a todo el mundo que conocí como mortal. Pero ya es tarde, nada de ellos existe ya. Solo los libros de historia intentan rescatar aquel pasado en el que viví. Al darse cuenta Gabrius de mi turbación me dijo:&lt;br /&gt;–Egeria, Perdona mi insensatez al hablarte así. Pero es que no puedo soportar verme aislado. Paso las noches pensando en la posibilidad de regresar. Aun podría hacerlo. No han pasado más de dos o tres años de aquello. Quizás aun tenga redención. Pero cada vez que paso frente a un espejo ya no veo mis ojos. Ya no reflejo mi propio yo. Veo a un ser que estuvo dormido dentro de mi por años y al que nunca conocí en vida, y que ahora me domina, me transforma, me convierte en él. Otra vez perdóname, vuelvo a caer en mi egocentrismo. No he pensado en como te sientes–.&lt;br /&gt;Me sentía muy mal. Las luces de las bombillas me mareaban. Sentí miedo. Un miedo que creí vencido desde hacia más de trescientos años. Y era un neófito quien me lo producía. No podía soportarlo. Sin pensarlo abofetee a Gabrius con tal fuerza que lo arrojé a un par de metros de distancia. Seguía siendo la mayor entre la manada, era la más sabia y la más fuerte. No podía tolerar tal impertinencia.&lt;br /&gt;Gabrius permaneció en el suelo por unos minutos. Le había noqueado. Me arrodillé a su lado y esperé que reaccionara. Cuando despertó me dijo: No debí subestimarte. Para ser una  “dama de la Colonia” eres bastante aguerrida. Esa expresión me hizo sonreír. Por lo menos no perdió su cinismo.&lt;br /&gt;Le ayudé a levantarse. Aun continuaba empapado por la lluvia. Cualquiera creería que estaría congelándose pero esa sensación ya no nos afecta. Sentimos el calor o el frió mas no tienen importancia para nosotros. Decidimos alejarnos del lugar y caminamos en dirección hacia el parque de las aguas color azul. Antes existía en ese lugar varios ojos de agua de los que se extraía el líquido para suministro de la ciudad. De eso no me queda más que el recuerdo. Esta ciudad era muy hermosa. Manantiales brotaban en cualquier sitio. En los antiguos barrios las casonas se erguían en medio de extensos solares. Y en los bosques que rodeaban a la urbe proliferaban gran cantidad de animales. Fue bella esta ciudad.&lt;br /&gt;Entramos al parque saltando la valla protectora y caminamos hacia el centro para terminar sentándonos en una curiosa banca de cemento. La mayor parte de las farolas no se encontraban funcionando así que permanecimos en la oscuridad. Gabrius se mantenía en silencio mirando el piso. En ese momento me percaté de algo. En medio de las tinieblas me fui a dar cuanta de algo tan obvio, nótese mi sarcasmo. Él seguía utilizando anteojos, pero ya no con las lentes, simplemente usaba el armazón. Lancé una carcajada al tiempo en que me di cuenta de tal cosa. Gabrius me preguntó que me pasaba y le revelé mi descubrimiento, al punto él me secundó en la risa.&lt;br /&gt;–¿Por qué los sigues usando?– pregunté.&lt;br /&gt;–Me gustan. Además estaba acostumbrado a usarlos. Sé que ahora tengo una vista perfecta pero la nostalgia…– y se interrumpió. Claro que entendía como se sentía y no hice otro comentario al respecto.&lt;br /&gt;Permanecimos en el lugar por varias horas. Me hizo preguntas sobre el pasado de la ciudad, sobre mi vida y sobre otros temas. Cerca del amanecer decidimos que era tiempo de regresar a casa. No sin antes pasar por alguna calle y beber algo para el camino. Ustedes entienden de qué se trataba.&lt;br /&gt;Llegados a casa permanecimos un rato en la sala. Encontramos a otros sentados frente al televisor, entre ellos estaba Dorvank y Leonidas, escuchando el noticiero matutino. –Nunca sabes cuando hablaran de ti– decían esos dos. Gabrius decidió ir a dormir y le acompañe a su habitación. Al despedirme de él me dio un papelito doblado en cuatro y me dijo: porqué no te desahogas un poco. Dicho esto me besó la mejilla y cerró la puerta. El papel tenia escrito esta dirección y el password. Así que decidí hacerle caso y aquí me tienen narrando esta noche para ustedes.&lt;br /&gt;Creo que cometí un error, pues no me presenté. Permítanme corregirlo diciéndoles que mi nombre es Egeria de Salvatierra. Nací el año de Nuestro Señor mil seiscientos treinta y uno. Y contaba con treinta y dos años al momento de la transformación. Nunca volví a ver a mi familia, pero ahora tengo a una nueva. El que me transformó ya no existe, pero soy la más longeva después de Dorvank. Describirme físicamente no me agrada solo diré que tuve una gran cantidad de pretendientes. Mi padre fue un Oidor de la Real Audiencia y forjó una pequeña fortuna producto de la importación.&lt;br /&gt;Eso es todo lo que tengo que contar. Espero que les haya resultado agradable esta charla. Ahora fui yo quien les habló de Gabrius. Quizás algún día llegué él a entender que lo que ahora es, y sea libre de si mismo.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-1251669751370269897?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/1251669751370269897/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=1251669751370269897&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/1251669751370269897'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/1251669751370269897'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2007/03/de-pie-lo-encontr-ah-frente-la-iglesia.html' title='Reflexiones del pasado'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-1374081630897939895</id><published>2007-03-29T00:51:00.000-06:00</published><updated>2007-08-25T00:39:05.254-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Historias'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='licántropo'/><title type='text'>Dejad que los niños se acerquen a mí</title><content type='html'>&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El recorrer las calles de la ciudad cada noche le resultaría engorroso para cualquiera pero no para mí. Veo que hay muchos hombres y mujeres que dejaron de disfrutar de la belleza del limosnero leproso que se sienta en los portales del centro, o de los muros atestados de signos y colores que nada dicen pero representan mucho.&lt;br /&gt;            No tengo razón para seguir en ésta ciudad. Sin embargo me es imposible salir de ella. Al caer el sol despierto para disfrutar una nueva noche del infinito número que me esperan. ¿Hay alguna razón por la cual solo salga durante las horas de oscuridad? En realidad no, pero me gustan más las tinieblas y la fría soledad nocturna que el engorroso sol, que baña a todos por igual. La noche fue hecha para pocos, yo entre ellos. Para aquellos que conocen el valor del miedo, que aprenden de la experiencia, que viven para no sentir.&lt;br /&gt;            Como suelo hacer, di un paseo por las calles. Subí las empinadas escaleras de los antiguos túneles céntricos. La Casa de Arriba, a pesar de los años, mantiene la belleza que le imprimió el arquitecto. Aunque es relativamente moderna la fachada de la casa, pues su estilo es llamado Art Deco, mas el interior sigue íntegro al de la época de la colonia. Las personas suponen que el lugar es solo un simple bar para los trasnochadores pero es el hogar de toda la jauría.&lt;br /&gt;Odio seguir el orden jerárquico que impusieron, todo un gobierno para la raza superior que somos. ¡Bah! que estupidez. Salgo de casa sin siquiera presentarme ante los mayores, ni sentarme a su mesa (la cual solo usan para discutir o para crear a otros miembros, para comer están las calles y los barrios marginados). La Casa está como cada noche atestada de gente. Deliciosos mortales. Mas no es conveniente comer de manera tan descuidada, hay que elegir bien a quien se ha de saborear. Pero eso será ya de madrugada, por ahora quiero salir.&lt;br /&gt;Doy vuelta por algunas cuadras hasta llegar a la avenida principal. Desde muy de mañana hasta muy entrada la noche la cantidad de automóviles y de personas es cuantiosa. Camino una hora entre la multitud. Para una ciudad que se tilda de cosmopolita le falta mucho por aceptar, aún se asustan al ver a un tipo como yo. Recorro las callejuelas y observo todo a mí alrededor, aun cuando ya sé de memoria cada centímetro del barrio.&lt;br /&gt;Al doblar una esquina un bastardo se atreve a intentar asaltarme, claro que un simple “gruñido” lo aterroriza. Me encanta ver la cara de estos estúpidos cuando descubren con quien se meten. Llego a la gran avenida, y me acerco a la parada del autobús. ¿Quién podría creer que debajo de las lozas de concreto que cubren a tan ancha calzada se encontrara enterrado un río que en épocas pasadas mantenía con vida a esta ciudad? Pero eso que importa. Un autobús se detiene. En realidad poco me importa a donde se dirija, lo único que quiero es sentir el contacto con las personas. Qué patético me he vuelto últimamente. Los recuerdos no dejan de molestarme.&lt;br /&gt;Subo al autobús repleto de personas que no dejan de amontonarse y aventarse unos contra otros. Por fin avanza el enorme aparato y mientras me sostengo del tubo observo la vida de la ciudad. Los ojos de una dulce niña de rasgos indígenas se abren y dirigen su mirada a todas direcciones, el deseo de conocer y con ello ser feliz se hace presente en ella. Cual bella es, cuanto desearía tomarla entre mis brazos y estrujar su cuerpecito hasta exprimirlo y devorarlo. Luego de una hora bajo del autobús.&lt;br /&gt;Horrible lugar es al que llegué. Calles inexistentes marcan las tinieblas de las casuchas mal construidas. Siento repulsión hacia este lugar. Si estuvieran aquí Frederick y Michel me reclamarían este sentimiento. ¡Oh, pienso en ellos de nuevo! Ya no existen, debo olvidarlos.&lt;br /&gt;Camino levantando pequeños remolinos a cada paso. La inclinación producto de la pendiente del cerro provoca una ilusión surrealista al mirar las casas. La oscuridad es casi total pero se escuchan entre las barrancas las voces de hombres y mujeres que aprovechan las horas para enajenar su mente con sustancias de imposible explicación.&lt;br /&gt;Como me hacen recordar la imagen del estúpido de hace rato, como me hacen reír. Mi figura se esconde entre las penumbras y el sonido de mi andar es indetectable para el mortal. El olor a tierra y desprecio me invaden por completo. ¡Qué repugnante es sentir este olor! Ya me explico la razón por la cual nadie hace nada por remediar la situación de estos seres, nadie puede soportar olerlos. Una esencia de desintegración, de mediocridad, de miseria es lo que los envuelve día tras día. ¡Cuan repugnante es!&lt;br /&gt;Levanto mi brazo a la altura de mi nariz con tal de cubrir un poco ese olor, mas es imposible. La más minúscula partícula de esa mordaz fragancia logro percibir. De pronto el llanto de un niño se hace oír. Un poco más arriba se encuentra el pan de esta noche. Camino en dirección de tan delicioso sonido y casi alcanzando la cima del collado se presenta una choza de cartón y lámina. Y dentro encuentro mi tesoro, un niño en edad de amamantar grita desesperado buscando a su madre.&lt;br /&gt;Nadie alrededor se encuentra. Arribo al lugar para encontrarlo abandonado. El suelo repleto de pedazos de tela informes, una rata corre entre mis pies y un niño en la completa oscuridad gime de miedo ante la soledad de su fin. Me enternezco al verlo. A pesar de la profunda negrura que me rodea logro distinguir a la perfección todos sus rasgos. Es hermoso, tan indefenso. Lo tomo entre mis brazos y le arrullo. El miedo desaparece de su rostro y una pequeña sonrisa se asoma. Otro recuerdo me golpea, la visión de mi hijo se esfuma igual que su vida a través de una aspiradora que lo succiona del vientre de su madre. Mi hijo, mi nada. Una lágrima trata de escapar pero se detiene. Ya no se llorar, ya no puedo llorar.&lt;br /&gt;Veo al niño, él me ve a mí. Un instante de humanidad hace latir mi corazón y en otro la cara del infante esta siendo masticada. Como jofaina rebosarte de vino, así es esta criatura repleta de savia caliente. Carne para comer, sangre para beber y obtengo la vida eterna. No queda mas que pedazos de carne y huesos de mi cena. Tomo una manta del suelo y envuelvo los restos. Salgo de la habitación en dirección opuesta al de la mísera colonia. Ya en un lugar solitario entierro las sobras a gran profundidad.&lt;br /&gt;El camino de regreso me muestra los contrastes en una misma ciudad. De las calles de tierra y casas podridas, a las hermosas piezas de arquitectura de los barrios pudientes. Camino durante toda la noche. Jóvenes y adultos, habitantes de la oscuridad, caminan a mi lado. Conversaciones pasajeras entre extraños son cúmulos de enseñanzas inservibles.&lt;br /&gt;Me detengo en aquella plazoleta donde encontré por primera vez a Aurora. Un poco de fatiga me obliga a recostarme en el suelo desde donde observo las estrellas.&lt;br /&gt;-Buenas noches Gabrius –me dice una voz que conozco.&lt;br /&gt;-¡Aurora! –respondo al saludo. Incorporándome, busco en todas direcciones pero nadie está a mí alrededor.&lt;br /&gt;Me toco los labios recordando aquel momento, parece un sueño que se olvida al intentar evocarlo. El cielo adquiere un color azul, es hora de regresar.&lt;br /&gt;            Ya en casa me siento frente a mi computador y reflexiono sobre esta noche. Escribo la anécdota y trato de entenderlo todo. Recuerdos, olvidos, suspiros, creo que es hora de dormir&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-1374081630897939895?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/1374081630897939895/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=1374081630897939895&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/1374081630897939895'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/1374081630897939895'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2007/03/dejad-que-los-nios-se-acerquen-m.html' title='Dejad que los niños se acerquen a mí'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-6471338420040779917</id><published>2007-03-29T00:49:00.000-06:00</published><updated>2007-08-25T00:39:46.819-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Historias'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='licántropo'/><title type='text'>Primera cita</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;color:#ff0000;"&gt;Los colores violetas del cielo crepuscular han desaparecido y solo el clamor de las aves llena las penumbras entre los árboles. Extraño reducto de la perdida paz de la gran ciudad. Entre transitadas avenidas y ruidos incesantes la pseudovida de los hombres es vivida con un vació en las cavernas ocultas del corazón.&lt;br /&gt;            Camino por las calles donde la hojarasca caída por el frió otoñal me recuerda los años de mi infancia, cuando tomado de la mano de mi madre jugaba con el sonido seco de las hojas muertas. No puedo dejar de emitir una ligera sonrisa ante tal olvidado recuerdo. Creo que es cierto, nunca se olvida nada. Paradójico.&lt;br /&gt;No importa la frescura del viento, no importa la soledad de mi alma, no importa si llegó o no a mi casa. Que importa todo si no me tengo a mí. Comienzo a quejarme, ¿Cómo me atrevo a esto teniendo tan dulce don en mi sangre? Cambio y evoluciono día con día, ¿acaso no soy mejor que los hombres? No importa.&lt;br /&gt;¡Niña! Que me haces caer. Río ante la inútil diversión de los infantes que salen de sus casas. Juegos antiguos y novedosos. Un niño no sabe que quiere pero ya lo tiene. Continuo con mi avance, mientras los mocosos me siguen e intentan que entre a su alegría. Solo extiendo mi mano y toco la cabeza de la niña que casi me hace caer. ¡Maldita sea mi alma!, pues solo logré asustarla con la frialdad de mi tacto.&lt;br /&gt;Sus risas taladran mis entrañas. Un pequeño respiro para dar paso a mi angustia. Me creí de nuevo hombre pero no puedo engañarme. Nada me queda de humano. He perdido a mis amores, he perdido mis razones de seguir existiendo. Me han quitado todo. Y, colmando mi infortunio, no puedo quitarme la vida, pues ya no estoy vivo.&lt;br /&gt;Ah, que dilema. De pronto agradezco y después maldigo. Aprender, eso me dijo Dorvank.  Pero qué he de aprender. Luego de lo que me hizo… No sé, quizás era necesario, quizás no. ¿Cómo se aprende si con cada mirada, con cada sonido nuevas preguntas se forman en mi mente, mientras que las anteriores no hayan respuesta? Mejor dejo de pensar así, me volveré loco antes de tiempo.&lt;br /&gt;Sigo caminando. ¡Oh! Ha llegado a su fin mi calle. El bullicio de una avenida hace su aparición. Ya el cielo se ha puesto su manto de estrellas y el color violeta se tornó de luto. Caminó entre las personas, nadie me llama la atención. No les llamo la atención. Jajaja que simpática anciana, me recuerda a mi abuela, se me ha quedado viendo, me tiene miedo. Sabia mujer que ve lo que los hombres y mujeres jóvenes no alcanzan a discernir.&lt;br /&gt;Una niña y una anciana en mi recorrido. Dos extremos de la vida de la mujer. La niña, un ser moreno y pequeño, su cabello largo y enredado no le molesta para seguir siendo  una princesa en su mundo de fantasía. Y la venerable mujer de años, su baja estatura y cabellos blancos, con su mirada azul que revela una vida llena de dicha y pesar. Las dos caras de la moneda. No, no debo encariñarme, eso solo me traerá nuevo dolor.&lt;br /&gt;Mientras sigo deambulando por las arterias de la ciudad, a través de las luces falsas que iluminan las horas extra de trabajo, siento hambre. Pero la noche es joven, además es fin de semana, mil almas estarán fuera de su hogar y una que otra no regresará.&lt;br /&gt;Un parque y frente a mí una enorme Iglesia. El estilo arquitectónico es fascinante, a pesar del anacronismo de la construcción. Me siento en una jardinera y observo el paso de las personas. La fuente de aguas turbias con su melodía adormece en el letargo del amor a las parejas de amantes que se manifiestan su cariño a través de efusivos toques y caricias. Mientras que un dúo de músicos tocan antiguas canciones donde el amor y la pasión son sus protagonistas.&lt;br /&gt;Siento un deseo morboso por sentir lo que ellos sienten. Desde que soy lo que soy no he sentido el querer carnal. Piel con piel, unidas en un calor sobrehumano, donde el suspiro de ella se acompasa con el de él. Una flor de rosados pétalos en los cuales palpita la sangre excitada del amor prohibido, donde fluidos y hálitos vivificantes dan vida a cada uno de ellos.&lt;br /&gt;En vida no lo sentí y ahora sin ella no lo sentiré. Cierro los ojos e imagino todas las posibilidades perdidas. De pronto alguien se sienta a mi lado. Una hermosa mujer de cabellos negros y rostro blanco. Sus ojos llevan el misticismo de oriente a pesar de su rojo intenso en el iris. Sus labios de carmesí, grandes y deseables me llaman a pecar. Su figura espectral de imposible proporción es seductora. De su bolso saca una cajetilla de cigarros, enciende uno y me lo ofrece. Desconcertado lo acepto, mientras ella enciende otro para si.&lt;br /&gt;–Buenas noches Gabrius. –fueron sus primeras palabras.&lt;br /&gt;–¿Pero me conoces? –es lo que atiné a decir.&lt;br /&gt;–Claro, quien no. –respondió.&lt;br /&gt;–Entonces, buenas noches…&lt;br /&gt;–Aurora –dijo y luego inhaló el humo de su cigarrillo. Yo hice lo mismo.&lt;br /&gt;–No entiendo, ¿quien eres? Y… -y exhale el humo.&lt;br /&gt;–No te preocupes. Es que te vi solo y pensé que querrías compañía, eso es todo. –continuo fumando.&lt;br /&gt;–Gracias, ¿creo? Y ¿de donde me conoces? –dije con el cigarro en la boca.&lt;br /&gt;–Ya te dije, todos te conocen.&lt;br /&gt;–Tú también eres…&lt;br /&gt;–No. Soy algo más. –Y emitiendo una pequeña risita simpática, terminó su cigarrillo.&lt;br /&gt;–Oh, esta bien. Mmm… no sé que hacer. –dije yo dando un pitido a mi cigarro.&lt;br /&gt;–De eso me encargo yo. –y en el acto se arrojó sobre mí. Cayó al suelo mi tabaco y uniendo sus labios con los míos respiró el humo que acababa de inhalar. Un beso que hizo sangrar nuestras bocas, cada uno bebía del otro. Su ánima era ya la misma que la mía ahora.&lt;br /&gt;Después de varios minutos nos separamos. Un hilo de sangre corría en su mentón. Me apresuré a limpiarlo con mi lengua. Ella solo dijo: Gracias. Caminamos dando vueltas a la plaza. Ni una palabra pronunciábamos, ya sabíamos de nosotros lo que necesitábamos saber. Su compañía me reconfortó. Tomados primero de la mano, luego abrazados.&lt;br /&gt;La noche corría y nuestro primer encuentro no terminaba. Mi hambre había quedado olvidada. Aurora, Aurora, Aurora… es en lo único que pienso. ¿Qué clase se maleficio es este? Los hombres y mujeres ya se retiran. La noche aún no acaba pero para ellos ya ha sido suficiente.&lt;br /&gt;Yo soy un niño que desconoce los misterios de la pasión. Un incauto sabio que aprende de lo que ve y oye, pero esto nunca lo había sentido. Lo que anhelaba, lo que deseaba se me ha dado. Lo tengo al fin y no sé que hacer. Viene a mi mente aquella niña y aquella anciana. Ambas asustadas y ambas intrigadas. Esta vez ella, a quien abrazo no me teme ni yo le temo. Mi corazón insangrado, excitado por todo, se desborda de dudas y felicidad.&lt;br /&gt;–Gabrius, ya es hora de irnos. –me dijo Aurora sacandome de mis pensamientos.&lt;br /&gt;–¿Cómo, acaso se acerca el día? –pregunté.&lt;br /&gt;–No, pero yo tengo que irme. –fue su respuesta.&lt;br /&gt;–¿Adonde iremos?&lt;br /&gt;–Ven y te mostraré.&lt;br /&gt;Corrimos entre los coches y las pocas personas que trasnochaban. Subimos a lo alto de una torre en construcción. Y desde ese punto la vista de la ciudad era increíble.&lt;br /&gt;            –Este es mi lugar preferido. –dijo ella.&lt;br /&gt;            –Es hermoso. Mira, el cielo de oriente se tiñe de naranja y amarillos, el sol de acerca. –le hice la observación.&lt;br /&gt;            –Si, lo sé. Pero tú no temes a eso. ¿Qué te puede hacer el sol?&lt;br /&gt;            –Pero tú…&lt;br /&gt;            –No importa, yo terminé por hoy mi labor.&lt;br /&gt;            –¿A que te refieres?&lt;br /&gt;–A que hasta yo necesito de vez en cuando un descanso y...&lt;br /&gt;–No entiendo.&lt;br /&gt;–Jajaja calla. Eres hermoso a pesar de que digan lo contrario de tu raza. Me divertí esta noche. Espero repetirla en el futuro. –diciendo esto se adelanto a mi pregunta callándola con un calido y brutal beso. –El sol ya sale y yo me voy con él. Me llamó Aurora y nunca he de ver una. –y volvió a reír. Ah, que cándida risa.&lt;br /&gt;–Pero dime. ¿Qué pasa? –insistí yo.&lt;br /&gt;–Espera y lo verás.&lt;br /&gt;En cuanto salió el primer rayo de sol a través de las montañas, la figura de Aurora se fue tornando luminosa. Su cuerpo bañado en luz se hacia imponente, y sin saber como una par de alas brotaron de su espalda. Se giró luego hacia mí y me dijo: Por una noche nadie murió en esta ciudad. Y dicho esto desapareció.&lt;br /&gt;            Por mi parte, totalmente desconcertado por lo ocurrido camine el largo trecho hacia casa. Durante ese tiempo me preguntaba el significado de esta aventura y de pronto una idea surcó mi mente. Esa noche no comí, nadie murió en mis manos. Fue una noche limpia.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Una persona vestida de negro a media mañana y con apariencia somnolienta, caminaba por las calles de la ciudad. El cielo azul con muy pocas nubes era testigo de la poca actividad de las personas en una mañana de domingo. Mientras tanto un ser con apariencia humana aprendía una lección: Se había enamorado de la muerte y ella de él.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-6471338420040779917?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/6471338420040779917/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=6471338420040779917&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/6471338420040779917'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/6471338420040779917'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2007/03/primera-cita.html' title='Primera cita'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-1818993544815578011</id><published>2007-03-29T00:45:00.001-06:00</published><updated>2007-08-25T00:41:04.229-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Historias'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='licántropo'/><title type='text'>Los motivos del lobo</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;color:#ff0000;"&gt;No sabes cuanto he intentado sobrevivir a esto que me rodea. Ahora podré hablarte de mi pena. Por fin se fue, o quizás solo este esperando detrás de la puerta abierta, no lo sé. Mira, como podría explicarte mi situación... Lo que ocurre es que he sido secuestrado, pero de una manera imposible. Soy libre de ir y venir por la ciudad y el mundo. De hablar y vivir como desee. Sin embargo, Él esta detrás de mí siempre. No sé quien es ni de donde vino, solo sé que está siempre conmigo. Solo me ha prohibido hablar de Él y de su historia. Me ha amenazado de muerte, más no hacia mí (que sería lo mejor en estos momentos) sino contra los que amo, contra inocentes que nada tienen que ver conmigo. Pero ahora que no está podré liberar un poco de la carga que llevo a cuestas.&lt;br /&gt;Bien, es hora de comenzar no me queda mucho tiempo. Todo inicio en el día de San Narciso hace un poco más de un año. Durante esa noche, un viento frío que hería la piel azotaba con fuerza. El cielo estaba despejado y una gloriosa luna llena iluminaba la noche. (¡Dios! ¿Porqué permitiste esto?) Mientras caminaba de regreso a casa, descubrí con sorpresa que el ya patético alumbrado público no había sido encendido. Solo la claridad del cielo me permitía conocer lo que se hallaba junto a mí.&lt;br /&gt;Con la mochila acuestas volvía de la escuela. Al acercarme a mi casa descubrí las tinieblas que la envolvían. Faltaban unos cien metros de trayecto para alcanzar mi domicilio. Durante los primeros momentos de mi caminata nada extraño parecía que ocurriría, es más, era una hermosa noche que quería disfrutar. Pero al entrar a en el último tramo de mi andar y descubrir la oscuridad que reinaba, un miedo absoluto lleno mi alma. Ninguna alma parecía encontrarse. Todo era silencio y soledad. Traté de tranquilizarme. Qué diablos, otro apagón de los nada frecuentes en esta estúpida ciudad. Continué adelante.