–¡Ya basta! Me tienes harto con tantas tonterías que dices.
–Cálmate estúpido, que soy yo la que tiene que aguantar cada tarugada que haces enfrente de todos.
–Si tanto te avergüenzo déjame en paz, y largarte por donde viniste.
–Ni que fuera una de tus bastardas con las que te acuestas.
Los rostros congestionados por la ira contenida. Largos años que en principio, bellos momentos fueron pasando y que al final torturas son el pan nuestro de cada día. Carlos e Imelda salieron de casa de ella cerca de las ocho de la mañana. Durante el desayuno y frente a la familia de la joven, la pareja se mostraba de lo mas encantadora, pero al cruzar el umbral en dirección a la parada del autobús todo ello se esfumó.
–¡Cállate! Bien sabes que eso es mentira. No entiendo como crees semejantes cosas de mí.
–Si eso cuentan de ti algo ha de haber de verdad en ello.
Carlos detuvo su réplica a esta última afirmación pues, ante una señal de Imelda, se giró observando como se acercaba Ernesto a saludarles. Imelda sonrió con su habitual cortesía, que cada vez que se veía esta perdía mucho de su sinceridad. Ernesto saludo a Imelda y después a Carlos. Él poco pudo fingir su disgusto de aquellos momentos contentándose con inclinar la cabeza en señal de cortesía.
El autobús de Ernesto llegó casi enseguida, siendo pues que le abordó. Al verse nuevamente solos, la pareja reanudó su discusión.
–Dime que es en realidad lo que te molesta. –Carlos decía con la mayor comprensión que podía.
–Bien lo sabes tú. Yo no te lo voy a decir. –dijo Imelda con tono de indignación.
–Es que esto siempre es lo mismo. No logro entenderte. Me canso de ignorar en que piensas y que quieres. Tan solo una vez dime lo que me quieras decir.
–Estoy cansada de ti. –Comenzó a decir Imelda, su rostro no parecía el mismo e igual que su voz en esos momentos– Cansada de verte día y noche. De estar a tu lado en cualquier lugar. De tu cuerpo poseyendo al mío. Estoy harta de que nada nuevo exista entre nosotros. Ya no te amo Carlos. Lo único que siento es la monotonía de una relación sin sentido. Envidio a Ernesto y Nicolás, son tan felices y creo que esa felicidad se debe su juego de encubrir su cariño. Carlos, no quiero que todos estos años juntos se pierdan en un momento, pero no se que hacer y mucho peor, no se que quiero yo.
En cuanto Carlos escuchó el ya no te amo, el resto del discurso perdió el sentido en su cabeza. Todas sus emociones, sus planes a futuro se esfumaban. Todo había terminado, a pesar de que Imelda había dicho que quería encontrar la manera de solucionarlo. Cuando el amor se acaba, todo termina. Sintió vértigo, hubiera querido sentarse en aquel momento. Mil pensamientos surcaron su mente: planes del fin de semana, de las próximas vacaciones, del asenso en su trabajo y con ello pedir la mano de su amada. Una vida construida se desmoronaba frente a sus ojos.
–Bien, he aquí lo que tanto quería decirte. Temía decirlo, me era más sencillo estar enojada contigo que admitir la posibilidad de quedarme sola. Dime, ¿ahora qué?
Carlos permanecía anonadado. Todo parecía estar enajenado a él. La voz y la imagen de Imelda parecían muy lejanas. No podía articular palabras.
–Perdóname por lo que acabo de decirte –prosiguió Imelda al ver que Carlos no hablaba– creo que debí ser más sutil con mis palabras, pero no podía seguir guardándome esto más tiempo. Terminé explotando contra ti y no eres tú el culpable.
–Imelda… –comenzó Carlos– yo te amo. Por favor no me hagas esto. No destroces la vida que he planeado para los dos.
–Carlos, esa es la vida que tu querías no la que yo quería.
