¿En donde han quedado mis recuerdos? No son más que mentiras que a lo largo de los años me he formado con tal de darle sentido a mi vida. ¿Pero he vivido en verdad? ¿No ha sido solo una existencia sin vida ni deseos, solo un cascarón entre los seres normales? ¿Por qué nunca fui común? Preguntas, preguntas, preguntas a las que en cada momento doy respuesta y nunca es la misma. Me he pasado las últimas semanas sentado en mi sillón frente al televisor. Mi cerebro se ha convertido en mierda al escuchar y ver la serie de sandeces que se proyecta. Pero a pesar de ello la acepto, acepto su vulgar compañía.
Esta tarde (¿o quizás era de mañana?) recibí una llamada telefónica. El sonido del aparato me sobresaltó. El constante repique de la campana me taladraba. Al fin, después de varios días, había conseguido algo de estabilidad y el miedo que me había acompañado por varios años dábame una tregua. La normalidad regresaba a mi. Pero algo vino a interrumpirla, un ser del exterior trataba de comunicarse conmigo. Eso no podía tolerarlo, no podía soportarlo. Traté de negar lo que escuchaba, intenté hacer desaparecer el insufrible ruido que provocaba tal alteración a mi pequeño mundo. Dejé que mi mente se perdiera en las imágenes brillantes y ridículas que se me mostraba. Apreté con fuerza mis manos contra mis oídos ensordeciendo todo aquello que no fuera mi propia voz en una melodía que comencé a tararear. Canción tonta que durante mi adolescencia estaba de moda. Primero fue un gemido en consonancia con las notas de la música, luego un susurro que cantaba con claridad las palabras, por último un grito que destrozándome la garganta silenciaba la amenaza.
Pasó el tiempo, no sé en que momento hizo efecto mi sortilegio pues, cuando exhausto de mi entonación guardé silencio el teléfono había dejado de sonar. Me sentí satisfecho, podía continuar siendo feliz entre mis muros donde el sonido de un televisor en blanco y negro me acompañaba.
En vigilia desperté, me vi rodeado de mi casa y del sonido eléctrico de un aparato. Grité con fuerza: Eres un estúpido. ¿Cómo dejaste que se apoderara de ti? Me levanté del sofá, y corriendo me dirigí al teléfono esperando que quien hubiera llamado lo volviera hacer. Comencé a transpirar profusamente, sentía como la humedad en mi camisa provocaba que se pegara a mi cuerpo. De pie permanecí un par de horas, sin despegar por un momento la vista del aparato telefónico. Suplicaba a quien me escuchara que quien hubiera sido nuevamente recordará llamarme.
Todo a mí alrededor se oscurecía. La luz del farol entró con timidez a mi sala por la ventana. Me encontró esperando aún. Detrás de mi, escuchaba pasos que descendían por la escalera. Mi pecho se agitaba con fuerza suplicando que mis esperanzas no fueran vanas. La sombra se acercaba a mí, sentí su mano tocándome el hombro invitándome a desistir y regresar con ella. Apreté los puños, y en mis ojos brotaron lágrimas ante mi derrota. Sus susurros quemaban mis oídos y su lengua erizaba el cabello de mi nuca. Dejé morir mi última esperanza y mientras giraba hacia mi compañera el teléfono emitió un sonido. El eco retumbó por todo mi hogar. Me lancé sobre el auricular y lo descolgué. En un segundo la idea de que se tratará de una broma de ellos me aterró. Pero el sonido era diferente, era real, era nítido, era verdadero. Arriesgándome contesté:
-Bueno.
-¿Es usted el señor Silva?
-Si, soy yo. ¿En qué puedo ayudarle? –Apenas podía ocultar mi sobresaltada alegría a la joven con quien conversaba.
-Tengo la penosa necesidad de comunicarle que el señor Nicolás Orendain falleció esta mañana a la 9:54 a causa de un paro cardio-respiratorio. Es de suma importancia que se presente en el Hospital de la Caridad para hacerle entrega del cuerpo ante lo que usted disponga. –dijo la joven maquinalmente. Un discurso memorizado sin ningún afecto manifestado.