&lt;br /&gt;Al entrar de lleno a ese circulo oscuro me di cuenta que en realidad no estaba solo en esa calle. Unos pasos se acercaban a mí por detrás a gran velocidad. El sonido era fuerte, llenaba toda la vía. Me giré para descubrir de quien se trataba. Pensé que quizás fuera un simple drogadicto que buscaba las escasas monedas de poco valor que me quedaban en el bolsillo. Pero descubrí que no era así.&lt;br /&gt;Una figura de enorme talla se alzaba ante mis ojos. Como una escultura tallada en mármol negro que vestía una larga capa que caía hasta el suelo. Todo su cuerpo estaba cubierto. Manos enguantadas, bufanda en el cuello y sombrero en la cabeza. Solo una blanca pero aterradora sonrisa se mostraba. Nunca había visto dientes tan afilados. Se encontraba tan cerca que su olor a sangre seca y su profunda respiración alcanzaba  yo a distinguir. Aunque parecía en exceso abrigador no despedía calor alguno. Solo la gélida noche me cubría.&lt;br /&gt;Su imponente figura me asfixiaba. Mi cuerpo como entumecido por el frío se negó a responderme. No podía dejar de mirar su espantosa sonrisa. De pronto, esa estatua de granito negro se movió. No puedo explicar como supe que hubo movimiento, pues pareciera que nada en Él cambió. Pero sé que le escuché hablar. Su boca no pareció articular palabras más yo sé que lo escuché.&lt;br /&gt;–"Buenas noches mi querido niño. Éstas no son horas para regresar a casa. Aún la noche no ha terminado."&lt;br /&gt;El sonido de sus palabras, ronco, insípido, vació, solo logró helar mi sangre. Un pensamiento vino a mí mente: -yo te conozco, no se de donde ni cuando, pero me eres familiar-.&lt;br /&gt;Una estrepitosa carcajada calló al silencio de la noche.&lt;br /&gt;–"Claro que me conoces mi niño, soy yo, Tú amigo".&lt;br /&gt;Un nudo en mi garganta se formó. ¡Por Dios!, es cierto. De niño solía jugar por las noches en el jardín de la casa. Mi madre gritaba desde el interior que volviera, que en el árbol habitaba un diablo y que me devoraría si no obedecía. Pero yo no tenía miedo, mi amigo fuerte mataría al diablo y me defendería. En que error me encontraba, ese mí amigo era el diablo.&lt;br /&gt;Un espasmo me vino y en ese momento casi pierdo la conciencia, pero el monstruo me tomó de los brazos y no permitió que cayera. La fuerza con la que me cogió fue increíble poco faltaba para que me hubiera roto un brazo. Y sin diligencia me acercó a su rostro, y distinguí en la luz lunar a la bestia. Sus ojos amarillos que capturaron al sol en su último atardecer, y una nariz aguileña que no dejaba de absorber los olores del ambiente, pero lo más perturbador fue su sonrisa que nunca dejaba. También pude notar que llevaba el cabello largo hasta la espalda. Un rostro enjuto como el de un hombre maltratado por la vida y que en su lucha grandes cicatrices le dejaron en el alma.&lt;br /&gt;Otra vez la voz mal usada se escuchó:&lt;br /&gt;–"Mira la luna y el cielo. Ellos han determinado que sea tu tiempo. Se acabo mi niño. Estas muerto".&lt;br /&gt;Un NO quedo ahogado en mi boca. Solo un aguijón en mi cuello sentí. Mi vida escapaba de entre mis manos en un hilo de dulce sangre. La cara de la luna me observaba. Y en un último esfuerzo logré articular palabras:&lt;br /&gt;–"Mi amada luna, cuanto te odio a ti y a tus hijos..."&lt;br /&gt;Desperté de un largo sueño donde las imágenes del pasado se combinaban con las del futuro. Un sabor amargo tenía en la boca. En la mesa de cama había una botella de vino tinto a la mitad y sin corcho, debió ser eso. "Un momento. -me dije- ¿Qué paso?" El recurado de la noche pasada me golpeó de repente y estallé en llanto, me arrojé a la cama nuevamente. Al controlarme un poco alcé la vista y descubrí la ventana. Era de noche de nuevo. Dios ¿qué demonios pasa? Me levanté del lecho y me dirigí a la ventana. Solo la soledad de un bosque se alcanzaba a divisar. Los sonidos eran increíblemente nítidos a pesar de la distancia y el olor era tan fragante, que por un momento olvidé lo ocurrido. Un golpe y el sonido de una puerta abriéndose. Me giré sobre mis talones y ahí estaba...&lt;br /&gt;–"Hijo mío, mi niño –comenzó a decir– no estés asustado. Acaso no soy tu amigo, quizás un padre."&lt;br /&gt;–"Maldita bestia"–  fue lo único que atine decir antes de abalanzarme contra Él. Lo cogí del cuello pero con un rápido movimiento de safó de mis manos y quedé a sus pies.&lt;br /&gt;–"No es bueno exasperarse de esa manera. Aún no sabes lo suficiente. Muchos han muerto por menos que eso." – dijo. No entendía nada de lo que hablaba, pero sabía que sí continuaba ahí terminaría muerto. Me levanté del suelo y me paré delante de Él. Extraño, ahora no se veía tan alto ni imponente.  &lt;br /&gt;–"Ven, es hora." –dijo.&lt;br /&gt;–"Cállate" –respondí. Pero me tomó del brazo, la presión esta vez fue menor, y salimos a la oscuridad. En una carrera de pocos segundos avanzamos varios kilómetros hasta llegar al centro de la ciudad. Justo en ese momento el reloj de la catedral señalaba la media noche.&lt;br /&gt;–"Buena hora. Siempre se ha considerado este momento como un instante mágico." –señaló.&lt;br /&gt;Increíble que nadie se diera cuenta de nuestra súbita aparición. De pronto me di cuenta que estaba vestido igual que Él. Caminamos lentamente, a paso de hombre, hasta alcanzar las inmediaciones del teatro. Un pequeño grupo nos recibió efusivamente. Una lengua extraña era la que entre ellos hablaban, hombres y mujeres tan parecidos.&lt;br /&gt;Se dispusieron a partir. Yo no hallaba el modo de escapar de tal abominación de la naturaleza. Pero siempre estaba anclado del brazo por Él. Caminamos por callejuelas oscuras y deprimentes. De pronto al girar en una esquina, una reluciente casona apareció delante. Que bella casa, única en su tipo. En nada encajaba en la mediocridad de la ciudad. Como si fuese una marcha fúnebre todos entramos al interior. En esos momentos no era capaz de negarme. Bajamos las impecables escaleras de mármol blanco con negro y barandal de plata. Alcanzamos el sótano del lugar. Una mesa redonda de enorme talla abarcaba toda la habitación. Cada uno tomó asiento. Exacto número de cómodas sedes de terciopelo rojo y maderas de caoba y ciprés para los invitados. Yo al lado de Él. Un canto monótono se entonó, de pronto de la nada salieron de la oscuridad unos seres monstruosos pero de extraordinaria belleza física con el cuerpo desnudo que permitía ver sus desarrollados músculos y su potente masculinidad traían atada a una dulce mujer que tiraba de las cuerdas que la sujetaban con el afán inútil de liberarse. No podía moverme. El espectáculo que observaba me parecía infinitamente encantador. Esa mujer atada, su esbelto cuerpo mostrado sin el prejuicio de las ropas me excitaba. Sus pechos redondos se balanceaban con insinuante provocación y sus firmes piernas como la porcelana. El sexo cubierto por ese suave y pequeño vello era irresistible. Su cabello revuelto sobre su rostro histérico le daba el último toque de un sensual baile hacia la muerte. &lt;br /&gt;Los hombres que la sujetaban la arrojaron a la mesa. Su cuerpo liviano parecía flotar sobre las cabezas de los asistentes a la reunión. Brazos y piernas sujetos a grilletes en la mesa impedían que escapara la doncella, pues según mis cálculos no sobre pasaba los catorce años a pesar de que su cuerpo estaba muy bien desarrollado. Un nuevo cántico de hizo oír y el que presidía dijo:&lt;br /&gt;–"Llego el momento. Traed al novicio."&lt;br /&gt;Me levantaron en vilo los hombres que trajeron a la mujer y me depositaron cerca de ella.&lt;br /&gt;–"Toma y bebe, que este es tu destino. Pues has nacido como puro y en la pureza permanecerás."&lt;br /&gt;No entendía esas extrañas palabras. Entonces Él me sujetó del cuello y me dijo:&lt;br /&gt;–"Tu eres uno de nosotros, mi niño. Eres uno de mis hijos. Te he dado mi sangre y te he procreado. Mi semilla la implante en tu larga familia a la espera que tú nacieras. Ahora es tiempo, hijo mío, de que aceptes tu herencia."&lt;br /&gt;Colocó mi cabeza en el cuello de la mujer. El olor, ese olor dulce y palpitante me enloquecía. "Muerde y bebe. Esta es la sangre que te dará la vida eterna."  Imposible negarse a pesar de que mi conciencia me ordenaba evitarlo, pero mi alma, mi espíritu se alzó. La tomé en mis brazos y la poseí. Su vida corrió entre mis labios. La fuerza de mil años se apoderó de mí. Encontré mi verdad. Los débiles gemidos que brotaban de su boca solo incrementaron mi placer. Abrí sus piernas y con mi miembro erecto fuera de mis pantalones la penetré. Nunca dejé de beber de su cuello. El calor del orgasmo y el fuego de su sangre estuvieron a punto de hacer explotar mi corazón. Y cuando exploté dentro de ella, dejó de existir.&lt;br /&gt;De una ventana entró la luz del cielo. La luna alcanzó su plenitud y yo con ella. La transformación fue dura y dolorosa. Mi cuerpo destrozó las ropas que llevaba y una bestia surgió en su lugar. En cuatro patas me desplazaba. Mis sentidos alertas y sensibles no dejaban de escudriñar ningún punto del lugar. El hambre hizo su aparición. Me abalancé contra el cuerpo inerte de la joven y lo destroce con el hocico. Su carne suave y aún cálida me sació. Al final regresé a las dos piernas y los dos brazos. Alguien me cubrió con una gabardina y me llevó a dormir.&lt;br /&gt;Cada día que pasaba y en cada nueva víctima más fuerza adquiría. Pero aún siento el remordimiento de todas esas almas que he llevado a la perdición en mi egoísmo. Oigo sus voces cada vez que siento el hambre y la sed. Se lo he contado a Él pero me dice que es normal (si es posible usar esa palabra en estos momentos). Pero aún siento miedo de esos espíritus, me persiguen. Le dije a Él que quería escribir sobre todo lo que me pasaba y quizás así desahogarme. Pero me lo prohibió a no ser que quisiera ver morir a los últimos amores que me quedan. Sin embargo no pude evitarlo. Me duele mucho, quizás alguien sufre como yo y sabrá responderme. Ya no soy humano soy mejor que eso.&lt;br /&gt;¡Oh no! Regreso, si descubre lo que he hecho me matará. No, matará a mis inocentes. ¡Dios mío esta detrás de mí! Me descubrió. Está transformado, es horrible, monstruoso, hermoso, mortal... Un lobo, un hombre. ¡Dios! Me ha dicho: "Te ofrezco la redención. Elimina todo lo que has hecho de lo contrario..." Creedme que es una difícil decisión pero aquí está. Ahora tú eres mi testigo, guarda mis palabras. Aprehende de ellas…&lt;br /&gt;Ahora tengo por seguro, estoy muerto…&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-1818993544815578011?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/1818993544815578011/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=1818993544815578011&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/1818993544815578011'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/1818993544815578011'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2007/03/los-motivos-del-lobo_29.html' title='Los motivos del lobo'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-4345408916863627119</id><published>2007-03-29T00:21:00.000-06:00</published><updated>2007-08-25T00:41:37.343-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Historias'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='licántropo'/><title type='text'>Prólogo</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;color:#ff0000;"&gt;La noche cae en negra lluvia. La calle está en penumbras y ningún ser se atreve a salir. La tormenta comenzó cuando todos se encontraban ya dentro de la Iglesia. Las débiles llamas de las velas oscilaban con temor ante su inevitable fin. La luz ha quedado rezagada y las sombras dominan el lugar santo. Las fervientes almas de los fieles buscan el asilo del Dios crucificado, mientras que a través de la puerta, una sombra se dibuja gracias al resplandor de un relámpago. &lt;br /&gt;Es la figura de un hombre de alta estatura y noble presencia. Nadie es testigo de su llegada. Viste en completo negro, con larga gabardina de piel que casi toca el suelo solo dejando ver las botas que calza. En la cabeza un sombrero, de ala no muy ancha, que cae sobre su rostro ocultando sus ojos solo permitiendo contemplar su extraña sonrisa.&lt;br /&gt;            Apoya su espalda en el marco de la puerta y con los brazos cruzados se muestra irónico ante lo que ve. Se encuentra empapado pero ni el frío ni la lluvia de la noche le afectan. Ha perdido el calor que la sangre irradia desde su corazón.&lt;br /&gt;            Una campana dorada hace oír su canto y las personas ante la señal, doblan sus rodillas en actitud de adoración. Ha llegado el momento de la consagración. El pan y vino eucarísticos están ya dispuestos sobre el altar. Pronto serán la presencia real del Dios muerto. Ángeles invisibles rodean el cuadro místico de tan gran misterio.&lt;br /&gt;            Incorporándose, el ser oscuro inicia su andar. Hace oír sus pasos a través de la nave principal. Ha dejado caer su sombrero en el trayecto. Sus botas golpean con fuerza el hermoso piso de mármol blanco haciendo que la voz del sacerdote se pierda, disminuya, se olvide. Cruza el recinto a paso lento pero firme. Se atreve a observar con precisión cada detalle de ornamentación del recinto, pues sus ojos son capaces de romper el velo de las sombras. Las columnas parecen moverse según el viento mueve la luz de las velas. El calor de la fraternidad reunida se ha perdido.&lt;br /&gt; Ha llegado a los pies del presbiterio. Nadie ha osado levantar la mirada ni pronunciar palabra, pues sus ojos están velados por el ensueño y serán junto con los beatos íconos mudos testigos del sacrilegio que se realizará. Una segunda campanada se hace oír, la presencia del cuerpo del Cristo es ya innegable, pero nadie adora al Dios.&lt;br /&gt;El Hombre espera que el sacerdote tome entre sus manos el bendito cáliz, para continuar su avance. El Hombre de Dios desconoce lo que frente a él esta ocurriendo, su fe escondida en la oscuridad quedó. El Ministro pronuncia las oraciones de bendición y levanta la copa dorada mostrándola al pueblo. Nadie responde a la llegada del Redentor.&lt;br /&gt;La Bestia Negra sale de su momentáneo letargo por la espera, y a gran velocidad se acerca al altar, arrebata el cáliz de las manos del Hombre Santo el cual no se inmuta ante lo que ocurre. Ahora es cómplice del mal que llegó a su Iglesia, pues igual que sus feligreses ha entrado en un éxtasis profundo, mas sus ojos no se desprenden de los del ser. Ojos amarillos reflejantes de odio hacia la humanidad, un odio que no será capaz de extinguirse sino es al cobrar venganza.&lt;br /&gt;Un rostro alargado y anguloso, con varias cicatrices. Su nariz grande y curvada. Y la sonrisa, ningún hombre podría sonreír así, macabra y horrible, con sus dientes como colmillos afilados.  El cabello negro, largo y enredado cae sobre su espalda. La imagen de un demonio o quizás le de un dios.&lt;br /&gt;Con el cáliz en sus manos, gira su cuerpo hacia el pueblo, quien en ningún momento ha sido capaz de levantar la mirada. Muestra en sagrado objeto presentándolo a los fieles. En ese momento todos ellos despiertan de su sopor y observan como El Ser sostiene sobre su cabeza el vaso de la devoción. Un canto en lengua desconocida es interpretado por Él quien es el único sabedor de sus misterios. Mas de los profundos posos del lugar de los muertos, voces sepulcrales responden a las aclamaciones de la letanía en diversas lenguas.&lt;br /&gt;Acerca la copa a sus labios, su boca deja de prorrumpir sonido alguno. Bebe el contenido el cáliz con avidez. Por la comisura de sus labios corre una gota roja como la sangre la cual cae a sus pies dejando manchada por siempre la tierra.&lt;br /&gt;Al terminar el contenido arroja con violencia el cáliz estrellandose éste contra una pared y creando un sordo sonido cual metal, inundando a todo el recinto con aquel ruido.&lt;br /&gt;Limpia su boca con un pañuelo de seda púrpura el cual deshecha en el acto. Sus ojos, inyectados de sangre, dejan escapar una delgada lágrima. El Hombre comienza a retirarse, sus pasos retumban en los altos muros del lugar. En el trayecto toma de nuevo su sombrero conservándolo en la mano. Nadie se mueve, nadie le detiene, nadie habla, nadie vive.&lt;br /&gt;Al llegar a la puerta de entrada dirige una última mirada hacia el altar, en ese momento siente angustia en su duro corazón, dobla su rodilla y hace la señal de la cruz sobre su rostro. Luego incorporándose, desaparece en las tinieblas de la noche&lt;br /&gt;La luna llena de octubre hace su aparición luego de la tormenta, ilumina la tierra con sus rayos plateados. Una nube pasajera se atreve a cubrir el rostro del astro y un lamento se escucha a lo lejos.  Es un aullido lleno de humanidad, que se hace oír entre las tinieblas de la ciudad en busca de su jauría.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-4345408916863627119?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/4345408916863627119/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=4345408916863627119&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/4345408916863627119'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/4345408916863627119'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2007/03/prlogo.html' title='Prólogo'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-8602133563535636385</id><published>2007-03-09T02:34:00.000-06:00</published><updated>2007-08-25T00:45:48.106-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Historias'/><title type='text'>La casa verde de la esquina</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;color:#000099;"&gt;La casa verde de la esquina siempre se encuentra cerrada su puerta. Vecinos y transeúntes pasan frente a ella sin causarles la menor emoción o intriga. Se han acostumbrado a ver aquella casa con el portal siempre limpio, las ventanas transparentes y las cortinas blancas, las plantas sin la menor apariencia de muerte.&lt;br /&gt;Hace veinte años los niños de aquellos tiempos y sus padres observaron la llegada de sus nuevos vecinos, un hombre con su mujer tomando de la mano cada uno a un pequeño niño de no más de cinco años. A esta familia la vieron entrar pero nunca salir. Un enigma que por varias semanas carcomió la mente de toda la cuadra, que por meses intrigo a los vecinos de al lado y de en frente, y que un año después nadie recordaba que aquella casa de color verde estuviera habitada.&lt;br /&gt;Dos décadas han pasado y por primera vez se ve abierta la puerta de aquel hogar. Un hombre joven sale y saluda a la primera persona que ve, un hombre con gorra en la cabeza, y le saluda cortésmente. Éste recibe el saludo con una sonrisa y se aleja sin saber que es el primer testigo de un milagro esperado inconscientemente por muchos.&lt;br /&gt;Un hombre de fría facción. Su rostro largo termina en un delgado mentón que parece desvanecerse en el cuello. Sus ojos parecen entrecerrados observando y juzgando cada cosa que ve. Un joven normal que viste una playera que a pesar de ser talla chica parece que le queda holgada, y un pantalón de mezclilla azul con zapatillas deportivas blancas. Un chico común, un tipo corriente del que nadie espera nada grandioso de su vida.&lt;br /&gt;El vecino de enfrente lo ve salir de la casa verde de la esquina. Las imágenes de aquella tarde de abril regresan a sus ojos. Un hombre con pronunciadas entradas de calvicie habré la puerta de su nueva casa. Su esposa entra con la cabeza baja solo mirando el suelo en donde colocará el pie para el siguiente paso. Un niño regordete trata de zafarse de la dura mano de su padre y mira hacia atrás buscando algo que nunca tendrá, un día de juegos con amigos.&lt;br /&gt;Solo una persona podía ser, aquel niño sin infancia aparecía frente a la puerta de la casa verde de la esquina. Las interrogantes que por mucho tiempo se tuvieron y luego olvidaron son retomadas. ¿Y sus padres? ¿Y su manutención? ¿Y su educación? ¿Y su vida? Pero la respuesta final estaba ante él. Un hombre salía de esa casa.&lt;br /&gt;Por la noche ya toda la cuadra se había enterado del chisme. Los de la casa verde de la esquina estaban vivos, aunque no lo parecieran. Un muchacho salió de la casa y caminó por toda la calle hasta llegar al final donde doblo a la derecha y se perdió por varias horas. Al atardecer le habían visto regresar con una bolsa de plástico en la mano y entrar con ella a su casa. Por la noche, dentro de cada casa, solo se mencionaba aquel incidente. La televisión permaneció apagada, la radio no emitió sonidos, los computadores no navegaban por la red. Todos en familia hablaban del milagro de la casa verde de la esquina.&lt;br /&gt;La mañana siguiente parecía que la casa de la esquina volvería a su antigua rutina de inactividad pero algo descartó esa idea. El estruendo de un estereo sacudió los cristales de las casas vecinas. Espantosas melodías sin sentido, cantantes en idiomas extranjeros salpicaban con sus desentonos los oídos acostumbrados a la paz de la música popular que se acostumbra escuchar en aquellos lugares. Más que furia fue el asombro de saber que lo pasado el día anterior se repetía. ¿Por qué este cambio en la casa verde? ¿Qué había ocurrido? Las conjeturas no se hicieron esperar.&lt;br /&gt;Aquella tarde las mujeres se reunieron a tomar café en una de las casas vecinas. La charla comenzó como de costumbre. Admiraron el mantel de la mesita de centro, él cual esta bordado a mano y con finísimo gancho. Luego la preguntas de rigor ¿Y tú marido? ¿Y los niños? ¿Qué cosas han pasado durante esta semana? ¿Sabían que la mujer del tendero se va por las noches con el otro mientras dice a su marido que va a la iglesia a rezar el rosario? Pláticas de mujeres que han perdido la oportunidad de divertirse como cuando eran jóvenes, los defectos de antaño son la vida de la madurez.&lt;br /&gt;Por fin llega el momento, después de la segunda taza de café y de un silencio de cinco minutos, para hablar del tema de la semana: la casa verde de la esquina.&lt;br /&gt;–¿Supieron lo de la casa de la esquina?– dijo una de ellas.&lt;br /&gt;–Claro que sí. Todo el mundo se enteró– respondió otra.&lt;br /&gt;–¿Y que dicen de ello?– pregunta de nuevo.&lt;br /&gt;–Pues, –comienza a decir una mujer con vestido magenta– yo creo que son narcos o secuestradores,&lt;br /&gt;–No seas escandalosa mujer. –Le reprende la que se encuentra a su lado– Son solo gente loca. Además según me contaron el señor golpeaba a su mujer y que la mató.&lt;br /&gt;–¿Quién te dijo eso?– preguntó la que respondió a la primera pregunta.&lt;br /&gt;–Pues unos de por allí.&lt;br /&gt;–No seas mensa. Esas son habladas, nadie sabe nada de aquella familia– dijo con orgullo en la voz la anfitriona de la reunión.&lt;br /&gt;–Será lo que será, pero a mi se me hace que si es cierto.&lt;br /&gt;–Yo estoy de acuerdo contigo.&lt;br /&gt;–Basta las dos. –dijo una mujer de chaleco azul– solo hemos visto al muchacho salir de su casa. Quizá siempre lo hicieron solo que de noche.&lt;br /&gt;–Son satánicos– soltó de pronto la mujer al lado de la de chaleco azul –se los decía. O eran narcos o eran cosas del diablo. Pero de que se traen cosas malas no lo dudo.&lt;br /&gt;–Fuera de las tonterías de ella creo que debemos coincidir que son extraños. –dijo poniendo compostura en su casa– Nunca se han mostrado o presentado. Nadie sabe nada de ellos y eso siempre es raro, o mejor dicho incomodo.&lt;br /&gt;–Tal vez– en un susurro comenzó a hablar la última invitada– deberíamos ir allá y presentarnos.&lt;br /&gt;–Eso se hace cuando llegan nuevos vecinos y ellos tienen más de veinte años entre nosotros– dijo con fuerza la mujer que inició la conversación.&lt;br /&gt;–Yo solo proponía algo.&lt;br /&gt;–Pero tiene razón. –dijo la anfitriona– Es hora de saber que pasa en la casa de la esquina. Si es algo malo tendremos la obligación de denunciarlo. Si solo son excentricidades, entonces sabremos que nada malo hay. De acuerdo.&lt;br /&gt;–De acuerdo amiga. –dijo la de magenta.&lt;br /&gt;–Yo también. –respondió la de chaleco azul.&lt;br /&gt;–No sé. –dudó la última amiga.&lt;br /&gt;–No se diga más. –con valentía en la voz señala la iniciadora de la charla.&lt;br /&gt;Y bebiendo otra taza de café comienzan a fraguar el plan para acercarse y conocer los misterios de la casa verde de la esquina. Su joven inquilino y la familia que con él habita.&lt;br /&gt;Las ocho de la mañana y las vecinas barren la calle frente a sus casas. Todas vigilan en silencio la casa verde de la esquina. Los hombres solo vieron la casa al salir de sus hogares rumbo al trabajo. También ellos están nerviosos sobre lo que se encierra tras la puerta de metal plateado. Una hora duraron limpiando la calle. Entre charla y barrida el tiempo se les pasó con rapidez. Cansadas de la falta de acción se retiraron a sus respectivas casas a terminar las labores domésticas. Cerca del mediodía la estruendosa música se escuchó de nuevo. Sabían que los habitantes de la casa estaban ya en labor.&lt;br /&gt;Frente a la puerta plateada de la casa verde de la esquina se encontraban de pie, esperando a ser recibidas, dos de las mujeres de la reunión de la tarde anterior. Su espera duró casi un cuarto de hora y nadie abrió la puerta. El primer intento fue en vano. La música continuó por varias horas ya con un volumen bajo, señal de que los habitantes estaban dentro. Era momento de que entraran los más fuertes.&lt;br /&gt;Luego del suceso que por una semana paralizó los pensamientos de los vecinos de la calle donde se encuentra la casa verde de la esquina, la calma y monotonía regresan. Los niños salen de casa rumbo a la escuela, las mujeres ajetreadas por los deberes caseros no dan fin a su trabajo, y los hombres, esposos, amantes, o hijos mayores, salen rumbo a sus trabajos para sobrevivir una nueva quincena. La noche del viernes de la semana de quincena cuatro amigos, vecinos mutuamente, se encuentran afuera de la casa azul de uno de ellos. Con una botella de cerveza en la mano y en la otra el cigarro encendido charlan, entre risas y comentarios fatuos, los eventos de la semana que termina.