Toda historia debe tener un inicio, y la nuestra también lo tuvo pero ¿qué puedo entender de ello ahora? Demasiadas cosas han pasado durante estos años: distancia, reencuentro, odio, amor, olvido, recuerdos. Recordé cuando te conocí, es tarde de septiembre en medio de la tormenta y nos guarecimos dentro de la tienda de enfrente. Te había visto en varias ocasiones en la escuela mas nunca tuve el real interés de hablar contigo. Pero las circunstancias nos permitieron unirnos por una hora en un mismo lugar.
Tengo una pésima memoria, si lo sabes, sin embargo nunca olvidé ningún detalle de ese día. Te encontrabas empapado, tu camisa de franela escurría cayendo pesadamente sobre tu cuerpo, mientras tu camiseta negra se pegaba a tu pecho. Tus jeans con un color azul más oscuro a causa de haberte metido a las corrientes de agua que se formaban en el canal de la calle. Usabas tenis blancos que quedaron hechos una sopa. Llevabas el cabello suelto, tu largo cabello castaño, me dolió cuando lo cortaste, escurría cada mechón de pelo. Intentabas limpiar tus lentes pero ningún palmo de tus ropas se encontraba seco.
Me acerqué a ti, no sé aún que me orilló a entregarte un pañuelo desechable para que pudieras enjugar los anteojos. Me miraste a los ojos y sonreíste, fue la primera vez que te vi sonreír.
-Gracias amigo. –tus primeras palabras dirigidas a mi. Perdona, soy patético por recordar con detalle esto. Olvida que lloré mientras te narró este cuento.
-De nada…
-También vas a la escuela ¿verdad? Si, te me haces conocido.
-Si, –te respondí con un extraño temor –así es. Estoy en cuarto semestre…
-Claro, yo voy en sexto. Por cierto ¿Cómo me dijiste que te llamabas?
-Nicolás, Nicolás Orendain –te tendí la mano pero no la recibiste en ese momento.
-¡Hey, qué chido! Igual yo, somos tocayos. –Y fue entonces que aceptaste mi saludo.
-Si, que curiosa coincidencia –dije un poco aturdido.
-Bueno y dime ¿qué te parece?
-¿Qué? –pregunté desconcertado.
-Pues la lluvia. Si no fuera que traigo la mochila no me importaría mojarme.
-No me gusta mojarme en realidad. Cuando inició la lluvia ya me encontraba dentro, además que no traje el paraguas.
-Inconvenientes. –y sin que me diera cuenta me cubriste con tu brazo empapado mojándome. Me irrité un poco al principio, tuve la intención de apartarlo pero no lo hice. Algo me contuvo. Solo lo sentí frío y húmedo. Vi tu mano al lado de mí cara, luego dirigí mis ojos hacia ti y observé como observabas la lluvia caer. Me dejé llevar por tu contemplación y miré largo rato a la tormenta.
Por favor, no me recuerdes así. Debo ser un poco más fuerte, como se me ocurre llorar frente a ti, tú nunca me lo permitiste. Me decías que era algo demasiado íntimo como para mostrarlo.
La lluvia no amainó pero me convenciste de salir, nunca había corrido bajo ella o intentar sortear sin éxito los charcos y corrientes. En varias ocasiones estuve a punto de caer pero me sostuviste de la mano e impediste que eso ocurriera. Subimos al autobús, y emprendimos nuestro camino. Estabas loco, decir que ese autobús se dirigía hacia donde vivías siendo que en realidad era en dirección opuesta hacia donde deberías ir.
-Es extraño que nunca te viera subir al mismo autobús que yo cuando vengo o regreso de la escuela –Te dije intrigado.
-Es por culpa de los horarios –mentiste.
¿De qué sarta de cosas hablamos? Muchísimas, las recuerdo todas pero no quiero cansarte con el ir y venir de nuestra conversación de aquellos ayeres. Aunque durante esa hora de trayecto conocí todo lo que pude de ti, creo que puedo decir que durante esa larga charla fue cuendo nos convertimos en amigos. Bajamos del camión y me acompañaste hasta la puerta de mi casa, fue entonces que sospeché de que en realidad no vivías cerca de ahí. Qué idiota, me da risa el recordarlo.
-Pasa si tienes tiempo o tal vez tengas prisa para quitarte esa ropa mojada. –te dije mientras abría la puerta.
-Gracias, pasaré un momento. –y acto seguido entraste sin dudarlo. ¿Qué me motivo para invitarte? solo el futuro respondería a tal pregunta.
-¿Un café o té? O ¿quizá algo más? –pregunté con cortesía.
-Mejor el algo más. –y te reíste al responderme.
Nos sentamos a la mesa y bebimos una caliente taza de café. Permanecimos en silencio durante esa velada. Todo tema de conversación parecía haber quedado agotado durante el trayecto de regreso a casa. El silencio se rompió cuando me dijiste:
-¿Y porqué estoy aquí? –No pude responder, la pregunta me tomó por sorpresa. Alargaste el brazo hasta tomar mi mano. La apretaste y acariciaste. Me asusté, lamentó aún lo que te dije:
-¡Pinche maricón! Con que para eso venías. ¡Lárgate de mi casa! –Me lavante de la mesa y tu hiciste lo mismo. Tomaste tu mochila y emprendías la salida. Antes de salir volteaste hacia mí y me viste con el mismo desprecio con que yo te vi. Luego saliste y me dejaste solo.
