De pie lo encontré, ahí frente a la Iglesia de la penitencia, cuyos muros carcomidos por los años se despostillan dejando caer su negra cantera cada vez que arrecia una tormenta, como la de esta tarde. Ahí estaba, mirando abstraído la caída de las aguas de aquella fuente en el centro de la plaza. La cascada celeste se mezcla con su hermana encerrada entre piedra. He ahí el lugar donde le hallé. Empapado por la lluvia no se movía. La gente corría intentando guarecerse bajo techo del frió temporal. A pesar de ello siempre son bautizados por las aguas divinas. La ciudad se transforma en lago y el diluvio de Noe despierta de entre la tierra mojada la belleza de la melancolía.
Me encontraba refugiada dentro de un establecimiento comercial. A pesar que son prácticamente los mismos productos que se vendían cuando era niña, me agrada observar los extravagantes diseños de los que tanto de ufana la modernidad. Y siendo a través de los cristales de la vitrina, en la entrada del lugar, cuando le vi. Sus ropas mojadas se estiraban por efecto de la gravedad; su roída gabardina tocaba el suelo y sus botas se hundían dentro de un charco. Su cabello caía sobre sus hombros y en su dedo su inseparable anillo de plata. Aun cuando la lluvia caía copiosa, él no dejaba su porte similar al de un roble. Siempre digno y soberbio. A mi, todo eso me hace sonreír.
Han sido muy pocas las ocasiones en que he tenido la oportunidad de verlo. A nadie le dirige la palabra, nadie se le acerca, ni siquiera Dorvank lo estima ya. Así que, con esto en mente y aprovechando una escampada en la lluvia, salí del lugar donde me encontraba y decidí saludarlo. Las farolas habían encendido su amarilla luz y las calles se encontraban inundadas. Gabrius no hizo ningún gesto al acercármele. Estábamos los dos mirando a la fuente y sin siquiera pensarlo le tomé del hombro, le guié para que quedará frente a mí y le sonreí. Él solo movió su cabeza, ladeándola y perdiendo su mirada en ningún punto.
Gabrius –le dije– es bueno verte. Sabes, tengo grandes deseos de hablar contigo…– pero dejándome con la palabra en la boca recibí como respuesta su espalda. Me enfurecí en sobremanera y sin poder contenerme le grite: ¡Idiota! Dando muestra de sorpresa se giró, haciendo imponer su estatura sobre mí. Si lo que deseas es hablar con un idiota, supongo que no me podré negar. Dicho esto, entonó una ligera sonrisa, semejante a la de un niño al que se le ocurrió un chiste.
Lo que fuera una tormenta se convirtió en una ligera llovizna sin viento. El cielo encapotado se vistió de negro mientras caminábamos alrededor de la plaza. En silencio recorríamos el cuadrado de la acera. Tomados del brazo recliné mi cabeza sobre su hombro, cerré mis ojos y una imagen del pasado se me presentó. Suspire por dentro los años de antaño, los lugares olvidados, las personas perdidas.
–Dime, ¿de que color eran tus ojos?– La pregunta me sorprendió. Hacia tanto tiempo que no pensaba en mis ojos, y ahora que rememoraba el tiempo viene a mí tal cuestionamiento.
–Creo que eran azules. Azul turquesa. A mi padre le gustaban mis ojos. Decía que eran misteriosos, como los de una bruja, pero que en mi se veían esplendidos. Y…– Al decir esto Gabrius se detuvo. Me miró directamente a los ojos y me dijo:
–¿Por qué perdemos la verdad de nuestro origen?– No supe que decir. Bajé la mirada intentando que esas palabras pasaran de largo sobre mí. Pero no lo conseguí. Era cierto. Desde aquel día funesto dejé de preocuparme por aquellos a quienes amé, de aquellos momentos ilusos en los que mi mente permanecía dormida a la realidad. Sentí deseos de volver a ver a mis padres, a mis hermanos, a mis amigos, a todo el mundo que conocí como mortal. Pero ya es tarde, nada de ellos existe ya. Solo los libros de historia intentan rescatar aquel pasado en el que viví. Al darse cuenta Gabrius de mi turbación me dijo:
–Egeria, Perdona mi insensatez al hablarte así. Pero es que no puedo soportar verme aislado. Paso las noches pensando en la posibilidad de regresar. Aun podría hacerlo. No han pasado más de dos o tres años de aquello. Quizás aun tenga redención. Pero cada vez que paso frente a un espejo ya no veo mis ojos. Ya no reflejo mi propio yo. Veo a un ser que estuvo dormido dentro de mi por años y al que nunca conocí en vida, y que ahora me domina, me transforma, me convierte en él. Otra vez perdóname, vuelvo a caer en mi egocentrismo. No he pensado en como te sientes–.
Me sentía muy mal. Las luces de las bombillas me mareaban. Sentí miedo. Un miedo que creí vencido desde hacia más de trescientos años. Y era un neófito quien me lo producía. No podía soportarlo. Sin pensarlo abofetee a Gabrius con tal fuerza que lo arrojé a un par de metros de distancia. Seguía siendo la mayor entre la manada, era la más sabia y la más fuerte. No podía tolerar tal impertinencia.
Gabrius permaneció en el suelo por unos minutos. Le había noqueado. Me arrodillé a su lado y esperé que reaccionara. Cuando despertó me dijo: No debí subestimarte. Para ser una “dama de la Colonia” eres bastante aguerrida. Esa expresión me hizo sonreír. Por lo menos no perdió su cinismo.
