–No nací para ser alguien, ese es el punto. –comienzo a decir.
–Por favor, ve con otro que escuche tu autocompasión, Nicolás. Si es para esto para lo que me llamaste mejor me voy. –mientras lo dice gira su cabeza con desdén.
–Espera. Es que… si entendieras todo lo que dentro de mí se guarda…
–No Nicolás, no es lo que guardas es lo que haces con ello. ¿Crees que Nicky hubiera creído eso de ti? –y arquea la ceja derecha.
–¿Por qué sacas a Nick en esto? –me encuentro muy dolido.
–Por que siempre es de él de quien se trata, ¿o lo olvidas? –me responde irónicamente.
–Déjate de sarcasmos, no estoy para eso ahora.
–No, estás para victimizarte. Basta, bien sabes todo eso así que vamos, dime la razón por la que me citaste en este café.
Me dejó en claro que nunca fue nuestro destino ser amigable el uno con el otro. Pareciera que a Ernesto la muerte de Nicolás no le afecta. Tiene el semblante duro y frío. En un principio no era así. No le simpaticé del todo pero era amable, incluso cuando salíamos llegamos a bromear y comportarnos como amigos.
–Esta bien Ernesto. Discúlpame. Además tienes razón, también esta charla tratará sobre Nick.
–¿Y ahora qué pasa con él? –me pregunta cansadamente.
–Quiero poner en claro muchas cosas que quedaron mal planteadas en el pasado.
–¿Qué son aquellas cosas?
–Primero, el hecho que tu siempre mostraste hostilidad hacia mi.
–Por favor Nico. No vengas con cosas tan estúpidas. Eso quedó muy en el pasado. ¡Madura por Dios!
–Yo bien sé que no tiene mucho sentido pero es algo que aún me lastima, por favor… –le suplico.
–Me parecías un estorbo… –me comienza a decir.
Momentos inoportunos u oportunos según se vea. La camarera ha traído el café y una tarta de fresa para Ernesto. ¿Quién es el que crea estos instantes de interrupción? ¿Qué habría dicho Ernesto si no hubieran traído la orden? Se piensa en lo que se está apunto de decir, la mejor forma de hacerlo o la mejor mentira. Solo puedo esperar el que se reanude la charla mientras revuelvo el azúcar y el café.
–Entiende que Nicolás no era un hombre que entregaba por entero el corazón. Cuando lo conocí no era yo más que uno de sus “amiguitos especiales”. Luego se cansó de su pareja y vino a mí con su cursilería de que yo era todo para él y sus hermosos elogios hacia mí. Y como imbécil me dejé convencer. Yo estaba enamorado, pero sabía que algún día se cansaría de mí y así fue. El día en que te conocí comprendí que había llegado el final.
–Pero yo no hice nada para que eso ocurriera.
–Claro, pero eras quien absorbía toda su atención. Llámalo celos pero no me gustaba eso.
–¿Por qué no lo dijiste?
–Éramos jóvenes Nico, tú también lo amabas.
–Le amaba por lo que me hacia sentir de mí mismo.
Me es difícil continuar. Siento como las imágenes de aquella noche vuelven a atormentarme. Debo dejar que mi mente se despeje, recobrar la compostura de mis pensamientos. Bebo un poco de café y espero encontrar una salida para esto. Pienso que esta no fue la mejor idea. Pero debo decir algo más.
–Pero me alejé de ustedes en aquella noche. –digo bajando la voz.
–Solo lo hiciste por miedo. Siempre fuiste cobarde. –Ernesto me mira desdeñosamente.
–Un navajazo que requiere diez puntadas no es algo que se deje pasar por alto. –Le interpelo.
–Por esa acción te pido perdón, ya sabes porque lo hice. –No hay mucha sinceridad en su voz.
–Si, me dolió saberlo.
–jajaja No mientas si lo sabías desde un principio. –dice socarronamente.
–¿De que hablas?
–No sé porque no los delaté en ese momento.
–¿Qué?
Algo extraño está pasando. La conversación ha dado un giro que no entiendo. ¿De qué me acusa Ernesto? Me culpa de su violación. Pero ¿Por qué? Tengo que averiguar en que está pensando, qué ocurre dentro de él.
–Ernesto, explícame porqué me acusas de aquello. Sinceramente no sé de qué me hablas.
–Ay Nicolás… muéstrame las fotografías que llevas en tu cartera.
–¿Cómo dices?... Bueno, aquí tienes.
–Aja… Muy bien… aquí esta. Mira esta fotografía.
–Soy yo.
–¿Con quién estas?
–Yo solo. No entiendo que…
–Y aquí, ¿qué vez?
