La noche cae en negra lluvia. La calle está en penumbras y ningún ser se atreve a salir. La tormenta comenzó cuando todos se encontraban ya dentro de la Iglesia. Las débiles llamas de las velas oscilaban con temor ante su inevitable fin. La luz ha quedado rezagada y las sombras dominan el lugar santo. Las fervientes almas de los fieles buscan el asilo del Dios crucificado, mientras que a través de la puerta, una sombra se dibuja gracias al resplandor de un relámpago.
Es la figura de un hombre de alta estatura y noble presencia. Nadie es testigo de su llegada. Viste en completo negro, con larga gabardina de piel que casi toca el suelo solo dejando ver las botas que calza. En la cabeza un sombrero, de ala no muy ancha, que cae sobre su rostro ocultando sus ojos solo permitiendo contemplar su extraña sonrisa.
Apoya su espalda en el marco de la puerta y con los brazos cruzados se muestra irónico ante lo que ve. Se encuentra empapado pero ni el frío ni la lluvia de la noche le afectan. Ha perdido el calor que la sangre irradia desde su corazón.
Una campana dorada hace oír su canto y las personas ante la señal, doblan sus rodillas en actitud de adoración. Ha llegado el momento de la consagración. El pan y vino eucarísticos están ya dispuestos sobre el altar. Pronto serán la presencia real del Dios muerto. Ángeles invisibles rodean el cuadro místico de tan gran misterio.
Incorporándose, el ser oscuro inicia su andar. Hace oír sus pasos a través de la nave principal. Ha dejado caer su sombrero en el trayecto. Sus botas golpean con fuerza el hermoso piso de mármol blanco haciendo que la voz del sacerdote se pierda, disminuya, se olvide. Cruza el recinto a paso lento pero firme. Se atreve a observar con precisión cada detalle de ornamentación del recinto, pues sus ojos son capaces de romper el velo de las sombras. Las columnas parecen moverse según el viento mueve la luz de las velas. El calor de la fraternidad reunida se ha perdido.
Ha llegado a los pies del presbiterio. Nadie ha osado levantar la mirada ni pronunciar palabra, pues sus ojos están velados por el ensueño y serán junto con los beatos íconos mudos testigos del sacrilegio que se realizará. Una segunda campanada se hace oír, la presencia del cuerpo del Cristo es ya innegable, pero nadie adora al Dios.
El Hombre espera que el sacerdote tome entre sus manos el bendito cáliz, para continuar su avance. El Hombre de Dios desconoce lo que frente a él esta ocurriendo, su fe escondida en la oscuridad quedó. El Ministro pronuncia las oraciones de bendición y levanta la copa dorada mostrándola al pueblo. Nadie responde a la llegada del Redentor.
La Bestia Negra sale de su momentáneo letargo por la espera, y a gran velocidad se acerca al altar, arrebata el cáliz de las manos del Hombre Santo el cual no se inmuta ante lo que ocurre. Ahora es cómplice del mal que llegó a su Iglesia, pues igual que sus feligreses ha entrado en un éxtasis profundo, mas sus ojos no se desprenden de los del ser. Ojos amarillos reflejantes de odio hacia la humanidad, un odio que no será capaz de extinguirse sino es al cobrar venganza.
Un rostro alargado y anguloso, con varias cicatrices. Su nariz grande y curvada. Y la sonrisa, ningún hombre podría sonreír así, macabra y horrible, con sus dientes como colmillos afilados. El cabello negro, largo y enredado cae sobre su espalda. La imagen de un demonio o quizás le de un dios.
Con el cáliz en sus manos, gira su cuerpo hacia el pueblo, quien en ningún momento ha sido capaz de levantar la mirada. Muestra en sagrado objeto presentándolo a los fieles. En ese momento todos ellos despiertan de su sopor y observan como El Ser sostiene sobre su cabeza el vaso de la devoción. Un canto en lengua desconocida es interpretado por Él quien es el único sabedor de sus misterios. Mas de los profundos posos del lugar de los muertos, voces sepulcrales responden a las aclamaciones de la letanía en diversas lenguas.
Acerca la copa a sus labios, su boca deja de prorrumpir sonido alguno. Bebe el contenido el cáliz con avidez. Por la comisura de sus labios corre una gota roja como la sangre la cual cae a sus pies dejando manchada por siempre la tierra.
Al terminar el contenido arroja con violencia el cáliz estrellandose éste contra una pared y creando un sordo sonido cual metal, inundando a todo el recinto con aquel ruido.
Limpia su boca con un pañuelo de seda púrpura el cual deshecha en el acto. Sus ojos, inyectados de sangre, dejan escapar una delgada lágrima. El Hombre comienza a retirarse, sus pasos retumban en los altos muros del lugar. En el trayecto toma de nuevo su sombrero conservándolo en la mano. Nadie se mueve, nadie le detiene, nadie habla, nadie vive.
Al llegar a la puerta de entrada dirige una última mirada hacia el altar, en ese momento siente angustia en su duro corazón, dobla su rodilla y hace la señal de la cruz sobre su rostro. Luego incorporándose, desaparece en las tinieblas de la noche
La luna llena de octubre hace su aparición luego de la tormenta, ilumina la tierra con sus rayos plateados. Una nube pasajera se atreve a cubrir el rostro del astro y un lamento se escucha a lo lejos. Es un aullido lleno de humanidad, que se hace oír entre las tinieblas de la ciudad en busca de su jauría.
Actualizaciones y algunas palabras
Del quince de agosto de 2011
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Me gustaría, tras un año de ausencia, traer conmigo alguna historia para llenar el vacío de mi imaginación pero no es así. No sé que me pasa. Sigo viendo acontecimientos interesantes para serles narrados pero cada vez que intento plasmarlo por escrito estos se escabullen por entre artículos científicos y capítulos de libros. Por las noches sigo soñando y divirtiéndome solo con mis personajes y sus historias, pero me gustaría compartirlos con todos ustedes sin embargo no puedo.
En estos momentos me encuentro en el laboratorio esperando a que el programa termine de y así sacar a mi última rata del día. Debería estar haciendo gráficas para los congresos de Acapulco y Cancún pero preferí procrastinar escribiendo estas líneas. Además debería estas escribiendo la introducción de mi tesis, se de que va pero no lo hago. Hoy fue el regreso de vacaciones sin embargo yo vine a la escuela todo este tiempo.
Debo sacarme esto de una vez. Prometo ponerme un día a escribir. Olvidaré cual es mi realidad actual y sus implicaciones para mi futuro y traeré de vuelta a mi lobo, a mis viajeros y quizá pueda traer a la luz a mi nuevo hijo cuyo nombre aún no me atrevo a pronunciar.
En fin, pero que se algún día llegan a este blog lean algunos de mis cuentos y me digan que les parecieron. No importa si dicen que son malos o buenos únicamente déjenme saber que ustedes estuvieron aquí.
Cualquier cosa saben que mi correo electrónico es gabons69@hotmail.com
Nos leeremos pronto.
jueves, marzo 29, 2007
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