Actualizaciones y algunas palabras

Del quince de agosto de 2011

Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.

Me gustaría, tras un año de ausencia, traer conmigo alguna historia para llenar el vacío de mi imaginación pero no es así. No sé que me pasa. Sigo viendo acontecimientos interesantes para serles narrados pero cada vez que intento plasmarlo por escrito estos se escabullen por entre artículos científicos y capítulos de libros. Por las noches sigo soñando y divirtiéndome solo con mis personajes y sus historias, pero me gustaría compartirlos con todos ustedes sin embargo no puedo.

En estos momentos me encuentro en el laboratorio esperando a que el programa termine de y así sacar a mi última rata del día. Debería estar haciendo gráficas para los congresos de Acapulco y Cancún pero preferí procrastinar escribiendo estas líneas. Además debería estas escribiendo la introducción de mi tesis, se de que va pero no lo hago. Hoy fue el regreso de vacaciones sin embargo yo vine a la escuela todo este tiempo.

Debo sacarme esto de una vez. Prometo ponerme un día a escribir. Olvidaré cual es mi realidad actual y sus implicaciones para mi futuro y traeré de vuelta a mi lobo, a mis viajeros y quizá pueda traer a la luz a mi nuevo hijo cuyo nombre aún no me atrevo a pronunciar.

En fin, pero que se algún día llegan a este blog lean algunos de mis cuentos y me digan que les parecieron. No importa si dicen que son malos o buenos únicamente déjenme saber que ustedes estuvieron aquí.

Cualquier cosa saben que mi correo electrónico es gabons69@hotmail.com

Nos leeremos pronto.

