La lámpara ilumina con su luz amarilla, creando una sombra impenetrable al contacto con el árbol. La serena casa enfrente de la mía parece ya dormir. En efecto, sus habitantes deben descansar, ya que la noche ha entrado y con ella el cansancio por las faenas del día anterior. Yo por mi parte me mantengo despierto toda la noche escribiendo. Pero por mi ventana puedo observar el silencio de la calle, el movimiento inexistente del árbol producto de la suave y fría brisa. Los autos estacionados y un carretón de madera invaden la soledad. El negro cielo de diciembre no muestra ninguna estrella. Es la noche perfecta para soñar.
Nada interrumpe la perfección del momento. Incluso apago las luces para evitar cualquier interrupción a la belleza del invierno. Me cubro con una manta para calentarme y bebo una taza de café para permanecer en vigilia. ¡Ah!, cuanto quisiera poder salir y caminar por las calles abandonadas, respirar la libertad de una noche de diciembre, de sentir felicidad. Pero ¿Cómo habría de sentirla? Yo solo soy un ermitaño que vive en las sombras, quien incluso puede permanecer semanas sin salir de su domicilio, sin pronunciar palabra, sin pensar en nadie más. Solo yo y mi computador. Me he convertido en un ser inexistente, olvidado y sedentario. ¿Por qué he de vivir así?
La mañana del 18 de Febrero Ernesto salía rumbo a su trabajo. Saludó a su vecina, mujer de años pasados cuyos cabellos blancos poco a poco se transformaban en amarillos, la cual barría la calle. Siguió su camino en dirección a la parada del autobús. En la esquina, bajo el techo de una lona plástica, esperaban junto a él Imelda y su novio Carlos, buenos amigos de Ernesto. Se conocían desde la primaria.
-Buenos días. –dijo Imelda con una sencilla risilla al ver a Ernesto.
-Buenos días. –respondió él inclinando un poco la cabeza.
Esa fue toda la conversación que tuvieron pues en ese momento el autobús de Ernesto llegó. Al subir lo encontró prácticamente vació. Pagó el pasaje y se sentó del lado de la ventanilla, apoyando su cabeza en el cristal, cerró los ojos y dejó que su mente divagara por mil y un sueños.
Una ancianita se encontraba sentada frente a él. Una mujer entrada en años con un par de bolsas de plástico a sus pies llenas de pedazos de tela, mientras cantarrujeaba una canción que solo podía ella entender. Un poco más cerca se encontraba un muchacho, no debería tener más de 14 años, apenas unos tres pelos sobresalían de su mentón, vestido con una holgada camiseta blanca en igual condición se encontraban sus pantalones azul-grisaceo, escuchaba música en su discman y al mismo tiempo intentaba leer un libro, aunque las constantes sacudidas del autobús se lo impedían. Atrás otro hombre de muy mal ver, un ser casi amorfo. Su rostro cubierto por vello solo mostraba una nariz extremadamente chata y ancha. Sus ojos parecían estar fuera de sus orbitas, y donde debería estar su boca solo se observaba como los mechones de cabello se movían simulando el estar chupando algo. Vestía una camisa sin mangas que alguna vez fuera blanca, y un pantalón de mezclilla que igual tuvo que haber sido blanco. En sus brazos una serie de signos tatuados, solo uno era identificable, una mujer desnuda sosteniendo con sus manos sus pechos ofreciéndolos a quien los quisiera.
El camión seguía su camino, mientras Ernesto parecía quedarse dormido. Un súbito estremecimiento lo saco de su sueño. El autobús estaba fuera de control, zigzagueaba por la calle golpeando a los vehículos estacionados fuera de las casas. De pronto todo el movimiento cesó. Una pared logró detener la mole de hierro, cuando ésta se impacto de lado contra la gruesa barda. No había sufrido él ningún daño. Desligó las puertas de emergencia y salió de pie del vehículo. Pero lo que vio al salir lo marcó para siempre.