&lt;br /&gt;Un sonido les arranca de su simple felicidad. La puerta plateada de la casa verde se cierra con fuerza. El joven hombre que habita la casa sale, viste con propiedad para una fiesta en algún antro de la ciudad. En cuanto los hombres ven la camisa roja con alegorías doradas del joven una voz grave se alza de entre el grupo.&lt;br /&gt;–¡Eh! Muchacho.&lt;br /&gt;Éste voltea, saluda con la mano y una sonrisa esperando con ello satisfacer la curiosidad de sus vecinos. No les es suficiente y la misma voz le llama.&lt;br /&gt;–¡Chaval! Ven. Acompáñanos y tómate una chela con nosotros.&lt;br /&gt;No hay forma de escapar a la invitación. Por mucho tiempo fue libre de las palabras y miradas de sus vecinos, ahora es el centro de su atención. Exhalando un suspiro y moldeando una falsa sonrisa se acerca a la tetrada de camaradas. Uno de ellos le recibe con una botella destapada y se la ofrece. Sin negarse la toma y bebe el contenido hasta la mitad. Comentarios vienen y van, palabras sin sentido son expresadas y los intentos de entablar una charla con su invitado parecen fallar. Solo mutismo y sonrisas obtienen como respuesta. Hacen de todo con tal de sacarle algo, le golpean amistosamente, bromean con él y de él, sacan sus mejores chistes y anécdotas, e incluso uno se atreve a enfrentarlo.&lt;br /&gt;–Ya hombre. Di algo, que pareces momia.&lt;br /&gt;El joven solo se encoge de hombros y sonríe. Los hombres, que entran a la madurez de más de treinta años, solo se miran y sin palabras enjuician la conducta de su interrogado. Un retrasado, un estúpido, un maricón, ¿Quién se cree? Todo esto dicho con la expresión de los ojos. Un conocimiento que el joven jamás aprendió. Luego de un par de horas fue liberado, y sin tardanza se escabulló por la esquina opuesta a la de su casa verde.&lt;br /&gt;–¿Cómo lo ven a ese?&lt;br /&gt;–Pinche pendejo. –y bebió un sorbo a su quinta cerveza.&lt;br /&gt;–Pero si no dijo nada. –sale con una falsa defensa el primero en hablar.&lt;br /&gt;–Pues por eso, cabrón. Se cree mucho ese bastardo.&lt;br /&gt;–¿Qué te hizo para que le digas así? –interrogó otro, mientras daba una pitada a su cigarro.&lt;br /&gt;–Nada, solo me cae mal.&lt;br /&gt;–Ahora resulta… –dijo con sarcasmo el de gorra.&lt;br /&gt;–Cállate cabrón –y terminando con el contenido deposito la botella en la caja.&lt;br /&gt;–¡Bah!, ya ven. No tiene nada solo es raro. –señaló el que fumaba.&lt;br /&gt;–Raro o rarito. –y todos estallaron en risas.&lt;br /&gt;–Será lo que quieras pero me cae en los huevos. –y destapó otra botella.&lt;br /&gt;–A la chingada. –alguien dijo y cambiaron de tema.&lt;br /&gt;Un mes y muchos ya olvidaron la novedad de que uno de los habitantes de la casa verde de la esquina se hizo presente. Las mujeres hablaban de vez en cuando de la hora de llegada del joven hombre la noche anterior y los hombres sobre a dónde iba cada fin de semana además de la manera en que se proveía de recursos. Pero cada vez menos se exteriorizaba todo ello.&lt;br /&gt;Los pensamientos rondan por las noches dentro de los sueños. En el día se manifiestan de la nada en cualquier lugar y momento. Todos se negaban la incertidumbre pero todos la tenían. ¿Dónde están los señores? ¿Por qué no se dejaron ver todos esos años? Superadas sus fuerzas para reprimir sus dudas una noche se dispusieron a actuar. Al salir el joven de la casa verde de la esquina fue abordado por una docena de personas que, desesperadas, decidieron poner fin a su imaginación.&lt;br /&gt;–A ver cabrón. ¿Qué pasó aquí?&lt;br /&gt;–No sé de qué me habla. –respondió asustado el joven.&lt;br /&gt;–Dinos por qué no salían tus papas y tú de esta casa hasta ahora. –peguntó una mujer menopausica.&lt;br /&gt;–Pero si me mudé hace poco. –respondió con extrañeza el joven. Tal respuesta solo agravó la intriga entre los vecinos.&lt;br /&gt;–Entonces ¿y los que vivían en esta casa antes que tú? –pregunta con fiereza un hombre pasado de peso y calvo.&lt;br /&gt;–No lo sé. Yo solo la rentó por estar barata. –encogiéndose de hombros tratando de ser gracioso.&lt;br /&gt;–¿Y quien te crees para no saludar? –gritó una mujer enfurecida.&lt;br /&gt;–Nada… yo solo… que… no socializo mucho.&lt;br /&gt;–¿Y la droga?&lt;br /&gt;–¿Cuál droga?&lt;br /&gt;–La que vendes mocoso. O ¿Cómo te mantienes?&lt;br /&gt;–Trabajo en un antro, soy el que cobra el cover.&lt;br /&gt;–Pendejo, solo para eso nos serviste. –señaló uno de los hombres y luego escupió a los pies del joven. Todos se desilusionaron. El gran misterio que por tanto tiempo los había ocupado y cansado no tuvo conclusión. Solo se conformaron con entender que toda su odisea fue en vano y regresar a la monotonía de su vida.&lt;br /&gt;Todos se alejaron a sus respectivas casas, a sus patéticas vidas que olvidan los hechos del pasado, mientras que el joven caminó rumbo a su lugar de trabajo. Por la mañana siguiente, aún estando oscuro el cielo, regresó a casa y al abrir la puerta una sombra lo recibió.&lt;br /&gt;–¿Qué fue lo que pasó anoche, hijo?&lt;br /&gt;–Nada papá. Solo los vecinos chismosos que no saben ocuparse de sus vidas.&lt;br /&gt;–No me gusta que salgas de noche a trabajar, hay muchas cosas malas en el mundo.&lt;br /&gt;–Ya papá. Ya no soy un niño para que me mangonees con eso.&lt;br /&gt;–Lo digo por tu bien.&lt;br /&gt;–Mejor cállate y toma. Es lo que gané hoy.&lt;br /&gt;–¿En lo de portero o en lo otro?&lt;br /&gt;–No seas estúpido, en lo otro claro está.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-8602133563535636385?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/8602133563535636385/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=8602133563535636385&amp;isPopup=true' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/8602133563535636385'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/8602133563535636385'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2007/03/la-casa-verde-de-la-esquina.html' title='La casa verde de la esquina'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-4877925628200605974</id><published>2007-03-03T01:07:00.000-06:00</published><updated>2007-08-25T00:45:32.237-05:00</updated><title type='text'>Enajenar</title><content type='html'>&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Cuéntame cómo pasó.&lt;br /&gt;–Fue algo raro, no puedo explicarlo.&lt;br /&gt;–Eso ya me lo dijiste, lo que quiero saber es cómo ocurrió.&lt;br /&gt;–Pero no puedo sino entiendo las razones.&lt;br /&gt;–Eso quizá se resuelva durante tu narración, ahora solo habla y cuéntamelo todo.&lt;br /&gt;–Sé que no lo vas a entender…&lt;br /&gt;–¡Basta! Me estás haciendo enojar.&lt;br /&gt;–Perdón. Pues bien, estaba sentado en esa misma banca de ahí enfrente.&lt;br /&gt;–¿Estabas solo?&lt;br /&gt;–No, estaba con Hernán hablando sobre el partido de anoche.&lt;br /&gt;–De aquella noche querrás decir.&lt;br /&gt;–Si, exacto de esa noche. Él vestía la playera del equipo ganador, el mismo al que él le va.&lt;br /&gt;–Igual yo ¿recuerdas?&lt;br /&gt;–Si es cierto, te vi vestido igual en la mañana de ese mismo día. ¿Y a dónde ibas con tanta prisa? Ni siquiera me saludaste.&lt;br /&gt;–Tenía que ver a Mayra y entregarle algunas cosas que me encargó.&lt;br /&gt;–¿Qué cosas eran?&lt;br /&gt;–Oh, que metiche resultaste ser.&lt;br /&gt;–Jajaja igual tú. Pues estaba con Hernán y él me dijo que… pues ya sabes lo de los problemas de la vida, del dolor y cosas así.&lt;br /&gt;–No, no sé. Dímelo.&lt;br /&gt;–Ya mucho hago contándote todo esto, además no pienso hablar sobre lo que hablé con Hernán. Él nunca me lo perdonaría.&lt;br /&gt;–Vamos nunca se enterará.&lt;br /&gt;–No, y déjame continuar narrando como yo quiero.&lt;br /&gt;–De acuerdo, pero verás que luego me lo contarás.&lt;br /&gt;–¡Bah! No lo creo. Duramos sentados como media hora y vimos pasar a Ismael. Parecía muy serio.&lt;br /&gt;–Siempre esta así.&lt;br /&gt;–Pero no como aquel día.&lt;br /&gt;–Deja a Ismael y enfócate en lo que me quieres decir.&lt;br /&gt;–Ah si, tienes razón. Luego de charlar Hernán se despidió y se fue. Solo me dijo que se iría a poner en práctica lo que habíamos hablado.&lt;br /&gt;–Mmm… supongo que ya sé de lo que hablaron.&lt;br /&gt;–No, porque en realidad hizo lo contrario al plan que creamos.&lt;br /&gt;–Es muy bruto el hombre.&lt;br /&gt;–Ya lo creo.&lt;br /&gt;–Sabías que dejaba las llaves del coche pegadas y no una o dos veces, prácticamente era de diario y no solo las del carro, las de la casa y las del negocio también. Adivina por qué lo robaron.&lt;br /&gt;–Solo es distraído.&lt;br /&gt;–No, es idiota. Además siempre está hablando de más, dice cosas hirientes y para quien no lo conoce le resultan ofensivas.&lt;br /&gt;–Esa es su personalidad.&lt;br /&gt;–Ya lo sé, pero luego que se fue ¿qué pasó?&lt;br /&gt;–Pues… lo vi alejarse y yo me quedé sentado un rato más. Hacia mucho calor y a pesar de encontrarme bajo la sombra no me sentí menos acalorado. Decidí recostarme a lo largo de la banca de concreto. Puse mis manos en la nuca y cerré los ojos.&lt;br /&gt;–Te habrás visto como un pordiosero borracho.&lt;br /&gt;–¿Crees que los mendigos esos visten un traje como los que uso?&lt;br /&gt;–Eso no lo dudaría, muchas cosas se ven.&lt;br /&gt;–Pero era yo y nadie pensaría eso de mí. No tengo la facha.&lt;br /&gt;–No te enojes. Por lo que veo eres muy especial en lo referente a como te ven los demás.&lt;br /&gt;–Vivo de mi imagen.&lt;br /&gt;–Cálmate, eso ya es muy exagerado de tu parte.&lt;br /&gt;–Claro que no.&lt;br /&gt;–¿Y qué pasó luego?&lt;br /&gt;–Pues no sé cuanto duré así. Creo que me quedé dormido.&lt;br /&gt;–Entonces solo fue un sueño. Ya decía yo que todo eso que se rumoreaba era pura fantasía.&lt;br /&gt;–Claro que no, ocurrió en verdad.&lt;br /&gt;–Si, por supuesto.&lt;br /&gt;–No me interesa que me creas, yo sé que fue real. Yo sé lo que vi y lo que viví.&lt;br /&gt;–Está bien, sígueme diciendo.&lt;br /&gt;–Te decía que perdí la noción del tiempo. Un sonido me despertó, si es que puedo decirlo así. No sé que fue exactamente lo que produjo el ruido pero si que fue muy estrepitoso.&lt;br /&gt;–¿Qué crees que haya sido?&lt;br /&gt;–Qué sé yo. Un choque, algo que cayó, un grito, solo sonó e hizo que me levantará rápidamente. De un salto me puse de pie y nadie estaba en el parque.&lt;br /&gt;–¿Ni los señores que siempre se sientan ahí?&lt;br /&gt;–Ni ellos. Nadie se veía, además de que ya había caído la tarde y se empezaba a poner oscuro.&lt;br /&gt;–¿A qué hora se retiró Hernán?&lt;br /&gt;–Cerca de las cuatro de la tarde. Y como escuchas no regresé a trabajar, de hecho no tenía intenciones de volver.&lt;br /&gt;–Entonces ¿Cuánto tiempo duraste así “dormido”?&lt;br /&gt;–Te digo que yo solo creía que habían sido un par de minutos, pero parecía que pasaron varias horas. Revisé mi muñeca pero recordé que había olvidado el reloj, entonces saqué el móvil pero se encontraba descargado. No supe que hora del día era.&lt;br /&gt;–Luego…&lt;br /&gt;–Luego de sorprenderme y darme cuenta que había pasado el tiempo solo pude exclamar una maldición. Me froté el rostro y volví a sentarme en la banca. Saqué del bolsillo del saco la cajetilla de cigarros, extraje uno y lo encendí.&lt;br /&gt;–¿No dejaste el cigarro hace seis meses?&lt;br /&gt;–Lo intenté por dos días, luego no resistí más y abandoné mi intento. De algo me habré de morir de todos modos.&lt;br /&gt;–No juegues con eso. Mi padre murió de cáncer en el esófago por ese vicio.&lt;br /&gt;–Ya, no seas tan exagerado. Solo fue uno en ese momento y ya solo tomo un par al día.&lt;br /&gt;–¿Qué ocurrió luego?&lt;br /&gt;–Pues… no sé la forma decirlo. Me sentí como perdido, semejante a estar fuera de mí. No era yo, pero era yo. Lo contrarío a estar presente.&lt;br /&gt;–Lo que fumaste no fue un cigarrillo de los que venden en las tiendas ¿verdad?&lt;br /&gt;–No te burles, que en ese momento me asusté mucho. Pensé que me estaba dando algún tipo de ataque o que quizá enloquecía. Creo que no podía respirar pero no me sentía mal. De hecho no sentía nada, si no hubiera estado consciente de que no me había drogado te daría la razón.&lt;br /&gt;–¿No habrá sido eso? Quizá alguien, sin saberlo tu, de suministró algo.&lt;br /&gt;–No lo creo. Me traté de levantar pero no pude. Podía moverme pero no controlaba del todo mis movimientos. De pronto algo así como una sirena se escuchó, incluso tenía los mismos colores que ellas.&lt;br /&gt;–La ambulancia supongo.&lt;br /&gt;–No te burles. El parque estaba solo y sobre aquellos sonidos era incapaz de determinar de donde venían. Creo que traté de pedir ayuda pero eso no lo recuerdo bien.&lt;br /&gt;–Y qué más pasó.&lt;br /&gt;–Pues no sé. Aquí es donde todo se empieza a poner surrealista. Los recuerdos que tengo están mezclados con otros. Desconozco que fue parte de lo que me pasó en ese día y que es de otros momentos de mi vida.&lt;br /&gt;–Pues tú dirás.&lt;br /&gt;–Te advierto que además no están ordenadas las imágenes, siempre que las rememoro les doy un nuevo orden. Pues bien, recuerdo que mi madre se acercaba a mí y me besaba en la mejilla. Era muy cálido su beso, y yo no le dije nada, me sentía aturdido por lo que veía. Luego un campo de flores, se encontraba lleno de margaritas, dientes de león, pequeños tréboles, y otras flores simples de las que desconozco sus nombres. Todo era muy colorido y yo caminaba sobre esa alfombra. Una casita estaba algo alejada de mí, a mi lado izquierdo. Pero a mi derecha un árbol, creo que un pino, se bamboleaba por el viento el cual, poco a poco, se fue convirtiendo en una ventisca la cual era yo incapaz de soportar. Eran tal la intensidad que llegué a sentir como entraba el aire dentro de mí a través de mis poros y me desgarraba, similar a que si fueran cuchillas.&lt;br /&gt;Un patio cuadrado formado por una bella arquería de color rojo y blanco, en el centro una fuente de cantera que no contenía agua pero olía a humedad. El piso de aquel patio se encontraba forrado por césped finamente cortado, parecía una alfombra en la cual se podría retozar. Los arcos no sostenían un techo, no eran mas que una delimitación que cerraba el patio del exterior seco y feo. Y creo que fue aquí donde comenzó a llover. Llovía pero no mojaba.&lt;br /&gt;En un corredor largo caminaba, sentía en mis pies el frío de las lozas de mármol. Creo que solo vestía el pantalón, si porque sentí una brisa helada en mi espalda. Caminé por mucho tiempo sin ver nada más que las paredes blancuscas y el piso rojizo. Creo que en la pared de mi izquierda había ventanas, pero estaban muy altas y solo dejaban entrar indirectamente la luz del sol. La pared derecha era completamente lisa, solo una grieta en una sección se veía.&lt;br /&gt;Hablaba con una persona. Estuvo muy animada la conversación y hasta parece que le conozco desde hace mucho tiempo, pero nunca la había visto. Le hablo sobre mi infancia y mis secretos, incluso menciono cosas que ni siquiera yo sabía. No puedo describirlo, sé que es un hombre y usa el cabello corto. Es de mi altura, y sus ojos… no puedo decirte, los veo pero no soy capaz de volverlos a imaginar. Me habla pero no escucho su voz, mejor dicho no entiendo el sonido, conozco e interpreto las palabras pero no sé entenderlo.&lt;br /&gt;Estoy en mi casa viendo televisión, pero las imágenes son grises. Creo que es la repetición de una serie vieja, un hombre golpea en la cabeza a otro provocando risa a los espectadores fantasmas. No entiendo la comedia, me levanto del sofá y me dirijo a la cocina. Todo se encuentra oscuro, debe ser de noche. En el horno de la estufa veo como se hornea la cabeza de mi padre, se me hace agua la boca pues llevo mucho tiempo esperando comer tan delicioso manjar.&lt;br /&gt;Ahora estoy en una cama, me encuentro desnudo. Siento como un cuchillo penetra dentro de mi pecho pero no logro moverme ni gritar. Me duele mucho. No sé quien realiza esa cirugía pero es muy limpia pues poca sangre brota. Hay una luz sobre mi rostro. Un líquido es introducido por mi boca a través de una manguera. Quedo con un sabor amargo en mi paladar. Siento como cierran la herida.&lt;br /&gt;Abro los ojos a pesar de que nunca los cerré y veo el parque. Varios niños juegan a mí alrededor, y las familias se disponen a pasear. Los ancianos de aquella banca charlan sobre política, costumbres y los buenos tiempos de ayer. Me sentía desorientado. Revisé mi cuerpo a fin de encontrar alguna señal de lo que había pasado. Pero nada encontré. Mi primera impresión fue que todo eso solo era un sueño pero en el bolsillo de mi camisa encontré una pluma anaranjada de algún tipo de ave. Escucho las campanadas de la iglesia cercana y descubro que son apenas las cinco de la tarde.&lt;br /&gt;–Ahí lo tienes, solo un sueño. Por favor, deja de ser tan melodramático.&lt;br /&gt;–No comprendes que en realidad todo eso pasó.&lt;br /&gt;–Es que es increíble.&lt;br /&gt;–Fue demasiado para mi. Creo que estoy enloqueciendo pero en realidad estuve en todos los lugares y vi a mi madre. Pero lo que más me extraña es la razón de todo ello. Quisiera saberla.&lt;br /&gt;–Es solo tu inconsciente quien te juega una broma, un medio a través del cual resuelves alguna cosa del pasado. Un momento de loquera…&lt;br /&gt;–¿Y la pluma?&lt;br /&gt;–La metiste tú mismo en el saco y lo olvidaste.&lt;br /&gt;–No sé para que te conté todo esto. Sabía que no me creerías.&lt;br /&gt;–Bueno, pero no entiendo por qué te afecto tanto.&lt;br /&gt;–¿Por qué? Pues por que de lo contrarío la gente no me vería tan raro.&lt;br /&gt;–Te estas volviendo paranoico…&lt;br /&gt;–No, no estoy paranoico solo consciente de lo que ocurre a mi alrededor. Mira como esa señora se queda viéndonos feo. O ese hombre no deja de cuchichear con su esposa.&lt;br /&gt;–Tonterías. Nadie se fija en nosotros.&lt;br /&gt;–En eso tienes razón, se fijan en mi ya que soy al único que ven. Ahora lo sé.&lt;br /&gt;–Me asustas.&lt;br /&gt;–¿Qué razón tienes en asustarte? Solo charlo contigo y los demás no te ven, así que poco has de temer. Nadie te hará daño.&lt;br /&gt;–Estás enfermo Arturo, deberías ir con alguien que te…&lt;br /&gt;–Pero si ya vienen, mira.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#000099;"&gt;–Ese es solo un niño.&lt;br /&gt;–Eso quieren que pienses, pero yo sé que me ha seguido. Estuvo donde yo estuve. Si, ya lo recuerdo.&lt;br /&gt;–Basta, no es gracioso. Déjate de bromas.&lt;br /&gt;–No son bromas.&lt;br /&gt;–Claro que sí, y de muy mal gusto. Sabes qué, luego nos vemos por que tengo muchas cosas que hacer.&lt;br /&gt;–¿Cómo que? Yo soy el que hace las cosas, tu solo eres imaginario.&lt;br /&gt;–Ya me cansé de eso. Mira cómo soy de real que te daré un puñetazo para que me creas. Te estas volviendo loco.&lt;br /&gt;–Por supuesto, de lo contrario no te vería ni hablaría contigo.&lt;br /&gt;–¡Cállate! Sabes qué, no eres un buen amigo. No eres confiable. Así es que vete.&lt;br /&gt;–Tú esfúmate.&lt;br /&gt;–No, tú. Ya que tu personalidad resultó ser más loca que yo.&lt;br /&gt;–Estas diciendo que…&lt;br /&gt;–Ciao Arturo, ya no me sirves como escape de la realidad.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-4877925628200605974?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/4877925628200605974/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=4877925628200605974&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/4877925628200605974'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/4877925628200605974'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2007/03/enajenar.html' title='Enajenar'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-116949164983469043</id><published>2007-01-22T12:46:00.000-06:00</published><updated>2007-01-22T12:47:29.840-06:00</updated><title type='text'>Armonizaciones XII</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;color:#ffff00;"&gt;El miedo, nuevamente el miedo intenta seducirme. Intentó huir de él pero me persigue. Los murmullos y las sombras retornaron a mi hogar. Siento sus presencias pero ahora acompañados por un nuevo compañero. Estaba tan bien, en silencio y solo. ¿Por qué debían volver? Es porque recuerdo. El tiempo camina y cada vez se hace más nítidos mis recuerdos.&lt;br /&gt;            Me siento en mi sillón, desesperanzado espero que llegue aquello que durante muchos meses me ha perseguido. Estoy cansado de luchar, de escapar. Únicamente me hago una pregunta ¿A dónde se ha ido la normalidad? Por Dios, esa pregunta de nuevo. Me la he respondido infinidad de veces pero aún me sigue rondando la cabeza. Tal vez el error esté en cómo la formulo, quizá lo que quiero saber es ¿Qué hice para dejar de ser normal? Reconozco que sigue teniendo sus inconvenientes esta cuestión pero es más acertada que la anterior.&lt;br /&gt;¿Qué fue lo que hice? Tal vez enamorarme de Nicolás, pero no de aquel que está ahora bajo tres metros de tierra sino del que conocí una tarde lluviosa. Tal vez dejé que él me sedujera hasta perder la autonomía de mis actos y no preocuparme más por ellos. Quizá haya sido el estorbo entre dos personas; aquel que no es bien recibido en una fraternidad. También pudo ser mis deseos perversos, mis fetiches e ideas que para cualquiera serán deplorables. No puedo ser amado por todos, pero puedo abstenerme de amar o de solo apegarme a algo.&lt;br /&gt;¿Me arrepiento de mis actos? Quizá, a veces creo que si; no estoy seguro. Ahora en la oscuridad, y sin siquiera con la luz de la lámpara afuera de mi casa, veo pasar un interminable sequito de seres, pero es uno el que más terror me produce. Tengo frío, tengo sueño, y unas ganas de que me sodomicen. Extraño momento para que mi libido se despierte, pero estoy desnudo y creo que puedo, al menos, consolarme manualmente.&lt;br /&gt;Y aún pregunto por qué no tengo normalidad. Claramente estoy desquiciado, solo yo tengo tal tipo de preferencia por los hombres (tipos enormes y velludos, un horrible oso es lo que me haría feliz), y de cómo quiero ser sometido por ellos. Soy un ser asqueroso, pero eso es lo que me gusta y no tengo a nadie a quien dar explicaciones. Simplemente me siento mal por no haber cumplido mis expectativas.&lt;br /&gt;De joven pensaba que encontraría a una chica linda, amorosa, que me haría feliz. Estaba lleno de amor para entregar, un romántico que no dejaba de escuchar patéticas canciones de ritmos tenues y sensibles. Pero esta idea solo se gestaba en mi cabeza pues, al mirar a mí alrededor, solo veía a mujeres que nada podían ofrecerme. Sus formas no encendían mis ánimos y las charlas de los chicos, al hablar de ellas, me resultaban desagradables. Yo me sabía hombre, (mejor dicho me sé hombre) pero nada en el mundo femenino me provocaba el menor apetito.&lt;br /&gt;Todo lo que desean los hombres yo lo quería aún más, pero eso solo era un anhelo. Un día caí en la cuenta que algo andaba mal en mis pesquisas. Hace varios años me senté en este mismo sillón e hice retrospectiva de mi vida, analicé cada pensamiento, cada idea sobre mi propia identidad y frente a mis ojos se reveló una verdad que aún siendo evidente (en imágenes, conductas y pensamientos) no quería ver. De niño sabía que no era normal, pero en ese momento me sentí totalmente anormal. Lloré mucho, no quería admitirlo. Necesitaba negarlo pues no quería ser señalado o juzgado o, simplemente ser la comidilla de mis amistades.&lt;br /&gt;¿Esto qué tiene que ver con Ernesto o con Nick? Es la historia de mi existencia la que se unió a la de ellos, así es que si he de responderme he de hacerlo desde el fondo. Yo sé, por supuesto, lo que ocurrió después de mi gran iluminación, lógicamente lo hablé con las personas en quienes más confiaba y comencé a dejar de buscar excusas para cada acto de mi vida. Por fin me sentí libre de algo que no sabía que me aprisionaba. Fue entonces que conocí por medio de la Red a un hombre de esta ciudad. Ya he comentado sobre mis gustos bizarros, pues bien, él calificaba dentro de ellos. Le conocí e intenté enamorarme de él, pero ninguno de los dos estábamos dispuestos a hacer tal cosa. Yo solo quería que fornicara conmigo. Me gustaba el dolor que me producía en cada penetración, el olor a sudor después de que él salía de trabajar como cargador en el mercado, su temible aspecto, la irritación de su pelaje. Él quería un culo para coger y yo una verga para lamer.&lt;br /&gt;Con anterioridad había conocido a Ernesto y a Nicolás, de quien me enamoré realmente, pero sabiendo que eso no podía ser me consolé con “El mamado”, como se hacía llamar mi amigo de la Red. Pero este, cuyo nombre era Mario, vio a Ernesto junto a Nick y a mí en una ocasión mientras caminábamos por la calle y decidió que quería carne nueva. Sin saberlo comenzó a seguirlo. Mario y yo no teníamos ninguna razón para no confesar nuestros gustos por otros hombres y me informó de su apetencia por Ernesto. Realmente no me importó y le hablé de él, nunca pensé que haría lo que hizo. Provocó la locura en Ernesto y éste casi me mata cuando supo quien era su agresor. Luego se complicaron las cosas con los problemas de Nicolás y su muerte a causa de ellos.&lt;br /&gt;Mario siguió a Ernesto por mucho tiempo, y si este no me denunció la primera vez fue por un sentimiento amistoso o de pena. Desconozco si “El mamado” ha vuelto a lastimar a Ernesto como lo hizo la primera vez, solo sé que lo ha tenido a sus espaldas por todo este tiempo. Por mi parte lo sigo viendo, de hecho, en medio de esta oscuridad lo veo de pie frente a mi apoyado su cuerpo contra la pared y los brazos cruzados.&lt;br /&gt;Mí querido Nicolás… Siempre estuve a su lado y él al mío, mas nunca comprendí los diferentes aspectos de su vida. Ahora que lo pienso, prácticamente me resulta un desconocido. Tengo la sospecha que todo este conflicto de identidad estuvo orientado a que fuera yo el que muriera tan raramente. Sus palabras, sus sonrisas, tenía todo por lo cual había estado celoso desde hacía tanto tiempo pero nunca fue sólido. Un día, como cualquiera, dejó de visitarme provocando que del fondo de mi alma una maldita soledad irrumpiera mi vida. Voces del pasado, del futuro, de mi mismo me atormentaron. Espectros imaginarios y reales se dedicaron a interrumpir mi sueño y mi día. Fui esclavo de algo que no podía controlar y que no era cierto.