viernes, marzo 09, 2007

La casa verde de la esquina

La casa verde de la esquina siempre se encuentra cerrada su puerta. Vecinos y transeúntes pasan frente a ella sin causarles la menor emoción o intriga. Se han acostumbrado a ver aquella casa con el portal siempre limpio, las ventanas transparentes y las cortinas blancas, las plantas sin la menor apariencia de muerte.
Hace veinte años los niños de aquellos tiempos y sus padres observaron la llegada de sus nuevos vecinos, un hombre con su mujer tomando de la mano cada uno a un pequeño niño de no más de cinco años. A esta familia la vieron entrar pero nunca salir. Un enigma que por varias semanas carcomió la mente de toda la cuadra, que por meses intrigo a los vecinos de al lado y de en frente, y que un año después nadie recordaba que aquella casa de color verde estuviera habitada.
Dos décadas han pasado y por primera vez se ve abierta la puerta de aquel hogar. Un hombre joven sale y saluda a la primera persona que ve, un hombre con gorra en la cabeza, y le saluda cortésmente. Éste recibe el saludo con una sonrisa y se aleja sin saber que es el primer testigo de un milagro esperado inconscientemente por muchos.
Un hombre de fría facción. Su rostro largo termina en un delgado mentón que parece desvanecerse en el cuello. Sus ojos parecen entrecerrados observando y juzgando cada cosa que ve. Un joven normal que viste una playera que a pesar de ser talla chica parece que le queda holgada, y un pantalón de mezclilla azul con zapatillas deportivas blancas. Un chico común, un tipo corriente del que nadie espera nada grandioso de su vida.
El vecino de enfrente lo ve salir de la casa verde de la esquina. Las imágenes de aquella tarde de abril regresan a sus ojos. Un hombre con pronunciadas entradas de calvicie habré la puerta de su nueva casa. Su esposa entra con la cabeza baja solo mirando el suelo en donde colocará el pie para el siguiente paso. Un niño regordete trata de zafarse de la dura mano de su padre y mira hacia atrás buscando algo que nunca tendrá, un día de juegos con amigos.
Solo una persona podía ser, aquel niño sin infancia aparecía frente a la puerta de la casa verde de la esquina. Las interrogantes que por mucho tiempo se tuvieron y luego olvidaron son retomadas. ¿Y sus padres? ¿Y su manutención? ¿Y su educación? ¿Y su vida? Pero la respuesta final estaba ante él. Un hombre salía de esa casa.
Por la noche ya toda la cuadra se había enterado del chisme. Los de la casa verde de la esquina estaban vivos, aunque no lo parecieran. Un muchacho salió de la casa y caminó por toda la calle hasta llegar al final donde doblo a la derecha y se perdió por varias horas. Al atardecer le habían visto regresar con una bolsa de plástico en la mano y entrar con ella a su casa. Por la noche, dentro de cada casa, solo se mencionaba aquel incidente. La televisión permaneció apagada, la radio no emitió sonidos, los computadores no navegaban por la red. Todos en familia hablaban del milagro de la casa verde de la esquina.
La mañana siguiente parecía que la casa de la esquina volvería a su antigua rutina de inactividad pero algo descartó esa idea. El estruendo de un estereo sacudió los cristales de las casas vecinas. Espantosas melodías sin sentido, cantantes en idiomas extranjeros salpicaban con sus desentonos los oídos acostumbrados a la paz de la música popular que se acostumbra escuchar en aquellos lugares. Más que furia fue el asombro de saber que lo pasado el día anterior se repetía. ¿Por qué este cambio en la casa verde? ¿Qué había ocurrido? Las conjeturas no se hicieron esperar.
Aquella tarde las mujeres se reunieron a tomar café en una de las casas vecinas. La charla comenzó como de costumbre. Admiraron el mantel de la mesita de centro, él cual esta bordado a mano y con finísimo gancho. Luego la preguntas de rigor ¿Y tú marido? ¿Y los niños? ¿Qué cosas han pasado durante esta semana? ¿Sabían que la mujer del tendero se va por las noches con el otro mientras dice a su marido que va a la iglesia a rezar el rosario? Pláticas de mujeres que han perdido la oportunidad de divertirse como cuando eran jóvenes, los defectos de antaño son la vida de la madurez.
Por fin llega el momento, después de la segunda taza de café y de un silencio de cinco minutos, para hablar del tema de la semana: la casa verde de la esquina.
–¿Supieron lo de la casa de la esquina?– dijo una de ellas.
–Claro que sí. Todo el mundo se enteró– respondió otra.
–¿Y que dicen de ello?– pregunta de nuevo.
–Pues, –comienza a decir una mujer con vestido magenta– yo creo que son narcos o secuestradores,
–No seas escandalosa mujer. –Le reprende la que se encuentra a su lado– Son solo gente loca. Además según me contaron el señor golpeaba a su mujer y que la mató.
–¿Quién te dijo eso?– preguntó la que respondió a la primera pregunta.
–Pues unos de por allí.
–No seas mensa. Esas son habladas, nadie sabe nada de aquella familia– dijo con orgullo en la voz la anfitriona de la reunión.
–Será lo que será, pero a mi se me hace que si es cierto.
–Yo estoy de acuerdo contigo.
–Basta las dos. –dijo una mujer de chaleco azul– solo hemos visto al muchacho salir de su casa. Quizá siempre lo hicieron solo que de noche.
–Son satánicos– soltó de pronto la mujer al lado de la de chaleco azul –se los decía. O eran narcos o eran cosas del diablo. Pero de que se traen cosas malas no lo dudo.
–Fuera de las tonterías de ella creo que debemos coincidir que son extraños. –dijo poniendo compostura en su casa– Nunca se han mostrado o presentado. Nadie sabe nada de ellos y eso siempre es raro, o mejor dicho incomodo.
–Tal vez– en un susurro comenzó a hablar la última invitada– deberíamos ir allá y presentarnos.
–Eso se hace cuando llegan nuevos vecinos y ellos tienen más de veinte años entre nosotros– dijo con fuerza la mujer que inició la conversación.
–Yo solo proponía algo.
–Pero tiene razón. –dijo la anfitriona– Es hora de saber que pasa en la casa de la esquina. Si es algo malo tendremos la obligación de denunciarlo. Si solo son excentricidades, entonces sabremos que nada malo hay. De acuerdo.
–De acuerdo amiga. –dijo la de magenta.
–Yo también. –respondió la de chaleco azul.
–No sé. –dudó la última amiga.
–No se diga más. –con valentía en la voz señala la iniciadora de la charla.
Y bebiendo otra taza de café comienzan a fraguar el plan para acercarse y conocer los misterios de la casa verde de la esquina. Su joven inquilino y la familia que con él habita.