Durante esa noche no pude conciliar el sueño. Algo me hacia sentir incómodo. Llegué a la escuela el día siguiente con tal de encontrarte y pedirte disculpas pero durante todo el día no te encontré. Me sentía mal por lo que te dije y por como me miraste. Ya al salir y resignado por no encontrarte sentí una mano que me toma del hombro, me giré para ver quien era, aunque sabía de quien se trataba.
-Hola, ¿podemos irnos juntos? –Dijiste. Sonreí al saber que no estabas molesto.
-Perdóname por lo de ayer. Fui muy estúpido. –dije mientras caminábamos.
-No importa. También fue culpa mía por actuar así. –respondiste sin verme.
-Quiero reparar mi falta, ¿te invito un café?
-Esta vez no puedo, gracias.
-¿Porqué? –estaba asustado.
-Tengo planes.
-Oh, entiendo. ¿Otro día?
-Si, claro. Aunque quizá sea hoy mismo. Acompáñame.
Te seguí sin dudar. Llegamos al parque y en una banca estaba sentado él.
-Nicolás te presento a Ernesto, es mi pareja. –Al decirme esto un balde de agua fría me cayó encima. Hipócritamente saludé a Ernesto con una sonrisa. Me sentí humillado, había perdido algo que no sabía que podía tener y al mismo tiempo confundido, ¿Qué fue lo que pasó realimente en mi casa? Me invitaste a acompañarlos a beber algo pero me negué, no quería molestarlos. A pesar de tu insistencia no accedí y me separé de ustedes.
Cinco años duramos como amigos, mi mejor amigo fuiste diré por mi parte. No, nunca fuiste mi amigo, jamás pude aceptar que solo fueras eso y creo que tampoco tu lo quería así, pero no importa ya pues ahora esto termina así. ¿Fue el destino el que nos reunió? ¿O quizá solo coincidencias que no tienen explicación? Pero cualquier respuesta resulta una blasfemia. Pues a pesar de todo aquello que siento, sentí, por ti, ocurrió esto. Nunca debí permitírtelo, por eso soy el único culpable de todo esto. Estabas enfermo, y yo con el corazón destrozado.
Ahora veo tu cuerpo consumido por la enfermedad y por lo que te hice. No, por lo que te permití que te hicieras. Perdóname otra vez te pido, esa es mi culpa. Mis demonios no me permiten vivir, ahora soy yo el que esta enfermo también, pero no del mismo mal, pero mucho peor. Déjame dejarte ir para poder yo dejarme ir. Te amé siempre, aunque nunca te lo dije sé que lo sabías. Igual sé que me amabas, esa era tu habilidad. Mírame, nuevamente lloro, que patético soy.
Debo dejarte ya que en la puerta se encuentra Ernesto. No quiero que me vea aquí y en este estado. Creo que todo esto es mi culpa y el también lo piensa así. Él estaba al tanto de nuestro negocio, nunca me lo perdonara. Sabes, quiero a Ernesto pero él no a mí y no lo culpo, me lo merezco. Ya que desde aquel día nada ha sido lo mismo.
Actualizaciones y algunas palabras
Del quince de agosto de 2011
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Me gustaría, tras un año de ausencia, traer conmigo alguna historia para llenar el vacío de mi imaginación pero no es así. No sé que me pasa. Sigo viendo acontecimientos interesantes para serles narrados pero cada vez que intento plasmarlo por escrito estos se escabullen por entre artículos científicos y capítulos de libros. Por las noches sigo soñando y divirtiéndome solo con mis personajes y sus historias, pero me gustaría compartirlos con todos ustedes sin embargo no puedo.
En estos momentos me encuentro en el laboratorio esperando a que el programa termine de y así sacar a mi última rata del día. Debería estar haciendo gráficas para los congresos de Acapulco y Cancún pero preferí procrastinar escribiendo estas líneas. Además debería estas escribiendo la introducción de mi tesis, se de que va pero no lo hago. Hoy fue el regreso de vacaciones sin embargo yo vine a la escuela todo este tiempo.
Debo sacarme esto de una vez. Prometo ponerme un día a escribir. Olvidaré cual es mi realidad actual y sus implicaciones para mi futuro y traeré de vuelta a mi lobo, a mis viajeros y quizá pueda traer a la luz a mi nuevo hijo cuyo nombre aún no me atrevo a pronunciar.
En fin, pero que se algún día llegan a este blog lean algunos de mis cuentos y me digan que les parecieron. No importa si dicen que son malos o buenos únicamente déjenme saber que ustedes estuvieron aquí.
Cualquier cosa saben que mi correo electrónico es gabons69@hotmail.com
Nos leeremos pronto.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario