La tarde transcurría con calma, un suave atardecer de tonos rojizos iluminaba un cielo azul. Para los transeúntes fue éste un día perfecto. Día de visitar al amigo enfermo, día de un trabajo no pesado, día de comer a la mesa con la familia. Pero Ernesto salió con rapidez de su casa, mientras dejaba que la puerta se cerrara a sus espaldas planeaba que haría ese día fútil.
Sus pensamientos divagaban por las varias imágenes que en sueños observó. Su pasado, su presente, y la posibilidad de un futuro. A cada paso que daba sentía las punzadas de los golpes que recibió la noche anterior. Trataba de disimular su dolor, sin embargo era perceptible un ligero balanceo al caminar.
Mantuvo un paso lento, seguía un plan mental que había fraguado mientras se arreglaba para salir. Cuadras y calles avanzaba, sentía la necesidad de caminar lo más lejos que pudiera. Pero esta necesidad le era desconocida, en sus pensamientos solo una cosa acaparaba toda su atención: llegar a casa de Nicolás. No sabía exactamente el porqué de este paso en su plan, pero tenía que hacerlo.
Luego de andar durante veinte minutos, y sentirse incómodo por el uso de los zapatos al caminar por tanto tiempo, se dirigió a la parada del autobús. Un pequeño grupo de personas junto a él esperaban al mismo transporte. Una joven pareja abrazados por la cintura, un hombre obeso sentado en el asiento de metal plateado, un muchacho con mochila al hombro y camisa desaliñada, una madre con un infante en brazos y otro tomado del brazo, y otros pocos a quienes no atendió. Al cabo de cinco minutos el autobús se acercó a ellos. Dos, tres personas bajaron por la puerta delantera mientras que el selecto grupo de Ernesto esperaba para abordar.
Se mantuvo de pie sujetándose del asqueroso tubo de metal para no caer. Por la ventanilla veía a las personas pasar, estampas a las que nunca había prestado atención. El recorrido fue largo, pero sin ningún incidente como el día anterior. Se acercó a la puerta trasera para descender y antes de hacerlo la manita de un niño en el asiento contiguo rozó el dorso de la mano de Ernesto. Este se volvió para ver de quien se trataba; el niño le sonrió, Ernesto de devolvió la sonrisa, mas al bajar él escucho al niño decir: No son aún los días de ira. Ya en la calle, Ernesto se giró para ver de nuevo al niño, sin embargo el autobús continuó su marcha y se alejó de él con rapidez.
Se dirigió a la casa de Nicolás. Cruzó un par de calles y después de cinco casas se encontró frente a la puerta de su novio. Se quedó de pie, miró su reloj y leyó la hora: 7:48 pm. Nicolás regresaba del trabajo a las seis así que lo encontraría si llamaba a la puerta. Por unos minutos le aterró la idea de verlo, sentía como si él mismo ya no fuera Ernesto y cuando Nicolás lo viera no lo reconocería. Se sentía aislado, lo ocurrido a él solo le correspondía sufrirlo a él solo, no soportaría que se le mirara con lástima o desdén. Luego de reflexionarlo por varios minutos y considerar que este paso debía ser dado pulsó el botón del timbre y esperó la respuesta.
La puerta de metal negro se abrió y Nicolás con una sonrisa en el rostro recibió a Ernesto:
–¿Y eso que vienes tan elegante?
–Tonterías mías. –respondió Ernesto con fingido desdén.
–Deberías usar el traje más seguido. Se te ve muy bien. –dijo Nicolás guiñándole un ojo.
–Bueno, ya. ¿Me invitarás a pasar?
Una simple casa de un piso. Al entrar se sigue un corto pasillo hasta el patio en el cual las demás habitaciones se conectan. La primera habitación es la sala, la siguiente una pequeña habitación en la cual Nicolás había colocado un pequeño estudio con un librero y escritorio. La siguiente habitación es la recamara de Nicolás y por último se encuentra la que fuera el cuarto de sus padres. Un baño y al final del largo patio se encuentra la cocina y el comedor. Ernesto había hecho el mismo recorrido desde hacia tres años y conocía de memoria cada rincón de la casa. En la misma silla, en la misma cocina, frente a la misma mesa, Ernesto se sentó como desde hacia ya tres años, pero esta vez manifestando un ligero suspiro ante el dolor producto de la pasada noche. Mientras tanto, Nicolás preparaba un té para su inesperado visitante.
–¿Y a que debo tu visita? –preguntó Nicolás mientras entregaba a Ernesto la taza de té.
–Hoy no fui a trabajar y creo que no regresaré. –respondió Ernesto sin mirar a Nicolás.
–Pero ¿Por qué? ¿Qué pasó?
–Pues que todo es una maldita basura. ¡Todo! –y lanzó la mesa la taza que tenía entre sus manos derramando el líquido caliente sobre la superficie de la madera y de sus dedos.
–Tranquilízate. Dime que ocurrió.
–¿Qué otra cosa podría pasarme ya? –dijo Ernesto mirando con ira a Nicolás– que ayer, justo anoche un tipo me violó, me destrozó por dentro. Y que en aquellos en quienes pude poner algo de mi confianza la despreciaron dejándome sufrir de esa manera.
Nicolás al escuchar esto trató de abrazar a Ernesto, pero éste se levantó con rapidez impidiendo que lo tocara.