Las ocho de la mañana y las vecinas barren la calle frente a sus casas. Todas vigilan en silencio la casa verde de la esquina. Los hombres solo vieron la casa al salir de sus hogares rumbo al trabajo. También ellos están nerviosos sobre lo que se encierra tras la puerta de metal plateado. Una hora duraron limpiando la calle. Entre charla y barrida el tiempo se les pasó con rapidez. Cansadas de la falta de acción se retiraron a sus respectivas casas a terminar las labores domésticas. Cerca del mediodía la estruendosa música se escuchó de nuevo. Sabían que los habitantes de la casa estaban ya en labor.
Frente a la puerta plateada de la casa verde de la esquina se encontraban de pie, esperando a ser recibidas, dos de las mujeres de la reunión de la tarde anterior. Su espera duró casi un cuarto de hora y nadie abrió la puerta. El primer intento fue en vano. La música continuó por varias horas ya con un volumen bajo, señal de que los habitantes estaban dentro. Era momento de que entraran los más fuertes.
Luego del suceso que por una semana paralizó los pensamientos de los vecinos de la calle donde se encuentra la casa verde de la esquina, la calma y monotonía regresan. Los niños salen de casa rumbo a la escuela, las mujeres ajetreadas por los deberes caseros no dan fin a su trabajo, y los hombres, esposos, amantes, o hijos mayores, salen rumbo a sus trabajos para sobrevivir una nueva quincena. La noche del viernes de la semana de quincena cuatro amigos, vecinos mutuamente, se encuentran afuera de la casa azul de uno de ellos. Con una botella de cerveza en la mano y en la otra el cigarro encendido charlan, entre risas y comentarios fatuos, los eventos de la semana que termina.
Un sonido les arranca de su simple felicidad. La puerta plateada de la casa verde se cierra con fuerza. El joven hombre que habita la casa sale, viste con propiedad para una fiesta en algún antro de la ciudad. En cuanto los hombres ven la camisa roja con alegorías doradas del joven una voz grave se alza de entre el grupo.
–¡Eh! Muchacho.
Éste voltea, saluda con la mano y una sonrisa esperando con ello satisfacer la curiosidad de sus vecinos. No les es suficiente y la misma voz le llama.
–¡Chaval! Ven. Acompáñanos y tómate una chela con nosotros.
No hay forma de escapar a la invitación. Por mucho tiempo fue libre de las palabras y miradas de sus vecinos, ahora es el centro de su atención. Exhalando un suspiro y moldeando una falsa sonrisa se acerca a la tetrada de camaradas. Uno de ellos le recibe con una botella destapada y se la ofrece. Sin negarse la toma y bebe el contenido hasta la mitad. Comentarios vienen y van, palabras sin sentido son expresadas y los intentos de entablar una charla con su invitado parecen fallar. Solo mutismo y sonrisas obtienen como respuesta. Hacen de todo con tal de sacarle algo, le golpean amistosamente, bromean con él y de él, sacan sus mejores chistes y anécdotas, e incluso uno se atreve a enfrentarlo.
–Ya hombre. Di algo, que pareces momia.
El joven solo se encoge de hombros y sonríe. Los hombres, que entran a la madurez de más de treinta años, solo se miran y sin palabras enjuician la conducta de su interrogado. Un retrasado, un estúpido, un maricón, ¿Quién se cree? Todo esto dicho con la expresión de los ojos. Un conocimiento que el joven jamás aprendió. Luego de un par de horas fue liberado, y sin tardanza se escabulló por la esquina opuesta a la de su casa verde.
–¿Cómo lo ven a ese?
–Pinche pendejo. –y bebió un sorbo a su quinta cerveza.
–Pero si no dijo nada. –sale con una falsa defensa el primero en hablar.
–Pues por eso, cabrón. Se cree mucho ese bastardo.
–¿Qué te hizo para que le digas así? –interrogó otro, mientras daba una pitada a su cigarro.
–Nada, solo me cae mal.
–Ahora resulta… –dijo con sarcasmo el de gorra.
–Cállate cabrón –y terminando con el contenido deposito la botella en la caja.
–¡Bah!, ya ven. No tiene nada solo es raro. –señaló el que fumaba.
–Raro o rarito. –y todos estallaron en risas.
–Será lo que quieras pero me cae en los huevos. –y destapó otra botella.
–A la chingada. –alguien dijo y cambiaron de tema.
Un mes y muchos ya olvidaron la novedad de que uno de los habitantes de la casa verde de la esquina se hizo presente. Las mujeres hablaban de vez en cuando de la hora de llegada del joven hombre la noche anterior y los hombres sobre a dónde iba cada fin de semana además de la manera en que se proveía de recursos. Pero cada vez menos se exteriorizaba todo ello.
Los pensamientos rondan por las noches dentro de los sueños. En el día se manifiestan de la nada en cualquier lugar y momento. Todos se negaban la incertidumbre pero todos la tenían. ¿Dónde están los señores? ¿Por qué no se dejaron ver todos esos años? Superadas sus fuerzas para reprimir sus dudas una noche se dispusieron a actuar. Al salir el joven de la casa verde de la esquina fue abordado por una docena de personas que, desesperadas, decidieron poner fin a su imaginación.
–A ver cabrón. ¿Qué pasó aquí?
–No sé de qué me habla. –respondió asustado el joven.
–Dinos por qué no salían tus papas y tú de esta casa hasta ahora. –peguntó una mujer menopausica.
–Pero si me mudé hace poco. –respondió con extrañeza el joven. Tal respuesta solo agravó la intriga entre los vecinos.
–Entonces ¿y los que vivían en esta casa antes que tú? –pregunta con fiereza un hombre pasado de peso y calvo.
–No lo sé. Yo solo la rentó por estar barata. –encogiéndose de hombros tratando de ser gracioso.
–¿Y quien te crees para no saludar? –gritó una mujer enfurecida.
–Nada… yo solo… que… no socializo mucho.
–¿Y la droga?
–¿Cuál droga?
–La que vendes mocoso. O ¿Cómo te mantienes?
–Trabajo en un antro, soy el que cobra el cover.
–Pendejo, solo para eso nos serviste. –señaló uno de los hombres y luego escupió a los pies del joven. Todos se desilusionaron. El gran misterio que por tanto tiempo los había ocupado y cansado no tuvo conclusión. Solo se conformaron con entender que toda su odisea fue en vano y regresar a la monotonía de su vida.
Todos se alejaron a sus respectivas casas, a sus patéticas vidas que olvidan los hechos del pasado, mientras que el joven caminó rumbo a su lugar de trabajo. Por la mañana siguiente, aún estando oscuro el cielo, regresó a casa y al abrir la puerta una sombra lo recibió.
–¿Qué fue lo que pasó anoche, hijo?
–Nada papá. Solo los vecinos chismosos que no saben ocuparse de sus vidas.
–No me gusta que salgas de noche a trabajar, hay muchas cosas malas en el mundo.
–Ya papá. Ya no soy un niño para que me mangonees con eso.
–Lo digo por tu bien.
–Mejor cállate y toma. Es lo que gané hoy.
–¿En lo de portero o en lo otro?
–No seas estúpido, en lo otro claro está.