&lt;br /&gt;Nicolás estaba enfermo pero ignoro de qué. Dirán que eran un hombre perturbado mentalmente o que sufría una anormalidad genética o quizá un tipo de virus lo infectó, cualquier opción es válida. ¿Cómo sé de su enfermedad? Es algo que se siente dentro, una intuición que anuncia los problemas, pero esto no es ya relevante.&lt;br /&gt;Después de esto no se produjo otro inconveniente lamentable. Ernesto fue feliz, según creo. Nicolás siguió su vida normal a pesar que entre los hombres yo seguía siendo él. Por mi parte quedé atormentado. Esto no tiene sentido, ¿porqué yo debía ser él único que fuera castigado? No es justo. Jamás me conformaré. Quiero entenderlo todo, quiero saber que extraño plan a tenido ese Dios para conmigo, pero para ser sincero, no creo en él. Es una invención para someter a todo el universo a una solo dirección, una institución de lo que es y lo que no es. No, yo no creo ya en la normalidad, eso es seguro. Pero tampoco creo que las cosas sean como son.&lt;br /&gt;            Armonía, pura armonía es lo que busco ahora. Las dificultades que a cada día se presentan solo son inconvenientes, un momento de pausa para perfilar los senderos que se siguen. Creí que debería ser un único camino pero descubro en él infinidad de sendas que no se separan de él, solo esquivan las piedras y estorbos, sirven de puente, son ayudas, son caidas, son parte del todo.&lt;br /&gt;            Sentado, frente a las tinieblas y con solo una sombra junto a mi (enorme sombra de un hombre que en varias noches me produjo grandes placeres), dejo de reflexionar sobre el momento. De todos modos, aquello que ha pasado me ha llevado a este punto del cual estoy impedido de huir. Veo su sonrisa, no sé como logra hacerla ver pero lo hace. Es ahora que puedo decir que todo fue un sueño, un deseo de realidad que he conseguido. Un fantasma me persiguió por meses, por años debería decir. Se mostró frente a los hombres y estos quedaron inmiscuidos en la misma maldición. Dejé que algo que es imposible de controlar atacara y destruyera el equilibrio de los otros. ¿Qué era? ¿Un humano, un demonio, un fantasma? Podría preguntarle a mi antiguo amante pero no veo razones para hacerlo. Él es quien es, yo solo soy y los demás…&lt;br /&gt;Bueno, en realidad que importan los otros, fue a mí a quien me desgastó y uso. Ya basta de quejas y reclamos a mi memoria, solo me quedan los segundos del presente para actuar. Nada está como debería estar, si así fuera todo sería muy aburrido. Es como si miles de tocadiscos estuvieran girando uno al lado del otro, dejando que los propios discos casi se rozaran; yo estoy de pie y caminando sobre uno de ellos, permito que gire por si mismo mas no por eso caigo. Además soy capaz de caminar entre este campo sin perder el equilibrio y sin dejarme llevar por el movimiento pues yo mismo transito sobre todos ellos. Creo que esto es la armonía y si así es, entonces lo único que quiero y haré es dormir. Ya concluyó todo, pero las consecuencias nunca menguarán. Soy Nicolás Orendaín, solo tengo veintiséis años y estoy fastidiado.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-116949164983469043?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/116949164983469043/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=116949164983469043&amp;isPopup=true' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116949164983469043'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116949164983469043'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2007/01/armonizaciones-xii.html' title='Armonizaciones XII'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-116949156523458877</id><published>2007-01-22T12:45:00.000-06:00</published><updated>2007-01-22T12:46:05.240-06:00</updated><title type='text'>Armonizaciones XI</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="color:#ffff00;"&gt;Yo era ahora el señor Nicolás Silva. Eminente licenciado con un despacho en el segundo piso en la afamada Torre Goodenough. Cuento a mi servicio con una linda secretaria que cada mañana me entrega la correspondencia y los mensajes que recibo cada día, y quien no se cansa de coquetearle a su apuesto jefe sin tener en cuenta el desprecio que este siente hacia las mujeres. Visto siempre de traje y conduzco mi automóvil. Gusto de las fiestas y reuniones con mis amigos, además de escuchar cada mañana al despertar la misma canción desde hace varios meses. Gano el suficiente dinero como para darme el lujo de vacacionar cada año en algún punto del país. Una buena vida diría yo, lástima que todo esto haya sido conseguido por otra persona.&lt;br /&gt;Pero en mi casa, la casa de Nicolás Orendain estos falsos recuerdos se revelan como lo que son, falacias. Mi hogar se encontraba destrozado, primero por el ataque de Ernesto y después por los policías, quienes sin un mínimo de gentileza destrozaron más de lo que encontraron. Suspiré hondo al ver el desastre. Nick me acompañó todo el trayecto del hospital hasta mi domicilio y se ofreció a ayudarme a limpiar. Ese gesto, siempre típico en él, me conmovió hasta las lágrimas. No sé cómo lloré tanto ni porqué lo hice, pero sé que lo necesitaba ya que, al acabar, tenía los suficientes bríos para actuar.&lt;br /&gt;Mientras trabajábamos en dar orden al caos de mi sala no pude guardar por más tiempo mi duda. Pregunté a Nick el porqué el hospital y la policía decían que era él, es decir, Nicolás Silva. Por algunos segundos permaneció en silencio, meditaba cada palabra y analizaba mis posibles reacciones.&lt;br /&gt;            –Primero fue por el hospital. –comenzó a decir deteniendo su labor– Utilicé mi seguro de gastos médicos para ayudarte. Tuve suerte que funcionara. Sin embargo se complicó con la policía ahí, así fue que evitando otro conflicto decidí cederte toda mi identidad. Nadie dudó que fueras quien decías ser, o mejor dicho quien decía yo quien eras.&lt;br /&gt;            –Bien, entiendo. –dije, pero con algunas reservas de mi parte– Entonces, ¿Cuándo volveré a ser yo?&lt;br /&gt;            –Ahora mismo si lo deseas. Pero te recomiendo que mantengas este jueguito por un tiempo. Por lo menos hasta que Ernesto este bien. –respondió con un sonrisa que no me tranquilizó. Movía algunas fotografías que habían caído al suelo.&lt;br /&gt;            –¿Así es que fue a Nicolás Silva a quien agredieron? –trataba de entender esta situación.&lt;br /&gt;            –Técnicamente si. –dijo Nick encogiendo los hombros y sin verme a los ojos.&lt;br /&gt;Me quedé mirándolo un momento mientras levantaba las imágenes con sus respectivos marcos. Pensaba que tan cierto era que ambos podíamos pasar por el otro. Recordé las identificaciones y como en el hospital no dudaban de mi identidad. Francamente no teníamos un aspecto similar. Nick era un poco más alto que yo, su cabello era castaño y un poco largo. Compartíamos el mismo color de ojos, pero sus facciones eran algo toscas; cara cuadrada, ojos almendrados, nariz pequeña casi puntiaguda, y su boca grande con labios delgados. Ni siquiera en la complexión concordábamos, el era más delgado. Supongo que quizá para un ojo que no nos conozca podríamos pasar por hermanos, pero para mi eso me resultaba prácticamente imposible.&lt;br /&gt;            –Eso a ti no te conviene –espeté con un tono de desafío, había olvidado el trabajo que realizaba– tu resultaras el perjudicado ante los demás.&lt;br /&gt;            –Si, pero hay algo más. –dijo eso último casi en susurro mirando una fotografía.&lt;br /&gt;            –¿Qué es?&lt;br /&gt;            –Pues… me da seguridad. –Ahora me miró a los ojos.&lt;br /&gt;            –¿Cómo dices?&lt;br /&gt;            –Mira Nico, necesito el tiempo que este incidente me da para resolver algunos problemas.&lt;br /&gt;            –¿Cuáles? –quise saber, al fin y al cabo era mi vida la que se estaban robando.&lt;br /&gt;            –No Nico. Confórmate con ser yo y estar seguro por el ataque. –bajó nuevamente la mirada y en tono de súplica dijo– Necesito tu ayuda.&lt;br /&gt;            –Entonces dime que ocurre.&lt;br /&gt;            –Nicolás –comenzó a decir con solemnidad entregándome la fotografía que tenía en sus manos– yo sé en lo que me he metido e incluso tu mismo lo has comprobado ya. Este plan también te beneficia a ti, lo sé.&lt;br /&gt;Esto último me sorprendió. Miré aquello que me entregaba y se trataba de la misma fotografía que Ernesto había visto y con la cual había enfurecido. Fue cuando me di cuenta, me vi descubierto e intimidado nuevamente. No dejé que estas emociones me invadieran y antes de que cualquier indicio de ellas asomara me apresuré a decir.&lt;br /&gt;            –Muy bien. Te conozco y confío en ti. –nada más falso en esos momentos.&lt;br /&gt;            –Gracias. Si me permites, iré a prepararnos un té. –Y sin dejar que le detuviera se dirigió hacia la cocina.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;           &lt;br /&gt;            &lt;span style="color:#ff9900;"&gt;–¡Lárgate de mi casa! o si no… –gritaba rabioso Ernesto.&lt;br /&gt;            –¿Acaso me estás amenazando? Que pendejo eres. Soy más fuerte mientras que tú te orinas de miedo.&lt;br /&gt;            –Ya deberías estar satisfecho. ¿Por qué me sigues atormentando? –decía Ernesto con lágrimas en los ojos.&lt;br /&gt;            –Porque me gustas y te quiero. Así que, cállate y déjame hacer. –y de un zarpazo “El mamado” lanzó al suelo a su anfitrión.&lt;br /&gt;Durante más de medio año Ernesto no había visto su casa. Pero al regresar del hospital la encontró arreglada y limpia. Imelda lo acompaño durante el trayecto del nosocomio a su hogar y no solo eso, también se hizo cargo de arreglarla para cuando él volviera. Pocas palabras pronunciaron durante el recorrido, solo miradas y sonrisas hablaban por ellos.&lt;br /&gt;            Ernesto estaba al tanto de lo ocurrido con Imelda y Carlos. Ambos estaban heridos y prácticamente sufrían del mismo mal, el abandono. Jamás se mencionaron esos hechos, ya era suficiente para cada quien lo que habían vivido. Ella lo visitaba con regularidad durante el tiempo en que estuvo él internado. Sus charlas trataban de los temas de menor importancia y de los que nunca se les había ocurrido conversar. A pesar de las circunstancias sentían como sí volvieran a vivir aquellos años de adolescencia cuando se compartían todos sus secretos e incluso mentiras. Ambos tuvieron una relación afectiva durante los primeros semestres de la preparatoria, pero el verdadero deseo de Ernesto se manifestó y luego de largos reproches, lágrimas y silencios recuperaron con solidez la amistad que siempre se profesaban.&lt;br /&gt;            Ella lo dejó recostado en el sofá cubierto por una franela color tinto, le besó en la comisura de los labios como despedida y se marchó. Ernesto no tardó en dormir siendo aún las cuatro de la tarde. Una hora después, y sin haber sentido el paso del tiempo, Ernesto fue despertado por un sonido. Era incapaz de reconocer de qué se trataba. Se levantó y miró alrededor. Su corazón latía con fuerza, de nuevo el miedo lo invadió. Pensamientos de negrura le robaron la mirada y sin saber cómo vio frente a sí a un monstruo. Un grito salió de su pecho pero este fue cortado en el acto por la visión de una navaja en la mano del hombre. Su maldecidor estaba en casa.&lt;br /&gt;            –¡No! ¡Basta! ¡Aléjate! –gritaba Ernesto tratando de escapar.&lt;br /&gt;Ante la defensa que exhibía Ernesto, agitándose y empujando, “El mamado” le propinó un puñetazo a la cara. Levantándose luego comenzó a patearlo por los costados y en el rostro. El dolor que hacia meses había sentido renacía. Era como si las cortadas volvieran a abrirse y brotaran los moretones en la piel.&lt;br /&gt;            Ernesto gritaba y lloraba, pedía auxilio y a cada golpe que intentaba dar lanzaba un rugido como si con ello fuera más amenazante y fuerte. Pero todo era inútil, estaba sometido al capricho de Mario. Sentía el pelaje de su rostro sobre su cuerpo, sus manos sujetadas en su espalda y sus piernas clavadas al piso por las piernas fuertes y gruesas del hombre-bestia. Ernesto rugía por el dolor y los recuerdos, Mario por el placer que quería experimentar y que de hecho ya sentía; mientras más luchaba Ernesto por zafarse más excitado se ponía.&lt;br /&gt;            La ropa en ambos fue arrancada. ”El mamado”, en medio de golpes e insultos, penetró por el culo a Ernesto quien ya sin fuerzas y dolido no le sintió.&lt;br /&gt;            –Que rico ¿verdad? –decía el hombre mientras copulaba– Pinche bastardo, ¡ah! Me encanta tu culo. Mmm… Si, así.&lt;br /&gt;            Mientras tanto unos niños desnudos, con la piel pegada a los huesos y sentados en el frío linóleo del piso, observaban con detenimiento la escena que se llevaba acabo. Uno se llevó la mano hacia su pene y estimulándolo consiguió una erección, segundos después un líquido blanco salía de él. Viendo lo ocurrido sus compañeros comenzaron a reírse. Mario se giró al escuchar las risas y sin dar crédito a lo que veía frunció el seño y esbozó una maldición. Los niños se esfumaron en el acto, atemorizados por la furia del hombre.&lt;br /&gt;            El acto sexual terminó rápido. Ernesto quedó tendido en el suelo, sentía como si toda la realidad se convirtiera en un sueño. Lo que vivía no era más que fantasía, una ilusión producto de sus problemas mentales. Anhelaba que estos fueran reales para así no sentir en verdad lo que padecía de nuevo. Pero no pudo negarlo. Sintió el filo de una navaja en el cuello y de un movimiento rápido, sujetado por la cintura, fue levantado. El aliento fétido de la boca del “Mamado” llenó la suya en un beso más amargo que el del propio Judas.&lt;br /&gt;            –Eso fue todo. Si pusieras más de tu parte no te dolería tanto. –decía Mario mientras llevaba a su consorte a la cama. –Te dije que vendría y cumplí. Y aunque tú no quieras seguiré viniendo. Ahora chúpamela que ya estoy listo para uno nuevo.&lt;br /&gt;Pero Ernesto no respondía. Tan herido se encontraba que perdió el conocimiento. Mario decepcionado lo dejó tendido y salió de la habitación.&lt;br /&gt;            Ya entrada la noche Ernesto despertó. Aterrado se alzó de la cama y miró en la oscuridad. Se encontraba desnudo pero sin dolor. Temía que su agresor se encontrara aún en casa. Revisó el cuarto en tinieblas sin encontrarle ahí. Decidió entonces encerrarse en su habitación con el fin de defenderse. Sintiéndose seguro encendió la luz y observó su cuerpo, tenía marcas por todos lados pero no le dolían. Las magulladuras, laceraciones, cortadas y golpes le eran deliciosas al menor contacto con sus manos. Sentía un extraño placer por todo ello y sonriendo a su reflejo decidió abrir la puerta. Frente a él se encontraba “El mamado”.&lt;br /&gt;            –¿Te gustó? –preguntó este.&lt;br /&gt;            –Si y quiero más. –respondió Ernesto.&lt;br /&gt;            –Así me gusta. –y al decirlo entró a la habitación. Unas risitas y un ligero llanto se escuchaban en algún lugar de la casa.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-116949156523458877?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/116949156523458877/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=116949156523458877&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116949156523458877'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116949156523458877'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2007/01/armonizaciones-xi.html' title='Armonizaciones XI'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-116949149735717684</id><published>2007-01-22T12:44:00.000-06:00</published><updated>2007-01-22T12:44:57.360-06:00</updated><title type='text'>Armonizaciones X</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="color:#ffff00;"&gt;Estoy nuevamente en casa, sentado frente al monitor de mi computador. De nuevo regreso a la dinámica que durante un año he estado llevando e incluso soportando. Vuelvo a este enajenante trabajo que me grita la traición hacia mi profesión. Mas ¿Cómo podría ejercerla siendo que ya no soy quien fui? Además de que poco a poco mi cordura se esfuma y sin ella es imposible aparentar la normalidad que tanto se exige.&lt;br /&gt;            No entiendo, no entiendo nada de lo que ocurre. Durante meses las sombras y los fantasmas que rondaban mi casa me atormentaron, pero ahora que se han ido su ausencia produjo un silencio que me cala, que me hace sentir escalofríos. Ahora si puedo decir que estoy solo. ¿Qué fue lo que los exorcizó? Me parece que desde la llamada confirmatoria de la muerte de Nicolás todo cesó. Muerto, al fin muerto. Al fin un descanso que pedía a cada momento pero que me resulta ya desesperanzador. Creía que ese dolor tenía un propósito, era algo que me guiaba pero también lastimaba. Sin embargo se ha ido y al ser libre nuevamente no puedo soportar la idea de regresar a mi pasado.&lt;br /&gt;            El último recuerdo de Nicolás Orendain, y del cual debe iniciar nuevamente a vivir, es la estancia en el Hospital Central de la ciudad. Pero debo decir algo, resulta para mi de lo más difuso e incierto tal memoria. Creo que Nicolás estaba a mi lado en la ambulancia ¿o era el paramédico? He aquí lo dudoso de mi pasado, de él no me es posible retomar mi vida, pero no tengo otra opción.&lt;br /&gt;            Pues bien, si soy incapaz de recordar mi historia como Nicolás Orendain quizá lo más conveniente sea recordar el año que fui Nicolás Silva. Cambié de apellido en circunstancias de lo más confusas. He de decir que me enteré que era el señor Silva al salir del hospital. Mi expediente médico llevaba escrito tal apellido, además de mis identificaciones. Lo más sorprendente de estas últimas se debía a que el hombre que aparecía en las fotografías era, en efecto Nicolás Silva, mi mejor amigo desde la facultad. Pero sus credenciales eran tan anteriores (él debía de contar con dieciocho años cuando las tramitó) que podría jurarse que ese chico era yo a esa edad. No intenté aclarar tal confusión, ya tenía suficiente con las averiguaciones por parte de los policías acerca del atentado que sufrí.&lt;br /&gt;            Durante los interrogatorios y la averiguación siempre fui llamado “Señor Nicolás” hasta el final de todo el papeleo descubrí que también en tales registros se encontraba el mismo error que en el hospital.&lt;br /&gt;            ¿Qué pasó con Ernesto? Según me contó luego Nicolás lo encontraron en su casa gritando aterrorizado sobre niños y demonios que le perseguían para devorarlo, además de ser incapaz de caminar. Quien lo señaló fue el propio Nicolás y con esto quedó rota la relación que por tantos años vivieron. Salió a la luz el incidente que padeció varias noches atrás. Según los especialistas, su comportamiento anormal se debía a tal experiencia. El juez, al escuchar el diagnóstico (trastorno psicótico breve con desencadenante grave), además de que yo mismo retiré la demanda (he de decir que sentí lástima por él), decidió recluirlo en el Hospital Psiquiátrico Norte durante seis meses.&lt;br /&gt;            Durante el tiempo que permaneció hospitalizado no le visité, de hecho cuando le vi nuevamente fue en el funeral de Nicolás. Sin embargo de este he de decir que nunca se separó de mí durante las dos semanas que pasé internado. Estuvo a mi lado durante las audiencias y durante el proceso de Ernesto. Desconozco si tuvieron ambos contacto, eso no me importa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff9900;"&gt;–Sabes que estoy enfermo –dijo con sarcasmo Ernesto– No conviene que me molestes. Es malo para mi recuperación.&lt;br /&gt;–No digas tonterías que para estar loco eres más cuerdo que los propios médicos –respondió Nicolás sin el interés de que sus palabras resultaran graciosas.&lt;br /&gt;–¿Qué quieres? –pregunto con un dejo de desafío.&lt;br /&gt;–Saber el porqué de tu reacción. No lo entiendo. Se supone que se debe a un trastorno traumático de no sé qué, pero no lo creo.&lt;br /&gt;–Claro que no. Yo era conciente de lo que hacia además de que lo que vi era real.&lt;br /&gt;–De eso último no estoy seguro pero no me importa. –Nicolás bajó la mira para decir– Me interesa saber que te orilló a lastimar a Nico de esa manera.&lt;br /&gt;Los rayos del sol caían sobre el patio del hospital psiquiátrico. Dentro de un enorme cuadrado rodeado por muros sin enjarrar se hallaban varias mesas con sombrillas en donde pacientes y visitantes se sentaban para charlar o descansar. En el centro del cercado se encontraba una fuente de azulejos azules a la altura del suelo, a su alrededor cuatro jardineras rebosaban de plantas verdes y algunas pocas flores. Un gran árbol de jacarandas sacudido por el viento dejaba caer sus flores violetas sobre las lozas del piso. Cualquiera pudiera esperar que un hospital de este tipo estuviera gobernado por el caos, los gritos y la fuerza de enfermeros controlando a los pacientes, pero eso no es la realidad. A pesar de encontrarse en la parte más bulliciosa de la ciudad los ruidos del exterior quedan bloqueados por las puertas de hierro que dan entrada al recinto.&lt;br /&gt;            Los pacientes caminan por los corredores bajo la mirada de las enfermeras y las religiosas que se encargan del hospital. En ocasiones se escucha a algún paciente cantar o hablar de años pasados que nunca pasaron. Pero nadie parece peligroso, las miradas perdidas y los lentos movimientos manifiestan cuan medicados y sedados se encuentran los internos.&lt;br /&gt;            –Lo expondré claramente y espero que lo aceptes&amp;shy;– dijo Ernesto inclinando su cuerpo hacia Nicolás y apoyando los brazos sobre la mesa.&lt;br /&gt;            –Espero que seas sincero. –espetó Nick.&lt;br /&gt;            –Siempre lo he sido contigo –la voz de Ernesto denotaba molestia, luego pasó a convertirse en un susurro– sentí que debía ser él el objeto de mi venganza. Me dolía la impotencia, la vergüenza.&lt;br /&gt;            –Eso no tiene sentido.&lt;br /&gt;            –Pero para mi si –contesto indignado Ernesto– ¿Crees que soy tan mediocre como para quedar reducido a sentimientos de autocompasión y desconfianza? Te equivocas, necesitaba regocijarme conmigo mismo. Estaba humillado por tanto debía resarcir el daño que me cometieron.&lt;br /&gt;            –Bien, mas no entiendo porqué Nicolás. Tienes a los otros tipos que te acompañaban e incluso a mí…&lt;br /&gt;            –Eso fue por ti. Me lo presentaste y lo aborrecí desde la primera mirada que le di. No me explico el porqué de ello solo lo sé. No tengo otra razón para haberlo hecho.&lt;br /&gt;            –Pero…&lt;br /&gt;            –Ya estoy cansado –dijo suspirando Ernesto, luego levantando la mirada llamó con fuerte voz– Enfermera deseo retirarme a mi habitación.&lt;br /&gt;Una mujer de mediana edad se acercó. Vestía de blanco de pies a cabeza. Su aspecto no era mejor que el de cualquier mujer dedicada a este tipo de menesteres. Ernesto se levantó de la silla cuando ella se colocó a su lado y dijo para despedirse:&lt;br /&gt;            –Por cierto. Nicolás fue cómplice del crimen. Solo por esa razón no levanté ninguna denuncia. Por lo menos no dirás que no tengo corazón.&lt;br /&gt;No permitió que otra palabra se pronunciara. Caminó acompañado de su guardiana por el corredor hacia el área de camas. Mientras Nicolás se dejaba caer nuevamente en la silla de jardín, alzó la mirada al cielo y miro anonadado el caminar de las nubes.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-116949149735717684?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/116949149735717684/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=116949149735717684&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116949149735717684'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116949149735717684'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2007/01/armonizaciones-x.html' title='Armonizaciones X'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-116949115732783512</id><published>2007-01-22T12:37:00.000-06:00</published><updated>2007-01-22T12:39:17.333-06:00</updated><title type='text'>Armonizaciones IX</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;color:#ff9900;"&gt;En cuanto Nicolás abrió la puerta a Ernesto, esté entró con la misma intensidad con la que golpeaba la puerta.&lt;br /&gt;            –Ernesto… ¿Qué ocurre? –preguntó Nicolás.&lt;br /&gt;            –Nada, solo quiero charlar. –respondió apretando los dientes.&lt;br /&gt;            –Pues adelante, te escucho. –dijo Nicolás con poca convicción.&lt;br /&gt;–Soy el hombre incompleto en todos los sentidos. –Comenzó a hablar Ernesto– Jamás he poseído ninguna de las características de los hombres. ¿Dónde está mi virilidad, mi masculinidad? Me he permitido suplantar el papel de una mujer.&lt;br /&gt;El ímpetu en el discurso de Ernesto provocó que Nicolás necesitara sentarse. Sentía como el mullido sillón abría algo como fauces suaves por las cuales caía tragado en la oscuridad. Su rostro no podía esconder la sorpresa ante aquellas palabras. Un escalofrío surcó su espalda y por un momento presintió como si sus propios pensamientos hubieran sido escuchados por Ernesto. Ideas que él mismo había sentido y temía por lo que implicaban, pero ahora uno de los hombres más cabales que había conocido se desbordaba en un planteamiento que jamás hubiera imaginado en él.&lt;br /&gt;            –Ernesto… –dijo Nicolás con voz entrecortada– ¿Importa eso en realidad? No entiendo porqué hablas así.&lt;br /&gt;            –Porque tú te has puesto como meta quitarme lo que con ahínco he luchado por conquistar.&lt;br /&gt;            –Nicolás no quiere nada de mí, solo nos hemos encantado mutuamente pero nunca ha sido ni podrá ser pasional.&lt;br /&gt;            –Mi pobre ingenuo. –Dijo Ernesto en tono condescendiente, luego prosiguió con fuerza en su voz– Pero no es solo por Nico, sino por lo que tu mismo me representas y eso es mi incompetencia para vivir.&lt;br /&gt;            –¿Qué? Bromeas supongo, tu bien me conoces y sabes como soy. ¿Qué temes de mí?&lt;br /&gt;            –Nada temo, –alzando la voz Ernesto a cada palabra que pronunciaba– solo siento como la herida se abre y no logro curarla. ¡Mírame! Mira a este infeliz que solo sabe hacer nada y que en ello mismo consiste su conocimiento. Lo veo en tus ojos.&lt;br /&gt;            –¿Qué cosa ves? –preguntó atemorizado Nicolás.&lt;br /&gt;            –Tú mirada que me rebaja cada vez que estoy frente a ti. ¿Crees que no he notado como soy solo para ti una bestia que se mueve por impulsos? Soy imbécil y qué.&lt;br /&gt;            –¡Por Dios! ¿Eso crees de mí? –y diciendo esto de un salto de puso de pie Nicolás.&lt;br /&gt;            –Si. –respondió Ernesto secamente.&lt;br /&gt;Una sirena cruza el espacio sonoro a no poca distancia. La noche no es silenciosa, ni siquiera los ruidos habituales de la naturaleza de aquellas horas son perceptibles. Pero paradójicamente ninguno de los dialogantes puede dejar de abstraerse en los posibles pensamientos del otro. Completamente mudos quedan ante la afirmación de Ernesto. No es quid del asunto que quería tratar, ni siquiera lo que en verdad dentro de su alma lo inquietaba, pero había logrado expulsar a través de su gruesa voz la furia que durante todo el día había mantenido encerrada.&lt;br /&gt;            La venganza, la necesidad de algún tipo de satisfacción lo llevó a Nicolás. Con Nico podría liberarse del dolor que le fue provocado, alguien débil con quien desquitarse. Alguien a quien lastimar y no fuera motivo de remordimientos pues una rencilla pasada justificaba cualquier acto cometido contra un tipo como él. Ernesto examinó de pies a cabeza a Nicolás. Con franqueza padecía de sobrepeso considerando su estatura un poco menor a la suya, una barriga perceptiva y vistazos de papada en el cuello. A pesar de ello poseía un bello rostro, una nariz recta que le daba un aspecto soberbio; sus ojos castaños enmarcados en dos arqueadas cejas medianamente anchas, su boca pequeña con delgados labios, que parecía rebosar cuando sonreía.&lt;br /&gt;            No había advertido hasta ese momento que Nicolás se encontraba vestido con una camiseta blanca que revelaba su complexión ancha, y en pantalones cortos negros con líneas que mostraban sus piernas, algo torneadas pero cubiertas de vello. La imagen le hizo sonreír, pero más que hilaridad fue pena por el ser que tenía delante.&lt;br /&gt;            –No puedo creer, –dijo rompiendo el silencio– que sea de esto por lo cual me siento intimidado.&lt;br /&gt;            Nicolás permaneció callado, desconcertado por la forma en que se vio interrumpidas sus cavilaciones.&lt;br /&gt;            –Lo tienes todo, te lo diré de verdad, eres bien parecido, lleno de ingenio y el extraño don de ser capaz de simpatizar con cualquiera. Te envidio.&lt;br /&gt;            –¿Envidia? Mira a quien le hablas de envidia. Llegaste gritando que eres incompetente, que te sumes en la decadencia femenina. Eso es mentira, mira tu manos y comprobaras que es todo lo contrario. Nota como las venas se ensanchan y se vuelven prominentes, como tus palmas se endurecen a cada esfuerzo que realizas, mírate delante de un espejo y descubre en tu rostro las imágenes de las experiencias que has vivido. De envidia me hablas, pues mira al ser imperfecto. Aquel que no es hombre, que solo imita sus gestos y acciones pero no las considera propias. Un mentiroso para su propia vida.&lt;br /&gt;Otra sonrisa, la segunda de la noche. No era ya de hilaridad sino de coraje, en ocasiones las emociones llegan a entrecruzarse provocando efectos contrarios a los esperados. Un reconocimiento de ambos pudo haber llevado a la reconciliación, en cambio provocó la desesperanza.&lt;br /&gt;            –Ahora resulta que eres un aliado en esta mediocridad. –dijo Ernesto– ¡Estúpido! Ni todo aquello que uno sabe o conoce sirve para soportar vivir. Una bestia me juzgó y sentenció a sufrir del mayor placer que fue dado al hombre algo desastroso pues lo convirtió en pesadilla, y ahora soy solo una estadística en el mundo.&lt;br /&gt;–¿Qué ocurrió? –Pregunto Nicolás angustiado.&lt;br /&gt;–Un bastardo me violó y ahora, en todos los sentidos posibles pueden llamarme puto, marica, joto… que importa ya. Nunca me importó, yo me sabía quien era pero ahora ya no. Solo me queda el exterior para que me identifique.&lt;br /&gt;–Nadie es capaz de escapar del dolor que provoca la humanidad. –dijo Nicolás en todo indulgente.&lt;br /&gt;–¿Me consuelas? ¿Quién te crees para hacer eso? Estoy herido, humillado pero no pido tu misericordia. Ten por lo menos la gentileza de menospreciarme porque por ello vine.&lt;br /&gt;–No te entiendo.&lt;br /&gt;–Quiero desahogarme, quiero hacer sufrir a otro lo que yo sufrí. Quiero que te apiades de mí. –el rostro de Ernesto se descomponía en un rictus de demencia.&lt;br /&gt;–Espera…¿Pero yo por qué? –la mirada de miedo de Nicolás estaba apunto de explotar en lágrimas.&lt;br /&gt;–Por que quiero. Tu me desprecias, yo igual. Tú eres un microbio a quien puedo lastimar. Eres inferior y no me darás batalla…&lt;br /&gt;Sin terminar de escuchar Nicolás corrió por la casa, bordeando mesa, sillas, muebles pero su falta de desenvolvimiento y pericia lo hicieron caer. Ernesto caminó decididamente hacia su compañero y pasando frente a una vitrina una fotografía le llamó la atención. La vio fijamente, los rostros le eran conocidos. Dos personas abrazadas por la cintura sonreían bajo el sol del mar. Uno de ellos era Nicolás y el otro… según parecía debía ser Mario. Aquel tipo de quien Nico hablaba con tanto entusiasmo.&lt;br /&gt;            De que otra forma podría llamarse al sentimiento de Ernesto en ese momento sino es el de ira ciega. Retirando la mirada de la imagen la posó sobre el derrumbado Nicolás que con dificultad intentaba ponerse de pie, figura más patética del terror. Se acercó a Nicolás y le propinó un fuerte puntapié en la cara. Un par de dientes cayeron de su sitio en un chorro de sangre que se tragó Nico. Este fuera de sí a causa del dolor comenzó a patalear, movía todo su cuerpo y de alguna manera golpeó las piernas de Ernesto tirándolo al suelo. Tratando de evitar la caída intentó sujetarse de la vitrina pero esta cedió a causa del peso rompiéndose el cristal.&lt;br /&gt;            Nicolás no dejaba de luchar por salir de aquella situación. Ernesto había perdido el interés por lastimar a Nicolás, quería matarle, y tomando un gran pedazo de cristal roto lo enterró en el estomago de Nico. La sangre brotó y comenzó a expandirse por la habitación. Nicolás dejó de moverse a los pocos segundos. Su respiración era lenta, moriría sin duda.&lt;br /&gt;            Ernesto se puso de pie. Observó la escena y quedó aterrado, era idéntica a la muerte del niño acaecida hace un par de días. El mismo olor de la sangre, el mismo silencio, y el mismo aturdimiento. Sentía miedo no por la culpa, sino por el recuerdo. Debía huir, pero estaba manchado por la sangre. Se encaminó al baño, abrió las llaves del agua y enjugó su rostro y sus manos. Levantó la mirada y se vio en el espejo, no era ya él. Gruesas arrugas surcaban su rostro, sus ojos verdes parecían huecos. No, no era el mejor momento para reflexionar sobre sí mismo, debía irse.&lt;br /&gt;Salió del baño encaminándose hacia la puerta. Pero un sonido lo distrajo, similar a un fuerte suspiro. Se giró hacia Nicolás y vio de pie al lado del agonizante a un niño. Describirlo era imposible, solo sabía que era un infante el cual se inclinó hacia el hombre en el suelo lo suficiente como para tocar con su nariz el cabello rojizo de Nicolás. Para Ernesto era demasiado. Salió despavorido corriendo por las calles, similar a un desgraciado lunático que predice el inminente fin del mundo a cada hora. No se detuvo hasta llegar a su casa casi tres horas después.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-116949115732783512?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/116949115732783512/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=116949115732783512&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116949115732783512'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116949115732783512'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2007/01/armonizaciones-ix.html' title='Armonizaciones IX'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-116949097642321310</id><published>2007-01-22T12:34:00.000-06:00</published><updated>2007-01-22T12:39:36.386-06:00</updated><title type='text'>Armonizaciones VIII</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;color:#ffff00;"&gt;–No nací para ser alguien, ese es el punto. –comienzo a decir.&lt;br /&gt;–Por favor, ve con otro que escuche tu autocompasión, Nicolás. Si es para esto para lo que me llamaste mejor me voy. –mientras lo dice gira su cabeza con desdén.&lt;br /&gt;–Espera. Es que… si entendieras todo lo que dentro de mí se guarda…&lt;br /&gt;–No Nicolás, no es lo que guardas es lo que haces con ello. ¿Crees que Nicky hubiera creído eso de ti? –y arquea la ceja derecha.&lt;br /&gt;–¿Por qué sacas a Nick en esto? –me encuentro muy dolido.&lt;br /&gt;–Por que siempre es de él de quien se trata, ¿o lo olvidas? –me responde irónicamente.&lt;br /&gt;–Déjate de sarcasmos, no estoy para eso ahora.&lt;br /&gt;–No, estás para victimizarte. Basta, bien sabes todo eso así que vamos, dime la razón por la que me citaste en este café.&lt;br /&gt;Me dejó en claro que nunca fue nuestro destino ser amigable el uno con el otro. Pareciera que a Ernesto la muerte de Nicolás no le afecta. Tiene el semblante duro y frío. En un principio no era así. No le simpaticé del todo pero era amable, incluso cuando salíamos llegamos a bromear y comportarnos como amigos.&lt;br /&gt;–Esta bien Ernesto. Discúlpame. Además tienes razón, también esta charla tratará sobre Nick.&lt;br /&gt;–¿Y ahora qué pasa con él? –me pregunta cansadamente.&lt;br /&gt;–Quiero poner en claro muchas cosas que quedaron mal planteadas en el pasado.&lt;br /&gt;–¿Qué son aquellas cosas?&lt;br /&gt;–Primero, el hecho que tu siempre mostraste hostilidad hacia mi.&lt;br /&gt;–Por favor Nico. No vengas con cosas tan estúpidas. Eso quedó muy en el pasado. ¡Madura por Dios!&lt;br /&gt;–Yo bien sé que no tiene mucho sentido pero es algo que aún me lastima, por favor… –le suplico.&lt;br /&gt;–Me parecías un estorbo… –me comienza a decir.&lt;br /&gt;Momentos inoportunos u oportunos según se vea. La camarera ha traído el café y una tarta de fresa para Ernesto. ¿Quién es el que crea estos instantes de interrupción? ¿Qué habría dicho Ernesto si no hubieran traído la orden? Se piensa en lo que se está apunto de decir, la mejor forma de hacerlo o la mejor mentira. Solo puedo esperar el que se reanude la charla mientras revuelvo el azúcar y el café.&lt;br /&gt;–Entiende que Nicolás no era un hombre que entregaba por entero el corazón. Cuando lo conocí no era yo más que uno de sus “amiguitos especiales”. Luego se cansó de su pareja y vino a mí con su cursilería de que yo era todo para él y sus hermosos elogios hacia mí. Y como imbécil me dejé convencer. Yo estaba enamorado, pero sabía que algún día se cansaría de mí y así fue. El día en que te conocí comprendí que había llegado el final.&lt;br /&gt;–Pero yo no hice nada para que eso ocurriera.&lt;br /&gt;–Claro, pero eras quien absorbía toda su atención. Llámalo celos pero no me gustaba eso.&lt;br /&gt;–¿Por qué no lo dijiste?&lt;br /&gt;–Éramos jóvenes Nico, tú también lo amabas.&lt;br /&gt;–Le amaba por lo que me hacia sentir de mí mismo.&lt;br /&gt;Me es difícil continuar. Siento como las imágenes de aquella noche vuelven a atormentarme. Debo dejar que mi mente se despeje, recobrar la compostura de mis pensamientos. Bebo un poco de café y espero encontrar una salida para esto. Pienso que esta no fue la mejor idea. Pero debo decir algo más.&lt;br /&gt;–Pero me alejé de ustedes en aquella noche. –digo bajando la voz.&lt;br /&gt;–Solo lo hiciste por miedo. Siempre fuiste cobarde. –Ernesto me mira desdeñosamente.&lt;br /&gt;–Un navajazo que requiere diez puntadas no es algo que se deje pasar por alto. –Le interpelo.&lt;br /&gt;–Por esa acción te pido perdón, ya sabes porque lo hice. –No hay mucha sinceridad en su voz.&lt;br /&gt;–Si, me dolió saberlo.&lt;br /&gt;–jajaja No mientas si lo sabías desde un principio. –dice socarronamente.&lt;br /&gt;–¿De que hablas?&lt;br /&gt;–No sé porque no los delaté en ese momento.&lt;br /&gt;–¿Qué?&lt;br /&gt;Algo extraño está pasando. La conversación ha dado un giro que no entiendo. ¿De qué me acusa Ernesto? Me culpa de su violación. Pero ¿Por qué? Tengo que averiguar en que está pensando, qué ocurre dentro de él.&lt;br /&gt;–Ernesto, explícame porqué me acusas de aquello. Sinceramente no sé de qué me hablas.&lt;br /&gt;–Ay Nicolás… muéstrame las fotografías que llevas en tu cartera.&lt;br /&gt;–¿Cómo dices?... Bueno, aquí tienes.&lt;br /&gt;–Aja… Muy bien… aquí esta. Mira esta fotografía.&lt;br /&gt;–Soy yo.&lt;br /&gt;–¿Con quién estas?&lt;br /&gt;–Yo solo. No entiendo que…&lt;br /&gt;–Y aquí, ¿qué vez?&lt;br /&gt;El sudor empieza a empapar mi camisa y a escurrir por mi frente. Veía al individuo. El cristal del aparador reflejaba al sujeto que frente a mi accionaba la cámara fotográfica. Veo su rostro. Mi cámara era de las que la imagen aparecía en una pequeña pantalla y por tanto no era necesario colocarla frente al rostro. Por eso la sostiene a la altura del pecho.&lt;br /&gt;–¿Ahora que dices?&lt;br /&gt;–No, no es posible… ¿él?&lt;br /&gt;–Así es. Debí decir que fue ese tal Mario del que tanto nos hablabas, pero no lo hice. Dejé en secreto todo ello por consideración a ti. Y pensándolo bien, creo haber hecho lo correcto, eras y sigues siendo muy ingenuo. Y, hablando con sinceridad, es por lo mismo que no me pesa haberte lastimado aquel día. Cuando vi la fotografía de ese hombre en tu casa supuse que estaban involucrados. Aún lo creo. –Sorbe un trago de café.&lt;br /&gt;–Te equivocas –me siento nervioso, ofendido, sentenciado– no lo sabía. Pero aun así te pido perdón. Perdón por ignorarlo, por no entender tu ira, por ser quien soy.&lt;br /&gt;–¡Cállate! Pero eso quedó en el pasado. No perdonado, pero en el pasado. Lo que si te diré es que no te perdono que hayas dejado que le pasara eso a Nicolás.&lt;br /&gt;–Tú estabas con él, ¿Por qué no lo impediste tú? –este sería el siguiente tema de la conversación, y no iniciaba bien.&lt;br /&gt;–Porque no lo sabía.&lt;br /&gt;–Igual yo.&lt;br /&gt;–Mentiroso –levanta en exceso la voz, los demás comensales nos observan– tu lo sabías bien. Y te atreviste a esconderlo y dejar que él muriera.&lt;br /&gt;–No creí que estaría tan mal.&lt;br /&gt;–Cualquier persona que sufre de ese mal. Necesita los cuidados correspondientes.&lt;br /&gt;–No… no sé… bueno, si pero…&lt;br /&gt;Me siento molesto. Lo sabía, él me culpaba de la muerte de Nicolás. ¿Cómo explicarle todo lo que padecí? Por lo menos se ha tragado lo de que no sabía lo de Mario y él. Por primera vez tener una cara de idiota ha servido de algo, pero no resta que me sienta culpable por ambas situaciones. Quizá debo confesarle que es verdad, yo provoqué todo ello. Que supe que Mario lo tenía en la mira y que Nicolás padeció todo ello a causa mía.&lt;br /&gt;–Sé que bajo tu conciencia queda todo ello. –Me dice apuntándome con el dedo– Conociéndote, creo que ya has sufrido mucho y aún te queda por padecer.&lt;br /&gt;–Es verdad, me siento culpable. –Es mejor mantener un poco más el secreto.&lt;br /&gt;–Eso me alegra. Pues bien, estoy asqueado de estar aquí. Me retiro. –Dicho y hecho, se levanta y saca su cartera.&lt;br /&gt;–Está bien. ¡No! Recuerda que fui yo quien te invito. Guarda tu cartera.&lt;br /&gt;–No Nicolás, no quiero deberte nada. Aquí esta mi parte. Por cierto, a pesar de todo, creo que eres alguien que… vale la pena. Es el único elogio que recibirás de mí.&lt;br /&gt;Ernesto sale del establecimiento. Su caminar tan esbelto y soberbio a muchos les hace girar a verlo. Yo por mi parte me he quedado solo. ¿Qué debo hacer ahora? Regresar a casa y seguir permitiendo que mis demonios me persigan. No, estoy harto de ello. Solo caminaré a cualquier lugar. Espero que me lleve mi paseo hacia donde quiero ir.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-116949097642321310?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/116949097642321310/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=116949097642321310&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116949097642321310'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116949097642321310'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2007/01/armonizaciones-viii.html' title='Armonizaciones VIII'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-116945085600537421</id><published>2007-01-22T01:25:00.000-06:00</published><updated>2007-01-22T01:29:40.696-06:00</updated><title type='text'>Arminizaciones VII</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;color:#33ff33;"&gt;–¡Ya basta! Me tienes harto con tantas tonterías que dices.&lt;br /&gt;–Cálmate estúpido, que soy yo la que tiene que aguantar cada tarugada que haces enfrente de todos.&lt;br /&gt;–Si tanto te avergüenzo déjame en paz, y largarte por donde viniste.&lt;br /&gt;–Ni que fuera una de tus bastardas con las que te acuestas.&lt;br /&gt;Los rostros congestionados por la ira contenida. Largos años que en principio, bellos momentos fueron pasando y que al final torturas son el pan nuestro de cada día. Carlos e Imelda salieron de casa de ella cerca de las ocho de la mañana. Durante el desayuno y frente a la familia de la joven, la pareja se mostraba de lo mas encantadora, pero al cruzar el umbral en dirección a la parada del autobús todo ello se esfumó.&lt;br /&gt;–¡Cállate! Bien sabes que eso es mentira. No entiendo como crees semejantes cosas de mí.&lt;br /&gt;–Si eso cuentan de ti algo ha de haber de verdad en ello.&lt;br /&gt;Carlos detuvo su réplica a esta última afirmación pues, ante una señal de Imelda, se giró observando como se acercaba Ernesto a saludarles. Imelda sonrió con su habitual cortesía, que cada vez que se veía esta perdía mucho de su sinceridad. Ernesto saludo a Imelda y después a Carlos. Él poco pudo fingir su disgusto de aquellos momentos contentándose con inclinar la cabeza en señal de cortesía.&lt;br /&gt;El autobús de Ernesto llegó casi enseguida, siendo pues que le abordó. Al verse nuevamente solos, la pareja reanudó su discusión.&lt;br /&gt;–Dime que es en realidad lo que te molesta. –Carlos decía con la mayor comprensión que podía.&lt;br /&gt;–Bien lo sabes tú. Yo no te lo voy a decir. –dijo Imelda con tono de indignación.&lt;br /&gt;–Es que esto siempre es lo mismo. No logro entenderte. Me canso de ignorar en que piensas y que quieres. Tan solo una vez dime lo que me quieras decir.&lt;br /&gt;–Estoy cansada de ti. –Comenzó a decir Imelda, su rostro no parecía el mismo e igual que su voz en esos momentos– Cansada de verte día y noche. De estar a tu lado en cualquier lugar. De tu cuerpo poseyendo al mío. Estoy harta de que nada nuevo exista entre nosotros. Ya no te amo Carlos. Lo único que siento es la monotonía de una relación sin sentido. Envidio a Ernesto y Nicolás, son tan felices y creo que esa felicidad se debe su juego de encubrir su cariño. Carlos, no quiero que todos estos años juntos se pierdan en un momento, pero no se que hacer y mucho peor, no se que quiero yo.&lt;br /&gt;En cuanto Carlos escuchó el ya no te amo, el resto del discurso perdió el sentido en su cabeza. Todas sus emociones, sus planes a futuro se esfumaban. Todo había terminado, a pesar de que Imelda había dicho que quería encontrar la manera de solucionarlo. Cuando el amor se acaba, todo termina. Sintió vértigo, hubiera querido sentarse en aquel momento. Mil pensamientos surcaron su mente: planes del fin de semana, de las próximas vacaciones, del asenso en su trabajo y con ello pedir la mano de su amada. Una vida construida se desmoronaba frente a sus ojos.&lt;br /&gt;–Bien, he aquí lo que tanto quería decirte. Temía decirlo, me era más sencillo estar enojada contigo que admitir la posibilidad de quedarme sola. Dime, ¿ahora qué?&lt;br /&gt;Carlos permanecía anonadado. Todo parecía estar enajenado a él. La voz y la imagen de Imelda parecían muy lejanas. No podía articular palabras.&lt;br /&gt;–Perdóname por lo que acabo de decirte –prosiguió Imelda al ver que Carlos no hablaba– creo que debí ser más sutil con mis palabras, pero no podía seguir guardándome esto más tiempo. Terminé explotando contra ti y no eres tú el culpable.&lt;br /&gt;–Imelda… –comenzó Carlos– yo te amo. Por favor no me hagas esto. No destroces la vida que he planeado para los dos.&lt;br /&gt;–Carlos, esa es la vida que tu querías no la que yo quería.&lt;br /&gt;Por fin, con un berrido, Carlos se desahogó. Dejó que las lágrimas corrieran por sus mejillas, luego cubrió su rostro con sus manos. Imelda trató de abrazarlo para confortarlo, pero Carlos repelió el gesto con su brazo. Su puño salió disparado dando en el blanco, el rostro de Imelda. Cayó al suelo ya desmayada con un par de dientes menos en su boca. Carlos retrocedió hasta chocar con la pared y ahí se sentó observando entre lágrimas lo que había hecho.&lt;br /&gt;Las personas que pasaban en esos momentos veían con repulsión la escena que ante ellos se presentaba. La joven como muerta en el pavimento y un orangután de casi dos metros sentado a su lado mirándola. Uno desde su móvil llamó una ambulancia y a la policía. Una señora tomo la cabeza de Imelda tratando de despertarla. Algunos hombres, muchos de ellos maduros, rodearon a Carlos para sofocarlo si intentaba lastimar a alguien más.&lt;br /&gt;–¡Imelda…! ¡Imelda…! ¡Imelda...! –Una voz gritaba mientras se acercaba. La madre de la muchacha se enteró de lo ocurrido, salió desenfrenada hacia el lugar del incidente. – ¡Maldito, la mataste!&lt;br /&gt;Todos daban por muerta a la joven, pero unos minutos después recobró la conciencia. El dolor en la mejilla le punzaba y era incapaz de hablar a causa de la sangre dentro de su boca. Pasó un poco de tiempo y arribaron los paramédicos y los policías. Carlos se dejó guiar por estos últimos al interior de la patrulla, mientras Imelda era levantada del suelo para trasladarla al hospital.&lt;br /&gt;Una hora después la calle estaba vacía. Parecía que nada había ocurrido. Entre los vecinos comentan el hecho en voz baja.&lt;br /&gt;–Se veía que era un buen muchacho. ¿Cómo pudo hacer semejante cosa?&lt;br /&gt;–Ella lo iba a dejar, ¿Cómo iba a permitir eso el hijo de Don Florencio?&lt;br /&gt;–Sabía que andaba en malos pasos ese muchacho.&lt;br /&gt;–Imelda se lo merecía, estaba muy mal criada la pobre.&lt;br /&gt;Varias horas después Imelda se recupera en el hospital, entre su familia y amigos, y con los cuidados de los médicos y enfermeras. Al mismo tiempo Carlos daba su declaración entre burlas, golpes y ultrajes. El hecho fue televisado en el noticiero de la tarde haciendo que toda la ciudad se enterara de una verdadera historia de amor en estos tiempos.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-116945085600537421?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/116945085600537421/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=116945085600537421&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116945085600537421'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116945085600537421'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2007/01/arminizaciones-vii.html' title='Arminizaciones VII'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-116314286277668008</id><published>2006-11-10T01:13:00.000-06:00</published><updated>2007-01-22T01:29:22.100-06:00</updated><title type='text'>Armonizaciones VI</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;color:#ff9900;"&gt;La tarde transcurría con calma, un suave atardecer de tonos rojizos iluminaba un cielo azul. Para los transeúntes fue éste un día perfecto. Día de visitar al amigo enfermo, día de un trabajo no pesado, día de comer a la mesa con la familia. Pero Ernesto salió con rapidez de su casa, mientras dejaba que la puerta se cerrara a sus espaldas planeaba que haría ese día fútil.&lt;br /&gt;Sus pensamientos divagaban por las varias imágenes que en sueños observó. Su pasado, su presente, y la posibilidad de un futuro. A cada paso que daba sentía las punzadas de los golpes que recibió la noche anterior. Trataba de disimular su dolor, sin embargo era perceptible un ligero balanceo al caminar.&lt;br /&gt;Mantuvo un paso lento, seguía un plan mental que había fraguado mientras se arreglaba para salir. Cuadras y calles avanzaba, sentía la necesidad de caminar lo más lejos que pudiera. Pero esta necesidad le era desconocida, en sus pensamientos solo una cosa acaparaba toda su atención: llegar a casa de Nicolás. No sabía exactamente el porqué de este paso en su plan, pero tenía que hacerlo.&lt;br /&gt;Luego de andar durante veinte minutos, y sentirse incómodo por el uso de los zapatos al caminar por tanto tiempo, se dirigió a la parada del autobús. Un pequeño grupo de personas junto a él esperaban al mismo transporte. Una joven pareja abrazados por la cintura, un hombre obeso sentado en el asiento de metal plateado, un muchacho con mochila al hombro y camisa desaliñada, una madre con un infante en brazos y otro tomado del brazo, y otros pocos a quienes no atendió. Al cabo de cinco minutos el autobús se acercó a ellos. Dos, tres personas bajaron por la puerta delantera mientras que el selecto grupo de Ernesto esperaba para abordar.&lt;br /&gt;Se mantuvo de pie sujetándose del asqueroso tubo de metal para no caer. Por la ventanilla veía a las personas pasar, estampas a las que nunca había prestado atención. El recorrido fue largo, pero sin ningún incidente como el día anterior. Se acercó a la puerta trasera para descender y antes de hacerlo la manita de un niño en el asiento contiguo rozó el dorso de la mano de Ernesto. Este se volvió para ver de quien se trataba; el niño le sonrió, Ernesto de devolvió la sonrisa, mas al bajar él escucho al niño decir: No son aún los días de ira. Ya en la calle, Ernesto se giró para ver de nuevo al niño, sin embargo el autobús continuó su marcha y se alejó de él con rapidez.&lt;br /&gt;Se dirigió a la casa de Nicolás. Cruzó un par de calles y después de cinco casas se encontró frente a la puerta de su novio. Se quedó de pie, miró su reloj y leyó la hora: 7:48 pm. Nicolás regresaba del trabajo a las seis así que lo encontraría si llamaba a la puerta. Por unos minutos le aterró la idea de verlo, sentía como si él mismo ya no fuera Ernesto y cuando Nicolás lo viera no lo reconocería. Se sentía aislado, lo ocurrido a él solo le correspondía sufrirlo a él solo, no soportaría que se le mirara con lástima o desdén. Luego de reflexionarlo por varios minutos y considerar que este paso debía ser dado pulsó el botón del timbre y esperó la respuesta.&lt;br /&gt;La puerta de metal negro se abrió y Nicolás con una sonrisa en el rostro recibió a Ernesto:&lt;br /&gt;–¿Y eso que vienes tan elegante?&lt;br /&gt;–Tonterías mías. –respondió Ernesto con fingido desdén.&lt;br /&gt;–Deberías usar el traje más seguido. Se te ve muy bien. –dijo Nicolás guiñándole un ojo.&lt;br /&gt;–Bueno, ya. ¿Me invitarás a pasar?&lt;br /&gt;Una simple casa de un piso. Al entrar se sigue un corto pasillo hasta el patio en el cual las demás habitaciones se conectan. La primera habitación es la sala, la siguiente una pequeña habitación en la cual Nicolás había colocado un pequeño estudio con un librero y escritorio. La siguiente habitación es la recamara de Nicolás y por último se encuentra la que fuera el cuarto de sus padres. Un baño y al final del largo patio se encuentra la cocina y el comedor. Ernesto había hecho el mismo recorrido desde hacia tres años y conocía de memoria cada rincón de la casa. En la misma silla, en la misma cocina, frente a la misma mesa, Ernesto se sentó como desde hacia ya tres años, pero esta vez manifestando un ligero suspiro ante el dolor producto de la pasada noche. Mientras tanto, Nicolás preparaba un té para su inesperado visitante.&lt;br /&gt;–¿Y a que debo tu visita? –preguntó Nicolás mientras entregaba a Ernesto la taza de té.&lt;br /&gt;–Hoy no fui a trabajar y creo que no regresaré. –respondió Ernesto sin mirar a Nicolás.&lt;br /&gt;–Pero ¿Por qué? ¿Qué pasó?&lt;br /&gt;–Pues que todo es una maldita basura. ¡Todo! –y lanzó la mesa la taza que tenía entre sus manos derramando el líquido caliente sobre la superficie de la madera y de sus dedos.&lt;br /&gt;–Tranquilízate. Dime que ocurrió.&lt;br /&gt;–¿Qué otra cosa podría pasarme ya? –dijo Ernesto mirando con ira a Nicolás– que ayer, justo anoche un tipo me violó, me destrozó por dentro. Y que en aquellos en quienes pude poner algo de mi confianza la despreciaron dejándome sufrir de esa manera.&lt;br /&gt;Nicolás al escuchar esto trató de abrazar a Ernesto, pero éste se levantó con rapidez impidiendo que lo tocara.&lt;br /&gt;–No. No me toques. Ya tengo suficiente con lo que ahora sufro para añadirle tu lástima. –dijo mirando con despreció al Nicolás.&lt;br /&gt;–¿Pero por qué piensas que siento lástima por ti? –Nicolás se acercó nuevamente.&lt;br /&gt;–Lo sé. Lo veo en tus ojos…–Ernesto apartó la mirada escondiéndola observando una silla.&lt;br /&gt;–No ves más de lo que quieres ver. Siéntate y hablemos.&lt;br /&gt;–No quiero sentarme. Quiero irme de aquí. Solo vine a decirte lo que me pasó. –Ernesto cada vez hablaba con mayor rapidez y agitación.&lt;br /&gt;–Espera. –dijo Nicolás tocando el hombro de Ernesto –¿Vas a hacer la denuncia?&lt;br /&gt;–No. No quiero. Lo que quiero es venganza. –Al decir esto, Ernesto apartó de un empujón a Nicolás y caminó a través del patio hacia la salida.&lt;br /&gt;–Por favor cálmate. Me empiezas a asustar. Nunca te había visto actuar de esta manera. –Dijo Nicolás mientras caminaba tras él.&lt;br /&gt;–¡Es que nunca me había ocurrido semejante en mi vida! –gritó Ernesto, deteniéndose y girando hacia Nicolás.&lt;br /&gt;–¿A dónde vas?&lt;br /&gt;–A seguir con mí paseo. Aún debo visitar a alguien más. –Esto último lo dijo en voz baja.&lt;br /&gt;–Sé con quien te diriges. –dijo Nicolás asustado y agregó –Pero déjate de autocompadecer y vamos juntos.&lt;br /&gt;–¡No sabes nada! –gritó nuevamente y prosiguió su salida –Nunca has sentido lo que yo. No me reproches nada.&lt;br /&gt;–Eres tú quien se lastima más de lo que debiera. –decía Nicolás mientras seguía a Ernesto– Tienes derecho a sentirte mal pero no a hacer lo que planeas. Terminarás mal.&lt;br /&gt;–Eso a ti que te importa. Al fin y al cabo tienes a tu amiguito para consolarte o ¿qué? ¿Acaso crees que no sé nada de lo tuyo y Nico?&lt;br /&gt;-Es por eso que vas con él ¿No es así? Intentas culpar y castigar a alguien por lo que te pasó. Pero él nada tiene que ver. Y sobre tus locas ideas, son eso locuras.&lt;br /&gt;-Pues eso veremos, porque yo si lo creo. –Ernesto tenía la cara congestionada por la ira.&lt;br /&gt;-No. Reflexiona antes de que hagas cualquier cosa. Estás muy dolido. Ven, charlemos. –pidió Nicolás a Ernesto en un último intento por tranquilizarlo.&lt;br /&gt;-Me voy. –Y sin permitir a Nicolás decir algo más salió golpeando la puerta.&lt;br /&gt;Nicolás continúo de pie, en silencio, observando el lugar por donde salió Ernesto. Tenía miedo pero no sabía el porqué de ello. Resurgiendo en sí el calor de su encuentro con él corrió a la sala y tomando el teléfono marcó el número de Nicolás.&lt;br /&gt;El teléfono sonó, mas nadie contestó a la llamada. Nicolás colgó e intentó nuevamente, pero ahora al número celular. Nuevamente una negativa recibió de respuesta. El frío del miedo lo invadió de nuevo. Salió al patio interior de su casa y levantando los ojos al cielo vio como éste se encontraba ya estrellado. Era una noche clara, sin viento, mas la aprensión en su pecho lo mantenía ajeno a su alrededor. Caminó un par de pasos hacia atrás y apoyando su espalda en la pared, se dejó caer sentándose en el suelo.&lt;br /&gt;–Por Dios Ernesto. Por Dios. ¿Qué cosas pasan por tú mente? –se dijo a sí mismo tratando de ponerse en el lugar de Ernesto.&lt;br /&gt;Una voz en su interior se confundió con el susurro de los insectos nocturnos y le respondió.&lt;br /&gt;–Es ira, es miedo, son sus demonios internos.&lt;br /&gt;Y Nicolás comenzó a llorar.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-116314286277668008?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/116314286277668008/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=116314286277668008&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116314286277668008'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116314286277668008'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2006/11/armonizaciones-vi_10.html' title='Armonizaciones VI'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-116314272722650192</id><published>2006-11-10T01:11:00.001-06:00</published><updated>2006-11-10T01:12:07.230-06:00</updated><title type='text'>Armonizaciones VI</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;color:#ff9900;"&gt;La tarde transcurría con calma, un suave atardecer de tonos rojizos iluminaba un cielo azul. Para los transeúntes fue éste un día perfecto. Día de visitar al amigo enfermo, día de un trabajo no pesado, día de comer a la mesa con la familia. Pero Ernesto salió con rapidez de su casa, mientras dejaba que la puerta se cerrara a sus espaldas planeaba que haría ese día fútil.&lt;br /&gt;                Sus pensamientos divagaban por las varias imágenes que en sueños observó. Su pasado, su presente, y la posibilidad de un futuro. A cada paso que daba sentía las punzadas de los golpes que recibió la noche anterior. Trataba de disimular su dolor, sin embargo era perceptible un ligero balanceo al caminar.&lt;br /&gt;Mantuvo un paso lento, seguía un plan mental que había fraguado mientras se arreglaba para salir. Cuadras y calles avanzaba, sentía la necesidad de caminar lo más lejos que pudiera. Pero esta necesidad le era desconocida, en sus pensamientos solo una cosa acaparaba toda su atención: llegar a casa de Nicolás. No sabía exactamente el porqué de este paso en su plan, pero tenía que hacerlo.&lt;br /&gt;Luego de andar durante veinte minutos, y sentirse incómodo por el uso de los zapatos al caminar por tanto tiempo, se dirigió a la parada del autobús. Un pequeño grupo de personas junto a él esperaban al mismo transporte. Una joven pareja abrazados por la cintura, un hombre obeso sentado en el asiento de metal plateado, un muchacho con mochila al hombro y camisa desaliñada, una madre con un infante en brazos y otro tomado del brazo, y otros pocos a quienes no atendió. Al cabo de cinco minutos el autobús se acercó a ellos. Dos, tres personas bajaron por la puerta delantera mientras que el selecto grupo de Ernesto esperaba para abordar.&lt;br /&gt;Se mantuvo de pie sujetándose del asqueroso tubo de metal para no caer. Por la ventanilla veía a las personas pasar, estampas a las que nunca había prestado atención. El recorrido fue largo, pero sin ningún incidente como el día anterior. Se acercó a la puerta trasera para descender y antes de hacerlo la manita de un niño en el asiento contiguo rozó el dorso de la mano de Ernesto. Este se volvió para ver de quien se trataba; el niño le sonrió, Ernesto de devolvió la sonrisa, mas al bajar él escucho al niño decir: No son aún los días de ira. Ya en la calle, Ernesto se giró para ver de nuevo al niño, sin embargo el autobús continuó su marcha y se alejó de él con rapidez.&lt;br /&gt;Se dirigió a la casa de Nicolás. Cruzó un par de calles y después de cinco casas se encontró frente a la puerta de su novio. Se quedó de pie, miró su reloj y leyó la hora: 7:48 pm. Nicolás regresaba del trabajo a las seis así que lo encontraría si llamaba a la puerta. Por unos minutos le aterró la idea de verlo, sentía como si él mismo ya no fuera Ernesto y cuando Nicolás lo viera no lo reconocería. Se sentía aislado, lo ocurrido a él solo le correspondía sufrirlo a él solo, no soportaría que se le mirara con lástima o desdén. Luego de reflexionarlo por varios minutos y considerar que este paso debía ser dado pulsó el botón del timbre y esperó la respuesta.&lt;br /&gt;La puerta de metal negro se abrió y Nicolás con una sonrisa en el rostro recibió a Ernesto:&lt;br /&gt;                –¿Y eso que vienes tan elegante?&lt;br /&gt;                –Tonterías mías. –respondió Ernesto con fingido desdén.&lt;br /&gt;                –Deberías usar el traje más seguido. Se te ve muy bien. –dijo Nicolás guiñándole un ojo.&lt;br /&gt;                –Bueno, ya. ¿Me invitarás a pasar?&lt;br /&gt;Una simple casa de un piso. Al entrar se sigue un corto pasillo hasta el patio en el cual las demás habitaciones se conectan. La primera habitación es la sala, la siguiente una pequeña habitación en la cual Nicolás había colocado un pequeño estudio con un librero y escritorio. La siguiente habitación es la recamara de Nicolás y por último se encuentra la que fuera el cuarto de sus padres. Un baño y al final del largo patio se encuentra la cocina y el comedor. Ernesto había hecho el mismo recorrido desde hacia tres años y conocía de memoria cada rincón de la casa. En la misma silla, en la misma cocina, frente a la misma mesa, Ernesto se sentó como desde hacia ya tres años, pero esta vez manifestando un ligero suspiro ante el dolor producto de la pasada noche. Mientras tanto, Nicolás preparaba un té para su inesperado visitante.&lt;br /&gt;                –¿Y a que debo tu visita? –preguntó Nicolás mientras entregaba a Ernesto la taza de té.&lt;br /&gt;                –Hoy no fui a trabajar y creo que no regresaré. –respondió Ernesto sin mirar a Nicolás.&lt;br /&gt;                –Pero ¿Por qué? ¿Qué pasó?&lt;br /&gt;                –Pues que todo es una maldita basura. ¡Todo! –y lanzó la mesa la taza que tenía entre sus manos derramando el líquido caliente sobre la superficie de la madera y de sus dedos.&lt;br /&gt;                –Tranquilízate. Dime que ocurrió.&lt;br /&gt;                –¿Qué otra cosa podría pasarme ya? –dijo Ernesto mirando con ira a Nicolás– que ayer, justo anoche un tipo me violó, me destrozó por dentro. Y que en aquellos en quienes pude poner algo de mi confianza la despreciaron dejándome sufrir de esa manera.&lt;br /&gt;Nicolás al escuchar esto trató de abrazar a Ernesto, pero éste se levantó con rapidez impidiendo que lo tocara.&lt;br /&gt;–No. No me toques. Ya tengo suficiente con lo que ahora sufro para añadirle tu lástima. –dijo mirando con despreció al Nicolás.&lt;br /&gt;–¿Pero por qué piensas que siento lástima por ti? –Nicolás se acercó nuevamente.&lt;br /&gt;–Lo sé. Lo veo en tus ojos…–Ernesto apartó la mirada escondiéndola observando una silla.&lt;br /&gt;–No ves más de lo que quieres ver. Siéntate y hablemos.&lt;br /&gt;–No quiero sentarme. Quiero irme de aquí. Solo vine a decirte lo que me pasó. –Ernesto cada vez hablaba con mayor rapidez y agitación.&lt;br /&gt;–Espera. –dijo Nicolás tocando el hombro de Ernesto –¿Vas a hacer la denuncia?&lt;br /&gt;–No. No quiero. Lo que quiero es venganza. –Al decir esto, Ernesto apartó de un empujón a Nicolás y caminó a través del patio hacia la salida.&lt;br /&gt;–Por favor cálmate. Me empiezas a asustar. Nunca te había visto actuar de esta manera. –Dijo Nicolás mientras caminaba tras él.&lt;br /&gt;–¡Es que nunca me había ocurrido semejante en mi vida! –gritó Ernesto, deteniéndose y girando hacia Nicolás.&lt;br /&gt;–¿A dónde vas?&lt;br /&gt;–A seguir con mí paseo. Aún debo visitar a alguien más. –Esto último lo dijo en voz baja.&lt;br /&gt;–Sé con quien te diriges. –dijo Nicolás asustado y agregó –Pero déjate de autocompadecer y vamos juntos.&lt;br /&gt;–¡No sabes nada! –gritó nuevamente y prosiguió su salida –Nunca has sentido lo que yo. No me reproches nada.&lt;br /&gt;–Eres tú quien se lastima más de lo que debiera. –decía Nicolás mientras seguía a Ernesto– Tienes derecho a sentirte mal pero no a hacer lo que planeas. Terminarás mal.&lt;br /&gt;–Eso a ti que te importa. Al fin y al cabo tienes a tu amiguito para consolarte o ¿qué? ¿Acaso crees que no sé nada de lo tuyo y Nico?&lt;br /&gt;-Es por eso que vas con él ¿No es así? Intentas culpar y castigar a alguien por lo que te pasó. Pero él nada tiene que ver. Y sobre tus locas ideas, son eso locuras.&lt;br /&gt;-Pues eso veremos, porque yo si lo creo. –Ernesto tenía la cara congestionada por la ira.&lt;br /&gt;-No. Reflexiona antes de que hagas cualquier cosa. Estás muy dolido. Ven, charlemos. –pidió Nicolás a Ernesto en un último intento por tranquilizarlo.&lt;br /&gt;-Me voy. –Y sin permitir a Nicolás decir algo más salió golpeando la puerta.&lt;br /&gt;Nicolás continúo de pie, en silencio, observando el lugar por donde salió Ernesto. Tenía miedo pero no sabía el porqué de ello. Resurgiendo en sí el calor de su encuentro con él corrió a la sala y tomando el teléfono marcó el número de Nicolás.&lt;br /&gt;El teléfono sonó, mas nadie contestó a la llamada. Nicolás colgó e intentó nuevamente, pero ahora al número celular. Nuevamente una negativa recibió de respuesta. El frío del miedo lo invadió de nuevo. Salió al patio interior de su casa y levantando los ojos al cielo vio como éste se encontraba ya estrellado. Era una noche clara, sin viento, mas la aprensión en su pecho lo mantenía ajeno a su alrededor. Caminó un par de pasos hacia atrás y apoyando su espalda en la pared, se dejó caer sentándose en el suelo.&lt;br /&gt;–Por Dios Ernesto. Por Dios. ¿Qué cosas pasan por tú mente? –se dijo a sí mismo tratando de ponerse en el lugar de Ernesto.&lt;br /&gt;Una voz en su interior se confundió con el susurro de los insectos nocturnos y le respondió.&lt;br /&gt;–Es ira, es miedo, son sus demonios internos.&lt;br /&gt;Y Nicolás comenzó a llorar.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-116314272722650192?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/116314272722650192/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=116314272722650192&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116314272722650192'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116314272722650192'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2006/11/armonizaciones-vi.html' title='Armonizaciones VI'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-116314269159323252</id><published>2006-11-10T01:11:00.000-06:00</published><updated>2006-11-10T01:11:31.596-06:00</updated><title type='text'>Armonizaciones V</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;color:#ffff33;"&gt;Toda historia debe tener un inicio, y la nuestra también lo tuvo pero ¿qué puedo entender de ello ahora? Demasiadas cosas han pasado durante estos años: distancia, reencuentro, odio, amor, olvido, recuerdos. Recordé cuando te conocí, es tarde de septiembre en medio de la tormenta y nos guarecimos dentro de la tienda de enfrente. Te había visto en varias ocasiones en la escuela mas nunca tuve el real interés de hablar contigo. Pero las circunstancias nos permitieron unirnos por una hora en un mismo lugar.&lt;br /&gt;                Tengo una pésima memoria, si lo sabes, sin embargo nunca olvidé ningún detalle de ese día. Te encontrabas empapado, tu camisa de franela escurría cayendo pesadamente sobre tu cuerpo, mientras tu camiseta negra se pegaba a tu pecho. Tus jeans con un color azul más oscuro a causa de haberte metido a las corrientes de agua que se formaban en el canal de la calle. Usabas tenis blancos que quedaron hechos una sopa. Llevabas el cabello suelto, tu largo cabello castaño, me dolió cuando lo cortaste, escurría cada mechón de pelo. Intentabas limpiar tus lentes pero ningún palmo de tus ropas se encontraba seco.&lt;br /&gt;Me acerqué a ti, no sé aún que me orilló a entregarte un pañuelo desechable para que pudieras enjugar los anteojos. Me miraste a los ojos y sonreíste, fue la primera vez que te vi sonreír.&lt;br /&gt;-Gracias amigo. –tus primeras palabras dirigidas a mi. Perdona, soy patético por recordar con detalle esto. Olvida que lloré mientras te narró este cuento.&lt;br /&gt;-De nada…&lt;br /&gt;-También vas a la escuela ¿verdad? Si, te me haces conocido.&lt;br /&gt;-Si, –te respondí con un extraño temor –así es. Estoy en cuarto semestre…&lt;br /&gt;-Claro, yo voy en sexto. Por cierto ¿Cómo me dijiste que te llamabas?&lt;br /&gt;-Nicolás, Nicolás Orendain –te tendí la mano pero no la recibiste en ese momento.&lt;br /&gt;-¡Hey, qué chido! Igual yo, somos tocayos. –Y fue entonces que aceptaste mi saludo.&lt;br /&gt;-Si, que curiosa coincidencia –dije un poco aturdido.&lt;br /&gt;-Bueno y dime ¿qué te parece?&lt;br /&gt;-¿Qué? –pregunté desconcertado.&lt;br /&gt;-Pues la lluvia. Si no fuera que traigo la mochila no me importaría mojarme.&lt;br /&gt;-No me gusta mojarme en realidad. Cuando inició la lluvia ya me encontraba dentro, además que no traje el paraguas.&lt;br /&gt;-Inconvenientes. –y sin que me diera cuenta me cubriste con tu brazo empapado mojándome. Me irrité un poco al principio, tuve la intención de apartarlo pero no lo hice. Algo me contuvo. Solo lo sentí frío y húmedo. Vi tu mano al lado de mí cara, luego dirigí mis ojos hacia ti y observé como observabas la lluvia caer. Me dejé llevar por tu contemplación y miré largo rato a la tormenta.&lt;br /&gt;Por favor, no me recuerdes así. Debo ser un poco más fuerte, como se me ocurre llorar frente a ti, tú nunca me lo permitiste. Me decías que era algo demasiado íntimo como para mostrarlo.&lt;br /&gt;La lluvia no amainó pero me convenciste de salir, nunca había corrido bajo ella o intentar sortear sin éxito los charcos y corrientes. En varias ocasiones estuve a punto de caer pero me sostuviste de la mano e impediste que eso ocurriera. Subimos al autobús, y emprendimos nuestro camino. Estabas loco, decir que ese autobús se dirigía hacia donde vivías siendo que en realidad era en dirección opuesta hacia donde deberías ir.&lt;br /&gt;-Es extraño que nunca te viera subir al mismo autobús que yo cuando vengo o regreso de la escuela –Te dije intrigado.&lt;br /&gt;-Es por culpa de los horarios –mentiste.&lt;br /&gt;¿De qué sarta de cosas hablamos? Muchísimas, las recuerdo todas pero no quiero cansarte con el ir y venir de nuestra conversación de aquellos ayeres. Aunque durante esa hora de trayecto conocí todo lo que pude de ti, creo que puedo decir que durante esa larga charla fue cuendo nos convertimos en amigos. Bajamos del camión y me acompañaste hasta la puerta de mi casa, fue entonces que sospeché de que en realidad no vivías cerca de ahí. Qué idiota, me da risa el recordarlo.&lt;br /&gt;-Pasa si tienes tiempo o tal vez tengas prisa para quitarte esa ropa mojada. –te dije mientras abría la puerta.&lt;br /&gt;-Gracias, pasaré un momento. –y acto seguido entraste sin dudarlo. ¿Qué me motivo para invitarte? solo el futuro respondería a tal pregunta.&lt;br /&gt;-¿Un café o té? O ¿quizá algo más? –pregunté con cortesía.&lt;br /&gt;-Mejor el algo más. –y te reíste al responderme.&lt;br /&gt;Nos sentamos a la mesa y bebimos una caliente taza de café. Permanecimos en silencio durante esa velada. Todo tema de conversación parecía haber quedado agotado durante el trayecto de regreso a casa. El silencio se rompió cuando me dijiste:&lt;br /&gt;-¿Y porqué estoy aquí? –No pude responder, la pregunta me tomó por sorpresa. Alargaste el brazo hasta tomar mi mano. La apretaste y acariciaste. Me asusté, lamentó aún lo que te dije:&lt;br /&gt;-¡Pinche maricón! Con que para eso venías. ¡Lárgate de mi casa! –Me lavante de la mesa y tu hiciste lo mismo. Tomaste tu mochila y emprendías la salida. Antes de salir volteaste hacia mí y me viste con el mismo desprecio con que yo te vi. Luego saliste y me dejaste solo.&lt;br /&gt;Durante esa noche no pude conciliar el sueño. Algo me hacia sentir incómodo. Llegué a la escuela el día siguiente con tal de encontrarte y pedirte disculpas pero durante todo el día no te encontré. Me sentía mal por lo que te dije y por como me miraste. Ya al salir y resignado por no encontrarte sentí una mano que me toma del hombro, me giré para ver quien era, aunque sabía de quien se trataba.&lt;br /&gt;-Hola, ¿podemos irnos juntos? –Dijiste. Sonreí al saber que no estabas molesto.&lt;br /&gt;-Perdóname por lo de ayer. Fui muy estúpido. –dije mientras caminábamos.&lt;br /&gt;-No importa. También fue culpa mía por actuar así. –respondiste sin verme.&lt;br /&gt;-Quiero reparar mi falta, ¿te invito un café?&lt;br /&gt;-Esta vez no puedo, gracias.&lt;br /&gt;-¿Porqué? –estaba asustado.&lt;br /&gt;-Tengo planes.&lt;br /&gt;-Oh, entiendo. ¿Otro día?&lt;br /&gt;-Si, claro. Aunque quizá sea hoy mismo. Acompáñame.&lt;br /&gt;Te seguí sin dudar. Llegamos al parque y en una banca estaba sentado él.&lt;br /&gt;-Nicolás te presento a Ernesto, es mi pareja. –Al decirme esto un balde de agua fría me cayó encima. Hipócritamente saludé a Ernesto con una sonrisa. Me sentí humillado, había perdido algo que no sabía que podía tener y al mismo tiempo confundido, ¿Qué fue lo que pasó realimente en mi casa? Me invitaste a acompañarlos a beber algo pero me negué, no quería molestarlos. A pesar de tu insistencia no accedí y me separé de ustedes.&lt;br /&gt;Cinco años duramos como amigos, mi mejor amigo fuiste diré por mi parte. No, nunca fuiste mi amigo, jamás pude aceptar que solo fueras eso y creo que tampoco tu lo quería así, pero no importa ya pues ahora esto termina así. ¿Fue el destino el que nos reunió? ¿O quizá solo coincidencias que no tienen explicación? Pero cualquier respuesta resulta una blasfemia. Pues a pesar de todo aquello que siento, sentí, por ti, ocurrió esto. Nunca debí permitírtelo, por eso soy el único culpable de todo esto. Estabas enfermo, y yo con el corazón destrozado.&lt;br /&gt;Ahora veo tu cuerpo consumido por la enfermedad y por lo que te hice. No, por lo que te permití que te hicieras. Perdóname otra vez te pido, esa es mi culpa. Mis demonios no me permiten vivir, ahora soy yo el que esta enfermo también, pero no del mismo mal, pero mucho peor. Déjame dejarte ir para poder yo dejarme ir. Te amé siempre, aunque nunca te lo dije sé que lo sabías. Igual sé que me amabas, esa era tu habilidad. Mírame, nuevamente lloro, que patético soy.&lt;br /&gt;Debo dejarte ya que en la puerta se encuentra Ernesto. No quiero que me vea aquí y en este estado. Creo que todo esto es mi culpa y el también lo piensa así. Él estaba al tanto de nuestro negocio, nunca me lo perdonara. Sabes, quiero a Ernesto pero él no a mí y no lo culpo, me lo merezco. Ya que desde aquel día nada ha sido lo mismo.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-116314269159323252?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/116314269159323252/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=116314269159323252&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116314269159323252'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116314269159323252'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2006/11/armonizaciones-v.html' title='Armonizaciones V'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-116314264812508608</id><published>2006-11-10T01:09:00.000-06:00</published><updated>2006-11-10T01:10:48.133-06:00</updated><title type='text'>Armonizaciones IV</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="color:#ffff33;"&gt;¿En donde han quedado mis recuerdos? No son más que mentiras que a lo largo de los años me he formado con tal de darle sentido a mi vida. ¿Pero he vivido en verdad? ¿No ha sido solo una existencia sin vida ni deseos, solo un cascarón entre los seres normales? ¿Por qué nunca fui común? Preguntas, preguntas, preguntas a las que en cada momento doy respuesta y nunca es la misma. Me he pasado las últimas semanas sentado en mi sillón frente al televisor. Mi cerebro se ha convertido en mierda al escuchar y ver la serie de sandeces que se proyecta. Pero a pesar de ello la acepto, acepto su vulgar compañía.