“¿Cuántos años habrán pasado ya? Que tontería si solo hemos caminado un cuarto de hora.” –este pensamiento surgió de improviso en mi cabeza. Fernand permanecía en silencio mientras que yo intentaba llevar el ritmo de sus pasos.
Las calles, conforme avanzábamos, se volvieron más sombrías. A pesar de que el alumbrado público (el poco que funcionaba) emanaba luz suficiente, me parecía que cada vez que adelantábamos camino la noche se tornaba más densa.
Seguía a Fernand desconociendo incluso las razones que me motivaban a hacerlo. Durante los primeros minutos sentí el impulso de decir algo, pero en el momento de intentarlo no encontraba palabras para expresarlo. Me debatía entre el hablar y el callar, y es que encontraba al mismo tiempo agradable el silencio que entre nosotros imperaba pero molesto y frustrante también. Me limité a permanecer en silencio al ver que ninguno de mis intentos por reanudar la conversación era fructuoso.
Le veía caminar, se había colocado su saco sin abrocharlo permitiendo que conforme marchaba éste se moviera libre hacia atrás. Caminaba con suma elegancia, incluso con aire altanero. Su espalda completamente recta y a cada largo paso que daba movía con igual ritmo sus brazos. Todo ello provocaba la ilusión de que avanzaba con lentitud, aunque en realidad prácticamente tenía yo que correr detrás de él.
Mientras cruzábamos una avenida, que hace algunos años era canal de aguas negras, escuché un sonido de lo más triste. Un lamento que imploraba el fin de la pérdida de tantos hijos que se marchaban, el suspiro de las esperanzas rotas y ya olvidadas, el grito de una banshee que rompe la paz del descanso nocturno. Es el silbato del tren que corre hacia las regiones de Mayahuel, su sonido en las noches de mi infancia me despertaba y en mi corazón una nube de melancolía ensombrecía mis ojos haciendo que me cubriera con las mantas y escondiera mi cabeza bajo la almohada, con tal de suprimir tan horroroso y maligno sonido. Desde hacía varios años que no prestaba atención a tal melodía, pero ahora, de nuevo el temor florecía dentro de mi. Me detuve en la acera sin atreverme a continuar adelante, Fernand se había alejado algunos metros sin percatarse de ello.
No tengo escrúpulos para llorar y es que cualquier manifestación de mis sentimientos me resulta placentera, una experiencia casi mística, algo que como humano nunca llegué a experimentar. Pero en esta ocasión no pude desahogarme, podía percibir la pesadumbre que oprimía mi pecho pero no podía expresarla. Desconozco porque tal sonido me ha resultado tan perturbador, mas nunca he negado el dolor que me provoca. Caí de rodillas llevándome las manos hacia los oídos con el afán inútil de callarlo. No resultó. En medio de la nada, en calles abandonadas y en el negro manto de una noche clara pero muerta me encontraba, estaba solo.
–No hay solución donde no hay problema. –dijo una voz frente a mi. Miré hacia arriba y encontré el rostro de Fernand, ya no era aquel que observé en el primer encuentro, ahora parecía estar encarnado. Creí ver a un hombre que no me tenía miedo, siendo que yo aún no me había alimentado lo cual me daba un aspecto lúgubre y fantasmal.
–¿Qué dices? –le pregunté. Me tendió la mano para ayudarme a levantar y sin decir nada más prosiguió con su camino. Extrañado pero sin ponerme objeción alguna volví a seguirlo.
Durante el último trayecto de nuestro paseo Fernand comenzó a silbar una melodía, era en si misma monótona pero poseía un encanto hipnótico, un deleite nostálgico.
Llegamos a nuestro destino. Hasta ahora era para mí un misterio a donde nos dirigíamos. Frente a nosotros se levantaba la enorme torre de marfil, corona de oro blanco que se yergue amenazante y cuya punta intenta lacerar el cielo. Miré asombrado a Fernand intentando comprender que relación tenía él con este lugar pues yo me encontraba completamente ajeno a este sector de la ciudad.
–¿A qué hemos venido aquí? –pregunté extrañado.
–Mira. –y levantando su brazo señaló con su dedo la punta de la pétrea lanza. No entendía a que se refería. Giré mi cabeza hacia donde él indicaba pero solo vi el resplandor rojo de la bombilla.
–¿Qué quieres que observe? –le pregunté.
–Dime –dijo mirándome a los ojos– ¿Dónde esta tu cordura?
Estaba sorprendido. Esta pregunta debería yo hacérsela a él. Me era imposible soportar su mirada así es que la desvié y medité la respuesta a dar.
–No lo sé. Quizás la haya perdido ya. No, esta muerta.
–Gabrius, ¿vives en un juego? Te hundes en un frágil suelo.
–No me reproches. Eso debiste hacerlo allá. Dejándome caer en mi propia decadencia. –dije mirándolo enojado.
–No me entiendes. Mira como te hundes. Eres tú controlado por ti mismo, un "ti mismo" que se hunde.
Nos acercamos a una banca cerca de la torre y bajo el árbol continuó nuestra charla. La familiaridad con que nos tratábamos pasó desapercibida por mí en esos momentos. Creó que volví a caer en su hechizo, aunque esta vez sin perder todo el control sobre mi.
