Los colores violetas del cielo crepuscular han desaparecido y solo el clamor de las aves llena las penumbras entre los árboles. Extraño reducto de la perdida paz de la gran ciudad. Entre transitadas avenidas y ruidos incesantes la pseudovida de los hombres es vivida con un vació en las cavernas ocultas del corazón.
Camino por las calles donde la hojarasca caída por el frió otoñal me recuerda los años de mi infancia, cuando tomado de la mano de mi madre jugaba con el sonido seco de las hojas muertas. No puedo dejar de emitir una ligera sonrisa ante tal olvidado recuerdo. Creo que es cierto, nunca se olvida nada. Paradójico.
No importa la frescura del viento, no importa la soledad de mi alma, no importa si llegó o no a mi casa. Que importa todo si no me tengo a mí. Comienzo a quejarme, ¿Cómo me atrevo a esto teniendo tan dulce don en mi sangre? Cambio y evoluciono día con día, ¿acaso no soy mejor que los hombres? No importa.
¡Niña! Que me haces caer. Río ante la inútil diversión de los infantes que salen de sus casas. Juegos antiguos y novedosos. Un niño no sabe que quiere pero ya lo tiene. Continuo con mi avance, mientras los mocosos me siguen e intentan que entre a su alegría. Solo extiendo mi mano y toco la cabeza de la niña que casi me hace caer. ¡Maldita sea mi alma!, pues solo logré asustarla con la frialdad de mi tacto.
Sus risas taladran mis entrañas. Un pequeño respiro para dar paso a mi angustia. Me creí de nuevo hombre pero no puedo engañarme. Nada me queda de humano. He perdido a mis amores, he perdido mis razones de seguir existiendo. Me han quitado todo. Y, colmando mi infortunio, no puedo quitarme la vida, pues ya no estoy vivo.
Ah, que dilema. De pronto agradezco y después maldigo. Aprender, eso me dijo Dorvank. Pero qué he de aprender. Luego de lo que me hizo… No sé, quizás era necesario, quizás no. ¿Cómo se aprende si con cada mirada, con cada sonido nuevas preguntas se forman en mi mente, mientras que las anteriores no hayan respuesta? Mejor dejo de pensar así, me volveré loco antes de tiempo.
Sigo caminando. ¡Oh! Ha llegado a su fin mi calle. El bullicio de una avenida hace su aparición. Ya el cielo se ha puesto su manto de estrellas y el color violeta se tornó de luto. Caminó entre las personas, nadie me llama la atención. No les llamo la atención. Jajaja que simpática anciana, me recuerda a mi abuela, se me ha quedado viendo, me tiene miedo. Sabia mujer que ve lo que los hombres y mujeres jóvenes no alcanzan a discernir.
Una niña y una anciana en mi recorrido. Dos extremos de la vida de la mujer. La niña, un ser moreno y pequeño, su cabello largo y enredado no le molesta para seguir siendo una princesa en su mundo de fantasía. Y la venerable mujer de años, su baja estatura y cabellos blancos, con su mirada azul que revela una vida llena de dicha y pesar. Las dos caras de la moneda. No, no debo encariñarme, eso solo me traerá nuevo dolor.
Mientras sigo deambulando por las arterias de la ciudad, a través de las luces falsas que iluminan las horas extra de trabajo, siento hambre. Pero la noche es joven, además es fin de semana, mil almas estarán fuera de su hogar y una que otra no regresará.
Un parque y frente a mí una enorme Iglesia. El estilo arquitectónico es fascinante, a pesar del anacronismo de la construcción. Me siento en una jardinera y observo el paso de las personas. La fuente de aguas turbias con su melodía adormece en el letargo del amor a las parejas de amantes que se manifiestan su cariño a través de efusivos toques y caricias. Mientras que un dúo de músicos tocan antiguas canciones donde el amor y la pasión son sus protagonistas.
Siento un deseo morboso por sentir lo que ellos sienten. Desde que soy lo que soy no he sentido el querer carnal. Piel con piel, unidas en un calor sobrehumano, donde el suspiro de ella se acompasa con el de él. Una flor de rosados pétalos en los cuales palpita la sangre excitada del amor prohibido, donde fluidos y hálitos vivificantes dan vida a cada uno de ellos.
En vida no lo sentí y ahora sin ella no lo sentiré. Cierro los ojos e imagino todas las posibilidades perdidas. De pronto alguien se sienta a mi lado. Una hermosa mujer de cabellos negros y rostro blanco. Sus ojos llevan el misticismo de oriente a pesar de su rojo intenso en el iris. Sus labios de carmesí, grandes y deseables me llaman a pecar. Su figura espectral de imposible proporción es seductora. De su bolso saca una cajetilla de cigarros, enciende uno y me lo ofrece. Desconcertado lo acepto, mientras ella enciende otro para si.
–Buenas noches Gabrius. –fueron sus primeras palabras.
–¿Pero me conoces? –es lo que atiné a decir.
–Claro, quien no. –respondió.
–Entonces, buenas noches…
–Aurora –dijo y luego inhaló el humo de su cigarrillo. Yo hice lo mismo.
–No entiendo, ¿quien eres? Y… -y exhale el humo.
–No te preocupes. Es que te vi solo y pensé que querrías compañía, eso es todo. –continuo fumando.
–Gracias, ¿creo? Y ¿de donde me conoces? –dije con el cigarro en la boca.
–Ya te dije, todos te conocen.
–Tú también eres…
–No. Soy algo más. –Y emitiendo una pequeña risita simpática, terminó su cigarrillo.
