Yo era ahora el señor Nicolás Silva. Eminente licenciado con un despacho en el segundo piso en la afamada Torre Goodenough. Cuento a mi servicio con una linda secretaria que cada mañana me entrega la correspondencia y los mensajes que recibo cada día, y quien no se cansa de coquetearle a su apuesto jefe sin tener en cuenta el desprecio que este siente hacia las mujeres. Visto siempre de traje y conduzco mi automóvil. Gusto de las fiestas y reuniones con mis amigos, además de escuchar cada mañana al despertar la misma canción desde hace varios meses. Gano el suficiente dinero como para darme el lujo de vacacionar cada año en algún punto del país. Una buena vida diría yo, lástima que todo esto haya sido conseguido por otra persona.
Pero en mi casa, la casa de Nicolás Orendain estos falsos recuerdos se revelan como lo que son, falacias. Mi hogar se encontraba destrozado, primero por el ataque de Ernesto y después por los policías, quienes sin un mínimo de gentileza destrozaron más de lo que encontraron. Suspiré hondo al ver el desastre. Nick me acompañó todo el trayecto del hospital hasta mi domicilio y se ofreció a ayudarme a limpiar. Ese gesto, siempre típico en él, me conmovió hasta las lágrimas. No sé cómo lloré tanto ni porqué lo hice, pero sé que lo necesitaba ya que, al acabar, tenía los suficientes bríos para actuar.
Mientras trabajábamos en dar orden al caos de mi sala no pude guardar por más tiempo mi duda. Pregunté a Nick el porqué el hospital y la policía decían que era él, es decir, Nicolás Silva. Por algunos segundos permaneció en silencio, meditaba cada palabra y analizaba mis posibles reacciones.
–Primero fue por el hospital. –comenzó a decir deteniendo su labor– Utilicé mi seguro de gastos médicos para ayudarte. Tuve suerte que funcionara. Sin embargo se complicó con la policía ahí, así fue que evitando otro conflicto decidí cederte toda mi identidad. Nadie dudó que fueras quien decías ser, o mejor dicho quien decía yo quien eras.
–Bien, entiendo. –dije, pero con algunas reservas de mi parte– Entonces, ¿Cuándo volveré a ser yo?
–Ahora mismo si lo deseas. Pero te recomiendo que mantengas este jueguito por un tiempo. Por lo menos hasta que Ernesto este bien. –respondió con un sonrisa que no me tranquilizó. Movía algunas fotografías que habían caído al suelo.
–¿Así es que fue a Nicolás Silva a quien agredieron? –trataba de entender esta situación.
–Técnicamente si. –dijo Nick encogiendo los hombros y sin verme a los ojos.
Me quedé mirándolo un momento mientras levantaba las imágenes con sus respectivos marcos. Pensaba que tan cierto era que ambos podíamos pasar por el otro. Recordé las identificaciones y como en el hospital no dudaban de mi identidad. Francamente no teníamos un aspecto similar. Nick era un poco más alto que yo, su cabello era castaño y un poco largo. Compartíamos el mismo color de ojos, pero sus facciones eran algo toscas; cara cuadrada, ojos almendrados, nariz pequeña casi puntiaguda, y su boca grande con labios delgados. Ni siquiera en la complexión concordábamos, el era más delgado. Supongo que quizá para un ojo que no nos conozca podríamos pasar por hermanos, pero para mi eso me resultaba prácticamente imposible.
–Eso a ti no te conviene –espeté con un tono de desafío, había olvidado el trabajo que realizaba– tu resultaras el perjudicado ante los demás.
–Si, pero hay algo más. –dijo eso último casi en susurro mirando una fotografía.
–¿Qué es?
–Pues… me da seguridad. –Ahora me miró a los ojos.
–¿Cómo dices?
–Mira Nico, necesito el tiempo que este incidente me da para resolver algunos problemas.
–¿Cuáles? –quise saber, al fin y al cabo era mi vida la que se estaban robando.
–No Nico. Confórmate con ser yo y estar seguro por el ataque. –bajó nuevamente la mirada y en tono de súplica dijo– Necesito tu ayuda.
–Entonces dime que ocurre.