–Bueno –proseguí –¿Cómo es que me hundo según tú?
–Tu despreció no te permite verte a ti mismo.
–¿Vienes solamente a aconsejarme? ¡Cállate! –Le grité perdiendo la compostura –Tengo suficiente con la impertinencia de Egeria y de Iñigo para que tú me sermonees con estas estupideces.
–No tienes razón para gritar. ¿Acaso sé algo de ti? Mira que solo te presento lo que puedo ver. ¿Las voces ya han dejado de atormentarte? –preguntó sin perder su rectitud.
–Nunca me han abandonado. Día y noche las escucho. Gritan, murmuran y cuando creo que el silencio ha llegado sucumbo ante una nueva voz.
–No son reales. –dijo moviendo la cabeza.– Tu mismo te esclavizas con tal de obtener tus propios logros. Logros que rechazas.
–¡Yo sé lo que veo y oigo! –contesté con brusquedad.
–Eso gritos te pertenecen, te dañan porque has permitido que te dañen. Gabrius, son tus propias palabras las que te acusan. Todas ellas tienen que soportarte por ser tú mismo, aquel que rechaza su querer por un tener que ser humano.
–Todas aquellas posibilidades, todo aquello que aún de bueno hay dentro de mí permito que se hundan junto conmigo. –espeté con la mirada baja.
–Busca esa persona, –dijo con una ligera sonrisa en la boca.– está en el piso, cayó por tomar en cuenta un pensamiento más débil, una razón más débil, cayó por no conocerse, sólo conocer lo poco que piden los demás, que aparenta ser mucho y eso confunde a la cordura y la cansa.
–Bien sabes que somos, quiero decir soy. Soy un engendro, bestia horrible que nunca volverá a lo que fue, un hijo del Dios. –cada vez me sentía peor. Quería huir de ese lugar, pero algo me detenía.
–Mira que te inclinas hacia ambas partes, –continuó Fernand.– te diriges hacia un regreso a tu pasado y también hacia la gloria de tu presente, hay posiblemente una parte más fuerte que otra, pero mientras no lo sepas le das la misma importancia a ambas partes... tienes que conocer cuál es la más poderosa y comprender la razón de inclinarte a cada una.
–Ya no distingo la realidad y la fantasía. –hablaba ya sin saber bien lo que decía. –Las voces, las visiones… todo eso es tan complicado. No puedo aceptarlo y mucho menos soportarlo. ¿Qué es verdad? ¿Hasta donde llega la mentira?
–Es mejor que te compliques tu existencia de diferente manera, –dijo Fernand con una sonrisa en su rostro –te será más divertido y te da más de donde pensar y de donde anclar tu realidad a tu realidad y tu fantasía a tu fantasía.
–¿No es esto una cobardía? Es un afán inútil por huir de la realidad hacer uso de la imaginación. Dejar a un lado la verdad y entrar en el mundo de los sueños. –pregunté disgustado.
–El hombre en su cobardía se refugia en ella, el hombre en su creatividad también, pero en sí no es la imaginación la cobardía, sino el hombre lo es. –respondió Fernand con un aire de superioridad.
–Pero dime ¿qué es la verdad si al fin y al cabo todos los seres y todo lo que veo no es más que mentiras y apariencia? Más me vale existir fuera de este mundo, de esta tierra falsa y maldita. –dije ya molesto.
–Pero la verdad ha sido construida por la imaginación. Realidad y fantasía un día se unieron en lo que pisas, endurecieron esa fusión para que no cayeras a la nada, para que fueras algo que las pisara y las cuestionara y las disfrutara, para que un día decidieras entre los tres caminos disponibles, una, otra, o ambas.
–¿Pero es lícito buscar alguna manera de trascender a esto? ¿Superar toda esta estupidez? –pregunté. Sabía que lagrimas recorrían ya mis mejillas.
–Te es lícito en tanto te satisfaga lo poco que encuentras; –Respondiome Fernand, inclinándose hacia mi –pero ilícito en pensar en un momento dado que lo haz hallado, pues no existe del todo. Existe en el nivel que para ti funciona, en el nivel en que puedes ser pleno dentro de la misma inundación que te engulle, en el nivel en el que disfrutas esa inundación de vida “común”.
–¿Se puede ser capaz de soportarlo y no dejarte llevar por ese caudal, a pesar de saber que no serás libre? –pregunté.
–Saber que serás libre solo cuando ya no necesites nada, al contrario de lo que la humanidad piensa de que la felicidad es tenerlo todo. –respondió Fernand.
–La autosuficiencia. Es entender los límites de ti mismo, ser capaz de tomar tus decisiones, verte a ti en el espejo. No es tener todo, no es tener nada, es tenerte. –Me sentía agitado ante el rumbo que tomaba nuestra conversación.
–Pero la autosuficiencia no es la felicidad, su misma gramática lo dice "suficiencia", es un esfuerzo, es un querer llegar a algo, y hasta un necesitar llegar a algo, a la autosuficiencia. La felicidad es no necesitar nada, no querer nada porque no te hace falta aunque no lo tengas.
