–Cuéntame cómo pasó.
–Fue algo raro, no puedo explicarlo.
–Eso ya me lo dijiste, lo que quiero saber es cómo ocurrió.
–Pero no puedo sino entiendo las razones.
–Eso quizá se resuelva durante tu narración, ahora solo habla y cuéntamelo todo.
–Sé que no lo vas a entender…
–¡Basta! Me estás haciendo enojar.
–Perdón. Pues bien, estaba sentado en esa misma banca de ahí enfrente.
–¿Estabas solo?
–No, estaba con Hernán hablando sobre el partido de anoche.
–De aquella noche querrás decir.
–Si, exacto de esa noche. Él vestía la playera del equipo ganador, el mismo al que él le va.
–Igual yo ¿recuerdas?
–Si es cierto, te vi vestido igual en la mañana de ese mismo día. ¿Y a dónde ibas con tanta prisa? Ni siquiera me saludaste.
–Tenía que ver a Mayra y entregarle algunas cosas que me encargó.
–¿Qué cosas eran?
–Oh, que metiche resultaste ser.
–Jajaja igual tú. Pues estaba con Hernán y él me dijo que… pues ya sabes lo de los problemas de la vida, del dolor y cosas así.
–No, no sé. Dímelo.
–Ya mucho hago contándote todo esto, además no pienso hablar sobre lo que hablé con Hernán. Él nunca me lo perdonaría.
–Vamos nunca se enterará.
–No, y déjame continuar narrando como yo quiero.
–De acuerdo, pero verás que luego me lo contarás.
–¡Bah! No lo creo. Duramos sentados como media hora y vimos pasar a Ismael. Parecía muy serio.
–Siempre esta así.
–Pero no como aquel día.
–Deja a Ismael y enfócate en lo que me quieres decir.
–Ah si, tienes razón. Luego de charlar Hernán se despidió y se fue. Solo me dijo que se iría a poner en práctica lo que habíamos hablado.
–Mmm… supongo que ya sé de lo que hablaron.
–No, porque en realidad hizo lo contrario al plan que creamos.
–Es muy bruto el hombre.
–Ya lo creo.
–Sabías que dejaba las llaves del coche pegadas y no una o dos veces, prácticamente era de diario y no solo las del carro, las de la casa y las del negocio también. Adivina por qué lo robaron.
–Solo es distraído.
–No, es idiota. Además siempre está hablando de más, dice cosas hirientes y para quien no lo conoce le resultan ofensivas.
–Esa es su personalidad.
–Ya lo sé, pero luego que se fue ¿qué pasó?
–Pues… lo vi alejarse y yo me quedé sentado un rato más. Hacia mucho calor y a pesar de encontrarme bajo la sombra no me sentí menos acalorado. Decidí recostarme a lo largo de la banca de concreto. Puse mis manos en la nuca y cerré los ojos.
–Te habrás visto como un pordiosero borracho.
–¿Crees que los mendigos esos visten un traje como los que uso?
–Eso no lo dudaría, muchas cosas se ven.
–Pero era yo y nadie pensaría eso de mí. No tengo la facha.
–No te enojes. Por lo que veo eres muy especial en lo referente a como te ven los demás.
–Vivo de mi imagen.
–Cálmate, eso ya es muy exagerado de tu parte.
–Claro que no.
–¿Y qué pasó luego?
–Pues no sé cuanto duré así. Creo que me quedé dormido.
–Entonces solo fue un sueño. Ya decía yo que todo eso que se rumoreaba era pura fantasía.
–Claro que no, ocurrió en verdad.
–Si, por supuesto.
–No me interesa que me creas, yo sé que fue real. Yo sé lo que vi y lo que viví.
–Está bien, sígueme diciendo.
–Te decía que perdí la noción del tiempo. Un sonido me despertó, si es que puedo decirlo así. No sé que fue exactamente lo que produjo el ruido pero si que fue muy estrepitoso.
–¿Qué crees que haya sido?
–Qué sé yo. Un choque, algo que cayó, un grito, solo sonó e hizo que me levantará rápidamente. De un salto me puse de pie y nadie estaba en el parque.
–¿Ni los señores que siempre se sientan ahí?
–Ni ellos. Nadie se veía, además de que ya había caído la tarde y se empezaba a poner oscuro.
–¿A qué hora se retiró Hernán?
–Cerca de las cuatro de la tarde. Y como escuchas no regresé a trabajar, de hecho no tenía intenciones de volver.
–Entonces ¿Cuánto tiempo duraste así “dormido”?
–Te digo que yo solo creía que habían sido un par de minutos, pero parecía que pasaron varias horas. Revisé mi muñeca pero recordé que había olvidado el reloj, entonces saqué el móvil pero se encontraba descargado. No supe que hora del día era.
–Luego…
–Luego de sorprenderme y darme cuenta que había pasado el tiempo solo pude exclamar una maldición. Me froté el rostro y volví a sentarme en la banca. Saqué del bolsillo del saco la cajetilla de cigarros, extraje uno y lo encendí.
–¿No dejaste el cigarro hace seis meses?