El sudor empieza a empapar mi camisa y a escurrir por mi frente. Veía al individuo. El cristal del aparador reflejaba al sujeto que frente a mi accionaba la cámara fotográfica. Veo su rostro. Mi cámara era de las que la imagen aparecía en una pequeña pantalla y por tanto no era necesario colocarla frente al rostro. Por eso la sostiene a la altura del pecho.
–¿Ahora que dices?
–No, no es posible… ¿él?
–Así es. Debí decir que fue ese tal Mario del que tanto nos hablabas, pero no lo hice. Dejé en secreto todo ello por consideración a ti. Y pensándolo bien, creo haber hecho lo correcto, eras y sigues siendo muy ingenuo. Y, hablando con sinceridad, es por lo mismo que no me pesa haberte lastimado aquel día. Cuando vi la fotografía de ese hombre en tu casa supuse que estaban involucrados. Aún lo creo. –Sorbe un trago de café.
–Te equivocas –me siento nervioso, ofendido, sentenciado– no lo sabía. Pero aun así te pido perdón. Perdón por ignorarlo, por no entender tu ira, por ser quien soy.
–¡Cállate! Pero eso quedó en el pasado. No perdonado, pero en el pasado. Lo que si te diré es que no te perdono que hayas dejado que le pasara eso a Nicolás.
–Tú estabas con él, ¿Por qué no lo impediste tú? –este sería el siguiente tema de la conversación, y no iniciaba bien.
–Porque no lo sabía.
–Igual yo.
–Mentiroso –levanta en exceso la voz, los demás comensales nos observan– tu lo sabías bien. Y te atreviste a esconderlo y dejar que él muriera.
–No creí que estaría tan mal.
–Cualquier persona que sufre de ese mal. Necesita los cuidados correspondientes.
–No… no sé… bueno, si pero…
Me siento molesto. Lo sabía, él me culpaba de la muerte de Nicolás. ¿Cómo explicarle todo lo que padecí? Por lo menos se ha tragado lo de que no sabía lo de Mario y él. Por primera vez tener una cara de idiota ha servido de algo, pero no resta que me sienta culpable por ambas situaciones. Quizá debo confesarle que es verdad, yo provoqué todo ello. Que supe que Mario lo tenía en la mira y que Nicolás padeció todo ello a causa mía.
–Sé que bajo tu conciencia queda todo ello. –Me dice apuntándome con el dedo– Conociéndote, creo que ya has sufrido mucho y aún te queda por padecer.
–Es verdad, me siento culpable. –Es mejor mantener un poco más el secreto.
–Eso me alegra. Pues bien, estoy asqueado de estar aquí. Me retiro. –Dicho y hecho, se levanta y saca su cartera.
–Está bien. ¡No! Recuerda que fui yo quien te invito. Guarda tu cartera.
–No Nicolás, no quiero deberte nada. Aquí esta mi parte. Por cierto, a pesar de todo, creo que eres alguien que… vale la pena. Es el único elogio que recibirás de mí.
Ernesto sale del establecimiento. Su caminar tan esbelto y soberbio a muchos les hace girar a verlo. Yo por mi parte me he quedado solo. ¿Qué debo hacer ahora? Regresar a casa y seguir permitiendo que mis demonios me persigan. No, estoy harto de ello. Solo caminaré a cualquier lugar. Espero que me lleve mi paseo hacia donde quiero ir.
Actualizaciones y algunas palabras
Del quince de agosto de 2011
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Me gustaría, tras un año de ausencia, traer conmigo alguna historia para llenar el vacío de mi imaginación pero no es así. No sé que me pasa. Sigo viendo acontecimientos interesantes para serles narrados pero cada vez que intento plasmarlo por escrito estos se escabullen por entre artículos científicos y capítulos de libros. Por las noches sigo soñando y divirtiéndome solo con mis personajes y sus historias, pero me gustaría compartirlos con todos ustedes sin embargo no puedo.
En estos momentos me encuentro en el laboratorio esperando a que el programa termine de y así sacar a mi última rata del día. Debería estar haciendo gráficas para los congresos de Acapulco y Cancún pero preferí procrastinar escribiendo estas líneas. Además debería estas escribiendo la introducción de mi tesis, se de que va pero no lo hago. Hoy fue el regreso de vacaciones sin embargo yo vine a la escuela todo este tiempo.
Debo sacarme esto de una vez. Prometo ponerme un día a escribir. Olvidaré cual es mi realidad actual y sus implicaciones para mi futuro y traeré de vuelta a mi lobo, a mis viajeros y quizá pueda traer a la luz a mi nuevo hijo cuyo nombre aún no me atrevo a pronunciar.
En fin, pero que se algún día llegan a este blog lean algunos de mis cuentos y me digan que les parecieron. No importa si dicen que son malos o buenos únicamente déjenme saber que ustedes estuvieron aquí.
Cualquier cosa saben que mi correo electrónico es gabons69@hotmail.com
Nos leeremos pronto.
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