Le ayudé a levantarse. Aun continuaba empapado por la lluvia. Cualquiera creería que estaría congelándose pero esa sensación ya no nos afecta. Sentimos el calor o el frió mas no tienen importancia para nosotros. Decidimos alejarnos del lugar y caminamos en dirección hacia el parque de las aguas color azul. Antes existía en ese lugar varios ojos de agua de los que se extraía el líquido para suministro de la ciudad. De eso no me queda más que el recuerdo. Esta ciudad era muy hermosa. Manantiales brotaban en cualquier sitio. En los antiguos barrios las casonas se erguían en medio de extensos solares. Y en los bosques que rodeaban a la urbe proliferaban gran cantidad de animales. Fue bella esta ciudad.
Entramos al parque saltando la valla protectora y caminamos hacia el centro para terminar sentándonos en una curiosa banca de cemento. La mayor parte de las farolas no se encontraban funcionando así que permanecimos en la oscuridad. Gabrius se mantenía en silencio mirando el piso. En ese momento me percaté de algo. En medio de las tinieblas me fui a dar cuanta de algo tan obvio, nótese mi sarcasmo. Él seguía utilizando anteojos, pero ya no con las lentes, simplemente usaba el armazón. Lancé una carcajada al tiempo en que me di cuenta de tal cosa. Gabrius me preguntó que me pasaba y le revelé mi descubrimiento, al punto él me secundó en la risa.
–¿Por qué los sigues usando?– pregunté.
–Me gustan. Además estaba acostumbrado a usarlos. Sé que ahora tengo una vista perfecta pero la nostalgia…– y se interrumpió. Claro que entendía como se sentía y no hice otro comentario al respecto.
Permanecimos en el lugar por varias horas. Me hizo preguntas sobre el pasado de la ciudad, sobre mi vida y sobre otros temas. Cerca del amanecer decidimos que era tiempo de regresar a casa. No sin antes pasar por alguna calle y beber algo para el camino. Ustedes entienden de qué se trataba.
Llegados a casa permanecimos un rato en la sala. Encontramos a otros sentados frente al televisor, entre ellos estaba Dorvank y Leonidas, escuchando el noticiero matutino. –Nunca sabes cuando hablaran de ti– decían esos dos. Gabrius decidió ir a dormir y le acompañe a su habitación. Al despedirme de él me dio un papelito doblado en cuatro y me dijo: porqué no te desahogas un poco. Dicho esto me besó la mejilla y cerró la puerta. El papel tenia escrito esta dirección y el password. Así que decidí hacerle caso y aquí me tienen narrando esta noche para ustedes.
Creo que cometí un error, pues no me presenté. Permítanme corregirlo diciéndoles que mi nombre es Egeria de Salvatierra. Nací el año de Nuestro Señor mil seiscientos treinta y uno. Y contaba con treinta y dos años al momento de la transformación. Nunca volví a ver a mi familia, pero ahora tengo a una nueva. El que me transformó ya no existe, pero soy la más longeva después de Dorvank. Describirme físicamente no me agrada solo diré que tuve una gran cantidad de pretendientes. Mi padre fue un Oidor de la Real Audiencia y forjó una pequeña fortuna producto de la importación.
Eso es todo lo que tengo que contar. Espero que les haya resultado agradable esta charla. Ahora fui yo quien les habló de Gabrius. Quizás algún día llegué él a entender que lo que ahora es, y sea libre de si mismo.
Actualizaciones y algunas palabras
Del quince de agosto de 2011
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Me gustaría, tras un año de ausencia, traer conmigo alguna historia para llenar el vacío de mi imaginación pero no es así. No sé que me pasa. Sigo viendo acontecimientos interesantes para serles narrados pero cada vez que intento plasmarlo por escrito estos se escabullen por entre artículos científicos y capítulos de libros. Por las noches sigo soñando y divirtiéndome solo con mis personajes y sus historias, pero me gustaría compartirlos con todos ustedes sin embargo no puedo.
En estos momentos me encuentro en el laboratorio esperando a que el programa termine de y así sacar a mi última rata del día. Debería estar haciendo gráficas para los congresos de Acapulco y Cancún pero preferí procrastinar escribiendo estas líneas. Además debería estas escribiendo la introducción de mi tesis, se de que va pero no lo hago. Hoy fue el regreso de vacaciones sin embargo yo vine a la escuela todo este tiempo.
Debo sacarme esto de una vez. Prometo ponerme un día a escribir. Olvidaré cual es mi realidad actual y sus implicaciones para mi futuro y traeré de vuelta a mi lobo, a mis viajeros y quizá pueda traer a la luz a mi nuevo hijo cuyo nombre aún no me atrevo a pronunciar.
En fin, pero que se algún día llegan a este blog lean algunos de mis cuentos y me digan que les parecieron. No importa si dicen que son malos o buenos únicamente déjenme saber que ustedes estuvieron aquí.
Cualquier cosa saben que mi correo electrónico es gabons69@hotmail.com
Nos leeremos pronto.
jueves, marzo 29, 2007
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2 comentarios:
hahahaaha pues a un blog mas hehehe si son buenos deseos digo por que diablos no hehehe vaya veo que publicaste una bomba toda una explosion de textos hehehe regresare con calma luego :P
¿Me llegó bien el rumor?
Dicen que fue tu cumpleaños.
Felicidades...
Esperooo tener la suerteee de alguna vez en la vidaaa encontrarte onlineee en el Messengeeer...
¡ash! ¡pero YA, por favor!!!
GinaHalliwell.com
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