–Lo intenté por dos días, luego no resistí más y abandoné mi intento. De algo me habré de morir de todos modos.
–No juegues con eso. Mi padre murió de cáncer en el esófago por ese vicio.
–Ya, no seas tan exagerado. Solo fue uno en ese momento y ya solo tomo un par al día.
–¿Qué ocurrió luego?
–Pues… no sé la forma decirlo. Me sentí como perdido, semejante a estar fuera de mí. No era yo, pero era yo. Lo contrarío a estar presente.
–Lo que fumaste no fue un cigarrillo de los que venden en las tiendas ¿verdad?
–No te burles, que en ese momento me asusté mucho. Pensé que me estaba dando algún tipo de ataque o que quizá enloquecía. Creo que no podía respirar pero no me sentía mal. De hecho no sentía nada, si no hubiera estado consciente de que no me había drogado te daría la razón.
–¿No habrá sido eso? Quizá alguien, sin saberlo tu, de suministró algo.
–No lo creo. Me traté de levantar pero no pude. Podía moverme pero no controlaba del todo mis movimientos. De pronto algo así como una sirena se escuchó, incluso tenía los mismos colores que ellas.
–La ambulancia supongo.
–No te burles. El parque estaba solo y sobre aquellos sonidos era incapaz de determinar de donde venían. Creo que traté de pedir ayuda pero eso no lo recuerdo bien.
–Y qué más pasó.
–Pues no sé. Aquí es donde todo se empieza a poner surrealista. Los recuerdos que tengo están mezclados con otros. Desconozco que fue parte de lo que me pasó en ese día y que es de otros momentos de mi vida.
–Pues tú dirás.
–Te advierto que además no están ordenadas las imágenes, siempre que las rememoro les doy un nuevo orden. Pues bien, recuerdo que mi madre se acercaba a mí y me besaba en la mejilla. Era muy cálido su beso, y yo no le dije nada, me sentía aturdido por lo que veía. Luego un campo de flores, se encontraba lleno de margaritas, dientes de león, pequeños tréboles, y otras flores simples de las que desconozco sus nombres. Todo era muy colorido y yo caminaba sobre esa alfombra. Una casita estaba algo alejada de mí, a mi lado izquierdo. Pero a mi derecha un árbol, creo que un pino, se bamboleaba por el viento el cual, poco a poco, se fue convirtiendo en una ventisca la cual era yo incapaz de soportar. Eran tal la intensidad que llegué a sentir como entraba el aire dentro de mí a través de mis poros y me desgarraba, similar a que si fueran cuchillas.
Un patio cuadrado formado por una bella arquería de color rojo y blanco, en el centro una fuente de cantera que no contenía agua pero olía a humedad. El piso de aquel patio se encontraba forrado por césped finamente cortado, parecía una alfombra en la cual se podría retozar. Los arcos no sostenían un techo, no eran mas que una delimitación que cerraba el patio del exterior seco y feo. Y creo que fue aquí donde comenzó a llover. Llovía pero no mojaba.
En un corredor largo caminaba, sentía en mis pies el frío de las lozas de mármol. Creo que solo vestía el pantalón, si porque sentí una brisa helada en mi espalda. Caminé por mucho tiempo sin ver nada más que las paredes blancuscas y el piso rojizo. Creo que en la pared de mi izquierda había ventanas, pero estaban muy altas y solo dejaban entrar indirectamente la luz del sol. La pared derecha era completamente lisa, solo una grieta en una sección se veía.
Hablaba con una persona. Estuvo muy animada la conversación y hasta parece que le conozco desde hace mucho tiempo, pero nunca la había visto. Le hablo sobre mi infancia y mis secretos, incluso menciono cosas que ni siquiera yo sabía. No puedo describirlo, sé que es un hombre y usa el cabello corto. Es de mi altura, y sus ojos… no puedo decirte, los veo pero no soy capaz de volverlos a imaginar. Me habla pero no escucho su voz, mejor dicho no entiendo el sonido, conozco e interpreto las palabras pero no sé entenderlo.
Estoy en mi casa viendo televisión, pero las imágenes son grises. Creo que es la repetición de una serie vieja, un hombre golpea en la cabeza a otro provocando risa a los espectadores fantasmas. No entiendo la comedia, me levanto del sofá y me dirijo a la cocina. Todo se encuentra oscuro, debe ser de noche. En el horno de la estufa veo como se hornea la cabeza de mi padre, se me hace agua la boca pues llevo mucho tiempo esperando comer tan delicioso manjar.
Ahora estoy en una cama, me encuentro desnudo. Siento como un cuchillo penetra dentro de mi pecho pero no logro moverme ni gritar. Me duele mucho. No sé quien realiza esa cirugía pero es muy limpia pues poca sangre brota. Hay una luz sobre mi rostro. Un líquido es introducido por mi boca a través de una manguera. Quedo con un sabor amargo en mi paladar. Siento como cierran la herida.