&lt;br /&gt;Esta tarde (¿o quizás era de mañana?) recibí una llamada telefónica. El sonido del aparato me sobresaltó. El constante repique de la campana me taladraba. Al fin, después de varios días, había conseguido algo de estabilidad y el miedo que me había acompañado por varios años dábame una tregua. La normalidad regresaba a mi. Pero algo vino a interrumpirla, un ser del exterior trataba de comunicarse conmigo. Eso no podía tolerarlo, no podía soportarlo. Traté de negar lo que escuchaba, intenté hacer desaparecer el insufrible ruido que provocaba tal alteración a mi pequeño mundo. Dejé que mi mente se perdiera en las imágenes brillantes y ridículas que se me mostraba. Apreté con fuerza mis manos contra mis oídos ensordeciendo todo aquello que no fuera mi propia voz en una melodía que comencé a tararear. Canción tonta que durante mi adolescencia estaba de moda. Primero fue un gemido en consonancia con las notas de la música, luego un susurro que cantaba con claridad las palabras, por último un grito que destrozándome la garganta silenciaba la amenaza.&lt;br /&gt;Pasó el tiempo, no sé en que momento hizo efecto mi sortilegio pues, cuando exhausto de mi entonación guardé silencio el teléfono había dejado de sonar. Me sentí satisfecho, podía continuar siendo feliz entre mis muros donde el sonido de un televisor en blanco y negro me acompañaba.&lt;br /&gt;En vigilia desperté, me vi rodeado de mi casa y del sonido eléctrico de un aparato. Grité con fuerza: Eres un estúpido. ¿Cómo dejaste que se apoderara de ti? Me levanté del sofá, y corriendo me dirigí al teléfono esperando que quien hubiera llamado lo volviera hacer. Comencé a transpirar profusamente, sentía como la humedad en mi camisa provocaba que se pegara a mi cuerpo. De pie permanecí un par de horas, sin despegar por un momento la vista del aparato telefónico. Suplicaba a quien me escuchara que quien hubiera sido nuevamente recordará llamarme.&lt;br /&gt;Todo a mí alrededor se oscurecía. La luz del farol entró con timidez a mi sala por la ventana. Me encontró esperando aún. Detrás de mi, escuchaba pasos que descendían por la escalera. Mi pecho se agitaba con fuerza suplicando que mis esperanzas no fueran vanas. La sombra se acercaba a mí, sentí su mano tocándome el hombro invitándome a desistir y regresar con ella. Apreté los puños, y en mis ojos brotaron lágrimas ante mi derrota. Sus susurros quemaban mis oídos y su lengua erizaba el cabello de mi nuca. Dejé morir mi última esperanza y mientras giraba hacia mi compañera el teléfono emitió un sonido. El eco retumbó por todo mi hogar. Me lancé sobre el auricular y lo descolgué. En un segundo la idea de que se tratará de una broma de ellos me aterró. Pero el sonido era diferente, era real, era nítido, era verdadero. Arriesgándome contesté:&lt;br /&gt;-Bueno.&lt;br /&gt;-¿Es usted el señor Silva?&lt;br /&gt;-Si, soy yo. ¿En qué puedo ayudarle? –Apenas podía ocultar mi sobresaltada alegría a la joven con quien conversaba.&lt;br /&gt;-Tengo la penosa necesidad de comunicarle que el señor Nicolás Orendain falleció esta mañana a la 9:54 a causa de un paro cardio-respiratorio. Es de suma importancia que se presente en el Hospital de la Caridad para hacerle entrega del cuerpo ante lo que usted disponga. –dijo la joven maquinalmente. Un discurso memorizado sin ningún afecto manifestado.&lt;br /&gt;                -Si entiendo, parto enseguida. Disculpé, ¿por qué es a mí a quien llaman y no a su familia?&lt;br /&gt;                -Lo lamento señor, -dijo la muchacha algo sorprendida -creí que usted era familiar. Cuando el señor Orendain ingresó al hospital proporcionó sus datos en caso de cualquier contingencia. ¿Acaso no es usted familiar directo?&lt;br /&gt;                -Así es. Pero creo que soy el único cercano a él. Espero que no sea problema.&lt;br /&gt;                -No lo sé señor. –dijo algo turbada. –A pesar de ello se requiere de su presencia para entregarle el cuerpo.&lt;br /&gt;La joven me proporcionó los datos del hospital y luego colgó, por mi parte hice lo mismo. Busqué a mí alrededor a la sombra que me acompañaba, pero no la encontré. Volvía a estar solo. Toqué mi pecho intentando descubrir si mi corazón también había fallado y no latía ya. Todo estaba en orden. Subí a mi habitación, me desnudé y tomé un largo baño. Me vestí con mi traje negro y tomando las llaves de mi casa y del auto salí hacia el hospital. Mientras conducía supe que por fin me encontraba tranquilo de verdad.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff9900;"&gt;El taxi se detuvo frente a la casa de Ernesto, bajo la farola de luz amarillenta. Dando un suspiro Ernesto descendió del vehiculo y sacando dinero de su cartera pagó al conductor el precio de su viaje. Quedose viendo como se alejaba el auto de alquiler a través de la calle girando luego en la avenida para desaparecer. Nada le parecía real a Ernesto. Se encontraba desorientado, como si viniera de un sueño. Caminó hacia la puerta de su casa esperando que todo alcanzara su final en cuanto despertara en su cama. Buscó entre los bolsillos de su roído pantalón las llaves y abriendo la puerta entró sin encender la luz.&lt;br /&gt;                Nada era como lo había conocido. Algo en el fondo de las cosas se encontraba modificado, no eran ya parte de él; eran ajenas, falsas, apáticas. Caminó derecho hacia su habitación subiendo las escaleras y entrando en ella se tumbó en la cama. Girose para quedar con el rostro hacia el techo y de un sollozo comenzó a llorar. No lloraba por el dolor de sus heridas, ni por el acto sádico al que fue expuesto, sino por lo que todo ello significaba.&lt;br /&gt;-Siempre he llevado una vida tranquila. Todo era perfecto. Pero algo no estaba bien, no era verdadera. ¡Quiero dormir y no despertar! -se decía mientras escuchaba el zumbido de la oscuridad. Su corazón se cerró igual que sus ojos quedando en un instante dormido y al siguiente soñaba.&lt;br /&gt;-No es más que una vil tontería.&lt;br /&gt;-Pero ¿Qué te pasa?&lt;br /&gt;-Nada solo que ya me cansé.&lt;br /&gt;-Pero ¿de qué o qué?&lt;br /&gt;-Cállate, solo déjame tranquilo.&lt;br /&gt;Los pensamientos oníricos son significativos. Revelan la verdad del corazón del hombre. El día se repite en la noche con el fin de resolverse, pero a veces no es una solución la que surge sino una tragedia que no puede ser concebida en vigilia ni en sueños.&lt;br /&gt;-Mira que no estamos en un lugar donde me puedes hablar así.&lt;br /&gt;-¡Y que me importa eso! Yo te hablo como me pegue en gana.&lt;br /&gt;-Es dices tú pero no.&lt;br /&gt;-¡Basta!&lt;br /&gt;Que bello es recordar lo que no se quería volver a vivir. Aquellos días en que la inocencia del niño se perdió o cuando por accidente rompiste el florero de mamá o alguna ventana. Pero esto mismo ocurre con los acontecimientos del día. Ver tus estupideces o quizá algún acto brillante. Tus palabras y actos te juzgan desde lo hondo del abismo de tu conciencia. Se guardan formando otro ser idéntico a ti pero no eres tú.&lt;br /&gt;-Muchachito, ¿qué no te gusta como te lo hago?&lt;br /&gt;-¡Déjame asqueroso…!&lt;br /&gt;-Cuidadito con lo que dices o te reviento el hocico. Así calmadito, clamadito.&lt;br /&gt;-¡Ah! ¡Ayuda! ¡Quítate! ¡Suéltame pendejo!&lt;br /&gt;-No, así no. Así si te gustará.&lt;br /&gt;El día siempre llega, pero para algunos no. El sueño los traslada hasta la corte celeste sin tener un momento para el arrepentimiento final. Así debe ser la muerte, llegar en sueños y con la conciencia tal y como debe estar, sin la falsa redención de los pecados. Pero para los menos afortunados el sol se levanta por el oriente y estos deberán aceptar ese designio.&lt;br /&gt;-“Me gustas, me gustaste desde que te conocí.”&lt;br /&gt;-Estas bien bueno muchachito. Me gusta como aprietas el culo.&lt;br /&gt;-“¿Quieres acompañarme a tomar un café? Sin no te molesta, claro.”&lt;br /&gt;-¡Date la vuelta puto! Que quiero que lo tragues.&lt;br /&gt;-“¿Quieres ser mi novio?”&lt;br /&gt;-Vente conmigo, te va a gustar.&lt;br /&gt;La vida es movimiento, pero un movimiento cíclico. Todo regresa a sus principios. Algunos dirán Karma, otros que es voluntad divina, en realidad no importa eso, lo importante es que ésta ley siempre es precisa aunque no exacta. Es un sueño, una vida falsa la que se vive. Los límites entre fantasía y realidad son tan indefinidos que el humano infringe los lineamientos de cada uno sin darse cuenta. Pero cuando se decide poner el asiento de la vida en ambos es la locura quien gobierna al sujeto.&lt;br /&gt;                -¿Ya ves que te gustó?&lt;br /&gt;                -Te conozco. Se todo de ti. Así que mejor te quedas calladito.&lt;br /&gt;                -No grites, nadie te hace caso.&lt;br /&gt;                -Pronto me verás otra vez.&lt;br /&gt;                -Muchachito, yo soy lo que siempre esperaste.&lt;br /&gt;Todo tiene un fin, y el reloj es la implacable arma del tiempo. Suena el reloj despertador de Ernesto indicando las siete de la mañana. El mundo sigue girando y vive como siempre. Miles de historias se escribieron a los largo de las noches en todo el mundo pero él se mantiene inflexible en su rotación. Ernesto escucha la alarma que le indica levantarse pero por primera vez la ignora. Busca con su mano una almohada y se cubre con ella el rostro. Quiere dormir más, quiere olvidar, quiere morir.&lt;br /&gt;                Las horas transcurren. Los pensamientos se acumulan y distorsionan entre ellos. Cerca de las tres de la tarde Ernesto se levanta intempestivamente. En su cara se muestran los estragos de la mala noche que pasó. Se mira en el espejo pero no se reconoce, ni le importa. Se quita el mugroso pantalón y tirándolo al bote de basura se dirige a la regadera a tomar una ducha. La suciedad no se va con el jabón a pesar de pasar una hora bajo el agua. Desiste y sale del baño. Toma un pantalón y una camisa limpios y negros vistiéndoselos, enseguida toma un par de calcetines y zapatos negros y se los calza. De la cómoda toma sus fragancias y un poco de gel para el cabello. Completamente acicalado se para frente al espejo y reconoce a quien delante de él se presenta.&lt;br /&gt;                -Buenas tardes señor Montel. ¿Qué piensa hacer este día?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-116314264812508608?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/116314264812508608/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=116314264812508608&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116314264812508608'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116314264812508608'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2006/11/armonizaciones-iv.html' title='Armonizaciones IV'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-116314252757548294</id><published>2006-11-10T01:07:00.000-06:00</published><updated>2007-01-22T12:43:07.056-06:00</updated><title type='text'>Armonizaciones III</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="color:#ffff00;"&gt;¡Maldito seas Dios! Ya estoy harto de seguir con esto. La conciencia me desquicia. ¿Pero es realmente mi conciencia? Claro que no, es el sentir la fuerza de las consecuencias de mis actos, o mejor dicho de mis no-actos. De qué sirve el libre albedrío si nunca se puede solucionar nada. Pero si existe una forma de acabar con este dolor. Si, pero no puedo, no soy tan valiente como para convertirme en mártir de los cobardes.&lt;br /&gt;No me he levantado de mi cama durante dos días, no he dormido ni comido, cualquier necesidad física y fisiológica no me importa ni me doy cuenta de sentirla. Solo dejo pasar el tiempo, siento el frío de las noches lluviosas. Me duele, es una agonía contener por más tiempo esta maldición. Otra vez vienen a mí los reproches, ¿Por qué lo hice? Pero si no es mi culpa. Claro que lo es, tú lo viste, lo sentiste, lo hiciste. Si, pero no fue de mala intención, yo solo pensé que eso era lo mejor. Lo mejor, nada de eso, todo fue premeditado. Acéptalo. Calla, no es cierto, No me confundas. No niegues lo que eres, un ser estúpido. Ahí lo tienes, quien más lo dice sino tu mismo. Basta, de este auto-atormento.&lt;br /&gt;La noche anterior mientras intentaba dormir sentí la mirada de ella, de esa sombra. No me atreví a abrir los ojos pero escuchaba su respiración. Estaba junto a mí, a los pies de mi cama. Sé que me miraba. Yo sentía como temblaba, mi corazón latía tan intensamente que creí que por fin mis oraciones habían sido escuchadas y de un momento a otro se detendría o explotaría. Mas nada de eso pasó. Ella estaba inmóvil, lo sabía a pesar de no verla. Me miraba y buscaba el momento oportuno para atacarme. Ella sabía lo que pensaba y se aprovecharía de mi miedo. Un acto prodigioso se obró en mí, una descarga de adrenalina recorrió mi cuerpo, lo sentí como si un enjambre de hormigas corriera a lo largo de mi espalda, piernas y brazos. Se encendió en mí una furia tremenda, y un pensamiento me llegó de improviso. “Si te viene a matar, y tu eso es lo que has buscado durante tantos años… aprovecha esta oportunidad”. Antes de perder los bríos que se me habían dado entré en acción. Levanté con fuerza el cobertor con que me cubría el rostro y con la más temible mueca amenazadora que pude hacer me dispuse a enfrentarme contra mi demonio.&lt;br /&gt;De un solo impulso me senté sobre mi cama, pero en el momento de descubrirme y abrir los ojos descubrí que me hallaba frente a frente de eso. Su enorme ojo rojo miraba fijamente a los míos y una larga boca entre abierta me daba las buenas noches con una bizarra sonrisa. Sentí a mi corazón congelarse, con ver eso sería suficiente para sufrir un paro cardiaco, mas “eso” me golpeo en el pecho e hizo que retrocediera a mi postura primera. “Aquello” saltó sobre mí como un perro se arroja hacia su amo. Cayó sobre sus cuatro extremidades sosteniendo las mías con sus garras parecidas a manos, su faz volvió a estar a centímetros de la mía, su aliento amargo me era asqueroso pero no mostré ningún signo de repulsión, me hallaba demasiado asustado para eso.&lt;br /&gt;De pronto soltó una frase en perfecto español, de hecho su voz y entonación era casi musical: -¿Por qué te asustas?- Abrí mis ojos desmesuradamente, sentí la molestia que produce hacer eso, al escuchar la forma en que se expresaba. No respondí a su pregunta, me era imposible y además creo que no era su intención que dijera nada pues, acto seguido sacando su lengua me lamió la cara. Me sentí asqueado por la consistencia y el olor de aquello, pero en cuanto hizo eso se desvaneció. No sentí su desplazamiento ni en que momento desapareció solo sé que ya no estaba ahí. Abrí los ojos y vi que me encontraba aun acostado, envuelto entre las sabanas de mi cama. La luz del sol se reflejaba en el cristal de mi ventana, mientras que yo me permitía llorar nuevamente, llorar como cuando niño. Sin embargo, mis lágrimas eran de dolor no por lo que había hecho sino por lo que sufría. Fue entonces que supe que en realidad no me arrepentía de mis no-actos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff9900;"&gt;El bar cerraba sus puertas, pasaban de las cuatro de la mañana y nadie se encontraba ya dentro de él como cliente. Los compañeros de Ernesto salieron hace varias horas, se reían y conversaban animadamente. -Todos esos son iguales, se cogen entre ellos en donde sea y con quien sea.- Y una carcajada unánime dio el visto bueno a tal afirmación. Cada uno se dirigió a su casa a descansar. Nadie reparó en esperar a Ernesto, la excusa que se dieron fue: Necesita privacidad. Pero de todo esto ya hacia varias horas.&lt;br /&gt;Ernesto se encontraba en la parte trasera del establecimiento, se hallaba acostado en el suelo, y el brazo del hombre que lo atacó lo mantenía aplastado. El dolor le mantenía en un constante llanto; a pesar de que el hombre le golpeó cuando empezó a sollozar, él continuaba vertiendo lágrimas. No entendía que había ocurrido, no sabía porqué había ocurrido, y mucho menos lo aceptaba. Se sentía manchado, sucio, malo. Creía que nunca se sentiría peor como el día en que aceptando su preferencia sexual se lo dijo a sus padres. Muy curioso momento era este para recordar eso: su padre lo abofeteó y le lanzó una serie de maldiciones mientras su madre solo lloraba sentada en el sofá con el rostro cubierto entre sus manos. En ese entonces sintió la decepción de sus padres, se sintió malo y pecador. Ese sentimiento fue la última tentativa de ser normal para todos. Recordó su huida hacia la casa de su amiga Imelda donde lanzándose a sus brazos pidió perdón. Nunca supo él mismo de que se disculpaba pero quedó luego ello en el olvido. Ahora un sentimiento similar lo invadió. Sentía como la normalidad de su vida se perdía, se volvía a sentir culpable y feo.&lt;br /&gt;Apenas podía respirar, el brazo del sujeto le presionaba con fuerza el pecho. Le era imposible moverlo y él mismo no podía zafarse de tal prisión. Se pasó largo rato viendo en el techo la luz que se filtraba por la comisura de la puerta. Pensaba el porqué sus “amigos” del trabajo no le habían buscado. Luego de tanto llorar entró en un estado de somnolencia donde imágenes de Nicolás se mezclaban con las de su agresor, luego Imelda y Carlos esperando el autobús con él para luego pasar al niño destrozado en el pavimento. Alucinaba los gritos de la anciana mujer y las risas de sus compañeros. Durmió por algunos minutos hasta que la puerta de la pequeña bodega se abrió con violencia. La luz iluminó con intensidad el interior de la habitación. Un hombre larguirucho asomó por el umbral y grito:&lt;br /&gt;-¡Ya basta! Vete de aquí con tú amiguito. Ya voy a cerrar. –dijo el sujeto que atendía la barra y dueño del establecimiento. El Hombretón con pesadez comenzó a moverse. Al intentar levantarse apoyo su codo sobre el estomago de Ernesto lo que hizo que le saca todo el aire y provocarle más dolor al que ya tenía. Se incorporó completamente, se hallaba desnudo, se desamodorró con lentitud rascando diversas partes de su cuerpo. Luego agachándose tomó su pantalón del piso y sus zapatos, y se encaminó hacia la puerta donde el otro sujeto lo esperaba entregándole su sucia camiseta. –¡Ey! No me dejes a tu amigo, llévatelo. –dijo el sujeto señalando a Ernesto que aun se encontraba en el suelo. El hombre no hizo caso a lo que se le dijo y salió sin pronunciar palabra.&lt;br /&gt;Ernesto sentía dolor en todo su cuerpo. Fue maltratado mucho por su violador dejándole las marcas de sus manos en sus brazos y piernas, y alrededor de su boca al impedirle gritar; además de las diferentes laceraciones que le provocó, como las mordidas en sus pezones y pene, y las excoriaciones en su culo el cual sentía como sangraba y como su sangre se mezclaba con el semen de su captor. Encontró varios raspones en todo su cuerpo sobre todo en codos y talones. El cantinero de mal humor se acercó a Esteban, luego de mirarlo un rato le pateo un costado al ver que no se levantaba.&lt;br /&gt;–Oye amigo. Vamos, levántate. –no recibió respuesta. –tengo que cerrar. El grandulón ya se fue, ahora te toca a ti. –ahora recibió de respuesta un par de quejidos. Al ver que Ernesto no se ponía en pie se dispuso a ayudarlo. Una descarga de dolor recorrió el cuerpo de Ernesto, pero logró levantarse. El sujeto buscó por todas partes la ropa del Ernesto pero solo encontró jirones de ropa, aunque los zapatos tenis estaban íntegros. Los tomó con una mano y con el otro brazo ayudó a salir a Ernesto de ese agujero.&lt;br /&gt;–Bonita noche la que tuvieron, ¿no? –dijo sonriendo. Ernesto no respondió. Ya en el bar lo sentó en una silla de plástico cerca de la barra. Por la puerta en ese momento salía su violador mientras se colocaba su camiseta sin mangas. Ernesto se vio desnudo, el dolor por sentirse manchado y culpable volvió a aparecer.&lt;br /&gt;–Toma, ponte esto. “El Mamado” te dejó sin ropa. Pero ya vez, eso te pasa por meterte con él.– Ernesto vio el pantalón roído que le aventaron. –Pues si, te digo. Le encabronan los putos y cuando ve uno se lo carga que dizque él para que se le quite. A mi se me hace que es también puñal, pero nunca me oirás decírselo, sería capaz de hacerme algo peor que lo que te hizo a ti. Créeme.– Al decir esto se fue a la bodega. Ernesto no puso atención a lo que le dijo, luego lo recordaría con detalle. Se vistió el pantalón y calzó sus tenis. Encontró en una esquina su mochila y poniéndosela al hombro se dispuso a salir. La madrugada era fría, pero no lo sentía. Miró en todas direcciones buscando a “El Mamado” pero no le vio. Ya era tarde y no pasaría ningún autobús, pensó tomar un taxi pero no tenía dinero, así que decidió caminar las veintisiete cuadras hasta su casa. Ya cerraba la puerta cuando desde el interior el tipo le grito. Encontró la cartera de Ernesto y dándosela cerró la puerta con llave. Ernesto la abrió y descubrió que no faltaba nada de dinero. Se alegró un poco de su suerte y llamando un taxi lo abordó.&lt;br /&gt;–¿A dónde mi joven? –preguntó el conductor.&lt;br /&gt;–A mi casa, por favor. –por fin pudo hablar Ernesto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-116314252757548294?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/116314252757548294/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=116314252757548294&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116314252757548294'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116314252757548294'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2006/11/armonizaciones-iii.html' title='Armonizaciones III'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-116314239880627705</id><published>2006-11-10T01:02:00.000-06:00</published><updated>2006-11-10T01:06:38.826-06:00</updated><title type='text'>Armonizaciones I y II</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#ffff00;"&gt;La lámpara ilumina con su luz amarilla, creando una sombra impenetrable al contacto con el árbol. La serena casa enfrente de la mía parece ya dormir. En efecto, sus habitantes deben descansar, ya que la noche ha entrado y con ella el cansancio por las faenas del día anterior. Yo por mi parte me mantengo despierto toda la noche escribiendo. Pero por mi ventana puedo observar el silencio de la calle, el movimiento inexistente del árbol producto de la suave y fría brisa. Los autos estacionados y un carretón de madera invaden la soledad. El negro cielo de diciembre no muestra ninguna estrella. Es la noche perfecta para soñar.&lt;br /&gt;Nada interrumpe la perfección del momento. Incluso apago las luces para evitar cualquier interrupción a la belleza del invierno. Me cubro con una manta para calentarme y bebo una taza de café para permanecer en vigilia. ¡Ah!, cuanto quisiera poder salir y caminar por las calles abandonadas, respirar la libertad de una noche de diciembre, de sentir felicidad. Pero ¿Cómo habría de sentirla? Yo solo soy un ermitaño que vive en las sombras, quien incluso puede permanecer semanas sin salir de su domicilio, sin pronunciar palabra, sin pensar en nadie más. Solo yo y mi computador. Me he convertido en un ser inexistente, olvidado y sedentario. ¿Por qué he de vivir así?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff9900;"&gt;La mañana del 18 de Febrero Ernesto salía rumbo a su trabajo. Saludó a su vecina, mujer de años pasados cuyos cabellos blancos poco a poco se transformaban en amarillos, la cual barría la calle. Siguió su camino en dirección a la parada del autobús. En la esquina, bajo el techo de una lona plástica, esperaban junto a él Imelda y su novio Carlos, buenos amigos de Ernesto. Se conocían desde la primaria.&lt;br /&gt;-Buenos días. –dijo Imelda con una sencilla risilla al ver a Ernesto.&lt;br /&gt;-Buenos días. –respondió él inclinando un poco la cabeza.&lt;br /&gt;Esa fue toda la conversación que tuvieron pues en ese momento el autobús de Ernesto llegó. Al subir lo encontró prácticamente vació. Pagó el pasaje y se sentó del lado de la ventanilla, apoyando su cabeza en el cristal, cerró los ojos y dejó que su mente divagara por mil y un sueños.&lt;br /&gt;                Una ancianita se encontraba sentada frente a él. Una mujer entrada en años con un par de bolsas de plástico a sus pies llenas de pedazos de tela, mientras cantarrujeaba una canción que solo podía ella entender. Un poco más cerca se encontraba un muchacho, no debería tener más de 14 años, apenas unos tres pelos sobresalían de su mentón, vestido con una holgada camiseta blanca en igual condición se encontraban sus pantalones azul-grisaceo, escuchaba música en su discman y al mismo tiempo intentaba leer un libro, aunque las constantes sacudidas del autobús se lo impedían. Atrás otro hombre de muy mal ver, un ser casi amorfo. Su rostro cubierto por vello solo mostraba una nariz extremadamente chata y ancha. Sus ojos parecían estar fuera de sus orbitas, y donde debería estar su boca solo se observaba como los mechones de cabello se movían simulando el estar chupando algo. Vestía una camisa sin mangas que alguna vez fuera blanca, y un pantalón de mezclilla que igual tuvo que haber sido blanco. En sus brazos una serie de signos tatuados, solo uno era identificable, una mujer desnuda sosteniendo con sus manos sus pechos ofreciéndolos a quien los quisiera.&lt;br /&gt;                El camión seguía su camino, mientras Ernesto parecía quedarse dormido. Un súbito estremecimiento lo saco de su sueño. El autobús estaba fuera de control, zigzagueaba por la calle golpeando a los vehículos estacionados fuera de las casas. De pronto todo el movimiento cesó. Una pared logró detener la mole de hierro, cuando ésta se impacto de lado contra la gruesa barda. No había sufrido él ningún daño. Desligó las puertas de emergencia y salió de pie del vehículo. Pero lo que vio al salir lo marcó para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffff33;"&gt;Parece que la noche será muy larga. Son apenas las dos y media de la mañana y el sueño trata de ganarme. Quisiera tener con quien hablar. Me siento solo. La navidad pasó hace poco y ahora el año nuevo se aproxima sin tener compasión de mí. Estoy solo. A veces me acerco al teléfono y levanto el auricular y cuando estoy a punto de marcar, una voz contesta al simple levante. Me dice: Cállate… Ven… Termina… Estoy detrás… La primera vez que escuche eso se me pusieron los cabellos de punta. Colgué inmediatamente el teléfono y me dirigí a mi habitación, levanté las cobijas y me escondí debajo de ellas como cuando era niño. Momentos después y luego de reflexionar, me hice la idea de que era mi imaginación. Intenté nuevamente llamar, esta vez no hubo voz. Oprimí los números y esperé a que contestara. Del otro lado de la línea se escucho el levantar del auricular y antes que pudiera decir bueno una voz me dijo: No llames, no te servirá. Cállate… Ven… Termina… Un viento frío soplo sobre mí. Arrojé, sin pensar, el teléfono y corrí esta vez a la calle. Era de noche.