-Si entiendo, parto enseguida. Disculpé, ¿por qué es a mí a quien llaman y no a su familia?
-Lo lamento señor, -dijo la muchacha algo sorprendida -creí que usted era familiar. Cuando el señor Orendain ingresó al hospital proporcionó sus datos en caso de cualquier contingencia. ¿Acaso no es usted familiar directo?
-Así es. Pero creo que soy el único cercano a él. Espero que no sea problema.
-No lo sé señor. –dijo algo turbada. –A pesar de ello se requiere de su presencia para entregarle el cuerpo.
La joven me proporcionó los datos del hospital y luego colgó, por mi parte hice lo mismo. Busqué a mí alrededor a la sombra que me acompañaba, pero no la encontré. Volvía a estar solo. Toqué mi pecho intentando descubrir si mi corazón también había fallado y no latía ya. Todo estaba en orden. Subí a mi habitación, me desnudé y tomé un largo baño. Me vestí con mi traje negro y tomando las llaves de mi casa y del auto salí hacia el hospital. Mientras conducía supe que por fin me encontraba tranquilo de verdad.
El taxi se detuvo frente a la casa de Ernesto, bajo la farola de luz amarillenta. Dando un suspiro Ernesto descendió del vehiculo y sacando dinero de su cartera pagó al conductor el precio de su viaje. Quedose viendo como se alejaba el auto de alquiler a través de la calle girando luego en la avenida para desaparecer. Nada le parecía real a Ernesto. Se encontraba desorientado, como si viniera de un sueño. Caminó hacia la puerta de su casa esperando que todo alcanzara su final en cuanto despertara en su cama. Buscó entre los bolsillos de su roído pantalón las llaves y abriendo la puerta entró sin encender la luz.
Nada era como lo había conocido. Algo en el fondo de las cosas se encontraba modificado, no eran ya parte de él; eran ajenas, falsas, apáticas. Caminó derecho hacia su habitación subiendo las escaleras y entrando en ella se tumbó en la cama. Girose para quedar con el rostro hacia el techo y de un sollozo comenzó a llorar. No lloraba por el dolor de sus heridas, ni por el acto sádico al que fue expuesto, sino por lo que todo ello significaba.
-Siempre he llevado una vida tranquila. Todo era perfecto. Pero algo no estaba bien, no era verdadera. ¡Quiero dormir y no despertar! -se decía mientras escuchaba el zumbido de la oscuridad. Su corazón se cerró igual que sus ojos quedando en un instante dormido y al siguiente soñaba.
-No es más que una vil tontería.
-Pero ¿Qué te pasa?
-Nada solo que ya me cansé.
-Pero ¿de qué o qué?
-Cállate, solo déjame tranquilo.
Los pensamientos oníricos son significativos. Revelan la verdad del corazón del hombre. El día se repite en la noche con el fin de resolverse, pero a veces no es una solución la que surge sino una tragedia que no puede ser concebida en vigilia ni en sueños.
-Mira que no estamos en un lugar donde me puedes hablar así.
-¡Y que me importa eso! Yo te hablo como me pegue en gana.
-Es dices tú pero no.
-¡Basta!
Que bello es recordar lo que no se quería volver a vivir. Aquellos días en que la inocencia del niño se perdió o cuando por accidente rompiste el florero de mamá o alguna ventana. Pero esto mismo ocurre con los acontecimientos del día. Ver tus estupideces o quizá algún acto brillante. Tus palabras y actos te juzgan desde lo hondo del abismo de tu conciencia. Se guardan formando otro ser idéntico a ti pero no eres tú.
-Muchachito, ¿qué no te gusta como te lo hago?
-¡Déjame asqueroso…!
-Cuidadito con lo que dices o te reviento el hocico. Así calmadito, clamadito.
-¡Ah! ¡Ayuda! ¡Quítate! ¡Suéltame pendejo!
-No, así no. Así si te gustará.
El día siempre llega, pero para algunos no. El sueño los traslada hasta la corte celeste sin tener un momento para el arrepentimiento final. Así debe ser la muerte, llegar en sueños y con la conciencia tal y como debe estar, sin la falsa redención de los pecados. Pero para los menos afortunados el sol se levanta por el oriente y estos deberán aceptar ese designio.
-“Me gustas, me gustaste desde que te conocí.”
-Estas bien bueno muchachito. Me gusta como aprietas el culo.
-“¿Quieres acompañarme a tomar un café? Sin no te molesta, claro.”
-¡Date la vuelta puto! Que quiero que lo tragues.
-“¿Quieres ser mi novio?”
-Vente conmigo, te va a gustar.
La vida es movimiento, pero un movimiento cíclico. Todo regresa a sus principios. Algunos dirán Karma, otros que es voluntad divina, en realidad no importa eso, lo importante es que ésta ley siempre es precisa aunque no exacta. Es un sueño, una vida falsa la que se vive. Los límites entre fantasía y realidad son tan indefinidos que el humano infringe los lineamientos de cada uno sin darse cuenta. Pero cuando se decide poner el asiento de la vida en ambos es la locura quien gobierna al sujeto.
-¿Ya ves que te gustó?
-Te conozco. Se todo de ti. Así que mejor te quedas calladito.
-No grites, nadie te hace caso.
-Pronto me verás otra vez.
-Muchachito, yo soy lo que siempre esperaste.
Todo tiene un fin, y el reloj es la implacable arma del tiempo. Suena el reloj despertador de Ernesto indicando las siete de la mañana. El mundo sigue girando y vive como siempre. Miles de historias se escribieron a los largo de las noches en todo el mundo pero él se mantiene inflexible en su rotación. Ernesto escucha la alarma que le indica levantarse pero por primera vez la ignora. Busca con su mano una almohada y se cubre con ella el rostro. Quiere dormir más, quiere olvidar, quiere morir.
Las horas transcurren. Los pensamientos se acumulan y distorsionan entre ellos. Cerca de las tres de la tarde Ernesto se levanta intempestivamente. En su cara se muestran los estragos de la mala noche que pasó. Se mira en el espejo pero no se reconoce, ni le importa. Se quita el mugroso pantalón y tirándolo al bote de basura se dirige a la regadera a tomar una ducha. La suciedad no se va con el jabón a pesar de pasar una hora bajo el agua. Desiste y sale del baño. Toma un pantalón y una camisa limpios y negros vistiéndoselos, enseguida toma un par de calcetines y zapatos negros y se los calza. De la cómoda toma sus fragancias y un poco de gel para el cabello. Completamente acicalado se para frente al espejo y reconoce a quien delante de él se presenta.
-Buenas tardes señor Montel. ¿Qué piensa hacer este día?
Actualizaciones y algunas palabras
Del quince de agosto de 2011
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Me gustaría, tras un año de ausencia, traer conmigo alguna historia para llenar el vacío de mi imaginación pero no es así. No sé que me pasa. Sigo viendo acontecimientos interesantes para serles narrados pero cada vez que intento plasmarlo por escrito estos se escabullen por entre artículos científicos y capítulos de libros. Por las noches sigo soñando y divirtiéndome solo con mis personajes y sus historias, pero me gustaría compartirlos con todos ustedes sin embargo no puedo.
En estos momentos me encuentro en el laboratorio esperando a que el programa termine de y así sacar a mi última rata del día. Debería estar haciendo gráficas para los congresos de Acapulco y Cancún pero preferí procrastinar escribiendo estas líneas. Además debería estas escribiendo la introducción de mi tesis, se de que va pero no lo hago. Hoy fue el regreso de vacaciones sin embargo yo vine a la escuela todo este tiempo.
Debo sacarme esto de una vez. Prometo ponerme un día a escribir. Olvidaré cual es mi realidad actual y sus implicaciones para mi futuro y traeré de vuelta a mi lobo, a mis viajeros y quizá pueda traer a la luz a mi nuevo hijo cuyo nombre aún no me atrevo a pronunciar.
En fin, pero que se algún día llegan a este blog lean algunos de mis cuentos y me digan que les parecieron. No importa si dicen que son malos o buenos únicamente déjenme saber que ustedes estuvieron aquí.
Cualquier cosa saben que mi correo electrónico es gabons69@hotmail.com
Nos leeremos pronto.
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