–Nicolás –comenzó a decir con solemnidad entregándome la fotografía que tenía en sus manos– yo sé en lo que me he metido e incluso tu mismo lo has comprobado ya. Este plan también te beneficia a ti, lo sé.
Esto último me sorprendió. Miré aquello que me entregaba y se trataba de la misma fotografía que Ernesto había visto y con la cual había enfurecido. Fue cuando me di cuenta, me vi descubierto e intimidado nuevamente. No dejé que estas emociones me invadieran y antes de que cualquier indicio de ellas asomara me apresuré a decir.
–Muy bien. Te conozco y confío en ti. –nada más falso en esos momentos.
–Gracias. Si me permites, iré a prepararnos un té. –Y sin dejar que le detuviera se dirigió hacia la cocina.
–¡Lárgate de mi casa! o si no… –gritaba rabioso Ernesto.
–¿Acaso me estás amenazando? Que pendejo eres. Soy más fuerte mientras que tú te orinas de miedo.
–Ya deberías estar satisfecho. ¿Por qué me sigues atormentando? –decía Ernesto con lágrimas en los ojos.
–Porque me gustas y te quiero. Así que, cállate y déjame hacer. –y de un zarpazo “El mamado” lanzó al suelo a su anfitrión.
Durante más de medio año Ernesto no había visto su casa. Pero al regresar del hospital la encontró arreglada y limpia. Imelda lo acompaño durante el trayecto del nosocomio a su hogar y no solo eso, también se hizo cargo de arreglarla para cuando él volviera. Pocas palabras pronunciaron durante el recorrido, solo miradas y sonrisas hablaban por ellos.
Ernesto estaba al tanto de lo ocurrido con Imelda y Carlos. Ambos estaban heridos y prácticamente sufrían del mismo mal, el abandono. Jamás se mencionaron esos hechos, ya era suficiente para cada quien lo que habían vivido. Ella lo visitaba con regularidad durante el tiempo en que estuvo él internado. Sus charlas trataban de los temas de menor importancia y de los que nunca se les había ocurrido conversar. A pesar de las circunstancias sentían como sí volvieran a vivir aquellos años de adolescencia cuando se compartían todos sus secretos e incluso mentiras. Ambos tuvieron una relación afectiva durante los primeros semestres de la preparatoria, pero el verdadero deseo de Ernesto se manifestó y luego de largos reproches, lágrimas y silencios recuperaron con solidez la amistad que siempre se profesaban.
Ella lo dejó recostado en el sofá cubierto por una franela color tinto, le besó en la comisura de los labios como despedida y se marchó. Ernesto no tardó en dormir siendo aún las cuatro de la tarde. Una hora después, y sin haber sentido el paso del tiempo, Ernesto fue despertado por un sonido. Era incapaz de reconocer de qué se trataba. Se levantó y miró alrededor. Su corazón latía con fuerza, de nuevo el miedo lo invadió. Pensamientos de negrura le robaron la mirada y sin saber cómo vio frente a sí a un monstruo. Un grito salió de su pecho pero este fue cortado en el acto por la visión de una navaja en la mano del hombre. Su maldecidor estaba en casa.
–¡No! ¡Basta! ¡Aléjate! –gritaba Ernesto tratando de escapar.
Ante la defensa que exhibía Ernesto, agitándose y empujando, “El mamado” le propinó un puñetazo a la cara. Levantándose luego comenzó a patearlo por los costados y en el rostro. El dolor que hacia meses había sentido renacía. Era como si las cortadas volvieran a abrirse y brotaran los moretones en la piel.
Ernesto gritaba y lloraba, pedía auxilio y a cada golpe que intentaba dar lanzaba un rugido como si con ello fuera más amenazante y fuerte. Pero todo era inútil, estaba sometido al capricho de Mario. Sentía el pelaje de su rostro sobre su cuerpo, sus manos sujetadas en su espalda y sus piernas clavadas al piso por las piernas fuertes y gruesas del hombre-bestia. Ernesto rugía por el dolor y los recuerdos, Mario por el placer que quería experimentar y que de hecho ya sentía; mientras más luchaba Ernesto por zafarse más excitado se ponía.
La ropa en ambos fue arrancada. ”El mamado”, en medio de golpes e insultos, penetró por el culo a Ernesto quien ya sin fuerzas y dolido no le sintió.