&lt;br /&gt;Prácticamente no uso el teléfono. Solo contesto las llamadas que se me hacen. Aunque son raras tales llamadas. Esperaba que algún familiar preguntara sobre mi salud o que pensara venir a visitarme. Pero nunca sucede, solo llaman para venderme algo o para callarme. No he hablado con alguien desde hace más de ocho meses. Si no fuera por los interminables soliloquios que acostumbró hacer habría perdido ya la voz. Pero, ¿Por qué me quejo? Esta vida fue la que quise. Fue mi estupidez la que me trajo aquí. Por la mañana he de ir al supermercado a comprar los víveres para la próxima semana. Se gana bien con estos negocios de la Internet.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como es de costumbre los paramédicos y policías llegaron al lugar el accidente. Entre los gritos de las sirenas un cúmulo de personas se agrupó para ver el espectáculo. Bajo las ruedas de la enorme máquina se encuentra lo que fue la cabeza de un niño, un niño de cinco años. Un delgado hilo carmín oscuro se desliza entre las grietas de la banqueta hasta alcanzar la oquedad de una charca dentro de la cual se combina con sus aguas turbias. Era ya tarde para dar algún tipo de ayuda al infante, la masa encefálica cubría el pavimento y ningún rastro de su rostro había quedado intacto.&lt;br /&gt;                Ernesto ya en la calle mira horrorizado la escena. Un extraño abatimiento toma a todos los testigos, todos quedan paralizados. Un sentimiento terrorífico les impide actuar. Pasan los minutos, casi una hora y nadie se mueve. Todos mantienen la mirada fija en el cuerpo destrozado, ni siquiera logran despabilarse cuando ven a una jauría de perros callejeros acercarse y tomar entre sus hocicos partes del infante y beber del charco formado con su sangre cual si fuera agua. Esto era demasiado, y haciendo un esfuerzo sobrehumano Ernesto regresa al mundo real y con su mochila se abalanza contra los canes ahuyentándolos. El hechizo de la imagen se rompe y todos reanudan sus actividades. Los paramédicos toman los restos y los llevan al médico forense, los policías toman notas de lo ocurrido y arrestan al conductor, los demás vuelven a sus casas o a sus faenas cotidianas, mientras que los pasajeros del autobús esperan al siguiente. La anciana carga sus bolsas, el muchacho se coloca sus discman y Ernesto cruza los brazos desesperado porque llegará tarde a su trabajo. El otro hombre de aspecto espantoso no se encontraba con ellos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffff33;"&gt;Otra vez es de noche. Pero que me importa eso, he dejado de vivir guiado por cualquier medida de tiempo. Sol, luna, reloj, qué son esos objetos mas que limitantes para un ser como yo. Aún así continuo observando a través de mi ventana el crepúsculo del atardecer. El único momento que en verdad me importa y el que más dolor me causa pues sé que en cuanto desaparezca la luz celeste las pesadillas volverán. Cada día… (¿Acaso realmente ocurre cada día?) Ya estoy cansado, en verdad muy cansado. La farola ya encendió su luz, ya ha caído la noche. Me paseó por todas las habitaciones de mi casa. Un patético hombre, sin vida social mucho menos amorosa viviendo en esta casa, solo me falta tener un gato y estaría dicho: “El viejo loco de la calle”. Abro y cierro las puertas, el olor a humedad y encierro ya comienzan a ser una molestia. Por fin llego al patio trasero, la enredadera de mi vecino supera el muro divisorio y caen sus hojas de mi lado. De vez en cuando se me ocurre limpiar mi “hogar” pero con el paso del tiempo eso dejó de importarme.&lt;br /&gt;                Miro a través de una pequeña ventana hacia el exterior del patio. Levanto mis ojos pero solo veo el cielo nublado. Un relámpago surca el cielo y luego el estrépito del trueno llena por un momento de sonido los muros. Ya es tarde para salir, además veo formarse entre cada centella la sombra de algo. Mientras mantenga la puerta cerrada esta no podrá entrar, aunque fue esto mismo lo que provocó que ella misma entrara.&lt;br /&gt;                Me ha visto, es mejor que regrese a mi habitación. Por la tarde he visto en el noticiero algo sobre un accidente en el que intervino un camión de transporte público. Espero que ahonden en el suceso, me divirtió mucho ver la forma en que quedaron los cuerpos destrozados luego de la colisión. Un niño perdió su rostro de manera maravillosa, de alguna forma salió disparado por la ventanilla y a causa de la velocidad y que para su fortuna cayera sobre su rostro fue arrastrado por varios metros. Las imágenes de los noticieros sin editar son lo mejor, la cara destrozada del infante me hizo reír, y hace mucho tiempo que ni siquiera sonreía.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;            &lt;span style="color:#ff9900;"&gt;    -Perdón por retrasarme, pero hubo un accidente… –dijo Ernesto en cuanto entró al establecimiento, ninguno de sus compañeros le prestó atención. Se vistió el delantal amarillo que todos debían usar y se colocó detrás del mostrador; esta semana le correspondería laborar en el área de frutas secas. Con la mejor sonrisa que puede darse de manera obligada, según la política del establecimiento, comenzó a recibir a los primeros clientes del día. Durante más de ocho horas pasaría de pie, solo durante la media hora de descanso podría ir al comedor para tomar su almuerzo. Los olores mezclados de las especias y condimentos que se comercializaban poco a poco dejaron de molestarlo, la costumbre que se forja durante tres años de trabajo es difícil de eliminar.&lt;br /&gt;                El gran reloj blanco empotrado en la pared indicó el mediodía. La mitad de los empleados podían dejar sus obligaciones y descansar por treinta minutos. En cuanto el segundero se posó sobre la línea del doce, Ernesto se quitó el delantal y corrió fuera del negocio. Unos pocos clientes se dieron cuenta de su arrebato al salir, sus compañeros se miraban unos a otros expresando con sus miradas cierto juicio hacia algo que no se atreven aún a hablar. Ernesto cruzó sin cuidado la avenida, solo miraba hacia la acera de enfrente, un par de automóviles hicieron sonar sus bocinas ante la inconciencia del peatón. Llegado a su objetivo se lanzó a su cuello y sin la menor pena le plantó un beso a Nicolás, quien sin negarse lo recibió y correspondió. Muchos que pasaban, al ver la escena giraban la cabeza o entre ellos mismos juzgaban a los novios. Ernesto y Nicolás se encaminaron a la lonchería para almorzar juntos, solo les quedaban veinte minutos para charlar.&lt;br /&gt;                -Quiero contarte que cuando venía hacia el trabajo se accidentó el autobús en el que venía. –Comenzó a decir Ernesto mientras esperaban su comida.&lt;br /&gt;                -¿No te paso nada malo? –preguntó Nicolás.&lt;br /&gt;                -No, nada. Pero a un niño se lo llevo la chinga. Quedó destrozado cuando la llanta del autobús le pasó por encima. Fue algo horrible.&lt;br /&gt;                -Que espantoso. ¿No pudieron hacer nada? –Dijo Nicolás mientras la comida era servida.&lt;br /&gt;                -No, fue inútil. Aunque fue raro ver a un niño muerto de esa manera. Creo que nos afecto a todos.&lt;br /&gt;                -Me imagino. Supongo que luego saldrá el reportaje sobre eso en las noticias. –dijo Nicolás bajando la voz y la mirada.&lt;br /&gt;                -Esto esta rico. Mmm… Dime ¿cómo has estado?&lt;br /&gt;                -Bien, no he tenido ninguna tremenda aventura como tú. Jajaja&lt;br /&gt;Terminaron de comer y Ernesto se despidió de Nicolás, sin antes no haberle dado un ligero beso en el lóbulo de la oreja.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffff33;"&gt;Infomerciales, películas pornográficas, líneas eróticas y astrológicas… que basura hay en la televisión durante las madrugadas. Y ni que decir de la radio. Vuelvo a sentarme en medio de la oscuridad frente al monitor de mi computador. Cinco cuentas de correo electrónico y todas están llenas de correo basura. Durante mucho tiempo creí… no, aún creo que es mejor encontrarme solo. Pero a veces, me duele sentir el vacío de mi casa, no ver o escuchar a algún amigo con quien compartir momentos. Ahora ya es imposible realizar cualquier cambio siendo que mi vida se ha vuelto algo bizarra.&lt;br /&gt;                Miro frente a mí la pantalla luminosa, parpadea intermitentemente el cursor, y una hoja en blanco se despliega. Golpeo las teclas con la intención de escribir pero nada aparece escrito. Sigo intentando pero es inútil, las palabras no aparecen. De pronto la pantalla se oscurece, mis ojos quedan encandilados ante la falta de luz que me proveía. Todo se ha vuelto completamente negro. La incertidumbre que hela la sangre frente a las tinieblas hizo que me acurrucara en mi sillón ocultando mi cabeza entre mis brazos. Poco después logré reflexionar por un momento y supuse que se trataba de una falla en el suministro de energía. Me avergoncé de mi actitud tan infantil, me alcé y miré a mí alrededor. Todo se encontraba cubierto por la negrura. Posé mis ojos en el monitor, y vi en medio de la pantalla un pequeño pulsar, pero de un centelleo algo semejante a un rostro se formó, era semejante al de un niño. Sin embargo el vacío en que se hallaban sus ojos me causo un terrible pánico.&lt;br /&gt;                El niño sin rostro que vi muerto a través de la televisión estaba delante de mí. Salió de la pantalla y tocando con su manita mi rostro provocó que cayera desmayado. Luego era ya de día.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff9900;"&gt;Ernesto regreso a su puesto luego de almorzar. Varios clientes le miraban con recelo al recordar la escena que hacia media hora. Todas las labores continuaron con normalidad, mercancía iba y venía, y las transacciones de dinero al por mayor.&lt;br /&gt;Al término de la jornada, Ernesto se disponía a salir cuando uno de sus compañeros le llama: -¿Oye, no quieres acompañarnos al bar de la esquina?- Desde hacia tres años que trabajaba en ese lugar y nunca había entablado conversación con ninguno de sus colegas, además que ellos mismos de alguna manera huían de cualquier trato con él. Semejante invitación, a pesar de todo, no podía ser rechazada. Aceptó con una gran sonrisa y guardando sus cosas en su mochila se unió al grupo.&lt;br /&gt;El establecimiento no era muy acogedor. Un par de mesas de billar ya muy gastadas y una barra con bancos largos en el fondo del lugar, las luces eran escasas y el humo de los cigarros lo llenaba todo. Se acercaron a la barra y pidieron cada uno una cerveza, además de rentar una mesa para jugar. Desde sus años en la preparatoria Ernesto no había vuelto a jugar pool, sintió cierta melancolía al recordar a sus antiguos amigos.&lt;br /&gt;Era una velada de hombres, todos bebían, fumaban, jugaban y reían. La noche apenas había caído y Ernesto ya se sentía afectado del licor; bebía ocasionalmente pero nunca con “amigos” ni en noches de “parranda”, o lo que él creía que fueran. Sin embargo, los demás reían no con él sino de él, al ver como su “amigo” que tan sobrio y digno se presentaba diariamente en el trabajo, sacaba a la luz el comportamiento afeminado que debía ser el correspondiente a un “puñal” como él.&lt;br /&gt;Embriagado por el momento más que por la cerveza se dirigió hacia el sanitario. Sentía vértigo y a tropiezos alcanzó la puerta del baño. La abrió y encontró un cuartucho de dos por dos metros, con un escusado manchado y repulsivo, sin embargo eso no le importó y sin contenerse se arrodilló ante el retrete y vomitó todo lo que había bebido esa noche. Las nauseas y el vértigo menguaron un poco. Se levantó y girando para salir encontró frente a si a un hombre. Un ser repulsivo completamente cubierto de vello y cabello largo. En medio de la confusión Ernesto lo reconoció como el hombre que iba con él en el autobús esa mañana. Era fácil de reconocer, sobretodo por el tatuaje en su brazo.&lt;br /&gt;                Ernesto se encontraba atrapado en esa pequeña celda. La desesperación y el miedo lo invadieron. El hombre lo tomó abrazándolo con fuerza, y de su asquerosa boca salieron palabras que apenas podían considerarse como humanas, diciéndole al oído: -Ahora si chiquillo, vas a ver lo que es un hombre y no un pinche joto-.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-116314239880627705?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/116314239880627705/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=116314239880627705&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116314239880627705'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/116314239880627705'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2006/11/armonizaciones-i-y-ii.html' title='Armonizaciones I y II'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-115882224010172749</id><published>2006-09-21T01:56:00.000-05:00</published><updated>2007-08-25T00:46:05.142-05:00</updated><title type='text'>Entrevista</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#000099;"&gt;-Hola&lt;br /&gt;-Hola&lt;br /&gt;-¿Tu eres…?&lt;br /&gt;-Soy…&lt;br /&gt;-¿Si?&lt;br /&gt;-Este…&lt;br /&gt;-Está bien. Continuemos. Déjame ver… ¡Aquí está!&lt;br /&gt;-Sabes… estoy un poco nervioso.&lt;br /&gt;-Tranquilo. Nada va a salir mal. Te lo prometo.&lt;br /&gt;-Bueno.&lt;br /&gt;-Permíteme un momento. Saldré un minuto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;em&gt;La pequeña habitación del cuarto piso de un edificio de cristal, no es muy agradable que digamos. Odio estar aquí. Bueno… no odio el lugar, es muy bonito sin duda. Recuerdo cuando apenas construían este edificio. El enorme boquete que serviría de cimiento para toda la estructura. Si… solíamos pasar por aquí mi madre y yo. Por la avenida más corta del mundo, eso digo yo. A quién se le pudo ocurrir construir una avenida tan ancha y que su camellón central pareciera un parque angosto pero largo. No tiene ni siquiera un kilómetro de largo. Pero que importa eso. Aunque… no estaría mal que este fin de semana vaya a alguno de los antros que hay por la zona. Quizás hasta traiga a…&lt;br /&gt;Ya es tarde. No, solo son los nervios que me traicionan. Por qué acepte venir aquí. Esta gente me da miedo. Espero que no importe que me levante. Es terrible esta oficina o consultorio o confesionario, cualquiera nombre le queda.&lt;br /&gt;Mmm… Que curioso cuadro. Es bello aunque un poco triste. El atardecer detrás de una montaña nevada. Y el lago, es como si fuera real. Que magnifico pintor. Los árboles, las aves volando por el cielo color… púrpura. Eso nunca me lo hubiera imaginado, bueno, si, así se ve el cielo al atardecer. Pero es increíble, cada detalle, cada ángulo de los filos escarpados del monte son perfectos. ¿Quién lo pintó? Aquí dice…” J I Vargas”. ¡Excelente!&lt;br /&gt;Vueltas y vueltas por la habitación. Ni desentumirme puedo. Dos pasos y ya se acabo el suelo. Veamos ahora por acá. Libros, muchos libros. Mmm… poesía, narrativa, historia, ciencia, arte… ¿Los habrá leído todos? Pues se ve que tiene mucha cultura. Creo que si. A ver este. Dice… “Historia de un olvido”. Bonito nombre, llama a ser leído. ¿Que dice? ¡Son cuentos! ¿Quién será el autor? “Velázquez”. Que interesante, se me hace conocido el nombre. Qué más da.&lt;br /&gt;Ya me enfadé de estar aquí. ¿Qué se creen? Tengo muchas cosas por hacer. Que mentiroso soy, no tengo nada que hacer. De hecho, por estar aburrido fue que vine, sino no. La silla esta cómoda. Un punto a su favor. Pero ya tiene muchos perdidos. La ventana, me asomaré, espero que tenga un poco de vista. Mmm… no mucha, lástima. Me pregunto si desde el techo del edificio podré ver mi casa. Yo creo que sí, esta cerca de aquí y además el edificio es muy alto. Es raro encontrar edificios tan altos en la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;-Buenas tardes.&lt;br /&gt;-¡Ah! Buenas tardes. Me asusto.&lt;br /&gt;-¡Oh! Perdóneme, soy el licenciado Fernández.&lt;br /&gt;-Pensé que Fernández era la señorita de hace un momento.&lt;br /&gt;-No.&lt;br /&gt;-Ah. ¿Y para que vine?&lt;br /&gt;-Para charlar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;No me da buena espina este tipo. Me gustaba más la otra. Jovencita y muy linda. Aunque algo flaca. Pero con bonitas piernas. Este tío esta bien feo. No confío en él. Pelón y gordo, y con esa sonrisita… ¿Quién querría hacer negocios con él?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y dígame señor…&lt;br /&gt;-Ya sabe quien soy, señor Fernández. Además esta escrito en ese papel.&lt;br /&gt;-Muy bien. Entiendo que este nervioso y por lo tanto no quiera cooperar. Pero debe saber que lo que hacemos aquí es muy importante. Confié en mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ni loco. Espero que esto acabe pronto, que no pienso regresar para acá.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Señor. Lamento informarle que eso será imposible.&lt;br /&gt;-¿Cómo dice?&lt;br /&gt;-Tendrá que permanecer aquí hasta que concluya la entrevista.&lt;br /&gt;-Jejeje. Sabe, pensé que me había leído la mente. Pensaba algo así. Y su respuesta pareció coincidir con mi pensamiento.&lt;br /&gt;-No se equivoca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Que tipo tan más raro. Estas nuevas ondas no me laten. Mejor me voy.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sabe que Lic. Mejor me voy.&lt;br /&gt;-Lo lamento, pero no. Señorita...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;em&gt;¿Qué pasa aquí? Este guardia de seguridad y este otro hombre no me dejan salir. Que se creen. No quiero quedarme. No pueden obligarme ha estar aquí. ¡Dios mío¡ si están más duros que piedras. No los puedo mover.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;-Señor, lamento informarle que su familia ha consentido que lo retengamos en nuestro centro. Por favor no se resista, pues podría salir herido.&lt;br /&gt;-¡Déjeme! ¿Esta usted loco?&lt;br /&gt;-No señor. Pero usted se encuentra perturbado.&lt;br /&gt;-¿Qué? Déjeme salir. Maldita sea. ¡Ayuda!&lt;br /&gt;-Señor…&lt;br /&gt;-¡Déjeme! ¡Alguien, ayuda!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#000099;"&gt;¿Que me hacen? Por que nadie me ayuda. Me van a matar. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¡Dios mío!&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#000099;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los gritos alertaron a los demás oficinistas. La señorita Fernández, alarmada por los gritos que provenían de su cubículo, corrió para encontrar al señor Ledesma tirado en el suelo gritando a todo pulmón que lo dejaran ir. Un par de guardias de seguridad intentaron calmarlo mientras que un compañero de oficina llamada por teléfono a una ambulancia.&lt;br /&gt;El hombre no dejaba de gritar, patalear, convulsionarse. Parecía que moriría ante la fatiga de tal ataque. Los ojos verdes, que en un principio gustaron tanto a la joven, ahora se desorbitaban pareciendo los de una imagen demoníaca. Los paramédicos llegaron, acompañados por un grupo de especialistas en el rubro de las enfermedades mentales. Lograron controlar al pobre señor Ledesma y lo llevaron al hospital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Disculpe señorita –dijo un policía –Me puede decir ¿Qué fue lo que pasó?&lt;br /&gt;-No sé. Deje al señor en mi oficina, pues necesitaba recoger unos papeles, solo tarde un minuto y… ¡dios! Lo encontré así.&lt;br /&gt;-Pero dígame. ¿Para que vino ese hombre?&lt;br /&gt;-Quería saber si podríamos atenderlo.&lt;br /&gt;-¿En que sentido?&lt;br /&gt;-Si podríamos atenderlo, dentro del nuestro programa de autodescubrimiento.&lt;br /&gt;-¿Eso que es?&lt;br /&gt;-El encontrar el verdadero yo y dominarlo. Mire este folleto.&lt;br /&gt;-mmm… suena interesante.&lt;br /&gt;-Claro que lo es. Si quiere puedo darle una cita. Y es completamente confidencial. Solo queda entre usted y su otro yo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-115882224010172749?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/115882224010172749/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=115882224010172749&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/115882224010172749'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/115882224010172749'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2006/09/entrevista.html' title='Entrevista'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-115716960069918098</id><published>2006-09-01T22:45:00.000-05:00</published><updated>2006-09-01T23:00:00.710-05:00</updated><title type='text'>Llamado</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/220/3570/1600/05_1024a.0.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/220/3570/400/05_1024a.0.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-family:verdana;color:#ff0000;"&gt;Escúchame, estoy a tu lado. Solo sígueme y te haré devorador de hombres.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-115716960069918098?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/115716960069918098/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=115716960069918098&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/115716960069918098'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/115716960069918098'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2006/09/llamado.html' title='Llamado'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32634201.post-115542072043506726</id><published>2006-08-12T17:11:00.000-05:00</published><updated>2007-08-25T00:46:39.667-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Locura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Historias'/><title type='text'>Llaman a la puerta</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#000099;"&gt;Tocan a la puerta de tu cuarto. ¿No piensas abrir? Mira que es una sorpresita. Siguen llamando pero con más intensidad. No los hagas esperar ábreles, son solo cinco. ¿O es acaso que tienes miedo? Bueno, yo también lo tendría si no supiera lo que viene pero ya lo sabes así que ármate de valor y recíbelos.&lt;br /&gt;No, ¿Qué haces? Déjate de tonterías. Ellos fuerzan la puerta mientras tú dizque intentas suicidarte. Por favor. Que patético te has vuelto. Vamos, no hay tiempo. Ya rompieron la puerta. Qué horror, que desastre dejaran, ¿pero quien limpiara todo este desorden?&lt;br /&gt;Ya olvídalo, es imposible escapar. Has sido vencido. Suelta ese cuchillo ¿a quien engañas? A nadie eres capaz de lastimar. Eres demasiado débil. Permíteme reírme un momento de la escena que estas llevando acabo, resulta muy hilarante la forma en como intentas liberarte de las manos de tus captores. Tranquilízate, o si no te van a lastimar… te lo dije, ahora ¿Qué vas hacer con una bala en la pierna? Tu mismo te lo buscaste. Y todo esto por no aceptar tener visitas este día.&lt;br /&gt;¿Cómo te atreves a reclamarme algo a mí? Yo siempre he estado de tu lado, y solo busco lo mejor para ti. No, no comiences a llorar, de qué te servirá. Vamos, vamos ponte de pie, por lo menos mantén la poca dignidad que te queda. Así es, muy bien. No, ¿pero qué haces, estúpido? Estas completamente loco, ahora si que perdiste la razón. Te lo dije, ellos no se andan con juegos. Bien merecido tienes que te golpearan con la macana. Deja de patalear, las heridas no son nada. ¿Acaso no fue peor lo que te hizo papá? Un brazo roto duele más que una bala en el muslo, créeme. Te la dejaron barata.&lt;br /&gt;¡Cállate imbécil! Que yo sé más que tu de estas cosas. Mira déjame hablar a mi y veras como lo resuelvo. Aunque creo que mejor no. No diré nada a tu favor, necesitas una buena tunda. Has sido muy malo, lo que hiciste no merece más que un castigo. No será esta vez una nueva perforación en la espalda, no señor, ahora te meterán en un hoyo negro y frío para que pienses en lo que hiciste.&lt;br /&gt;Cálmate, no grites. Compórtate como hombre pareces una señorita. Todos te están viendo, no quiero que me hagas un drama frente a todos ellos. Me avergüenzas. No me hables, no quiero escucharte. Ahora serás tú quien me oiga. Me tienes harto. Llevo tantos años soportándote que me resultas repulsivo. Pero a pesar de todo te amo, me eres muy hermoso. Si pudiera te daría un beso y luego una bofetada. Que chistosa cara has puesto, me haces reír de nuevo. Pero basta, ya es hora de irte. Luego mandas por mí para que pueda visitarte a tu nuevo hogar. De papá no te preocupes yo lo cuido, esta muy viejito y ya no tiene brazos ni piernas para ir a algún lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mi capitán, no hay nadie más en el cuarto. Parece ser que él solo realizó todo el crimen.&lt;br /&gt;-Muy bien, ¿algo más que reportar?&lt;br /&gt;-Si, ¿qué hacemos con esto?&lt;br /&gt;-Llévenselo al cuartel, es evidencia.&lt;br /&gt;-Adónde ira a parar el mundo. Que tipo tan más loco, descuartizar a su padre solo para darle de comer a su perro de peluche.&lt;br /&gt;-Él decía que estaba vivo y le hablaba, ¿no viste como se abalanzó sobre él cuando lo tomo Sandoval?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32634201-115542072043506726?l=gabrius.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gabrius.blogspot.com/feeds/115542072043506726/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32634201&amp;postID=115542072043506726&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/115542072043506726'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32634201/posts/default/115542072043506726'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gabrius.blogspot.com/2006/08/llaman-la-puerta.html' title='Llaman a la puerta'/><author><name>Gabrius</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13666824773240374577</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='22' src='http://usuarios.lycos.es/sejismundo/hpbimg/licantropo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