Parece que la noche será muy larga. Son apenas las dos y media de la mañana y el sueño trata de ganarme. Quisiera tener con quien hablar. Me siento solo. La navidad pasó hace poco y ahora el año nuevo se aproxima sin tener compasión de mí. Estoy solo. A veces me acerco al teléfono y levanto el auricular y cuando estoy a punto de marcar, una voz contesta al simple levante. Me dice: Cállate… Ven… Termina… Estoy detrás… La primera vez que escuche eso se me pusieron los cabellos de punta. Colgué inmediatamente el teléfono y me dirigí a mi habitación, levanté las cobijas y me escondí debajo de ellas como cuando era niño. Momentos después y luego de reflexionar, me hice la idea de que era mi imaginación. Intenté nuevamente llamar, esta vez no hubo voz. Oprimí los números y esperé a que contestara. Del otro lado de la línea se escucho el levantar del auricular y antes que pudiera decir bueno una voz me dijo: No llames, no te servirá. Cállate… Ven… Termina… Un viento frío soplo sobre mí. Arrojé, sin pensar, el teléfono y corrí esta vez a la calle. Era de noche.
Prácticamente no uso el teléfono. Solo contesto las llamadas que se me hacen. Aunque son raras tales llamadas. Esperaba que algún familiar preguntara sobre mi salud o que pensara venir a visitarme. Pero nunca sucede, solo llaman para venderme algo o para callarme. No he hablado con alguien desde hace más de ocho meses. Si no fuera por los interminables soliloquios que acostumbró hacer habría perdido ya la voz. Pero, ¿Por qué me quejo? Esta vida fue la que quise. Fue mi estupidez la que me trajo aquí. Por la mañana he de ir al supermercado a comprar los víveres para la próxima semana. Se gana bien con estos negocios de la Internet.
Como es de costumbre los paramédicos y policías llegaron al lugar el accidente. Entre los gritos de las sirenas un cúmulo de personas se agrupó para ver el espectáculo. Bajo las ruedas de la enorme máquina se encuentra lo que fue la cabeza de un niño, un niño de cinco años. Un delgado hilo carmín oscuro se desliza entre las grietas de la banqueta hasta alcanzar la oquedad de una charca dentro de la cual se combina con sus aguas turbias. Era ya tarde para dar algún tipo de ayuda al infante, la masa encefálica cubría el pavimento y ningún rastro de su rostro había quedado intacto.
Ernesto ya en la calle mira horrorizado la escena. Un extraño abatimiento toma a todos los testigos, todos quedan paralizados. Un sentimiento terrorífico les impide actuar. Pasan los minutos, casi una hora y nadie se mueve. Todos mantienen la mirada fija en el cuerpo destrozado, ni siquiera logran despabilarse cuando ven a una jauría de perros callejeros acercarse y tomar entre sus hocicos partes del infante y beber del charco formado con su sangre cual si fuera agua. Esto era demasiado, y haciendo un esfuerzo sobrehumano Ernesto regresa al mundo real y con su mochila se abalanza contra los canes ahuyentándolos. El hechizo de la imagen se rompe y todos reanudan sus actividades. Los paramédicos toman los restos y los llevan al médico forense, los policías toman notas de lo ocurrido y arrestan al conductor, los demás vuelven a sus casas o a sus faenas cotidianas, mientras que los pasajeros del autobús esperan al siguiente. La anciana carga sus bolsas, el muchacho se coloca sus discman y Ernesto cruza los brazos desesperado porque llegará tarde a su trabajo. El otro hombre de aspecto espantoso no se encontraba con ellos.