Por fin, con un berrido, Carlos se desahogó. Dejó que las lágrimas corrieran por sus mejillas, luego cubrió su rostro con sus manos. Imelda trató de abrazarlo para confortarlo, pero Carlos repelió el gesto con su brazo. Su puño salió disparado dando en el blanco, el rostro de Imelda. Cayó al suelo ya desmayada con un par de dientes menos en su boca. Carlos retrocedió hasta chocar con la pared y ahí se sentó observando entre lágrimas lo que había hecho.
Las personas que pasaban en esos momentos veían con repulsión la escena que ante ellos se presentaba. La joven como muerta en el pavimento y un orangután de casi dos metros sentado a su lado mirándola. Uno desde su móvil llamó una ambulancia y a la policía. Una señora tomo la cabeza de Imelda tratando de despertarla. Algunos hombres, muchos de ellos maduros, rodearon a Carlos para sofocarlo si intentaba lastimar a alguien más.
–¡Imelda…! ¡Imelda…! ¡Imelda...! –Una voz gritaba mientras se acercaba. La madre de la muchacha se enteró de lo ocurrido, salió desenfrenada hacia el lugar del incidente. – ¡Maldito, la mataste!
Todos daban por muerta a la joven, pero unos minutos después recobró la conciencia. El dolor en la mejilla le punzaba y era incapaz de hablar a causa de la sangre dentro de su boca. Pasó un poco de tiempo y arribaron los paramédicos y los policías. Carlos se dejó guiar por estos últimos al interior de la patrulla, mientras Imelda era levantada del suelo para trasladarla al hospital.
Una hora después la calle estaba vacía. Parecía que nada había ocurrido. Entre los vecinos comentan el hecho en voz baja.
–Se veía que era un buen muchacho. ¿Cómo pudo hacer semejante cosa?
–Ella lo iba a dejar, ¿Cómo iba a permitir eso el hijo de Don Florencio?
–Sabía que andaba en malos pasos ese muchacho.
–Imelda se lo merecía, estaba muy mal criada la pobre.
Varias horas después Imelda se recupera en el hospital, entre su familia y amigos, y con los cuidados de los médicos y enfermeras. Al mismo tiempo Carlos daba su declaración entre burlas, golpes y ultrajes. El hecho fue televisado en el noticiero de la tarde haciendo que toda la ciudad se enterara de una verdadera historia de amor en estos tiempos.
Actualizaciones y algunas palabras
Del quince de agosto de 2011
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Me gustaría, tras un año de ausencia, traer conmigo alguna historia para llenar el vacío de mi imaginación pero no es así. No sé que me pasa. Sigo viendo acontecimientos interesantes para serles narrados pero cada vez que intento plasmarlo por escrito estos se escabullen por entre artículos científicos y capítulos de libros. Por las noches sigo soñando y divirtiéndome solo con mis personajes y sus historias, pero me gustaría compartirlos con todos ustedes sin embargo no puedo.
En estos momentos me encuentro en el laboratorio esperando a que el programa termine de y así sacar a mi última rata del día. Debería estar haciendo gráficas para los congresos de Acapulco y Cancún pero preferí procrastinar escribiendo estas líneas. Además debería estas escribiendo la introducción de mi tesis, se de que va pero no lo hago. Hoy fue el regreso de vacaciones sin embargo yo vine a la escuela todo este tiempo.
Debo sacarme esto de una vez. Prometo ponerme un día a escribir. Olvidaré cual es mi realidad actual y sus implicaciones para mi futuro y traeré de vuelta a mi lobo, a mis viajeros y quizá pueda traer a la luz a mi nuevo hijo cuyo nombre aún no me atrevo a pronunciar.
En fin, pero que se algún día llegan a este blog lean algunos de mis cuentos y me digan que les parecieron. No importa si dicen que son malos o buenos únicamente déjenme saber que ustedes estuvieron aquí.
Cualquier cosa saben que mi correo electrónico es gabons69@hotmail.com
Nos leeremos pronto.
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