–Que rico ¿verdad? –decía el hombre mientras copulaba– Pinche bastardo, ¡ah! Me encanta tu culo. Mmm… Si, así.
Mientras tanto unos niños desnudos, con la piel pegada a los huesos y sentados en el frío linóleo del piso, observaban con detenimiento la escena que se llevaba acabo. Uno se llevó la mano hacia su pene y estimulándolo consiguió una erección, segundos después un líquido blanco salía de él. Viendo lo ocurrido sus compañeros comenzaron a reírse. Mario se giró al escuchar las risas y sin dar crédito a lo que veía frunció el seño y esbozó una maldición. Los niños se esfumaron en el acto, atemorizados por la furia del hombre.
El acto sexual terminó rápido. Ernesto quedó tendido en el suelo, sentía como si toda la realidad se convirtiera en un sueño. Lo que vivía no era más que fantasía, una ilusión producto de sus problemas mentales. Anhelaba que estos fueran reales para así no sentir en verdad lo que padecía de nuevo. Pero no pudo negarlo. Sintió el filo de una navaja en el cuello y de un movimiento rápido, sujetado por la cintura, fue levantado. El aliento fétido de la boca del “Mamado” llenó la suya en un beso más amargo que el del propio Judas.
–Eso fue todo. Si pusieras más de tu parte no te dolería tanto. –decía Mario mientras llevaba a su consorte a la cama. –Te dije que vendría y cumplí. Y aunque tú no quieras seguiré viniendo. Ahora chúpamela que ya estoy listo para uno nuevo.
Pero Ernesto no respondía. Tan herido se encontraba que perdió el conocimiento. Mario decepcionado lo dejó tendido y salió de la habitación.
Ya entrada la noche Ernesto despertó. Aterrado se alzó de la cama y miró en la oscuridad. Se encontraba desnudo pero sin dolor. Temía que su agresor se encontrara aún en casa. Revisó el cuarto en tinieblas sin encontrarle ahí. Decidió entonces encerrarse en su habitación con el fin de defenderse. Sintiéndose seguro encendió la luz y observó su cuerpo, tenía marcas por todos lados pero no le dolían. Las magulladuras, laceraciones, cortadas y golpes le eran deliciosas al menor contacto con sus manos. Sentía un extraño placer por todo ello y sonriendo a su reflejo decidió abrir la puerta. Frente a él se encontraba “El mamado”.
–¿Te gustó? –preguntó este.
–Si y quiero más. –respondió Ernesto.
–Así me gusta. –y al decirlo entró a la habitación. Unas risitas y un ligero llanto se escuchaban en algún lugar de la casa.
Actualizaciones y algunas palabras
Del quince de agosto de 2011
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Me gustaría, tras un año de ausencia, traer conmigo alguna historia para llenar el vacío de mi imaginación pero no es así. No sé que me pasa. Sigo viendo acontecimientos interesantes para serles narrados pero cada vez que intento plasmarlo por escrito estos se escabullen por entre artículos científicos y capítulos de libros. Por las noches sigo soñando y divirtiéndome solo con mis personajes y sus historias, pero me gustaría compartirlos con todos ustedes sin embargo no puedo.
En estos momentos me encuentro en el laboratorio esperando a que el programa termine de y así sacar a mi última rata del día. Debería estar haciendo gráficas para los congresos de Acapulco y Cancún pero preferí procrastinar escribiendo estas líneas. Además debería estas escribiendo la introducción de mi tesis, se de que va pero no lo hago. Hoy fue el regreso de vacaciones sin embargo yo vine a la escuela todo este tiempo.
Debo sacarme esto de una vez. Prometo ponerme un día a escribir. Olvidaré cual es mi realidad actual y sus implicaciones para mi futuro y traeré de vuelta a mi lobo, a mis viajeros y quizá pueda traer a la luz a mi nuevo hijo cuyo nombre aún no me atrevo a pronunciar.
En fin, pero que se algún día llegan a este blog lean algunos de mis cuentos y me digan que les parecieron. No importa si dicen que son malos o buenos únicamente déjenme saber que ustedes estuvieron aquí.
Cualquier cosa saben que mi correo electrónico es gabons69@hotmail.com
Nos leeremos pronto.
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