El recorrer las calles de la ciudad cada noche le resultaría engorroso para cualquiera pero no para mí. Veo que hay muchos hombres y mujeres que dejaron de disfrutar de la belleza del limosnero leproso que se sienta en los portales del centro, o de los muros atestados de signos y colores que nada dicen pero representan mucho.
No tengo razón para seguir en ésta ciudad. Sin embargo me es imposible salir de ella. Al caer el sol despierto para disfrutar una nueva noche del infinito número que me esperan. ¿Hay alguna razón por la cual solo salga durante las horas de oscuridad? En realidad no, pero me gustan más las tinieblas y la fría soledad nocturna que el engorroso sol, que baña a todos por igual. La noche fue hecha para pocos, yo entre ellos. Para aquellos que conocen el valor del miedo, que aprenden de la experiencia, que viven para no sentir.
Como suelo hacer, di un paseo por las calles. Subí las empinadas escaleras de los antiguos túneles céntricos. La Casa de Arriba, a pesar de los años, mantiene la belleza que le imprimió el arquitecto. Aunque es relativamente moderna la fachada de la casa, pues su estilo es llamado Art Deco, mas el interior sigue íntegro al de la época de la colonia. Las personas suponen que el lugar es solo un simple bar para los trasnochadores pero es el hogar de toda la jauría.
Odio seguir el orden jerárquico que impusieron, todo un gobierno para la raza superior que somos. ¡Bah! que estupidez. Salgo de casa sin siquiera presentarme ante los mayores, ni sentarme a su mesa (la cual solo usan para discutir o para crear a otros miembros, para comer están las calles y los barrios marginados). La Casa está como cada noche atestada de gente. Deliciosos mortales. Mas no es conveniente comer de manera tan descuidada, hay que elegir bien a quien se ha de saborear. Pero eso será ya de madrugada, por ahora quiero salir.
Doy vuelta por algunas cuadras hasta llegar a la avenida principal. Desde muy de mañana hasta muy entrada la noche la cantidad de automóviles y de personas es cuantiosa. Camino una hora entre la multitud. Para una ciudad que se tilda de cosmopolita le falta mucho por aceptar, aún se asustan al ver a un tipo como yo. Recorro las callejuelas y observo todo a mí alrededor, aun cuando ya sé de memoria cada centímetro del barrio.
Al doblar una esquina un bastardo se atreve a intentar asaltarme, claro que un simple “gruñido” lo aterroriza. Me encanta ver la cara de estos estúpidos cuando descubren con quien se meten. Llego a la gran avenida, y me acerco a la parada del autobús. ¿Quién podría creer que debajo de las lozas de concreto que cubren a tan ancha calzada se encontrara enterrado un río que en épocas pasadas mantenía con vida a esta ciudad? Pero eso que importa. Un autobús se detiene. En realidad poco me importa a donde se dirija, lo único que quiero es sentir el contacto con las personas. Qué patético me he vuelto últimamente. Los recuerdos no dejan de molestarme.
Subo al autobús repleto de personas que no dejan de amontonarse y aventarse unos contra otros. Por fin avanza el enorme aparato y mientras me sostengo del tubo observo la vida de la ciudad. Los ojos de una dulce niña de rasgos indígenas se abren y dirigen su mirada a todas direcciones, el deseo de conocer y con ello ser feliz se hace presente en ella. Cual bella es, cuanto desearía tomarla entre mis brazos y estrujar su cuerpecito hasta exprimirlo y devorarlo. Luego de una hora bajo del autobús.
Horrible lugar es al que llegué. Calles inexistentes marcan las tinieblas de las casuchas mal construidas. Siento repulsión hacia este lugar. Si estuvieran aquí Frederick y Michel me reclamarían este sentimiento. ¡Oh, pienso en ellos de nuevo! Ya no existen, debo olvidarlos.
Camino levantando pequeños remolinos a cada paso. La inclinación producto de la pendiente del cerro provoca una ilusión surrealista al mirar las casas. La oscuridad es casi total pero se escuchan entre las barrancas las voces de hombres y mujeres que aprovechan las horas para enajenar su mente con sustancias de imposible explicación.
Como me hacen recordar la imagen del estúpido de hace rato, como me hacen reír. Mi figura se esconde entre las penumbras y el sonido de mi andar es indetectable para el mortal. El olor a tierra y desprecio me invaden por completo. ¡Qué repugnante es sentir este olor! Ya me explico la razón por la cual nadie hace nada por remediar la situación de estos seres, nadie puede soportar olerlos. Una esencia de desintegración, de mediocridad, de miseria es lo que los envuelve día tras día. ¡Cuan repugnante es!