Otra vez es de noche. Pero que me importa eso, he dejado de vivir guiado por cualquier medida de tiempo. Sol, luna, reloj, qué son esos objetos mas que limitantes para un ser como yo. Aún así continuo observando a través de mi ventana el crepúsculo del atardecer. El único momento que en verdad me importa y el que más dolor me causa pues sé que en cuanto desaparezca la luz celeste las pesadillas volverán. Cada día… (¿Acaso realmente ocurre cada día?) Ya estoy cansado, en verdad muy cansado. La farola ya encendió su luz, ya ha caído la noche. Me paseó por todas las habitaciones de mi casa. Un patético hombre, sin vida social mucho menos amorosa viviendo en esta casa, solo me falta tener un gato y estaría dicho: “El viejo loco de la calle”. Abro y cierro las puertas, el olor a humedad y encierro ya comienzan a ser una molestia. Por fin llego al patio trasero, la enredadera de mi vecino supera el muro divisorio y caen sus hojas de mi lado. De vez en cuando se me ocurre limpiar mi “hogar” pero con el paso del tiempo eso dejó de importarme.
Miro a través de una pequeña ventana hacia el exterior del patio. Levanto mis ojos pero solo veo el cielo nublado. Un relámpago surca el cielo y luego el estrépito del trueno llena por un momento de sonido los muros. Ya es tarde para salir, además veo formarse entre cada centella la sombra de algo. Mientras mantenga la puerta cerrada esta no podrá entrar, aunque fue esto mismo lo que provocó que ella misma entrara.
Me ha visto, es mejor que regrese a mi habitación. Por la tarde he visto en el noticiero algo sobre un accidente en el que intervino un camión de transporte público. Espero que ahonden en el suceso, me divirtió mucho ver la forma en que quedaron los cuerpos destrozados luego de la colisión. Un niño perdió su rostro de manera maravillosa, de alguna forma salió disparado por la ventanilla y a causa de la velocidad y que para su fortuna cayera sobre su rostro fue arrastrado por varios metros. Las imágenes de los noticieros sin editar son lo mejor, la cara destrozada del infante me hizo reír, y hace mucho tiempo que ni siquiera sonreía.
-Perdón por retrasarme, pero hubo un accidente… –dijo Ernesto en cuanto entró al establecimiento, ninguno de sus compañeros le prestó atención. Se vistió el delantal amarillo que todos debían usar y se colocó detrás del mostrador; esta semana le correspondería laborar en el área de frutas secas. Con la mejor sonrisa que puede darse de manera obligada, según la política del establecimiento, comenzó a recibir a los primeros clientes del día. Durante más de ocho horas pasaría de pie, solo durante la media hora de descanso podría ir al comedor para tomar su almuerzo. Los olores mezclados de las especias y condimentos que se comercializaban poco a poco dejaron de molestarlo, la costumbre que se forja durante tres años de trabajo es difícil de eliminar.
El gran reloj blanco empotrado en la pared indicó el mediodía. La mitad de los empleados podían dejar sus obligaciones y descansar por treinta minutos. En cuanto el segundero se posó sobre la línea del doce, Ernesto se quitó el delantal y corrió fuera del negocio. Unos pocos clientes se dieron cuenta de su arrebato al salir, sus compañeros se miraban unos a otros expresando con sus miradas cierto juicio hacia algo que no se atreven aún a hablar. Ernesto cruzó sin cuidado la avenida, solo miraba hacia la acera de enfrente, un par de automóviles hicieron sonar sus bocinas ante la inconciencia del peatón. Llegado a su objetivo se lanzó a su cuello y sin la menor pena le plantó un beso a Nicolás, quien sin negarse lo recibió y correspondió. Muchos que pasaban, al ver la escena giraban la cabeza o entre ellos mismos juzgaban a los novios. Ernesto y Nicolás se encaminaron a la lonchería para almorzar juntos, solo les quedaban veinte minutos para charlar.
-Quiero contarte que cuando venía hacia el trabajo se accidentó el autobús en el que venía. –Comenzó a decir Ernesto mientras esperaban su comida.
-¿No te paso nada malo? –preguntó Nicolás.
-No, nada. Pero a un niño se lo llevo la chinga. Quedó destrozado cuando la llanta del autobús le pasó por encima. Fue algo horrible.
-Que espantoso. ¿No pudieron hacer nada? –Dijo Nicolás mientras la comida era servida.