5 comentarios:

m. dijo...

ay wey..... :| qué cosas.....


buena historia Gabrius, faltan 15 pa su cumple y aquí lo veré jajajaja

saludos!!

*Gina Halliwell* dijo...

Excelente, me gustó mucho...

Jajaja, no estoy de acuerdo con tu comentario, si alguna vez lo hiciste de seguro que ya pasó, por lo que veo ya tienes tus ideas bien definidas y en cambio el tipo de mi historia todavía se llevó el dedo a la boca e hizo "shhh!" cuando le dije por qué estaba enojada...

Ni modo, seguiré soltereando.

GinaHalliwell.com

PD Ya lo había dicho pero me encanta cómo escribes. Vendré a visitarte siempre que la escuela me lo permita...

*Gina Halliwell* dijo...

Mi estimado Misógino Declarado :OP

Van al menos tres veces que pretendo saber algo nuevo sobre tu vida...
Pero tu último post es el mismo que leí y releí y volví a leer una vez más y otra y otra y oootraaaa...

¿Y sabes qué???
Que no me parece.

Esto no es diálogo. Así que o me pasas tu msn, o agrégame por favor:

ginahalliwell@hotmail.com
gina@ginahalliwell.com

Atte con queso,
una Misántropa Declarada

PD Saludos *smack*

Dacrux dijo...

hehhehe pues parece ser que siempre si cumpli mi cometido de ser el primero en tu cumpleaños en felicitarte hihihih directo del cbox de mario aqui estoy feliz cumpleaños señor Lobo :D

m. dijo...

chinga... me ganó el Dacrux.... bueno, ahí te dejé un recadote en el cbox y ps aquí y hasta en mayúsculas: FELIZ CUMPLEAÑOS, y muchos más.... que se la pase chingón, señor, y pues... ya..

saludos!!