Abro los ojos a pesar de que nunca los cerré y veo el parque. Varios niños juegan a mí alrededor, y las familias se disponen a pasear. Los ancianos de aquella banca charlan sobre política, costumbres y los buenos tiempos de ayer. Me sentía desorientado. Revisé mi cuerpo a fin de encontrar alguna señal de lo que había pasado. Pero nada encontré. Mi primera impresión fue que todo eso solo era un sueño pero en el bolsillo de mi camisa encontré una pluma anaranjada de algún tipo de ave. Escucho las campanadas de la iglesia cercana y descubro que son apenas las cinco de la tarde.
–Ahí lo tienes, solo un sueño. Por favor, deja de ser tan melodramático.
–No comprendes que en realidad todo eso pasó.
–Es que es increíble.
–Fue demasiado para mi. Creo que estoy enloqueciendo pero en realidad estuve en todos los lugares y vi a mi madre. Pero lo que más me extraña es la razón de todo ello. Quisiera saberla.
–Es solo tu inconsciente quien te juega una broma, un medio a través del cual resuelves alguna cosa del pasado. Un momento de loquera…
–¿Y la pluma?
–La metiste tú mismo en el saco y lo olvidaste.
–No sé para que te conté todo esto. Sabía que no me creerías.
–Bueno, pero no entiendo por qué te afecto tanto.
–¿Por qué? Pues por que de lo contrarío la gente no me vería tan raro.
–Te estas volviendo paranoico…
–No, no estoy paranoico solo consciente de lo que ocurre a mi alrededor. Mira como esa señora se queda viéndonos feo. O ese hombre no deja de cuchichear con su esposa.
–Tonterías. Nadie se fija en nosotros.
–En eso tienes razón, se fijan en mi ya que soy al único que ven. Ahora lo sé.
–Me asustas.
–¿Qué razón tienes en asustarte? Solo charlo contigo y los demás no te ven, así que poco has de temer. Nadie te hará daño.
–Estás enfermo Arturo, deberías ir con alguien que te…
–Pero si ya vienen, mira.
–Ese es solo un niño.
–Eso quieren que pienses, pero yo sé que me ha seguido. Estuvo donde yo estuve. Si, ya lo recuerdo.
–Basta, no es gracioso. Déjate de bromas.
–No son bromas.
–Claro que sí, y de muy mal gusto. Sabes qué, luego nos vemos por que tengo muchas cosas que hacer.
–¿Cómo que? Yo soy el que hace las cosas, tu solo eres imaginario.
–Ya me cansé de eso. Mira cómo soy de real que te daré un puñetazo para que me creas. Te estas volviendo loco.
–Por supuesto, de lo contrario no te vería ni hablaría contigo.
–¡Cállate! Sabes qué, no eres un buen amigo. No eres confiable. Así es que vete.
–Tú esfúmate.
–No, tú. Ya que tu personalidad resultó ser más loca que yo.
–Estas diciendo que…
–Ciao Arturo, ya no me sirves como escape de la realidad.
Actualizaciones y algunas palabras
Del quince de agosto de 2011
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Me gustaría, tras un año de ausencia, traer conmigo alguna historia para llenar el vacío de mi imaginación pero no es así. No sé que me pasa. Sigo viendo acontecimientos interesantes para serles narrados pero cada vez que intento plasmarlo por escrito estos se escabullen por entre artículos científicos y capítulos de libros. Por las noches sigo soñando y divirtiéndome solo con mis personajes y sus historias, pero me gustaría compartirlos con todos ustedes sin embargo no puedo.
En estos momentos me encuentro en el laboratorio esperando a que el programa termine de y así sacar a mi última rata del día. Debería estar haciendo gráficas para los congresos de Acapulco y Cancún pero preferí procrastinar escribiendo estas líneas. Además debería estas escribiendo la introducción de mi tesis, se de que va pero no lo hago. Hoy fue el regreso de vacaciones sin embargo yo vine a la escuela todo este tiempo.
Debo sacarme esto de una vez. Prometo ponerme un día a escribir. Olvidaré cual es mi realidad actual y sus implicaciones para mi futuro y traeré de vuelta a mi lobo, a mis viajeros y quizá pueda traer a la luz a mi nuevo hijo cuyo nombre aún no me atrevo a pronunciar.
En fin, pero que se algún día llegan a este blog lean algunos de mis cuentos y me digan que les parecieron. No importa si dicen que son malos o buenos únicamente déjenme saber que ustedes estuvieron aquí.
Cualquier cosa saben que mi correo electrónico es gabons69@hotmail.com
Nos leeremos pronto.
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1 comentario:
Ufff... tu cuento está complicadísimo... totalmente subjetivo... sólo capté totalmente la personalidad de los personajes en esta primera lectura...
La pregunta es: ¿por qué Hernán? ¿por qué precisamente eliges el nombre que desde hace cuatro años significa TODOOO en mi vida?
Apenas lei tus comentarios en mi intento de paginita. Guau...
(lo único que me molesta es tener que agradecerle a mi ente semi ficticio porque ahora te he conocido...)
Ya me voy porque tengo mucho que leer en este blog, nomás dime en cuál te encuentro de fijo o en cuáles tendré que andarte cazando...
GinaHalliwell.com
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