-No, fue inútil. Aunque fue raro ver a un niño muerto de esa manera. Creo que nos afecto a todos.
-Me imagino. Supongo que luego saldrá el reportaje sobre eso en las noticias. –dijo Nicolás bajando la voz y la mirada.
-Esto esta rico. Mmm… Dime ¿cómo has estado?
-Bien, no he tenido ninguna tremenda aventura como tú. Jajaja
Terminaron de comer y Ernesto se despidió de Nicolás, sin antes no haberle dado un ligero beso en el lóbulo de la oreja.
Infomerciales, películas pornográficas, líneas eróticas y astrológicas… que basura hay en la televisión durante las madrugadas. Y ni que decir de la radio. Vuelvo a sentarme en medio de la oscuridad frente al monitor de mi computador. Cinco cuentas de correo electrónico y todas están llenas de correo basura. Durante mucho tiempo creí… no, aún creo que es mejor encontrarme solo. Pero a veces, me duele sentir el vacío de mi casa, no ver o escuchar a algún amigo con quien compartir momentos. Ahora ya es imposible realizar cualquier cambio siendo que mi vida se ha vuelto algo bizarra.
Miro frente a mí la pantalla luminosa, parpadea intermitentemente el cursor, y una hoja en blanco se despliega. Golpeo las teclas con la intención de escribir pero nada aparece escrito. Sigo intentando pero es inútil, las palabras no aparecen. De pronto la pantalla se oscurece, mis ojos quedan encandilados ante la falta de luz que me proveía. Todo se ha vuelto completamente negro. La incertidumbre que hela la sangre frente a las tinieblas hizo que me acurrucara en mi sillón ocultando mi cabeza entre mis brazos. Poco después logré reflexionar por un momento y supuse que se trataba de una falla en el suministro de energía. Me avergoncé de mi actitud tan infantil, me alcé y miré a mí alrededor. Todo se encontraba cubierto por la negrura. Posé mis ojos en el monitor, y vi en medio de la pantalla un pequeño pulsar, pero de un centelleo algo semejante a un rostro se formó, era semejante al de un niño. Sin embargo el vacío en que se hallaban sus ojos me causo un terrible pánico.
El niño sin rostro que vi muerto a través de la televisión estaba delante de mí. Salió de la pantalla y tocando con su manita mi rostro provocó que cayera desmayado. Luego era ya de día.
Ernesto regreso a su puesto luego de almorzar. Varios clientes le miraban con recelo al recordar la escena que hacia media hora. Todas las labores continuaron con normalidad, mercancía iba y venía, y las transacciones de dinero al por mayor.
Al término de la jornada, Ernesto se disponía a salir cuando uno de sus compañeros le llama: -¿Oye, no quieres acompañarnos al bar de la esquina?- Desde hacia tres años que trabajaba en ese lugar y nunca había entablado conversación con ninguno de sus colegas, además que ellos mismos de alguna manera huían de cualquier trato con él. Semejante invitación, a pesar de todo, no podía ser rechazada. Aceptó con una gran sonrisa y guardando sus cosas en su mochila se unió al grupo.
El establecimiento no era muy acogedor. Un par de mesas de billar ya muy gastadas y una barra con bancos largos en el fondo del lugar, las luces eran escasas y el humo de los cigarros lo llenaba todo. Se acercaron a la barra y pidieron cada uno una cerveza, además de rentar una mesa para jugar. Desde sus años en la preparatoria Ernesto no había vuelto a jugar pool, sintió cierta melancolía al recordar a sus antiguos amigos.
Era una velada de hombres, todos bebían, fumaban, jugaban y reían. La noche apenas había caído y Ernesto ya se sentía afectado del licor; bebía ocasionalmente pero nunca con “amigos” ni en noches de “parranda”, o lo que él creía que fueran. Sin embargo, los demás reían no con él sino de él, al ver como su “amigo” que tan sobrio y digno se presentaba diariamente en el trabajo, sacaba a la luz el comportamiento afeminado que debía ser el correspondiente a un “puñal” como él.