–Oh, esta bien. Mmm… no sé que hacer. –dije yo dando un pitido a mi cigarro.
–De eso me encargo yo. –y en el acto se arrojó sobre mí. Cayó al suelo mi tabaco y uniendo sus labios con los míos respiró el humo que acababa de inhalar. Un beso que hizo sangrar nuestras bocas, cada uno bebía del otro. Su ánima era ya la misma que la mía ahora.
Después de varios minutos nos separamos. Un hilo de sangre corría en su mentón. Me apresuré a limpiarlo con mi lengua. Ella solo dijo: Gracias. Caminamos dando vueltas a la plaza. Ni una palabra pronunciábamos, ya sabíamos de nosotros lo que necesitábamos saber. Su compañía me reconfortó. Tomados primero de la mano, luego abrazados.
La noche corría y nuestro primer encuentro no terminaba. Mi hambre había quedado olvidada. Aurora, Aurora, Aurora… es en lo único que pienso. ¿Qué clase se maleficio es este? Los hombres y mujeres ya se retiran. La noche aún no acaba pero para ellos ya ha sido suficiente.
Yo soy un niño que desconoce los misterios de la pasión. Un incauto sabio que aprende de lo que ve y oye, pero esto nunca lo había sentido. Lo que anhelaba, lo que deseaba se me ha dado. Lo tengo al fin y no sé que hacer. Viene a mi mente aquella niña y aquella anciana. Ambas asustadas y ambas intrigadas. Esta vez ella, a quien abrazo no me teme ni yo le temo. Mi corazón insangrado, excitado por todo, se desborda de dudas y felicidad.
–Gabrius, ya es hora de irnos. –me dijo Aurora sacandome de mis pensamientos.
–¿Cómo, acaso se acerca el día? –pregunté.
–No, pero yo tengo que irme. –fue su respuesta.
–¿Adonde iremos?
–Ven y te mostraré.
Corrimos entre los coches y las pocas personas que trasnochaban. Subimos a lo alto de una torre en construcción. Y desde ese punto la vista de la ciudad era increíble.
–Este es mi lugar preferido. –dijo ella.
–Es hermoso. Mira, el cielo de oriente se tiñe de naranja y amarillos, el sol de acerca. –le hice la observación.
–Si, lo sé. Pero tú no temes a eso. ¿Qué te puede hacer el sol?
–Pero tú…
–No importa, yo terminé por hoy mi labor.
–¿A que te refieres?
–A que hasta yo necesito de vez en cuando un descanso y...
–No entiendo.
–Jajaja calla. Eres hermoso a pesar de que digan lo contrario de tu raza. Me divertí esta noche. Espero repetirla en el futuro. –diciendo esto se adelanto a mi pregunta callándola con un calido y brutal beso. –El sol ya sale y yo me voy con él. Me llamó Aurora y nunca he de ver una. –y volvió a reír. Ah, que cándida risa.
–Pero dime. ¿Qué pasa? –insistí yo.
–Espera y lo verás.
En cuanto salió el primer rayo de sol a través de las montañas, la figura de Aurora se fue tornando luminosa. Su cuerpo bañado en luz se hacia imponente, y sin saber como una par de alas brotaron de su espalda. Se giró luego hacia mí y me dijo: Por una noche nadie murió en esta ciudad. Y dicho esto desapareció.
Por mi parte, totalmente desconcertado por lo ocurrido camine el largo trecho hacia casa. Durante ese tiempo me preguntaba el significado de esta aventura y de pronto una idea surcó mi mente. Esa noche no comí, nadie murió en mis manos. Fue una noche limpia.
Una persona vestida de negro a media mañana y con apariencia somnolienta, caminaba por las calles de la ciudad. El cielo azul con muy pocas nubes era testigo de la poca actividad de las personas en una mañana de domingo. Mientras tanto un ser con apariencia humana aprendía una lección: Se había enamorado de la muerte y ella de él.
Actualizaciones y algunas palabras
Del quince de agosto de 2011
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Me gustaría, tras un año de ausencia, traer conmigo alguna historia para llenar el vacío de mi imaginación pero no es así. No sé que me pasa. Sigo viendo acontecimientos interesantes para serles narrados pero cada vez que intento plasmarlo por escrito estos se escabullen por entre artículos científicos y capítulos de libros. Por las noches sigo soñando y divirtiéndome solo con mis personajes y sus historias, pero me gustaría compartirlos con todos ustedes sin embargo no puedo.
En estos momentos me encuentro en el laboratorio esperando a que el programa termine de y así sacar a mi última rata del día. Debería estar haciendo gráficas para los congresos de Acapulco y Cancún pero preferí procrastinar escribiendo estas líneas. Además debería estas escribiendo la introducción de mi tesis, se de que va pero no lo hago. Hoy fue el regreso de vacaciones sin embargo yo vine a la escuela todo este tiempo.
Debo sacarme esto de una vez. Prometo ponerme un día a escribir. Olvidaré cual es mi realidad actual y sus implicaciones para mi futuro y traeré de vuelta a mi lobo, a mis viajeros y quizá pueda traer a la luz a mi nuevo hijo cuyo nombre aún no me atrevo a pronunciar.
En fin, pero que se algún día llegan a este blog lean algunos de mis cuentos y me digan que les parecieron. No importa si dicen que son malos o buenos únicamente déjenme saber que ustedes estuvieron aquí.
Cualquier cosa saben que mi correo electrónico es gabons69@hotmail.com
Nos leeremos pronto.
jueves, marzo 29, 2007
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