–No. No me toques. Ya tengo suficiente con lo que ahora sufro para añadirle tu lástima. –dijo mirando con despreció al Nicolás.
–¿Pero por qué piensas que siento lástima por ti? –Nicolás se acercó nuevamente.
–Lo sé. Lo veo en tus ojos…–Ernesto apartó la mirada escondiéndola observando una silla.
–No ves más de lo que quieres ver. Siéntate y hablemos.
–No quiero sentarme. Quiero irme de aquí. Solo vine a decirte lo que me pasó. –Ernesto cada vez hablaba con mayor rapidez y agitación.
–Espera. –dijo Nicolás tocando el hombro de Ernesto –¿Vas a hacer la denuncia?
–No. No quiero. Lo que quiero es venganza. –Al decir esto, Ernesto apartó de un empujón a Nicolás y caminó a través del patio hacia la salida.
–Por favor cálmate. Me empiezas a asustar. Nunca te había visto actuar de esta manera. –Dijo Nicolás mientras caminaba tras él.
–¡Es que nunca me había ocurrido semejante en mi vida! –gritó Ernesto, deteniéndose y girando hacia Nicolás.
–¿A dónde vas?
–A seguir con mí paseo. Aún debo visitar a alguien más. –Esto último lo dijo en voz baja.
–Sé con quien te diriges. –dijo Nicolás asustado y agregó –Pero déjate de autocompadecer y vamos juntos.
–¡No sabes nada! –gritó nuevamente y prosiguió su salida –Nunca has sentido lo que yo. No me reproches nada.
–Eres tú quien se lastima más de lo que debiera. –decía Nicolás mientras seguía a Ernesto– Tienes derecho a sentirte mal pero no a hacer lo que planeas. Terminarás mal.
–Eso a ti que te importa. Al fin y al cabo tienes a tu amiguito para consolarte o ¿qué? ¿Acaso crees que no sé nada de lo tuyo y Nico?
-Es por eso que vas con él ¿No es así? Intentas culpar y castigar a alguien por lo que te pasó. Pero él nada tiene que ver. Y sobre tus locas ideas, son eso locuras.
-Pues eso veremos, porque yo si lo creo. –Ernesto tenía la cara congestionada por la ira.
-No. Reflexiona antes de que hagas cualquier cosa. Estás muy dolido. Ven, charlemos. –pidió Nicolás a Ernesto en un último intento por tranquilizarlo.
-Me voy. –Y sin permitir a Nicolás decir algo más salió golpeando la puerta.
Nicolás continúo de pie, en silencio, observando el lugar por donde salió Ernesto. Tenía miedo pero no sabía el porqué de ello. Resurgiendo en sí el calor de su encuentro con él corrió a la sala y tomando el teléfono marcó el número de Nicolás.
El teléfono sonó, mas nadie contestó a la llamada. Nicolás colgó e intentó nuevamente, pero ahora al número celular. Nuevamente una negativa recibió de respuesta. El frío del miedo lo invadió de nuevo. Salió al patio interior de su casa y levantando los ojos al cielo vio como éste se encontraba ya estrellado. Era una noche clara, sin viento, mas la aprensión en su pecho lo mantenía ajeno a su alrededor. Caminó un par de pasos hacia atrás y apoyando su espalda en la pared, se dejó caer sentándose en el suelo.
–Por Dios Ernesto. Por Dios. ¿Qué cosas pasan por tú mente? –se dijo a sí mismo tratando de ponerse en el lugar de Ernesto.
Una voz en su interior se confundió con el susurro de los insectos nocturnos y le respondió.
–Es ira, es miedo, son sus demonios internos.
Y Nicolás comenzó a llorar.
Actualizaciones y algunas palabras
Del quince de agosto de 2011
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Me gustaría, tras un año de ausencia, traer conmigo alguna historia para llenar el vacío de mi imaginación pero no es así. No sé que me pasa. Sigo viendo acontecimientos interesantes para serles narrados pero cada vez que intento plasmarlo por escrito estos se escabullen por entre artículos científicos y capítulos de libros. Por las noches sigo soñando y divirtiéndome solo con mis personajes y sus historias, pero me gustaría compartirlos con todos ustedes sin embargo no puedo.
En estos momentos me encuentro en el laboratorio esperando a que el programa termine de y así sacar a mi última rata del día. Debería estar haciendo gráficas para los congresos de Acapulco y Cancún pero preferí procrastinar escribiendo estas líneas. Además debería estas escribiendo la introducción de mi tesis, se de que va pero no lo hago. Hoy fue el regreso de vacaciones sin embargo yo vine a la escuela todo este tiempo.
Debo sacarme esto de una vez. Prometo ponerme un día a escribir. Olvidaré cual es mi realidad actual y sus implicaciones para mi futuro y traeré de vuelta a mi lobo, a mis viajeros y quizá pueda traer a la luz a mi nuevo hijo cuyo nombre aún no me atrevo a pronunciar.
En fin, pero que se algún día llegan a este blog lean algunos de mis cuentos y me digan que les parecieron. No importa si dicen que son malos o buenos únicamente déjenme saber que ustedes estuvieron aquí.
Cualquier cosa saben que mi correo electrónico es gabons69@hotmail.com
Nos leeremos pronto.
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