Embriagado por el momento más que por la cerveza se dirigió hacia el sanitario. Sentía vértigo y a tropiezos alcanzó la puerta del baño. La abrió y encontró un cuartucho de dos por dos metros, con un escusado manchado y repulsivo, sin embargo eso no le importó y sin contenerse se arrodilló ante el retrete y vomitó todo lo que había bebido esa noche. Las nauseas y el vértigo menguaron un poco. Se levantó y girando para salir encontró frente a si a un hombre. Un ser repulsivo completamente cubierto de vello y cabello largo. En medio de la confusión Ernesto lo reconoció como el hombre que iba con él en el autobús esa mañana. Era fácil de reconocer, sobretodo por el tatuaje en su brazo.
Ernesto se encontraba atrapado en esa pequeña celda. La desesperación y el miedo lo invadieron. El hombre lo tomó abrazándolo con fuerza, y de su asquerosa boca salieron palabras que apenas podían considerarse como humanas, diciéndole al oído: -Ahora si chiquillo, vas a ver lo que es un hombre y no un pinche joto-.
Actualizaciones y algunas palabras
Del quince de agosto de 2011
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Saludos mis queridos lectores que no me leen. Sé que escribir una actualización para un blog que no es leído resulta completamente irracional pero aún tengo la esperanza de que alguien por casualidad encuentre este espacio y de una manera desesperada me exija que le siga contando las aventuras de mis personajes.
Me gustaría, tras un año de ausencia, traer conmigo alguna historia para llenar el vacío de mi imaginación pero no es así. No sé que me pasa. Sigo viendo acontecimientos interesantes para serles narrados pero cada vez que intento plasmarlo por escrito estos se escabullen por entre artículos científicos y capítulos de libros. Por las noches sigo soñando y divirtiéndome solo con mis personajes y sus historias, pero me gustaría compartirlos con todos ustedes sin embargo no puedo.
En estos momentos me encuentro en el laboratorio esperando a que el programa termine de y así sacar a mi última rata del día. Debería estar haciendo gráficas para los congresos de Acapulco y Cancún pero preferí procrastinar escribiendo estas líneas. Además debería estas escribiendo la introducción de mi tesis, se de que va pero no lo hago. Hoy fue el regreso de vacaciones sin embargo yo vine a la escuela todo este tiempo.
Debo sacarme esto de una vez. Prometo ponerme un día a escribir. Olvidaré cual es mi realidad actual y sus implicaciones para mi futuro y traeré de vuelta a mi lobo, a mis viajeros y quizá pueda traer a la luz a mi nuevo hijo cuyo nombre aún no me atrevo a pronunciar.
En fin, pero que se algún día llegan a este blog lean algunos de mis cuentos y me digan que les parecieron. No importa si dicen que son malos o buenos únicamente déjenme saber que ustedes estuvieron aquí.
Cualquier cosa saben que mi correo electrónico es gabons69@hotmail.com
Nos leeremos pronto.
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1 comentario:
saben yo conosi a un licantropo, mas devil que un ombu pero mas fuerte que le mismo cielo,su nombre era efrain. mi hermana solia yamorlo "lobo" ya que su apariencia era como aquellos que le auyan a la lune en medio de una noche trizte y fria.
El como todo hombre, havia en contrado a la chika ideal pero eya le dijo que como amigos era grandioso pero estava enamorada de otro chiko. Efrain con el corazon erido juro en esta vida y despues de esta que nunca la dejaria de amar con esa promesa le auyo a la luna durante toda su corta vida.
yo lo veo a el todavia porque es mas que un amigo, menos que un amante, pero si un hermano.
el se encuentra lejos terminando su vida, pero aquel lovesno que le auya a la luna, ye es todo un hombre.
al leer lo anterior, me di cuenta que era raro pues su historia era facinante pero la vida de "lobo" era autentica.
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