No sabes cuanto he intentado sobrevivir a esto que me rodea. Ahora podré hablarte de mi pena. Por fin se fue, o quizás solo este esperando detrás de la puerta abierta, no lo sé. Mira, como podría explicarte mi situación... Lo que ocurre es que he sido secuestrado, pero de una manera imposible. Soy libre de ir y venir por la ciudad y el mundo. De hablar y vivir como desee. Sin embargo, Él esta detrás de mí siempre. No sé quien es ni de donde vino, solo sé que está siempre conmigo. Solo me ha prohibido hablar de Él y de su historia. Me ha amenazado de muerte, más no hacia mí (que sería lo mejor en estos momentos) sino contra los que amo, contra inocentes que nada tienen que ver conmigo. Pero ahora que no está podré liberar un poco de la carga que llevo a cuestas.
Bien, es hora de comenzar no me queda mucho tiempo. Todo inicio en el día de San Narciso hace un poco más de un año. Durante esa noche, un viento frío que hería la piel azotaba con fuerza. El cielo estaba despejado y una gloriosa luna llena iluminaba la noche. (¡Dios! ¿Porqué permitiste esto?) Mientras caminaba de regreso a casa, descubrí con sorpresa que el ya patético alumbrado público no había sido encendido. Solo la claridad del cielo me permitía conocer lo que se hallaba junto a mí.
Con la mochila acuestas volvía de la escuela. Al acercarme a mi casa descubrí las tinieblas que la envolvían. Faltaban unos cien metros de trayecto para alcanzar mi domicilio. Durante los primeros momentos de mi caminata nada extraño parecía que ocurriría, es más, era una hermosa noche que quería disfrutar. Pero al entrar a en el último tramo de mi andar y descubrir la oscuridad que reinaba, un miedo absoluto lleno mi alma. Ninguna alma parecía encontrarse. Todo era silencio y soledad. Traté de tranquilizarme. Qué diablos, otro apagón de los nada frecuentes en esta estúpida ciudad. Continué adelante.
Al entrar de lleno a ese circulo oscuro me di cuenta que en realidad no estaba solo en esa calle. Unos pasos se acercaban a mí por detrás a gran velocidad. El sonido era fuerte, llenaba toda la vía. Me giré para descubrir de quien se trataba. Pensé que quizás fuera un simple drogadicto que buscaba las escasas monedas de poco valor que me quedaban en el bolsillo. Pero descubrí que no era así.
Una figura de enorme talla se alzaba ante mis ojos. Como una escultura tallada en mármol negro que vestía una larga capa que caía hasta el suelo. Todo su cuerpo estaba cubierto. Manos enguantadas, bufanda en el cuello y sombrero en la cabeza. Solo una blanca pero aterradora sonrisa se mostraba. Nunca había visto dientes tan afilados. Se encontraba tan cerca que su olor a sangre seca y su profunda respiración alcanzaba yo a distinguir. Aunque parecía en exceso abrigador no despedía calor alguno. Solo la gélida noche me cubría.
Su imponente figura me asfixiaba. Mi cuerpo como entumecido por el frío se negó a responderme. No podía dejar de mirar su espantosa sonrisa. De pronto, esa estatua de granito negro se movió. No puedo explicar como supe que hubo movimiento, pues pareciera que nada en Él cambió. Pero sé que le escuché hablar. Su boca no pareció articular palabras más yo sé que lo escuché.
–"Buenas noches mi querido niño. Éstas no son horas para regresar a casa. Aún la noche no ha terminado."
El sonido de sus palabras, ronco, insípido, vació, solo logró helar mi sangre. Un pensamiento vino a mí mente: -yo te conozco, no se de donde ni cuando, pero me eres familiar-.
Una estrepitosa carcajada calló al silencio de la noche.
–"Claro que me conoces mi niño, soy yo, Tú amigo".
Un nudo en mi garganta se formó. ¡Por Dios!, es cierto. De niño solía jugar por las noches en el jardín de la casa. Mi madre gritaba desde el interior que volviera, que en el árbol habitaba un diablo y que me devoraría si no obedecía. Pero yo no tenía miedo, mi amigo fuerte mataría al diablo y me defendería. En que error me encontraba, ese mí amigo era el diablo.
Un espasmo me vino y en ese momento casi pierdo la conciencia, pero el monstruo me tomó de los brazos y no permitió que cayera. La fuerza con la que me cogió fue increíble poco faltaba para que me hubiera roto un brazo. Y sin diligencia me acercó a su rostro, y distinguí en la luz lunar a la bestia. Sus ojos amarillos que capturaron al sol en su último atardecer, y una nariz aguileña que no dejaba de absorber los olores del ambiente, pero lo más perturbador fue su sonrisa que nunca dejaba. También pude notar que llevaba el cabello largo hasta la espalda. Un rostro enjuto como el de un hombre maltratado por la vida y que en su lucha grandes cicatrices le dejaron en el alma.
Otra vez la voz mal usada se escuchó:
–"Mira la luna y el cielo. Ellos han determinado que sea tu tiempo. Se acabo mi niño. Estas muerto".
Un NO quedo ahogado en mi boca. Solo un aguijón en mi cuello sentí. Mi vida escapaba de entre mis manos en un hilo de dulce sangre. La cara de la luna me observaba. Y en un último esfuerzo logré articular palabras:
–"Mi amada luna, cuanto te odio a ti y a tus hijos..."
Desperté de un largo sueño donde las imágenes del pasado se combinaban con las del futuro. Un sabor amargo tenía en la boca. En la mesa de cama había una botella de vino tinto a la mitad y sin corcho, debió ser eso. "Un momento. -me dije- ¿Qué paso?" El recurado de la noche pasada me golpeó de repente y estallé en llanto, me arrojé a la cama nuevamente. Al controlarme un poco alcé la vista y descubrí la ventana. Era de noche de nuevo. Dios ¿qué demonios pasa? Me levanté del lecho y me dirigí a la ventana. Solo la soledad de un bosque se alcanzaba a divisar. Los sonidos eran increíblemente nítidos a pesar de la distancia y el olor era tan fragante, que por un momento olvidé lo ocurrido. Un golpe y el sonido de una puerta abriéndose. Me giré sobre mis talones y ahí estaba...
–"Hijo mío, mi niño –comenzó a decir– no estés asustado. Acaso no soy tu amigo, quizás un padre."
–"Maldita bestia"– fue lo único que atine decir antes de abalanzarme contra Él. Lo cogí del cuello pero con un rápido movimiento de safó de mis manos y quedé a sus pies.
–"No es bueno exasperarse de esa manera. Aún no sabes lo suficiente. Muchos han muerto por menos que eso." – dijo. No entendía nada de lo que hablaba, pero sabía que sí continuaba ahí terminaría muerto. Me levanté del suelo y me paré delante de Él. Extraño, ahora no se veía tan alto ni imponente.
–"Ven, es hora." –dijo.
–"Cállate" –respondí. Pero me tomó del brazo, la presión esta vez fue menor, y salimos a la oscuridad. En una carrera de pocos segundos avanzamos varios kilómetros hasta llegar al centro de la ciudad. Justo en ese momento el reloj de la catedral señalaba la media noche.
–"Buena hora. Siempre se ha considerado este momento como un instante mágico." –señaló.
Increíble que nadie se diera cuenta de nuestra súbita aparición. De pronto me di cuenta que estaba vestido igual que Él. Caminamos lentamente, a paso de hombre, hasta alcanzar las inmediaciones del teatro. Un pequeño grupo nos recibió efusivamente. Una lengua extraña era la que entre ellos hablaban, hombres y mujeres tan parecidos.
Se dispusieron a partir. Yo no hallaba el modo de escapar de tal abominación de la naturaleza. Pero siempre estaba anclado del brazo por Él. Caminamos por callejuelas oscuras y deprimentes. De pronto al girar en una esquina, una reluciente casona apareció delante. Que bella casa, única en su tipo. En nada encajaba en la mediocridad de la ciudad. Como si fuese una marcha fúnebre todos entramos al interior. En esos momentos no era capaz de negarme. Bajamos las impecables escaleras de mármol blanco con negro y barandal de plata. Alcanzamos el sótano del lugar. Una mesa redonda de enorme talla abarcaba toda la habitación. Cada uno tomó asiento. Exacto número de cómodas sedes de terciopelo rojo y maderas de caoba y ciprés para los invitados. Yo al lado de Él. Un canto monótono se entonó, de pronto de la nada salieron de la oscuridad unos seres monstruosos pero de extraordinaria belleza física con el cuerpo desnudo que permitía ver sus desarrollados músculos y su potente masculinidad traían atada a una dulce mujer que tiraba de las cuerdas que la sujetaban con el afán inútil de liberarse. No podía moverme. El espectáculo que observaba me parecía infinitamente encantador. Esa mujer atada, su esbelto cuerpo mostrado sin el prejuicio de las ropas me excitaba. Sus pechos redondos se balanceaban con insinuante provocación y sus firmes piernas como la porcelana. El sexo cubierto por ese suave y pequeño vello era irresistible. Su cabello revuelto sobre su rostro histérico le daba el último toque de un sensual baile hacia la muerte.
Los hombres que la sujetaban la arrojaron a la mesa. Su cuerpo liviano parecía flotar sobre las cabezas de los asistentes a la reunión. Brazos y piernas sujetos a grilletes en la mesa impedían que escapara la doncella, pues según mis cálculos no sobre pasaba los catorce años a pesar de que su cuerpo estaba muy bien desarrollado. Un nuevo cántico de hizo oír y el que presidía dijo:
–"Llego el momento. Traed al novicio."
Me levantaron en vilo los hombres que trajeron a la mujer y me depositaron cerca de ella.
–"Toma y bebe, que este es tu destino. Pues has nacido como puro y en la pureza permanecerás."
No entendía esas extrañas palabras. Entonces Él me sujetó del cuello y me dijo:
–"Tu eres uno de nosotros, mi niño. Eres uno de mis hijos. Te he dado mi sangre y te he procreado. Mi semilla la implante en tu larga familia a la espera que tú nacieras. Ahora es tiempo, hijo mío, de que aceptes tu herencia."
Colocó mi cabeza en el cuello de la mujer. El olor, ese olor dulce y palpitante me enloquecía. "Muerde y bebe. Esta es la sangre que te dará la vida eterna." Imposible negarse a pesar de que mi conciencia me ordenaba evitarlo, pero mi alma, mi espíritu se alzó. La tomé en mis brazos y la poseí. Su vida corrió entre mis labios. La fuerza de mil años se apoderó de mí. Encontré mi verdad. Los débiles gemidos que brotaban de su boca solo incrementaron mi placer. Abrí sus piernas y con mi miembro erecto fuera de mis pantalones la penetré. Nunca dejé de beber de su cuello. El calor del orgasmo y el fuego de su sangre estuvieron a punto de hacer explotar mi corazón. Y cuando exploté dentro de ella, dejó de existir.
De una ventana entró la luz del cielo. La luna alcanzó su plenitud y yo con ella. La transformación fue dura y dolorosa. Mi cuerpo destrozó las ropas que llevaba y una bestia surgió en su lugar. En cuatro patas me desplazaba. Mis sentidos alertas y sensibles no dejaban de escudriñar ningún punto del lugar. El hambre hizo su aparición. Me abalancé contra el cuerpo inerte de la joven y lo destroce con el hocico. Su carne suave y aún cálida me sació. Al final regresé a las dos piernas y los dos brazos. Alguien me cubrió con una gabardina y me llevó a dormir.
Cada día que pasaba y en cada nueva víctima más fuerza adquiría. Pero aún siento el remordimiento de todas esas almas que he llevado a la perdición en mi egoísmo. Oigo sus voces cada vez que siento el hambre y la sed. Se lo he contado a Él pero me dice que es normal (si es posible usar esa palabra en estos momentos). Pero aún siento miedo de esos espíritus, me persiguen. Le dije a Él que quería escribir sobre todo lo que me pasaba y quizás así desahogarme. Pero me lo prohibió a no ser que quisiera ver morir a los últimos amores que me quedan. Sin embargo no pude evitarlo. Me duele mucho, quizás alguien sufre como yo y sabrá responderme. Ya no soy humano soy mejor que eso.
¡Oh no! Regreso, si descubre lo que he hecho me matará. No, matará a mis inocentes. ¡Dios mío esta detrás de mí! Me descubrió. Está transformado, es horrible, monstruoso, hermoso, mortal... Un lobo, un hombre. ¡Dios! Me ha dicho: "Te ofrezco la redención. Elimina todo lo que has hecho de lo contrario..." Creedme que es una difícil decisión pero aquí está. Ahora tú eres mi testigo, guarda mis palabras. Aprehende de ellas…
Ahora tengo por seguro, estoy muerto…
Actualizaciones y algunas palabras
Del quince de agosto de 2011
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Me gustaría, tras un año de ausencia, traer conmigo alguna historia para llenar el vacío de mi imaginación pero no es así. No sé que me pasa. Sigo viendo acontecimientos interesantes para serles narrados pero cada vez que intento plasmarlo por escrito estos se escabullen por entre artículos científicos y capítulos de libros. Por las noches sigo soñando y divirtiéndome solo con mis personajes y sus historias, pero me gustaría compartirlos con todos ustedes sin embargo no puedo.
En estos momentos me encuentro en el laboratorio esperando a que el programa termine de y así sacar a mi última rata del día. Debería estar haciendo gráficas para los congresos de Acapulco y Cancún pero preferí procrastinar escribiendo estas líneas. Además debería estas escribiendo la introducción de mi tesis, se de que va pero no lo hago. Hoy fue el regreso de vacaciones sin embargo yo vine a la escuela todo este tiempo.
Debo sacarme esto de una vez. Prometo ponerme un día a escribir. Olvidaré cual es mi realidad actual y sus implicaciones para mi futuro y traeré de vuelta a mi lobo, a mis viajeros y quizá pueda traer a la luz a mi nuevo hijo cuyo nombre aún no me atrevo a pronunciar.
En fin, pero que se algún día llegan a este blog lean algunos de mis cuentos y me digan que les parecieron. No importa si dicen que son malos o buenos únicamente déjenme saber que ustedes estuvieron aquí.
Cualquier cosa saben que mi correo electrónico es gabons69@hotmail.com
Nos leeremos pronto.
jueves, marzo 29, 2007
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