Permanecí un momento en silencio. Me sentía exhausto con la charla. Me acomodé en mi asiento, cruce los brazos y elevé la mirada hacia el punto rojizo que iluminaba como estrella la cumbre del enorme edificio.
–Me siento profundamente apasionado por la lógica y la elocuencia Gabrius, –empezó a decir Fernand –combinando eso con una filosofía propia que me satisface... soy simplemente un genio. –dicho esto soltó una ligera risa. Era verdad, se ufanaba de si mismo.
–Sabes, –comencé a decir– creo que la imaginación es la esperanza del hombre, su último refugio contra su propia debilidad. Los miedos y los deseos son descubiertos en ella. Un grito a los vientos que es lanzado en suplica por entendimiento, yo solo puedo dar presencia y videncias, ya que solo me queda avanzar sobre la propia verdad. –Dirigí mis ojos hacia él, ya no me incomodaba su mirada. –Ahora pienso que quizás solo busco algo en que agarrarme.
–Te recomiendo que sean tus pensamientos, pero no aquellas visiones y voces, me refiero a los válidos en respecto a lo que observas, no a los válidos en respecto a lo que fanatizas. –respondió.
Fernand se puso de pie. Inmediatamente hice yo lo mismo. A lo lejos se escuchó la última campanada que anunciaba la hora sexta de este día. Salimos de ese barrio mientras las primeras personas salían de sus casas; mujeres barrían las banquetas, hombres corrían hacia sus trabajos y niños se dirigían a sus alejadas escuelas. Nosotros dos caminábamos por la avenida en la cual me detuve antes de llegar a nuestro punto de reunión. Llegados al cruce de dos avenidas Fernand se giró y mirándome a los ojos, con una expresión dura me dijo:
–Duerme como cualquier inútil humano, o despierta, como el pensamiento en mí en la oscuridad. Te mantienes despierto por temor de que el sueño verdadero sea peor que la realidad como si te gustara tanto esa realidad; despertar a soñar, dormir a la realidad, al fin y al cabo evadir es porque se tiene la libertad, aunque pocas veces verdadera, de despreciar, no precisamente de evadir.
–Creo que soy muy estúpido al dejarme envolver por los asuntos humanos, trataré de ya no permitírmelo. –le respondí en tono de agradecimiento.
El amanecer ya resplandecía, era momento de volver a casa. Fernand tomó camino hacia cualquier parte. Sin pensarlo le grité mientras se alejaba. –No, espera. Déjame beber tu sangre y descubrir en ella el misterio de la eternidad.
–Cuando la imaginación trasciende y supera nuestro amor a la realidad, debate la mente y el actuar entre una antitesis: la superación contra la locura. –me respondió con una sonrisa. –Y continua viviendo, la farsa solo está en quien no sabe hacerlo aprende a hacerlo en vez de morir en vida.
Y observé como se alejaba. Los primeros rayos de sol se elevaban como mariposas y el olor de una suave brisa me sacó del estupor en el que me encontraba. Pero a pesar de todo me di cuenta que a los ojos de un cielo inclemente y despiadado, del que solo surgen gritos de reproche y medias palabras que al llegar a mi se convierten en un completo veneno sarcástico, desnudé mi corazón a un ser igual de maldito, un ser que me ama y a quien amo, pero que me controla más allá de mi comprensión, destruyendo mi poca libertad ya antes falsa, mi imaginación, y me estrella en el suelo junto a los desangrados sentimientos verdaderos.
Actualizaciones y algunas palabras
Del quince de agosto de 2011
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Me gustaría, tras un año de ausencia, traer conmigo alguna historia para llenar el vacío de mi imaginación pero no es así. No sé que me pasa. Sigo viendo acontecimientos interesantes para serles narrados pero cada vez que intento plasmarlo por escrito estos se escabullen por entre artículos científicos y capítulos de libros. Por las noches sigo soñando y divirtiéndome solo con mis personajes y sus historias, pero me gustaría compartirlos con todos ustedes sin embargo no puedo.
En estos momentos me encuentro en el laboratorio esperando a que el programa termine de y así sacar a mi última rata del día. Debería estar haciendo gráficas para los congresos de Acapulco y Cancún pero preferí procrastinar escribiendo estas líneas. Además debería estas escribiendo la introducción de mi tesis, se de que va pero no lo hago. Hoy fue el regreso de vacaciones sin embargo yo vine a la escuela todo este tiempo.
Debo sacarme esto de una vez. Prometo ponerme un día a escribir. Olvidaré cual es mi realidad actual y sus implicaciones para mi futuro y traeré de vuelta a mi lobo, a mis viajeros y quizá pueda traer a la luz a mi nuevo hijo cuyo nombre aún no me atrevo a pronunciar.
En fin, pero que se algún día llegan a este blog lean algunos de mis cuentos y me digan que les parecieron. No importa si dicen que son malos o buenos únicamente déjenme saber que ustedes estuvieron aquí.
Cualquier cosa saben que mi correo electrónico es gabons69@hotmail.com
Nos leeremos pronto.
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