Levanto mi brazo a la altura de mi nariz con tal de cubrir un poco ese olor, mas es imposible. La más minúscula partícula de esa mordaz fragancia logro percibir. De pronto el llanto de un niño se hace oír. Un poco más arriba se encuentra el pan de esta noche. Camino en dirección de tan delicioso sonido y casi alcanzando la cima del collado se presenta una choza de cartón y lámina. Y dentro encuentro mi tesoro, un niño en edad de amamantar grita desesperado buscando a su madre.
Nadie alrededor se encuentra. Arribo al lugar para encontrarlo abandonado. El suelo repleto de pedazos de tela informes, una rata corre entre mis pies y un niño en la completa oscuridad gime de miedo ante la soledad de su fin. Me enternezco al verlo. A pesar de la profunda negrura que me rodea logro distinguir a la perfección todos sus rasgos. Es hermoso, tan indefenso. Lo tomo entre mis brazos y le arrullo. El miedo desaparece de su rostro y una pequeña sonrisa se asoma. Otro recuerdo me golpea, la visión de mi hijo se esfuma igual que su vida a través de una aspiradora que lo succiona del vientre de su madre. Mi hijo, mi nada. Una lágrima trata de escapar pero se detiene. Ya no se llorar, ya no puedo llorar.
Veo al niño, él me ve a mí. Un instante de humanidad hace latir mi corazón y en otro la cara del infante esta siendo masticada. Como jofaina rebosarte de vino, así es esta criatura repleta de savia caliente. Carne para comer, sangre para beber y obtengo la vida eterna. No queda mas que pedazos de carne y huesos de mi cena. Tomo una manta del suelo y envuelvo los restos. Salgo de la habitación en dirección opuesta al de la mísera colonia. Ya en un lugar solitario entierro las sobras a gran profundidad.
El camino de regreso me muestra los contrastes en una misma ciudad. De las calles de tierra y casas podridas, a las hermosas piezas de arquitectura de los barrios pudientes. Camino durante toda la noche. Jóvenes y adultos, habitantes de la oscuridad, caminan a mi lado. Conversaciones pasajeras entre extraños son cúmulos de enseñanzas inservibles.
Me detengo en aquella plazoleta donde encontré por primera vez a Aurora. Un poco de fatiga me obliga a recostarme en el suelo desde donde observo las estrellas.
-Buenas noches Gabrius –me dice una voz que conozco.
-¡Aurora! –respondo al saludo. Incorporándome, busco en todas direcciones pero nadie está a mí alrededor.
Me toco los labios recordando aquel momento, parece un sueño que se olvida al intentar evocarlo. El cielo adquiere un color azul, es hora de regresar.
Ya en casa me siento frente a mi computador y reflexiono sobre esta noche. Escribo la anécdota y trato de entenderlo todo. Recuerdos, olvidos, suspiros, creo que es hora de dormir.
Actualizaciones y algunas palabras
Del quince de agosto de 2011
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Me gustaría, tras un año de ausencia, traer conmigo alguna historia para llenar el vacío de mi imaginación pero no es así. No sé que me pasa. Sigo viendo acontecimientos interesantes para serles narrados pero cada vez que intento plasmarlo por escrito estos se escabullen por entre artículos científicos y capítulos de libros. Por las noches sigo soñando y divirtiéndome solo con mis personajes y sus historias, pero me gustaría compartirlos con todos ustedes sin embargo no puedo.
En estos momentos me encuentro en el laboratorio esperando a que el programa termine de y así sacar a mi última rata del día. Debería estar haciendo gráficas para los congresos de Acapulco y Cancún pero preferí procrastinar escribiendo estas líneas. Además debería estas escribiendo la introducción de mi tesis, se de que va pero no lo hago. Hoy fue el regreso de vacaciones sin embargo yo vine a la escuela todo este tiempo.
Debo sacarme esto de una vez. Prometo ponerme un día a escribir. Olvidaré cual es mi realidad actual y sus implicaciones para mi futuro y traeré de vuelta a mi lobo, a mis viajeros y quizá pueda traer a la luz a mi nuevo hijo cuyo nombre aún no me atrevo a pronunciar.
En fin, pero que se algún día llegan a este blog lean algunos de mis cuentos y me digan que les parecieron. No importa si dicen que son malos o buenos únicamente déjenme saber que ustedes estuvieron aquí.
Cualquier cosa saben que mi correo electrónico es gabons69@hotmail.com
Nos leeremos pronto.
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